sábado, 9 de marzo de 2024

SARA VANÉGAS COVEÑA. FLOR DE ARENA

Flor de arena
(Selección poética)
Sara Vanégas Coveña
Imágenes de Fernando Espinosa Chauvin
Ediciones Línea imaginaria
Centro Editorial La Castalia
Quito, Ecuador, 2023



 

GOTAS DE SOL

 

   El balance Flor de arena permite un plano general de la escritura de Sara Vanégas Coveña (Cuenca, Ecuador, 1950), muro vertical del espacio lírico latinoamericano actual. Doctora en Filología Germánica, con intensa formación humanística y  amplio dominio idiomático, es poeta, ensayista, investigadora, promotora cultural y docente universitaria. Su cercanía creadora ha generado un fecundo trayecto cuya obertura es la entrega 90 Poemas, editada en 1980. El quehacer completo abarca más de cuatro décadas, un ancho intervalo cuajado de reconocimientos y con amplia presencia en abundantes antologías.
   Eugenia Washima añade a la compilación el prólogo “La música sumergida en la poesía de Sara Vanégas Coveña", partiendo de una consideración vertebradora: la estructura poética como “búsqueda incesante de la perfección formal y la experimentación”. Un propósito que se tiende a alcanzar desde la desnudez y la intensidad, con mínima cimentación versal, donde se podan lo anecdótico y la dicción prosaica y predecible. Queda entonces un entramado simbólico, hecho de concisión y levedad.
   Las palabras no describen, sugieren, alimentan la elusión; de este modo, la bellísima expresión “Flor de arena” reivindica el espacio onírico de lo intangible. Una floración inexplicable y enquistada en lo etéreo que contrapone realidad matérica a una dimensión transcendente e imaginaria, asentada en la contemplación interior.  
  La propuesta poética comienza con el libro PoeMAR (2000), un conjunto de textos que convierte el paisaje líquido en una analogía desplegada de plenitud y belleza. La indagación se hace hondura fundacional y transcendente; adquiere una dimensión reveladora, como si nos mostrara horizontes imaginarios, sin coordenadas. Cada poema cultiva la dimensión minimalista de un pensamiento, una grieta de belleza condensada.
  Junto al mar como referente básico del sustrato argumental, emerge una meditación sobre la finitud y la condición crepuscular de la existencia. Con amplia vía metafórica se perfilan estados como la soledad, el vacío, la ausencia, la muerte, el olvido o la falta de asideros sentimentales que aboca en el desamparo.
   La muestra poética del siguiente libro Más allá del agua, aparecido en 1998, aporta interrogaciones en torno al destino y la condición de ser. El hablante lírico deambula por un cambiante marco de representación, convertido en terco receptor de sombras. Captura sensaciones y esperanzas, silencios y voces que caen en el musgo frío de los significados: “las palabras: inútiles huesecillos de pez en la inmensidad del oleaje”. Especial mención merece el poema “La espera”, a nuestro juicio una de las mejores composiciones de la antología. Los versos dibujan la soledad como un lugar incierto, ubicado en la tensión. La intimidad busca senda para el encuentro común, pero la voluntad camina a destiempo y nunca es posible el abrazo; el amor se hace cruce de caminos e intersección de sombras, y el encuentro del yo consigo mismo es también un tanteo en la grisura neutra del espejo.
  Aunque con mínimo aporte textual, también está incluido Versos trashumantes-La flor de arena (2014). En la escritura persiste el enunciado fragmentario y la cadencia sálmica y pausada que propicia una atmósfera de evocación, ajena a escenarios concretos, como instantáneas de paisajes perdidos que recuerdan al desierto por su mutismo y soledad. Se percibe una clara sensación de continuidad en De la muerte y otros amores (2014). Persisten los itinerarios por ciudades de bruma y siglos, por geografías imposibles, como esas arquitecturas metafísicas y deshabitadas del pintor italiano Giorgio de Chirico, siempre alzadas con extrañas perspectivas.
   Al andar (2000) esboza sendas que hacen del tiempo un caminar de sombras buscando espacios y posibilidades. Solo la ausencia expande su rumor inadvertido, como si la condición del ser hilvanara paradójicos recorridos que solo es posible habitar en duermevela, en ese tránsito que esbozan juntos la vigilia y el sueño. El pensamiento echa al vuelo imágenes que parecen fragmentos de espejismos habitados. Pero también de espacios físicos que generan una nítida afinidad expresiva como la blancura de saurio de los Pirineos o la arquitectura histórica de Andalucía, siempre proclive a la mirada honda del discurrir temporal y al rescate de sus rincones más emblemáticos.
   Los poemas finales pertenecen a la entrega Entrelíneas (1987) y sus versos insisten en generar esas ilusiones que cuestionan la realidad. Nace así una belleza intangible, dispuesta al lenguaje de la percepción que conforma reflejos de lo que somos. De igual modo, Indicios (1988) enhebra composiciones deshuesadas al máximo, líneas que suturan el caminar del pensamiento como si apenas abriera la boca para dejar conciencia de un estar deshabitado. Con la precisa eficacia del aforismo cada poema parece reducido a un mínimo sentido. En Música de agua (2017) se acentúa el eco dialogal del poema; la palabra se hace meditación y cercanía, parpadeos de vida y de nostalgia. Las palabras callan la voz para oír lo inadvertido, un silencio que es símbolo del fluir y crece desde dentro. Crea un manto denso que se desplaza y cubre todo.
   Flor de arena suma a la poesía contenida las imágenes fotográficas de Fernando Espinosa Chauvin, cuyo trabajo visual, se ha expuesto en más de una docena de países, impulsando publicaciones y exposiciones siempre atentas a la experimentación visual y al desarrollo de nuevas técnicas fotográficas.
   La personalidad creadora de Sara Vanégas Coveña aspira a lo trascendente desde el verso lacónico. Lejos de lo anecdótico, la senda lírica se hace paradigma de concisión. Invita al silencio y elige la brevedad como estrategia cognitiva. Aventa formas expresivas que buscan su propia metafísica del silencio, ese lugar aleatorio y subjetivo, solo entrevisto por la callada conciencia del sujeto.


JOSÉ LUIS MORANTE




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