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miércoles, 17 de marzo de 2021

ÍNSULA, nº 889-890 (75 ANIVERSARIO)

Ínsula 889-890
(Revista de Letras y Ciencias Humanas)
Enero-Febrero, 2021
Editora: Arantxa Gómez Sancho
ESPASA, con el apoyo de Fundación José Manuel Lara

 

 Un camino en el tiempo:

 75 aniversario (1946-2021)

 

   Frente al libro, carga potencial de un quehacer único, la revista literaria crece ramificada, es testimonio colectivo de un tiempo. Hace posible la perspectiva global de un momento histórico, donde se entrelazan generaciones coexistentes. En las secciones discurren propuestas plurales, cruces de itinerarios renovados. La revista signa su propio planteamiento, su asiento reservado en los palcos literarios. Y ese lugar ha de ser visible entre unas coordenadas precisas. Naturalmente, no me refiero al dogma cerrado y panfletario, beligerante por principio con otros ideales estéticos.
    La primera página que abre una revista de literatura es la estructura coherente de contenidos y fidelidad de formato. Dicha coherencia crea una tradición, coloniza, cultiva un jardín propio y hace del encuentro una costumbre. Setenta y cinco años cumple la revista Ínsula y la efemérides impulsa el número extraordinario 889- 890. Es un monográfico coordinado por Juan Miguel Sánchez Vigil, María Olivera Zaldúa y Arantxa Gómez Sancho. La editora de Ínsula abre contenidos con palabras de gratitud a todos los que hacen posible  tan abrumadora longevidad. Un demorado caminar, vivido con pasión e intensidad, como recomendaba Horacio, y esa alegría de lo humilde que fue razón de ser en la poesía del gran Joan Margarit.
   Los enfoques críticos recuperan el periplo iconográfico de la literatura española desde la Edad Media hasta el Siglo XX. Del deslumbramiento de las imágenes en el medievo se ocupa Helena Carvajal González, quien subraya la importancia artística y simbólica de libros como Auto de los Reyes Magos y El Cantar de Mío Cid. La fuerza de la ilustración se mantiene y afecta también a los grabados, la literatura jurídica y los manuscritos traducidos, que se personifican con ilustraciones plenas de color y onirismo. 
   José Luis Gonzalo Sánchez-Molero elige como senda exploratoria el retrato literario en el Siglo de Oro. Recuerda que la vuelta del Humanismo al mundo grecorromano facilitó el cultivo del retrato, aunque idealizara rasgos físicos y estuviese repleto de elementos simbólicos. Así cuajaron las prácticas iconográficas del siglo de Oro que añadieron al texto la semblanza visual del autor como tributo a la curiosidad popular. Esta contingencia alentó mucho la imagen singular de los grandes autores de la época. Sería ya en la Ilustración, analizada por Esperanza Guillén, cuando el retrato se pliega a todas las clases sociales, como testifica la obra de Francisco de Goya
   Nace en el siglo XIX un culto fuerte a la personalidad individual, alentado por el peso económico de la burguesía y por la fuerza presencial de estamentos de carácter, como militares, políticos, intelectuales y jerarquía eclesial; posan no solo para exponer rasgos físicos sino la fuerza anímica del carácter o el temple moral. Desde ese enfoque se escribe la aportación de Marta Palenque “Un viaje emotivo por la iconografía de la literatura española decimonónica”. Plantea en sus contenidos una galería de retratos y el marco ambientes en el que se mueven los personajes de ficción. No olvida estudiar la materia visual en periódicos, libros y láminas de folletín, cuyos formatos e iconografías se mantendrán en las revistas satíricas del siglo XX, como recuerda José María de Francisco Olmos.
   La selecta partida visual del siglo XX y los ensayistas que la comentan dan un formato dinámico de las mutaciones intelectuales del periodo y de los personajes de primera línea: Antonio Machado, Rubén Darío, Juan Ramón Jiménez, máximas credenciales líricas del siglo, y fotos de grupos, estampas colectivas o eventos literarios que pertenecen al friso expresionista de la memoria común. Del mismo modo, Teodosio Fernández convoca un florilegio de imágenes de las literaturas de Hispanoamérica, que funda un paisaje propio, cuajado de pujante diversidad, donde se fortalece la expansión del idioma, con una heterodoxia empeñada en rebelarse contra lo rutinario.
   Otro acierto pleno es el recorrido por el espacio creativo de las literaturas peninsulares (catalana, gallega, vasca), y la mirada a la pléyade de escritoras que tuvo que lidiar con ese persistente halo de invisibilidad y marginación, sostenido por una organización patriarcal, repleta de asimetrías en la igualdad de géneros. El murmullo de fondo de este número doble de Ínsula recuerda la iconografía literaria de Alfonso, el más persistente hacedor de retratos, cuyo objetivo fotográfico ya forma parte de la mitología bajo aquel sugerente lema práctico: “mirar y ver”.
   Junto al doble número centrado en la aportación visual,  acompaña a esta entrega  un número especial que recupera el formato sábana original. Recuerda una biblioteca ambulante actualizada. Se abre con la palabra evocadora de Arantxa Gómez Sancho, quien en “La resistencia de los materiales” evoca el largo trayecto y el sentido histórico de la publicación, que se complementa con un selecto recorrido por las portadas. Las fotografías adquieren la contundencia de un álbum de la memoria, cuajado de grandes protagonistas literarios de España y Latinoamérica. 
  Tras la atroz debacle de la guerra civil, poco a poco renacen las publicaciones periódicas. Más allá de la dicotomía formalismo o testimonio que representaron Garcilaso y Espadaña en las primeras décadas de la dictadura convivieron  publicaciones como Ínsula, Cuadernos Hispanoamericanos, Dau al Set, o La estafeta literaria. Del tramo histórico de Ínsula entre 1946 y 1970 da cuenta la entrevista por Antonio Núñez con Enrique Canito y José Luis Cano, impulsores de una publicación “orteguiana y liberal” que buscaba superar la quiebra cultural del momento. Sin miedo, rescata voces del exilio y crea puentes entre concepciones estéticas polarizadas o marcadas por una recepción minoritaria, de escasa aportación crítica.
   Del arraigo de la revista en el suelo cultural y del sentido de una cabecera ideológicamente tolerante y comprometida con el legado de la tradición escriben pensadores, filósofos y ensayistas que coinciden en definir la labor de Ínsula como un ámbito intelectual abierto, dispuesto a propiciar conexiones entre escritores españoles y latinoamericanos y recuperar la convivencia creadora silenciada por el franquismo. La selección de poemas publicados en el tiempo, realizada por Marta Agudo, propicia una completa antología en las calles del tiempo, con una coda en prosa de Carmen Laforet, la inolvidable ganadora del Premio Nadal.
   Setenta y cinco años de continuidad certifican un mérito incuestionable. La literatura española del siglo XX no se entendería sin la vitalidad de Ínsula. Sea esta breve síntesis también el homenaje de gratitud de tantos críticos y poetas que han encontrado en el eclecticismo de los materiales publicados un aula de convivencia y conocimiento, un privilegiado mirador al alcance de todos.

JOSÉ LUIS MORANTE
 
 
 


lunes, 17 de junio de 2019

ÍNSULA, nº 870 (Revista de Letras y Ciencias Humanas /Junio 2019)

Ínsula nº 870
(Revista de Letras y Ciencias Humanas)
Junio, 2019
EL HAIKU ENTRE DOS ORILLAS
Editora:  Arantxa Gómez Sancho
EDITORIAL PLANETA S. A. U.
Coordinador del monográfico: JOSEP M. RODRÍGUEZ


EN TORNO AL HAIKU


   Con el libro Un día...(poemas sintéticos) (1919) José Juan Tablada introducía la forma poética del haiku en la lengua española. Aquel gesto precursor se recalca con fuerza en los ensayos de Octavio Paz, quien también cultivó la estrofa. Con Tablada amanece la trayectoria en el tiempo de un aporte singular que hizo dogma la reducción del verso a su esencia más pura. Cien años después, Ínsula impulsa el monográfico “El haiku, entre dos orillas”, coordinado por el poeta y ensayista Josep M. Rodríguez. El número aglutina a destacados especialistas y practicantes para reconstruir la larga travesía del mínimo poema y su experiencia estética en el tiempo.
   Josep M. Rodríguez abre página con el documentado umbral “La luna en Lilliput”. Indaga sobre el descubrimiento geográfico del archipiélago japonés a partir de las expediciones portuguesas del jesuíta Fernao Mendes Pinto. El posterior cierre del sogunato Tokugawa neutralizó la influencia extranjera y sumió al país en una autarquía que no concluye hasta 1853, cuando se restablece el comercio exterior. La apertura anima un intervalo de plena expansión que facilita el conocimiento de la sensibilidad nipona y la irrupción en el gusto occidental del espíritu japonés. Esta moda se vuelca en la literatura con una ambientación inspirada en el atrezzo del sol naciente y en historias y personajes nacidos tras el exotismo de la lejanía. Allí llega José Juan Tablada con otros corresponsales de periódicos y revistas. Ellos construirán la imagen literaria del país, muchas veces lastrada por un exotismo colorista. Los telegramas poéticos comienzan a traducirse y no tardarán en publicarse en francés. En 1920 se edita en Francia la primera antología de haikus y la expansión amanece también en España, propiciando un cruce de tradiciones en el que el haiku se afianza como aporte expresivo. Aglutina de modo natural una tradición y un conjunto de rasgos renovados.
   Fernando Rodríguez-Izquierdo aborda el panorama histórico del haiku japonés. Recuerda los cuatro periodos fundamentales de su evolución: los precedentes de la Edad Media; el papel nuclear de Bashô, como cima de intuición y madurez, sedimentado por su escuela; el tramo áureo desde el siglo XVIII, donde sobresalen las obras de Buson, Taigi, Chiyo e Isa; y la refundación del molde clásico con el haiku contemporáneo.
  Vicente Haya y Manuel Pérez Feria analizan la diversidad estrófica del poema breve, focalizando junto al haiku tradicional, al dodoîtsu, una poesía del pueblo que obedece al esquema 7-7-7-5. Concebido para ser cantado, el dodoîtsu mantiene una atención concentrada en la existencia como sedimento argumental. El ser es capaz de percibir con claridad el lenguaje del asombro y el despliegue incontinente de la vida natural, donde lo perecedero invita a la transcendencia. Es la conciencia del estar, la fuerza frágil del canto rodado que se desplaza entre la corriente del río.
  Frutos Soriano, ensayista y antólogo, recuerda el breve vocabulario procedimental. Así nos recuerda la semántica del “Haibun” o texto en prosa que inserta en su despliegue algunos haikus. El lector recordará de inmediato el libro Sendas de Oku, el mejor ejemplo del haibun. El número de términos comentados es muy amplio: haiga, haijín, haimi, haiku, kire, zappai… Soriano deja en su ensayo breve un selecto diccionario lacónico.
 Sobre el haiku en el devenir histórico de nuestro país versan los comentarios de Ricardo Virtanen, Susana Benet y José Luis Morante. El poeta, músico y profesor madrileño estudia el entorno modernista y la época de las vanguardias. Descubre los ecos de la estrofa en los Machado, Juan Ramón Jiménez y en el activo ultraísta. Cita algunos nombres de las vanguardias como Adriano del Valle, Antonio Espina, Mariano Gómez Fernández o Rogelio Buendía… El ámbito de la generación del 27 exhibió afinidades estéticas con el japonesismo de la mano de Lorca, Alberti, Aleixandre o Gerardo Diego.
   También con sentido diacrónico, Susana Benet recuerda los factores que facilitaron la introducción del molde poético y su capacidad para trasmitir sensaciones o plasmar lo instantáneo. Benet recorre fragmentos temporales en los que el patrón silábico se afianza hasta que en los años setenta, donde con la generación novísima se implanta como un elemento más de nuestra realidad cotidiana.
   José Luis Morante incide en algunas poéticas actuales del haiku como Jesús Munárriz, Susana Benet, Aurora Luque y Antonio Cabrera; se citan también otros coetáneos que hacen del esquema una herramienta habitual de su taller. Entre ellos destacan José Cereijo, Verónica Aranda, Aitor Francos o Manuel Lara Cantizani. 
  El monográfico no descuida aspectos solo en apariencia tangenciales como los problemas de traducción, estudiados por José María Bermejo, la espiritualidad y el espíritu del zen a cargo de María Salvador, el relato normativo del esquema verbal con sus integrados y heterodoxos, según el enfoque de Javier Sancho, y la mirada de cada yo poético a su espejo creador, que expande impresiones subjetivas de Jesús Munárriz, José Cereijo, Lara Cantizani, Aitor Francos y José Corredor-Matheos.
  Cierra la revista un equilibrado muestrario de haikus. El conjunto certifica la pujanza de la estrofa en el presente y la diversidad de planteamientos estéticos de un esquema expresivo que ya forma parte esencial del contexto poético foráneo.
  Concluyo. Es verdad que los monográficos de Ínsula adquieren una entidad atemporal que los convierte en materia de conocimiento. Una vez más, sus contextos críticos son atinadas ventanas didácticas para la investigación y el estudio. “El Haiku entre dos orillas”, con el norte marcado por Josep M. Rodríguez, es un acierto pleno. Sin más, una entrega oportuna e imprescindible que subraya el centenario de la estrofa en nuestro idioma, que abre futuro a otros destellos.



        


miércoles, 2 de agosto de 2017

Revista ÍNSULA 847-848 (Julio-Agosto 2017)



Insula  847-848
(Revista de Letras y Ciencias Humanas)
Julio-Agosto 2017
Edita:
ESPASA LIBROS S. L. U.
Editora
Arantxa Gómez Sancho

MISCELÁNEA DE VERANO 
 
   Anima el pulso cultural del verano la habitual entrega miscelánea de la revista Ínsula. Sus intereses exploran como asuntos el breve epistolario entre Jaime Gil de Biedma y el hispanista y crítico literario Dario Puccini, fallecido en 1997. Laureano Bonet  analiza ocho misivas donde se resaltan como afanes comunes la admiración por Antonio Machado y el pensamiento ideológico del poeta, nítido defensor del legado cultural republicano. No faltan los ejercicios de taller en torno a poemas inacabados o reflexiones con respuestas en torno a la traducción. Bonet acierta al fijar el contexto afectivo del epistolario y las coordenadas temporales. No ha decaído la valoración de Manuel Vázquez Montalbán, autor bifurcado en géneros como la novela, el ensayo y la poesía. Sergio García García recorre el tramo inaugural de su senda lírica y busca el primer plano de Ars amandi, un poemario que Vázquez Moltalbán definió como “un texto entre el surrealismo y la entristecida experiencia del joven poeta y marido seriamente encarcelado”. Con esas claves, los poemas sustentan una continuada reflexión acerca de la naturaleza del erotismo sobre el ser subjetivo. Como Félix Grande o Diego Jesús Jiménez, Antonio Hernández pertenece al peldaño generacional que enlaza el grupo del 50 con los novísimos. El poeta de Arcos es autor de Nueva York después de muerto (Calambur, 2013) con el que consiguió el Premio de la Crítica y el Premio Nacional de Poesía. De su sintaxis emocional y del tejido intertextual se ocupa la mirada crítica de Juan José Lanz quien caracteriza esta voz como una poesía cordial, entrañada e histórica, de profunda raíz temporal. La poesía de Josep Maria Rodríguez abre otra vía crítica firmada por José Antonio Llera. En ella se traza el itinerario creador y su concepto de la poesía como elipsis y sugerencia frente al figurativismo de la experiencia. Por ello, dando la razón a Luis Antonio de Villena, Rodríguez personifica la ruptura interior del trazado figurativo y realista hacia una voz más órfica, impregnada de la esencia despojada del orientalismo. No en vano el autor ha realizado antologías sobre el haiku y ha firmado el ensayo Hana o la flor del cerezo. Un tema más metapoético, el análisis de la écfrasis en la autobiografía conforma la aportación de Fernando Romera. Pero una de las presencias centrales de esta miscelánea es Fernando Aramburu. El novelista ha revolucionado la aportación ficcional del momento con su novela Patria, hito de madurez que ha logrado una insólita aceptación popular con su sólida reconstrucción de los años de plomo en Euskadi. Autor de nueve novelas, tres libros de relatos, una  antología de poemas y varias traducciones del alemán, Aramburu muestra en su obra una unidad esencial que aglutina los aportes de Juan Manuel Díaz de Guereñu, Fernando Larraz, Javier Sánchez Zapatero y Juan Martínez de las Rivas quien realiza una extensa entrevista al narrador. Andrés Neuman rastrea rasgos en el libro Un país llamado cuento de Fernando Valls, uno de los mejores conocedores de la narrativa breve, y Miguel de Lucas visiona el libro El monarca de las sombras de Javier Cercas. La indudable salud literaria del diario íntimo define las miradas críticas que cierran este número, a cargo de Ana Gallego, sobre Ricardo Piglia, José Luis Morante sobre las páginas autobiográficas de Jaime Gil de Biedma y Antonio A. Gómez Yebra, que sondea el volumen Diarios 2012-2013 de Hilario Barrero, quien muestra la cotidianidad en su entorno urbano de Brooklyn .El colofón crítico lo firma Vicente Luis Mora con la lectura crítica del poemario No estábamos allí, de Jordi Doce.  Como epílogo de esta entrega el poema “Razones del ausente” de Darío Jaramillo Agudelo. Hasta aquí el desglose de contenidos del número doble estival de cuya cubierta es responsable Chema Castelo, cuya inquietud explora artes visuales como la fotografía y el diseño. Su largo recorrido aglutina ediciones de varios libros de artista y la participación en exposiciones que han merecido distinciones y reconocimientos. No voy a insistir en la posición central de Ínsula en el debate cultural de las últimas décadas. Solo quiero resaltar –es de justicia- el hilo de continuidad en el tiempo y el afán por reflejar desde la heterogeneidad de sus páginas el tronco firme de la literatura contemporánea. Así que solo queda  seguir en el camino con el mismo afán, con idéntico acierto.
 


viernes, 1 de abril de 2016

ÍNSULA, 831 ( REVISTA DE LETRAS Y CIENCIAS HUMANAS)

Ïnsula, nº 831
Revista de Letras y Ciencias Humanas
Marzo de 2016
Editora: Arantxa Gómez Sancho
ESPASA LIBROS

LA ÚLTIMA CASA DE MISERICORDIA: JOAN MARGARIT

  Coordinado por Luis García Montero y Juan Carlos Abril, Ínsula dedica un monográfico a la identidad creadora de Joan Margarit, escritor que concita una armonía crítica inusual en el planteamiento biográfico y en la valoración de una obra que encuentra en su etapa de madurez eclosión máxima.
  En Todos los poemas (1975-2012) el historiador y ensayista José-Carlos Mainer aglutinaba el corpus completo en 2015. El conjunto contaba con un introito que aporta tres fragmentos a esta salida. En ellos se enuncian claves de la epistemología escritural. El enlace asentado entre experiencia y página escrita convierte a los textos en un documento moral; y los poemas se abordan como un cálculo de estructuras donde la lucidez racional es brújula a la hora de concebir el sujeto verbal como reflejo creíble.
  Anna Crowe recupera en “Tampoco es Farigola” una anécdota amical sobre un viaje que da cuenta del papel clave del traductor; quien versiona debe asumir la filosofía del autor y reproducir una geografía lingüística que preserve desnudez emotiva, inteligencia versal y ese filo agudo de la razón que pone un fondo sonoro en los pasos del poema.
  La lectura del poeta, crítico y profesor Antonio Jiménez Millán elige la música como estación de cercanías para valorar en su justa medida su parafraseo en la poesía. En su artículo "Sentimientos en el tiempo", la música refuerza, como viga de sujeción que pone techo a los poemas. En su corpus poético Joan Margarit  guarda una poesía sonora en la que buscan sitio los sótanos del jazz y se interiorizan notas que permiten afrontar la soledad en compañía. 
  El aporte de Pere Rovira nace del trato directo y de su pertenencia al núcleo afectivo de Margarit. Ambos han compartido lecturas, encuentros y correcciones manuscritas a lo largo de treinta años. Esta frase de Pere Rovira tiene mucho de síntesis global: “Joan Margarit ha utilizado la poesía para aprender y fortalecer la sabiduría del amor”.
  Certeros y atinados resultan los postulados de Juan Carlos Abril. En ellos se entreveran alusiones al intimismo –siempre teniendo en cuenta que el poema no es un acta notarial-, al carácter temporal y a la definición de la escritura como espacio cognitivo que somete al yo a un largo proceso de introspección.
  El poeta de Sanauja suele incluir en algunas entregas una autorreflexión epilogal. Un ejemplo normativo es “Filósofo en la noche”  que cierra  Estación de Francia con un intenso homenaje al filósofo Emilio Lledó. No es la única composición incluida; las páginas centrales  difunden un breve trayecto con poemas escalonados en el suceder temporal.
  El retrato general se completa con enfoques parciales firmados por Rolando Kattan, Ramón Andrés y Manuel Vilas. Son colaboraciones centradas en situaciones concretas como reseñas de poemarios, la concesión del premio nacional de poesía, o impresiones que buscan sentido en su diálogo con el pensamiento.
  Si Pere Rovira acerca la idea del amor como grava firme del registro temático, Sergio Arlandis sondea el diálogo entre eros y logos en la fantasía textual del poeta y recorre el paisaje abierto de títulos para dar luz directa al amor, que conforma un sólido baluarte emocional.
  Arantxa Gómez Sancho evoca una pasión intacta: la música de jazz. "Un, dos, tres …jazz" se asoma a la intrahistoria para recuperar las audiciones a comienzos de los años noventa en la Sala Europa, un rito compartido que ha inspirado versos y añadido a la arquitectura de las composiciones la simetría de los pentagramas: sinestesias, ritmos y esa fecunda sensibilidad de la armonía.
  El trayecto vital como espacio literario convierte la infancia en un reducto. De ese lugar se ocupa Antonio Lafarque a partir de los versos de “Primer amor”, incluido en Los motivos del lobo. El poema expone una fotografía de la posguerra que en sus bordes nos muestra el amarillo tétrico del estraperlo y la represión. En él conviven el callejón oscuro del vencido y el empeño del régimen de ocultar la verdad tras un escaparate de prosperidad ficticia y orden militar.
   También José Ándújar recurre al mensaje del poema “Identidad”, cierre de Amar es dónde para transitar con los colores sentimentales de la edad madura y para comprobar si el yo esencial permanece intacto tras el ruido de fondo de los años. El arte muestra el carácter individual de la condición humana aglutinando ética y estética
  Luis García Montero opta por lo afectivo con una decidida voluntad de emoción cómplice. Ambos poetas han sumado pasos en el tiempo y juntos han elaborado una geografía íntima plena de civismo sentimental; la razón del poema comparte mesa con la realidad y reivindica sitio para la verdad y la belleza. Un ideario también presente en la conversación entre los coordinadores y el protagonista de estas páginas.
  Las reflexiones de Remedios Sánchez giran en torno a Nuevas cartas a un joven poeta. Es un breve libro que compila los principios personales del quehacer artístico. El afán de magisterio se asienta en la experiencia y en una maduración macerada. Es la postura estética y vital de un itinerario que quiere compartir las pautas de aprendizaje en el taller diario. En ese recorrido de Rilke a Margarit la ensayista subraya una estela luminosa: “Intento ejercer una inteligencia sentimental a través de la poesía, a la cual no pienso que le quede más característica que identificarse respecto a la prosa que la concisión y la exactitud”.
  En “Conquista de la libertad” Jordi Gracia postula el encuentro inicial como una sucesión de descubrimientos, hallados a la vez en los poemas y en las notas finales, siempre escritas desde la hondura vivencial, ajenas a cualquier prurito academicista. Esas notas despiertan el viraje hacia la prosa de Un mal poema ensucia el mundo donde la voz reflexiva de Margarit comenta la plenitud lírica de voces fuertes y de lugares como Barcelona, convertida a menudo en arquetipo del arraigo.  
   Por su parte, Josep M. Rodríguez describe con tinte evocativo la estancia de la familia Margarit- Consarnau en las Islas Canarias. Un tiempo que obligó al joven Joan a trayectos frecuentes en barco desde la península. Allí se fortaleció la necesidad de escribir. Esa lectura de lo temporal incide en una cualidad frecuente en este corpus: la convivencia plena de pasado presente y futuro, una cronología maleable que de cualquier instante hace un ahora para el poema.
  Es complejo perseverar en la calidad y yuxtaponer análisis que muestren ángulos nuevos. El saldo del monográfico de Ínsula crea la felicidad del trayecto cumplido. Un soliloquio plural cristalizado en la memoria. Los contornos de un  arte poética  que hace de la palabra la última casa de misericordia, el calor sedentario y sereno de un refugio.       

             

jueves, 31 de julio de 2014

REVISTA ÍNSULA. ESPAÑA EN LA POESÍA DE HOY.

ÍNSULA  811-812
Revista de letras y Ciencias Humanas
Julio Agosto 2014
Editora: Arantxa Gómez Sancho
Coordinadora del monográfico:
Araceli Iravedra
Espasa Libros, Barcelona
 
 ¿Y QUÉ DECIR DE NUESTRA MADRE ESPAÑA?

   Coordinado por la profesora y ensayista Araceli Iravedra, aparece en verano el monográfico de la revista Ínsula en torno al topos literario “España”. Bajo el enunciado “¿Y qué decir de nuestra madre España?" se revisa la vigencia del tema en la poesía reciente, y se analizan las apreciables mutaciones que ha generado el asunto en la sensibilidad creadora de sucesivas hornadas.
   Una efemérides proporciona enlaces con el tema. Se cumplen ahora cincuenta años de la aparición de una obra emblemática, El tema de España en la poesía contemporánea, una antología editada por José Luis Cano en 1964. Destacado promotor de la cultura de posguerra, poeta, ensayista y director durante muchos años de la revista Ínsula, José Luis Cano preparó una selección poemática con textos escritos desde 1900; en ella se reflejaba el despliegue de enfoques generado por la idea sentimental de patria.
   La profesora de la Universidad de Oviedo Araceli Iravedra retoma la cuestión y con España como clave orgánica, completa un análisis con doble simetría. Por un lado presenta trabajos críticos, firmados por estudiosos y creadores como Juan Carlos Rodríguez, José Andújar Almansa, Jesús Munárriz, Roger Wolfe, Erika Martínez… Y en páginas centrales aglutina una panorámica de poetas actuales cuyos versos conectan con el motivo: Manuel Vázquez Moltalbán, Ángeles Mora, Miguel d'Ors, Luis Alberto de Cuenca, Jorge Riechmann, Luis García Montero...
   La escritura lírica nunca puede desligarse del contexto histórico donde nace, es mapa de un tiempo, los versos siempre caligrafían las turbulencias del ahora. España es un concepto en permanente cuestionamiento, periférico o centralista, hecho de afinidades o disidencias, y el acercamiento de Ínsula lo refleja con ejemplar pluralidad.
   España como espacio convivencial sigue en el mapa entre el yo individual y el ser colectivo, hecho de materiales interpretativos. La oportuna indagación de Ínsula, cuando el modelo de estado que designa la constitución del 78 vuelve a cuestionarse, deja otra vez en la plaza pública palabras y argumentos. La poesía del ahora prosigue su deambular meditativo por el laberinto de nuestra identidad.