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lunes, 30 de marzo de 2026

EN CLAVE AUTOBIOGRÁFICA

José Luis Morante
(El Bohodón, Ávila, 1956)
Retrato digital

Cortesía
de
César Rodríguez de Sepúlveda


EN CLAVE AUTOBIOGRÁFICA
 
 
Yo nací (perdonadme)
con la televisión en blanco y negro.
La realidad mermada,
cobró lustre ficticio entre las vísceras
del dichoso artilugio.
Retraído el asombro,
poco tiempo después holló la luna
el ballet pintoresco del primer astronauta.
La guerra de Vietnam sembró de rojo
el miedo del monzón;
la tristeza alargó su cinta métrica
con inborrables signos,
y el niño que yo fui cruzó la calle
para desvanecerse.
 
Como soplo de aire
que aventara las ramas
con una floración de duermevelas,
devanaron los años
una quietud insomne,
repleta de tareas.
Nada sobra al olvido.
 
Envejeció conmigo
la dudosa verdad de vuelo corto
y ahora lo vivido es polvareda
que se oculta detrás.
La nada vuelve.
 
Sigo al borde de mí;
soy un mapa menguante
enclavado en la espera.
Ya no quedan preguntas perentorias.
El futuro es de otros.

   (Nadar en seco, 2022)


  
 

sábado, 30 de diciembre de 2023

CÉSAR RODRÍGUEZ DE SEPÚLVEDA. PÁJARO EN LA LUZ

Pájaro en la luz
César Rodríguez de Sepúlveda
Prólogo de Samuel Serrano Serrano
Mahalta Editorial
Ciudad Real, 2023

SOBRE LA RAMA


 
   La tardía aparición poética de César Rodríguez de Sepúlveda (Madrid, 1968), profesor de educación secundaria en un instituto madrileño, poeta y traductor, ha impulsado en un intervalo temporal muy breve las entregas Luz del instante (2020), Noticia del asedio (2021), Oscuro vuelo (2022) y, en el cierre de año, Pájaro en la luz. Conforman una propuesta creadora donde se constata la persistencia temática centrada en lo existencial como concepto semántico ajeno a la implicación biográfica, la lealtad continua a una tradición de aliento clásico y el afán formal de una poesía de línea clara y empeño figurativo, con sólida cadencia musical, que prima la autonomía del poema frente a la coherencia unitaria del libro.
   La introducción de Samuel Serrano Serrano “Océanos de tiempo, instantes” evoca de inmediato esa condición germinal de la poesía como metafísica del instante, de la que hablara Gastón Bachelard en las páginas de El derecho de soñar. La persistente tarea del poeta es un empeño en dar vida a los sueños en vuelo de la imaginación que expanden nuestra existencia y marcan los pasos del taller. Sobre la senda interior del poemario, según apunta el prólogo, “asistimos al descubrimiento asombrado de la vida, a la angustiosa lucha con las palabras ante la página en blanco, a los primeros esfuerzos por emprender vuelo”, ya sea a través de la recuperación del mito como punto de partida, las referencias culturales, o desde las claves personales de la experiencia. Así se forja la oscura travesía hacia la transcendencia, el empeño del lenguaje por convertir lo fugaz en caligrafía resistente
  Tras las emotivas dedicatorias, la mirada indagatoria de Pájaro en la luz asienta como umbral la composición “Hermosa catástrofe”, un canto de celebración amorosa que proclama el alud de efectos secundarios que da pie a convertir el estado amoroso en tránsito perplejo hacia el caos. La palabra poética establece en el libro dos tramos, “Nociones de vuelo” y “Lectura de las sombras” con un similar número de composiciones. En el primero, la preocupación metaliteraria sirve de amanecida argumental. El poema “Mester de vidriería”, dedicado a Francisco Caro, poeta y director literario de Mahalta, reivindica el carácter artesano del arte, la búsqueda de la belleza desde la persistente voluntad creadora que proclama el trabajo continuo y el “no sé qué que queda balbuciendo” que sostiene, sin fatiga, en el aire: “Porque es toda belleza / el misterioso encuentro / de la lenta fatiga de los días / y una luz misteriosa que viene de muy lejos”.
   Se acumulan las instantáneas poéticas que emanan de la lectura y remiten a estratos de aliento clásico inspirados en la mitología helénica, la biblia o la contemplación artística. También la naturaleza postula secuencias animadas que propician el paso del poema, como sucede en “Elogio y elegía del vencejo”. Todos son ecos que zarandean el lenguaje y abren el rumor cálido de la poesía, la incansable tarea de seguir escribiendo.
    La ironía busca en el libro su rincón habitable para mostrar, sin el grito estridente del sarcasmo, un punto de vista que refleja el desasosiego del ahora contemporáneo. Así se constata en el poema “Fuera de juego”, basado en un símil entre la feroz competencia del deporte y el capitalismo. El poema, con excelente cambio de tercio en el cierre, asume las contradicciones de un estar alógico y desconcertante. 
   Los poemas recorren un abierto mapa de hilos argumentales. Clarifican un sólido patrimonio de intereses, desde la apatía de Bartleby y sus elusivas maniobras para llegar a la renuncia, al prolífico inventario de personajes de la literatura popular, o al esfuerzo del yo para desmigajar las instantáneas de lo cotidiano sin metafísica, en ese salón de estar de la ironía, marcado por la sombra y la extrañeza.
    Las composiciones del segundo apartado “Lecturas de las sombras” abren un mundo reflexivo sobre identidades líricas del canon clásico. El poema se convierte en homenaje y recuerdo, donde se oye, emotiva y densa, la voz de la memoria y el lirismo ensimismado de  la elegía, como leemos en “Una lápida más en Spoon River”.
  Pájaro en la luz muestra la vastedad cultural de César Rodríguez de Sepúlveda; es un libro que enaltece el perfil de un gran lector. Pero es también la fruta en sazón de una poética, plena de lucidez e inteligencia, que convierte los itinerarios del lenguaje en un tiralíneas dispuesto a dibujar contundentes metáforas, imágenes de cálido cromatismo y el eterno diálogo con la emoción de un verso claro empeñado en rescatar el luminoso ramaje de los sueños.

JOSÉ LUIS MORANTE



  

domingo, 25 de junio de 2023

PLANOS CORTOS. AFORISMOS Y CINE

Planos cortos
José Luis Morante
Editorial Trea
Gijón, Asturias, 2021

 

Entrevista a José Luis Morante
 
PLANOS CORTOS. Aforismos y cine
 
César Rodríguez de Sepúlveda
 
 
 
José Luis Morante (El Bohodón, Ávila, 1956), poeta, crítico e impulsor del blog “Puentes de papel”, publica casi simultáneamente dos libros enteramente consagrados al aforismo: Migas de voz (México, UNAM, 2021) y Planos cortos (Gijón, Trea, 2021). El primero es una antología de sus dos anteriores entregas aforísticas, Mejores días (2009) y Motivos personales (2014), e incluye también una selección de inéditos. El segundo recopila aforismos relacionados con el mundo del cine
 
-Te acercas al aforismo en 2005, cuando ya has publicado varios libros de poesía. Desde entonces, tu interés por estos diminutos proyectiles verbales no ha hecho más que crecer. ¿Cuáles son las razones de tu fascinación y cómo llegas a este género?
 
El arranque editorial en esta estrategia expresiva es el cuaderno Sueltos, una mínima publicación que recogía unos cincuenta aforismos; pero llegué al género casi en el comienzo de mi escritura en 1990, a través de lecturas de Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Ramón Gómez de la Serna o Carlos Edmundo de Ory. De esta estrategia expresiva me parece ejemplar su precisión, su apertura temática y ese diálogo intimista entre pensamiento y poesía.  
 
 
-Las historias de la literatura al uso no suelen prestar demasiada atención al aforismo, a pesar de que ha tenido ilustrísimos cultivadores: Lichtenberg, La Rochefoucauld, Cioran o, entre nosotros, Antonio Machado. Tal vez sea no tanto por su brevedad extrema como por ser textos que no terminan de encajar bien en ningún contenedor genérico.
 
A través de la historia el aforismo ha tenido una presencia sostenida, Marco Aurelio, Hipócrates, Gracián, Montaigne… Pero la consideración mayoritaria es asociar el aforismo con un género menor; todavía reivindicamos su calidad literaria y su pluralismo formal; el molde conceptual es tan cambiante que necesita un soporte teórico fuerte. Y esa contingencia bibliográfica necesita tiempo. En ella están algunos ensayistas que ponen cimentación al decir breve: José Ramón González, Juan Varo, Hiram Barrios,  Manuel Neila, Demetrio Fernández Muñoz, José Luis Trullo…
 
 
-¿Es poesía, filosofía, ensayo o es, como tú sugieres, “una novela de ideas”? ¿Cuál es su relación con el microrrelato?
 
El abrazo semántico unifica ingredientes diversos; aborda pensamiento, lirismo, sustratos temáticos que interpretan la realidad o viajes interiores a los laberintos del yo; el resultado es claro: una novela de ideas con exposición, nudo y desenlace que a veces cabe también en el espacio angosto del relato hiperbreve.
 
-Leyendo Planos cortos se me ocurre que el aforismo es el territorio del yo. Un yo que toma distancia en dos momentos sucesivos, uno centrífugo y otro centrípeto: la perplejidad de la mirada y el sometimiento de la realidad al yo a través del lenguaje.
 
La realidad y el sujeto son los dos espacios indagatorios básicos; los dos alumbran un largo viaje de conocimiento y experiencia; desde esos itinerarios se escriben los aforismos de Planos cortos; son textos conscientes de que ficción y realidad no son entidades firmes, cerradas, autónomas, sino espejismos cercanos que necesitan materializarse a través de las palabras y las imágenes.
 
-La escritura alienta una actitud constante de búsqueda. ¿No es, en último término, el propio sujeto el principal objeto de reflexión del aforismo?
 
A esa certeza llegaron voces referenciales como Heráclito: “Conócete a ti mismo”, o Montaigne: “Yo mismo, lector, soy la materia de este libro”; la conciencia en su fluir sirve de brújula en ese demorado viaje introspectivo. Esa labor define el empeño tenaz de la existencia; escribir es caminar.
 
-En Planos cortos has seleccionado exclusivamente textos acerca del cine, que defines maravillosamente como “oficio de luz”. 
 
Esa paradoja de la sala a oscuras y los sentidos pendientes de una pantalla llena de luz me capturó de inmediato; en los años de Ávila, el cine era el mejor premio que los colegiales internos del bachillerato teníamos para el fin de semana; la pared blanca abría las puertas de la imaginación. Su lluvia de imágenes germinaba en el páramo estéril de los inviernos mesetarios. Así que rebobino gratitud a través de Planos cortos, cuyos materiales Juan Varo explica en el prólogo con luminosa palabra.
 
-Es un lugar común afirmar que ha dejado hacerse cine como el de la época dorada de Hollywood. ¿Crees que el gran cine pertenece irremediablemente al pasado, al territorio de la nostalgia, o te interesa también el cine actual?
 
Todas las artes nacen en un momento histórico concreto y en él se definen y adaptan; la celeridad digital ha propiciado una fuerza tecnológica insólita y ha generado otros enfoques en la forma de realizar las películas; pero el buen cine no es arqueología de la memoria; es la raíz de un tronco fuerte y ramificado que sigue generando excelentes frutos. El cine es un estrato de mi identidad;  mimo su buena salud llenando mis noches con nuevas películas; cada vez que voy al cine, alguien dentro susurra: esta es mi casa.
 
César Rodríguez de Sepúlveda
Profesor de Lengua y Literatura, poeta
 
(Madrid, mayo de 2021)
 
 
 
 
 

 

viernes, 7 de enero de 2022

ENTREVISTA DE CÉSAR RODÍGUEZ DE SEPÚLVEDA


 

Entrevista con JOSÉ LUIS MORANTE
 
PLANOS CORTOS. Aforismos y cine
 
César Rodríguez de Sepúlveda
 
 
 
José Luis Morante (El Bohodón, Ávila, 1956), poeta, crítico e impulsor del blog “Puentes de papel”, publica casi simultáneamente dos libros enteramente consagrados al aforismo: Migas de voz (México, UNAM, 2021) y Primeros planos (Gijón, Trea, 2021). El primero es una antología de sus dos anteriores entregas aforísticas, Mejores días (2009) y Motivos personales (2014), e incluye también una selección de inéditos. El segundo recopila aforismos relacionados con el mundo del cine
 
-Te interesas por el aforismo cuando ya has publicado varios libros de poesía, en 2005. Desde entonces, tu interés por estos diminutos proyectiles verbales no ha hecho más que crecer. ¿Cuáles son las razones de tu fascinación y cómo llegas a este género?
 
El arranque editorial en esta estrategia expresiva es de 2005, con el cuaderno Sueltos, una mínima publicación que recogía unos cincuenta aforismos; pero llegué al género casi en el comienzo de mi escritura en 1990, a través de lecturas de clásicos españoles como Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Ramón Gómez de la Serna o Carlos Edmundo de Ory. Me parece ejemplar su precisión, su apertura temática y ese diálogo intimista entre pensamiento y poesía.  
 
 
-Las historias de la literatura al uso no suelen prestar demasiada atención al aforismo, a pesar de que ha tenido ilustrísimos cultivadores: Lichtenberg, La Rochefoucauld, Cioran o, entre nosotros, Antonio Machado. Tal vez sea no tanto por su brevedad extrema como por ser textos que no terminan de encajar bien en ningún contenedor genérico.
 
A través de la historia el aforismo ha tenido una presencia ejemplar, Marco Aurelio, Hipócrates, Gracián, Montaigne… Pero la consideración mayoritaria es asociar el aforismo con un género menor; todavía reivindicamos su calidad literaria y su pluralismo formal; el molde conceptual es tan cambiante que necesita un soporte teórico fuerte. Y esa contingencia bibliográfica necesita tiempo. En ella están algunos ensayistas que ponen la cimentación del decir breve: José Ramón González, Juan Varo, Manuel Neila, Demetrio Fernández Muñoz, José Luis Trullo…
 
 
¿Es poesía, es filosofía, es ensayo o es, como tú sugieres, “una novela de ideas”? ¿Cuál es su relación con el microrrelato?
 
El abrazo conceptual unifica ingredientes diversos; como estrategia expresiva aborda pensamiento, lirismo, sustratos temáticos que interpretan la realidad o viajes interiores a los laberintos del yo; el resultado es claro: una novela de ideas con exposición, nudo y desenlace que a veces cabe también en el espacio angosto del relato hiperbreve.
 
-Leyendo Planos cortos se me ocurre que el aforismo es el territorio del yo. Un yo que toma distancia en dos momentos sucesivos, uno centrífugo y otro centrípeto: la perplejidad de la mirada y el sometimiento de la realidad al yo a través del lenguaje.
 
La realidad y el sujeto son los dos espacios indagatorios básicos; los dos alumbran un largo viaje de conocimiento y experiencia; desde esos itinerarios se escriben los aforismos de Planos cortos; son textos conscientes de que ficción y realidad no son entidades firmes, cerradas, autónomas, sino espejismos cercanos que necesitan materializarse a través de las palabras y las imágenes.
 
La escritura alienta una actitud constante de búsqueda. ¿No es, en último término, el propio sujeto el principal objeto de reflexión del aforismo?
 
A esa certeza llegaron voces referenciales como Heráclito: “Conócete a ti mismo”, o Montaigne: “Yo mismo, lector, soy la materia de este libro”; la conciencia en su fluir sirve de brújula hacia ese demorado viaje introspectivo. Esa labor define el empeño tenaz de la existencia; escribir es caminar.
 
En Primeros planos has seleccionado exclusivamente textos acerca del cine, que defines maravillosamente como “oficio de luz”. 
 
Esa paradoja de la sala a oscuras y los sentidos pendientes de una pantalla llena de luz me capturó de inmediato; en los años de Ávila, el cine era el mejor premio que los colegiales internos del bachillerato teníamos para el fin de semana; la proyección abría las puertas de la imaginación. Su lluvia de imágenes germinaba el páramo estéril de los inviernos mesetarios. Así que rebobino gratitud a través de Planos cortos, cuyos materiales Juan Varo explica en el prólogo con luminosa palabra.
 
Es un lugar común afirmar que ha dejado hacerse cine como el de la época dorada de Hollywood. ¿Crees que el gran cine pertenece irremediablemente al pasado, al territorio de la nostalgia, o te interesa también el cine actual?
 
Todas las artes nacen en un momento histórico concreto y en él se definen y se adaptan; la celeridad digital ha propiciado una fuerza tecnológica insólita y ha generado otros enfoques en la forma de realizar las películas; por tanto, el buen cine no es arqueología de la memoria; es la raíz de un tronco fuerte y ramificado que sigue generando excelentes frutos. El cine es un estrato de mi identidad;  mimo su buena salud llenando mis noches con nuevas películas; cada vez que voy al cine, alguien dentro susurra: esta es mi casa.
 
César Rodríguez de Sepúlveda
Profesor de Lengua y Literatura, poeta
EL CUADERNO DIGITAL 
(Madrid, mayo de 2021)
 
 
 
 
 
 


miércoles, 24 de noviembre de 2021

CÉSAR RODRÍGUEZ DE SEPÚLVEDA. NOTICIA DEL ASEDIO

Noticia del asedio
César Rodríguez de Sepúlveda
Editorial Ommpress Poetas
Madrid, 2021

 

ESTAR DENTRO
 
 
 
   La pandemia, más que un elemento perturbador de la existencia diaria que ha modificado los hábitos del entorno, subrayando la endémica fragilidad de cada sujeto, es un arquetipo de soledad, una construcción conceptual propensa al simbolismo. Ha hecho del horizonte imaginativo de Kafka un ángulo de entrada tangible y colectivo. A su estela sugeridora recurre César Rodríguez de Sepúlveda (Madrid, 1968) para abrir los poemas de su segunda entrega Noticias del asedio: “Cuando Gregor Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto”.
   La inolvidable cita evoca de inmediato el argumento esencial del poemario, la propuesta de ruta de aquella primavera de 2020, cuando las alarmas del contagio teclearon razones para el confinamiento domiciliario. La densa penumbra de la calle dejaba sitio libre a las moiras, esas presencias mitológicas que hilan nuestra vida y marcan el destino personal, cercando nuestro ánimo de temor y finitud ante la cercana presencia de la muerte. Sobre la dermis interior del ser se cernían las sombra de ángeles oscuros: “Son tres y son hermanas: / a la niebla del sueño / traen la misma advertencia silenciosa / que no quiero atender, / que quiero conjurar en el poema”. Llegaba a cada casa un intruso invisible que habitaba cerca, crecía y se multiplicaba para mudar el sosiego en intemperie.
  La mirada indagatoria del apunte diario mide la curvatura de la pandemia. Cataliza datos de la experiencia, observa desde las ventanas el transitar perplejo de la senda cotidiana. La palabra poética y su mapa de correspondencias clarifican de inmediato el esfuerzo del yo para desmigajar lo cotidiano en un contexto histórico marcado por la sombra y la extrañeza, para inventar en su mundo reflexivo el pétalo feliz de un carpe diem. La calle se convierte en un angustioso marco de representación. Se oye emotiva y densa la voz de la memoria, el lirismo ensimismado de quien nombra los pasos del asedio: el desconcierto, el avituallamiento, las precauciones insólitas, la visión de abatimiento crepuscular y despedida alentada por los medios de comunicación, recordando en cada telediario las cifras de nuestra programada obsolescencia.
  César Rodríguez de Sepúlveda, frente al escueto esqueje descriptivo, opta por la mirada temporalista y convierte las instantáneas del ahora en secuencias mitológicas y crónica autobiográfica. De nuevo, la épica del superviviente, los suplicantes, o  los personajes del cine transformados en identidades cercanas, que soportan el sedentario estar del encierro y su fuerte latido emocional. El poema “Wuhan”, topónimo convertido por el cauce informativo en epicentro de la pandemia, se empeña en construir ejes de simetría entre el acervo cultural y el inestable suelo del presente. El paso minucioso de Marco Polo se ha transformado en un virus expandido que contagia y hastía, que convierte el respirar en un riesgo evidente. Mientras la naturaleza sigue su curso y su cadencia, sin advertir lo que sucede en cada casa.
   La retina traspasa la piel de las cosas cercanas con mirada nueva; objetos cercanos e inadvertidos recuperan la telaraña afectiva de lo vivido. La biblioteca se ofrece generosa para llenar el tiempo de clausura y el balcón es el mirador privilegiado del aplauso y de la exploración de secuencias vitales en las calles ensombrecidas, ahora poniendo distancia y soledad a un paisaje sin figuras. Como si aceptara la inminente hora del adiós y la derrota, el recuerdo de Antonio Machado se hace norte y ejemplo en el poema “Si estuvieras aquí”. Es un hermoso homenaje que recuerda el transitar biográfico del poeta y aquel tiempo de dolor y tristeza del conflicto fratricida, que da pleno sentido a la voz elegíaca: “Tú, que tanto supiste de amargura, / si estuvieras aquí, viendo tu pobre España / tan herida y cercada por la muerte”.
  En el matiz otoñal de Noticias del asedio, de César Rodríguez de Sepúlveda, transitan los latidos más desacordes del coronavirus; ese estar asentado en las huellas del dolor y la pérdida, como lo manifiesta con su intensa percepción el poema “Paisaje sin figuras” en su tramo final: “Ved aquí la ciudad deshabitada, / sus inútiles moles de hormigón y de ausencia. /      Ved aquí tan perfecta / labor de artesanía, / el trabajo impecable de la muerte”.
  La crudeza de ese tiempo provoca un ensanchamiento de la realidad; deja incisiones imborrables en su sucesión de planos entre lo interior y lo exterior. Pero no anula un rincón de expectativas; en la palabra iluminadora del después de la batalla resuenan las voces ausentes, una corriente de aire que abre los ventanales del presente. Todo se hizo oscuridad y silencio en la interpretación de lo real y es preciso el regreso, el rumor renacido de “esta tibia mañana/ de abril, / para intentar fundar una esperanza”.
 
JOSÉ LUIS MORANTE

 

miércoles, 12 de agosto de 2020

CÉSAR RODRÍGUEZ DE SEPÚLVEDA. LUZ DEL INSTANTE

Luz del instante
César Rodríguez de Sepúlveda
Ommpress Poetas
Madrid, 2020


DESTELLOS


   Con una exhaustiva voluntad de renovación, el discurrir poético incorpora a su cauce, de continuo, un prolijo catálogo de nombres propios. Algunos, empujados por la urgencia de publicar, solo muestran un desambular tanteante que apenas adquiere entidad y solo lleva hacia una callejuela sin salida. Otros, en cambio, consienten fundadas esperanzas de una fértil senda creadora. A este grupo pertenece César Rodríguez de Sepúlveda (Madrid, 1968), profesor de lengua y Literatura en un instituto madrileño que, tras publicar algunas composiciones en una antología colectiva de jóvenes creadores abulenses y en revistas literarias, entrega su primera amanecida Luz del instante.
   Con un guiño a la tradición más entrañable de nuestra lengua, el poeta, alumbra su libro con el apartado “La del alba sería”, expresión cervantina que adhiere la senda poética a un temprano viaje, cuyo trazado confunde itinerarios oníricos y realidad. La voz del sujeto verbal mira por los resquicios de la cotidianidad de Alonso Quijano para abordar en un intenso monólogo dramático esa frágil materia de los sueños que aposa entre las manos la lectura; nace así una nueva identidad que adquiere el brillo de lo insólito que contradice el gregarismo y la costumbre e invita a celebrar en lo diario unos hilos de luz y de belleza.
  Ese mundo de héroes e ideales está presente también en el alboroto gráfico de los tebeos de infancia. De aquel inventario de buenos y malos que abren trinchera, aflora el vigor justiciero de El guerrero del antifaz, la musculatura selvática de Tarzán o los fragmentos existenciales anudados en la memoria que viajan al pretérito para buscar recuerdos y rincones de un perido que hoy surge renovado y maltrecho, calado en su textura por la lluvia del tiempo y la ironía.
  El poema “Desahuciados del alba” postula un recorrido iniciático por la intrahistoria personal. Era un mundo de hábitos marcados por el estar de un niño que iba perdiendo su mirada limpia de infancia, con héroes y sueños, para buscar las huelas de un futuro habitable en el silencio gris de los años ochenta.
   Si el apartado inicial entronca las vivencias del hablante lírico con un entorno idealizado, que preservaba la inocencia, en “Bella dama  sans merci”, expresión derivada del conocido poema de John Keats escrito en 1819, llega un tiempo nuevo en el que se cobija la nostalgia, como en los pulcros versos musicales del poema “Nocturno”, y emerge la conciencia de finitud; cada instancia de mediodía y plenitud es una estela en el agua que no tarda en borrarse, el sedimento de unas ruinas históricas que muestra en sus formas erosionadas el paso diluido del pasado. O la emotiva voz de la elegía, tan presente en el poema “Cascada de la Araña”, como homenaje y despedida al amigo ausente.
   No pasan inadvertidos los referentes literarios: el mundo de Virginia Woolf  en “piedras en los bolsillos”, la levedad desdichada y nihilista de Alejandra Pizarnik, o la coda conclusiva de Cesare Pavese ante el rostro preclaro de la muerte. También el arte, como forma cercana del lenguaje, pasa a primer plano en el apartado “La luz y la palabra”. El quehacer del artista se gesta como una forma de explorar la belleza plástica, o como una estrategia expresiva, capaz de hacer de la obra de arte una trinchera contra el extravío y el silencio.
   Toda expresión literaria es una búsqueda de la verdad en la mentira, un poder regenerador que enmienda máculas. Desde ese propósito nacen los hermosos versos de “verdad de la mentira” cuyo cierre sugiere una poética que justifica el empeño de tinta del escritor a solas, esa sed de verdad que enmienda el páramo estéril de lo diario.
   Con un amplio pertrecho de experiencia lectora, César Rodríguez de Sepúlveda firma Luz del instante, un primer libro que sorprende por su pulido formal, la dicción de aliento clásico y un discurso poético que entremezcla sincretismo lector y biografía para dejarnos una realidad ficcional, verosímil. Un mundo moldeado por el quehacer versal que refleja en sus horas el latido silente del pasado y las incertidumbres de un ahora escurridizo y turbio. Luz del instante es hoguera encendida, el logrado inicio de una travesía que habremos de seguir con interés.