Tiempo de arena
Inma Chacón
Planeta, Barcelona, 2011
Inma Chacón abre Tiempo de arena, obra finalista del Premio Planeta 2011, con una cita de Joseph Conrad, un autor emblemático de la novela de personajes. Inma Chacón comparte con Conrad la prosa limpia y clara, la historia como telón escénico y la trama con abundantes ramificaciones y mínimos tiempos muertos, donde los protagonistas deben adaptarse a situaciones ambientales novedosas. Así ocurría en Las filipinianas, que es el vivero de identidades de Tiempo de arena.
Toda realidad resulta superficial y engañosa; bajo su aparente calma oculta claves y secretos. La muerte de Xisca, la hija de Mariana, primogénita y heredera del marquesado de Sotoñal, a los veintinueve años, enferma de tuberculosis, plantea un interrogante que condicionará el posterior comportamiento de sus tías, Munda y Alejandra. Pero la narración emplea dos tiempos, el orden cronológico natural del presente y el salto atrás al pasado, el recurso a la analepsis que ralentiza el hilo argumental y clarifica los hechos. De la inmersión en el ayer nace el regreso de la familia a Toledo, tras la muerte del marqués, y el abandono de una larga historia de acontecimientos en Alejandría y luego en Filipinas, una colonia convertida en fermento revolucionario independentista que acaba en manos de Estados Unidos, tras el desmembramiento del imperio colonial español.
Los verdaderos protagonistas de la novela son las tres hermanas. De ellas Mariana y Munda representan dos actitudes vitales enfrentadas. Mariana, la mayor, asume la tradición más estricta en una sociedad de clases; cree en la diferencia y en el privilegio y busca el apoyo de una jerarquía eclesiástica que bendice el poder y la riqueza y pide resignación a los desfavorecidos que sólo tienen derecho a la caridad y a la beneficencia; no deja que los sentimientos influyan en sus decisiones y siempre ejerce un dominio frío y controlado sobre sí misma. Munda, en cambio, opta por la libertad de ser, cree en la dignidad femenina y en los derechos de la mujer para ser autónoma y para adquirir un acervo intelectual que demuestre que la debilidad no es una razón de ser sino un lastre cultural.
El choque entre ambas concepciones sociales es inevitable y el distanciamiento propicia vidas enfrentadas y rupturas de puentes comunicativos que afectan también a Alejandra, la hermana más pequeña, influida por la personalidad de Munda y por las ideas de Inés, una masona viuda que le inculta una inquietud intelectual que le lleva hasta la universidad para cursar la carrera de leyes.
Como sucediera en Las filipinianas hay un fondo histórico realista que concede a la novela carácter de crónica de principios de siglo, cuando el país atraviesa una crisis sin precedentes que afecta a la monarquía, al sistema de partidos y a la concepción misma del hecho social por los movimientos obreros y por las primeras luchas emancipatorias de la mujer.
En la estela realista de ficciones anteriores Tiempo de arena logra un detallado contrapunto ambiental que rememora la decadencia de una sociedad jerárquica a través de una saga familiar en la que languidecen usos y costumbres estamentales. En su resolución argumental adquiere primacía la profundidad moral de sujetos de acertada caracterización.
