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jueves, 30 de noviembre de 2017

ROSARIO TRONCOSO. NUESTRA ORILLA SALVAJE

Nuestra orilla salvaje
Rosario Troncoso
La Isla de Siltolá, Poesía
Sevilla, 2017

 EL FRÍO Y LA DISTANCIA



  Rosario Troncoso (Cádiz, 1978), Profesora de Lengua Castellana y Literatura en Secundaria y Bachillerato, directora de Takara Ediciones y coordinadora de la revista El Ático de los gatos, aporta un itinerario poético de siete títulos, al que ahora añade, a muy pocos meses de la edición compilatoria de Eternidad provisional, el poemario Nuestra orilla salvaje. El título habla de irracionalidad e inconformismo y añade a las composiciones dos citas  que desdeñan esas utopías domésticas, expuestas al alcance de la mano. La de José Luis Piquero es un destello de lucidez apelativa: “Has estado muy lejos. Vuelve a ti.”; la de Jaime Gil de Biedma define la condición temporal y perecedera de la identidad: “Pero ha pasada el tiempo / y la verdad desagradable asoma: / envejecer, morir, es el único argumento de la obra “.
   Son signos que no esconden el sustrato básico del primer apartado del libro, “El abrazo de los extraños”. Como si el sujeto lírico hubiese recorrido una amplia geografía hecha de desamparo e intemperie, en la que el derrumbe ha ido dejando esquirlas. El presente se convierte en un invernadero de acogida de ilusiones y sueños. Lo compartido entonces no tiene la calidez habitable de la compañía sino la certeza de un caminar común hacia el vacío: “Ya no habrá recuerdos, / ni noches por delante. / La vejez. El silencio. / Y una lápida sobre el vacío, mientras seguimos vivos / bajo los restos de nuestro derrumbe”. El aire de la casa diaria se hace nocturnal, adquiere la apariencia del nicho, como si se anticipara una despedida definitiva que no busca estridencia sino silencio. Es esa sensación de un frío interior que va diluyendo las geografías de otro tiempo, como si no fuese posible emprender pasos de vuelta. Para lo vivido no hay regreso. En el estar diario se ha instalado una melancolía que diluye el deseo; así lo corroboran con excelente trazo algunos versos: “Estamos demasiado lejos de la piel”, o “Busco en tus ojos / y aquí no vive nadie”. Nada es posible contra el tiempo, ni siquiera el abrazo de extraños que alguna vez dejaron su perfil en la mirada y luego habitaron la sombra como imágenes perecederas.
  En todo el apartado prevalece la sensación de desgarro y vacío. Pero el verso no se hace declamatorio, como si en la conciencia del yo poético hubiese una tácita aceptación de que vivir es un error pactado que requiere puntos de sutura.
   La mirada infantil percibe el entorno con asombro y cordialidad. En su respiración no hay fronteras entre el imaginario onírico y los espacios reales. Por eso la infancia es un paréntesis áureo, en el que la esperanza da luz a cada percepción. Pero la experiencia cotidiana muda ese paisaje interior. Se imponen los efectos negativos, la derrota y la decepción; llega un tiempo cíclico que lleva al desamor y la ruptura; de ahí el rótulo que acoge a las composiciones de esta segunda parte, “El final de las Hadas”, un aserto cuya semántica se configura a partir de unos versos de la poeta Itziar Mínguez Arnáiz: “Has llegado tarde / a todo lo que importa / y todo lo que importa / ha llegado tarde a ti “. Las constantes vitales dan fe de ese fracaso, de esa inmersión en el dolor, repleta de efectos corrosivos. Así lo subraya, con concisión lapidaria el poema “El final de las Hadas”, donde la identidad constata el fin de la inocencia. Es sabido que en la literatura tradicional añadía como rasgos específicos de los cuentos de hadas la existencia de un mundo fantástico, fuera del entorno circundante, en el que irrumpe, más allá de la explicación científica, lo inexplicable y lo insólito, el cálido misterio del asombro y el deleite de la ficción. El final de ese estar impone su verdad desoladora: el polvo de las hadas se hace ceniza, un crujir de insectos bajo los pies de la realidad más pragmática de los días laborales, donde la vida se mantiene en pie, como un tendedero repleto de obligaciones que se orean al manso sol de invierno.
   En los poemas de Nuestra orilla salvaje, Rosario Troncoso verbaliza los vértices del desamor. Los versos abrazan el sentir de la angustia para proyectar su espacio sobre las aceras del presente. Suena la voz de quien admite la textura provisional de los sentimientos y habla con el espejo para seguir viviendo a la intemperie, sin complacientes autoengaños, mientras la soledad y el dolor se hacen poesía.    




miércoles, 23 de agosto de 2017

LAS MANOS DEL REGRESO

Señales y regresos
(Oropesa del Mar, Castellón)
Fotografía de
Adela Sánchez Santana


VIAJE CIRCULAR

Todos los pasajeros enfatizan
los agrestes mensajes, la sintaxis
de una cartografía desplegada
que difunde su  magia a pleno sol.
En ella recuperan testimonios,
claras noticias de signos externos
que pregonan el preciso destino.
Ante el cristal escrutan incansables
el arco de horizonte, convencidos
del abrazo feliz de la distancia.
Lejos se decolora un promontorio,
pierde brillo la curva gris de un río.
Oscurece. La pedestre arrogancia
del paisaje multiplica rumores.
Siento la terquedad de los raíles.
estoy tranquilo. Leo. Guardo fuerzas.
Reclino certidumbres en silencio.
Prolongamos un viaje circular,
peregrinajes que nunca terminan.

      (De Pulsaciones, Sevilla, 2017)



miércoles, 12 de julio de 2017

ROSARIO TRONCOSO. ETERNIDAD PROVISIONAL

Eternidad provisional
Rosario Troncoso
Selección y prólogo de
Paco González Fuentes
Takara Editorial, Colección Wasabi
Sevilla, 2017

INVENTARIO DE VIDAS

   Advertirá el lector de inmediato el afecto personal por Rosario Troncoso, cuya labor editorial ha llevado a imprenta hace muy poco tiempo mi antología Pulsaciones, un mapa de ruta del discurrir poético de casi tres décadas. Su labor en equipo con Carmen Sotillo no contamina el entusiasmo lector por su poesía y la cercanía crítica con sus presupuestos literarios y su forma de entender la creación. Rosario Troncoso cultiva una poesía intimista, que indaga en los estados afectivos, en la que el personaje lírico tiene una evidente correlación con el soporte anímico del ser biográfico. De su riqueza y expresión diversa da cuenta el volumen Eternidad provisional, un paso más en el joven catálogo de Takara Editorial, donde ya conviven autores como José Manuel Benítez Ariza, Elías Moro y Javier Sánchez Menéndez.
   Cada cartografía lírica aporta una manera de acercarse al verso y despliega un escenario propio para que en él camine su personaje verbal, marcado siempre por esos estímulos exteriores que impulsan y dan rumbo a los asuntos poéticos. En Eternidad provisional hallamos de entrada un oxímoron que requiere un instante de pausa. El aserto contrapone el afán singular del verso en buscar un asiento perdurable a la estela transitoria de lo contingente. Es una poética de quien sabe que solo la palabra nos salva, aunque esta salvación también esté abocada en el tiempo a convertirse en una línea en el agua.
    Paco González Fuentes cuida la selección versal, y traza los signos propios del itinerario poético de Rosario Troncoso, una senda que arranca en 2005 con el libro auroral Huir de los domingos y concluye en la entrega Transparente (2014). El sondeo crítico enlaza de inmediato el trayecto vital y la expresión literaria como si en ambos recorridos no fuesen direcciones duales sino una única senda, un puñado de variaciones en el mismo dibujo. Define esta compilación como memoria de la fragilidad en la que encuentra significación ineludible los gozos y las sombras del yo que conforman una sucinta biografía en el tiempo.
   Esta absorción de lo biográfico comienza con el libro Huir de los domingos cuyos versos manifiestan un intenso confesionalismo, el ritmo remansado de lo cotidiano, pero la organización interna de la compilación anula la disposición cronológica para ofertar una lectura nueva de lo escrito. De este modo, el apartado inicial, “El eje imaginario” se fecha en 2012 y hace de la temática amorosa textura argumental. Los poemas hablan del sentimiento amoroso, pero esa luz del deseo es un largo recorrido en el que se van marcando huellas rutinarias que transforman la amanecida en cansancio crepuscular. Queda entonces un cierto sentimiento de pérdida que justifica la elegía o que busca la identidad del yo en la memoria, como sucede en el hermoso poema “El árbol de la infancia”. 
   El apartado “Fondo de armario”, fechado en 2014, sugiere un conjunto misceláneo. En él se agrupan impresiones visuales, como fotografías ajadas por la inercia, reflexiones sobre el extrañamiento originado  cuando los sentimientos cambian o la ausencia cobra fuerza en la costumbre.
   Tuve la fortuna de presentar el libro Transparente en Madrid y me sigue pareciendo el vértice central de la voz poética de Rosario Troncoso. Aquí se pone al día mediante una breve selección de textos que preservan su aire diáfano, su recurrencia a la voz directa y su asentamiento en el ahora como tiempo enunciativo del poema. Esa crónica viva del estar libera la voz propia en un ejercicio de sinceridad que recuerda la dimensión humana del escribir. En él se integra el poema homónimo, que da título a esta selección, un texto que hace del amor plenitud y cumplimiento, un viaje sin caminos de retorno.
   “Otros poemas” invita a percibir la poesía en su evolución natural, como un tránsito alzado sobre estaciones temáticas redundantes. Las muestras elegidas dan voz a los distintos incisos temporales de la autora como si fuesen propuestas cristalizadas.
   Por último, como un guiño a este tiempo binario que nos ha convertido en náufragos digitales, en el apartado de cierre se incorporan algunas anotaciones del blog, definidas por Paco González con vehemente precisión: “están las palpitaciones de lo que fue, el fulgor del presente, el grito, la sombra…” Conforman casi una paremia por su cercanía al aforismo y hacen una lectura fragmentaria del discurrir que difunde sin pausas la sensibilidad de quien percibe.
   En los apartados de Eternidad provisional hallamos, sin teorías ni deconstrucciones, con el paso cercano de quien muestra la extrañeza de lo conocido, una poesía que expande un frescor cristalino. Los versos fluyen con la cadencia de quien comparte las anotaciones de un diario íntimo que va completando páginas en la noche del tiempo, que de cuando en cuando da voz a la angustia y al desconcierto cuando las ilusiones convierten la existencia en un territorio estéril.. Poesía que deja en la retina la equilibrada serenidad formal de la confidencia, la ortografía propia del existir. La lección breve de quien sale al día para conocerse.





  

martes, 16 de mayo de 2017

REENCUENTRO

Reencuentros


HETERÓNOMOS


Dentro de mí conviven, abocados
a una inmensa rutina sedentaria,
el yo que pienso y otro, el que parezco.
Un pacto, que firmaran con los ojos,
les conmina
a respirarse en cierta tolerancia,
y ambos han sido absueltos
de mencionar, siquiera,
cuál fue la última causa
que les diera la vida.

Cada uno tiene ya su enclave exacto:
el yo que pienso
habita, día y noche,
la intimidad de estas cuatro paredes.
Es semejante a un niño que olvidara crecer,
y por lo mismo
nada en el mar de una sabia ignorancia.
(“Acaso sea el invierno…
es razón suficiente para explicar el cosmos “)
Y balbucea. Ríe.
Se pierde en los espejos. Gesticula.
Colecciona recuerdos como si fueran conchas
que ha enterrado el olvido.

A veces llora y viste el jersey gris
de la melancolía;
entonces toma un folio,
donde  inicia el galope un sentimiento
y se hace reo de pertinaz tristeza,
hasta que traspapela la mirada
y descubre, cansado,
que afuera cae la lluvia
y mojan su perfil
unas livianas gotas de mi nube.

El que parezco
está en la calle de continuo.
Todos le conocéis
pues con todos comparte ese pan y esta sal
que, bajo el brazo, trae la vida;
las cotidianas dosis
de angustia existencial, trabajo y ruido.
Con él tropiezo,
una tarde cualquiera,
al doblar una esquina,
y tras justificarme torpemente
(“hallé la puerta abierta
y me aburría…”)
me despido gozoso y luego marcho
-el paso lento, sepultadas las manos
en los amplios bolsillos del vaquero-
a ver, sin más, el mundo por mis ojos.


             (Pulsaciones (Antología personal 1990-2016)                                         


jueves, 27 de octubre de 2016

EL ÁTICO DE LOS GATOS (revista literaria y cultural)

El Ático de los Gatos, número 6
revista literaria y cultural
Dirección:
Rosario Troncoso
Edita
Takara Editorial
Sevilla, 2016

EL ÁTICO DE LOS GATOS (nº 6)

   Bajo la dirección de la poeta Rosario Troncoso, también responsable del saludo editorial, El Ático de los Gatos es una revista literaria y cultural que llega a las librerías impulsada por el sello andaluz Takara Ediciones. Cargada de imaginación y textura emotiva, la publicación despliega una original estructura enumerando sus secciones con términos extraídos del laboreo gatuno: “ovillos y juguetes”, “pupila vertical”,“nuevos maullidos”,“gatos bilingües”… Todos los apartados mantienen una coreografía visual repleta de efectos plásticos, donde resalta la imagen de cubierta diseñada por Sara Gabandé (Madrid, 1984), licenciada en bellas Artes y autora de amplia trayectoria expositiva.
   El poblado ático despliega un entramado de géneros. En narrativa, Elías Moro anticipa un fragmento del libro en preparación Notas para esbozar apuntes; su prosa comparte sitio con cuentos de Daniel Pérez, Alicia Domínguez-Lawolemba y Montiel de Arnáiz. El apartado “Pupila vertical” abre retina al verso del ahora con poemas, entre otros, de Itziar Mínguez Arnáiz, Begoña Callejón, Paco Ramos, Jesús Cárdenas, Marcos Matacana, Ballerina Tinajero, Víctor Peña Dacosta o  Jesús Montiel. Algunas voces de amanecida se agrupan en "nuevos maullidos", donde se pueden leer composiciones inéditas de Sergio Moreno, Esteban Maldonado, Francisco J. Márquez y Mari Nieves Vergara.
   He hablado al comienzo de esta reseña del umbral que deja El ático de los gatos a la lluvia alegre de la entrevista (en este número protagonizadas por Alejandro Luque y Covadonga García Fierro), el aforismo, las ilustraciones, que son tema único del apartado “De cara a la galería”, y la traducción que nos acerca a la poesía limpia de adherencias retóricas, y sencilla en su despliegue metafórico de Hilde Domin, en versión al castellano de Gema Estudillo.
   Sitio propio requieren las aportaciones de María Ángeles Robles y Herme G. Donis, en las que está presente el copioso trasvase de influencias de la literatura japonesa a la identidad literaria de nuestro tiempo. Las dos escritoras comparten intimismo, voz introspectiva en la mirada fragmentaria de lo real,y esa sensibilidad serena de quien contempla la aparente calma de lo cotidiano con pupila estética. Difieren en el formato; mientras María Ángeles Robles opta por la anotación en prosa, Herme G. Donis firma una nutrida selección de haikus.   
  En el tramo final de la revista conviven algunas reseñas sobre novedades de Antonio Rivero Taravillo, José Cercas Domínguez y Antonio José Royuela,  un artículo sobre la música de Indómita, un grupo de rock de la bahía de Cádiz, y reflexiones de distinto calado sobre el tejido cultural del momento.
   Es sabido que la revista literaria conforma siempre un escaparate de temporada, un expositor en el que es posible percibir la unidad oculta de la cultura, ese inventario de enlaces que unifica géneros y registros. Vitalista y nada acomodaticia, El Ático de los Gatos protagoniza un compromiso honesto con la buena literatura, cultiva una personalidad singular que merece la necesaria acogida del mercado y el abrazo cordial de los lectores.