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miércoles, 10 de mayo de 2023

JOAN DE LA VEGA. LO QUE DICEN LAS PIEDRAS

lo que dicen las piedras
Joan de la Vega
Ilustraciones de Cuca Muro
Prólogo de Teresa Garbí
Editorial Páramo
Valladolid, 2023


 

EN LA MONTAÑA

 

   El decurso del haiku en las últimas décadas ha logrado pleno asentamiento en nuestro mapa literario. Así lo ratifica el número de cultivadores del trébol japonés y la notable cantidad de títulos publicados. Su cultivo ha perdido cualquier exotismo traslacional hasta conseguir un aire pleno de normalidad como estrategia expresiva. La estrofa se expande a buen ritmo entre la singularidad y el matiz de una escritura intergeneracional de renovado impulso. También el haiku resulta un vértice esencial en la pujanza creadora de Joan de la Vega (Santa Coloma de Gramenet, 1975) que ya dejó otra muestra en el libro En torno a Issa y otros difuntos (2021).
  La introducción de Lo que dicen las piedras a cargo de la poeta y editora Teresa Garbí constata que estos poemas se mueven en un ámbito de afinidad con el espacio natural. Quien escribe sondea su relación con la naturaleza, se siente pleno interlocutor en el diálogo sin voz del entorno y encuentra casa abierta en la montaña. Los elementos diseminados del paisaje son parte de la respiración vital: “En Lo que dicen las piedras hallamos las características habituales del haiku: descripción de impresiones, siempre mediante la sugerencia, más que la constatación, el detalle casi transparente, cristalino”. Como ratifica la cita inicial de Susana Benet, se trata de escuchar en silencio el roce diario de lo inanimado.
  Joan de la Vega aglutina los haikus de “¿Piedra o árbol? bajo el pensamiento cercano de Octavio Paz y deja caminar el pensamiento por la observación. Lo hace con la certeza de que los sentidos reflejan una afirmación de vida, las señales esparcidas en la piel de los días de un sencillo abecedario, cuajado de asombro. El testigo refleja sensaciones y el poeta evita la monotonía formal combinando los tres versos mediante blancos. Así, se pausa la cadencia versal del terceto japonés con distintas respiraciones de uno y dos versos, dos versos, blanco y verso final, o dos versos, blanco y verso conclusivo.
   El avance de los haikus elige el entorno como marco habitual del plano sensitivo y subraya como presencias próximas el agua, el cielo, el monte, los árboles, las piedras o los ciclos estacionales del pasto. También el tanka se integra como forma expresiva en esta celebración de la memoria visual.
   En la segunda sección “lengua de boj” el haiku expande la reflexión interior como veta argumental básica. Se hace más presente el discurrir temporal que va completando memoria y evocaciones con levísimas pinceladas que dan la bienvenida al nuevo día, o trazan itinerarios a contraluz, en los que se percibe el ámbito vivencial del sujeto biográfico. También es un motivo reseñable la mirada interior de la poesía hacia sí misma: “La poesía / es un alma cargada / / de trastos viejos”, irónica alusión al célebre acierto de Gabriel Celaya. Lo metaliterario huye del carácter reflexivo y solemne para asentarse en la ironía ante una lectura que solo constata naderías en verso, o en el empeño del poema en dar cobijo a lo real y lo irreal.
   Joan de la Vega prefiere el despojamiento ornamental en sus versos; no busca rastros del asombro expresivo sino la naturalidad de un lenguaje que muestra intuiciones y cartografía sensorial. La naturaleza está ahí y la conciencia debe permanecer en vigilia para escuchar su idioma.
  Con los haikus caminan las ilustraciones de Cuca Muro, Licenciada en Historia y Graduada en dibujo publicitario. Son diez dibujos con textura onírica y plena autonomía respecto a las estrofas. La pintura entrelaza interioridad y exterioridad e interpreta el continuo deambular textual. El carácter aparentemente realista y enunciativo del haiku se enriquece con la indagación estética de cada imagen que añade al hilo argumental una mirada lírica.
   Durante muchos años Joan de la Vega ha sido editor y responsable del brillante catálogo de la Garúa. Así que estará muy satisfecho con el taller de Editorial Páramo. Lo que dicen las piedras es un canto celebratorio, donde el fluir del pensamiento viaja corriente abajo con el agua fresca de la emoción y la luz en la retina; con ese estar en tránsito que conforma un mundo natural y cercano donde la belleza vertical siempre se reconoce.

JOSÉ LUIS MORANTE

 
   

sábado, 2 de abril de 2022

TERESA GARBÍ. EL AIRE ENCENDIDO

El aire encendido
Teresa Garbí
Editorial Renacimiento
Sevilla, 2022


 

AUSENCIAS
  
   Teresa Garbí (Zaragoza, 1950), es Licenciada en Filología Románica (1972) por la Universidad de Zaragoza y compaginó los estudios universitarios con el ingreso en la Escuela de Bellas Artes de San Jorge en Barcelona. En 1993 adquirió el doctorado en Filología Hispánica por la Universidad de Valencia, con la tesis titulada "Mujer y literatura". Ha sido Profesora de Lengua y Literatura española, docente en la escuela Superior de Arte Dramático de Valencia y trabajó también en la Biblioteca Valencia. Durante el largo periplo laboral, creó en 2013 Uno y Cero ediciones y ha impulsado una múltiple travesía creadora que aglutina estrategias expresivas como la poesía, el relato, el ensayo y, ocasionalmente, la traducción y el libreto para espectáculo La vida entornada, homenaje a Juan Gil-Albert.
   El volumen El aire encendido elije como senda expresiva la prosa poética. Se inicia con una ambientación reflexiva de Blanca Varela en torno a la muerte, y con otra cita paradójica de Ángel López García-Molins donde cobra espacio la mínima línea, oscura y diluida, que separa el estar dentro o fuera. La voz poética, como se percibe en el poema pórtico, asume el estar provisional del sujeto y ese estado de incertidumbre, cobijado en la conciencia. El discurrir camina hacia la ceniza, encara firme el estar final que nos convierte en un puñado de arena.
   El apartado “Tiempo lento” mira los elementos del paisaje y sus deslumbres. Conversa mudo con su quietud para adentrarse en la naturaleza invisible de las cosas. La voz se adentra en el silencio y despliega la luz de la inteligencia. Postula el paralelismo de ambas existencias; la marejada transitoria del ser y el estar mudo de la naturaleza, como señal de un tiempo inadvertido y permanente. El yo se desdobla para contemplarse a sí mismo. La introspección busca hondura y recorre itinerarios, acaso sin regreso, porque la partida está ahí, esperando esa ineludible transformación de la materia que  afecta a cualquier ser vivo. Respirar es brisa que ofrece su transitoria compañía.
   En la sección “Ausencia”, subtitulada “Temas y variaciones” se muestra un entorno que se asienta en la conciencia del respirar diario, como mero ejercicio de supervivencia. Más allá, el espacio celeste conforma otro territorio visual de insólita riqueza, en el que se cobijan los ausentes. Cómo buscar su rastro en las palabras. Cómo superar también esa conciencia de fragilidad que empaña cada percepción y que alumbra los objetos que nos sobrevivirán en el tiempo, cuando solo nos quede el resguardo de ser pálidas sombras.
  Las composiciones de El aire encendido recorren líneas de una evocación fragmentaria, en la que es posible capturar matices y emociones del latido del tiempo. La niñez se ha diluido para siempre, hasta convertirse en difusa intemperie. El recuerdo deja sitio a vivencias y sueños, a ese montón de arena que dispersa el viento y se hace perfecta comunión con los ausentes. No están, pero su hueco es vértice y prosigue dando sentido al tiempo: “Hay alguien allá que sabe y me pertenece”.
 

JOSÉ LUIS MORANTE  





lunes, 13 de abril de 2020

VERSOS-VERSUS-VIRUS (ANTOLOGÍA POÉTICA)

Versos-versus-virus
(Antología poética digital)
Edición de Pablo Blanco
Cubierta e ilustraciones de Mai Hidalgo
Maquetación de Alba Izquierdo
Valencia, 2020

PALABRAS FRENTE A LA NOCHE


   Un mínimo introito del coordinado de esta antología resulta la textura esencial de la palabra poética como un viaje de conocimiento  y diálogo con el otro. Las palabras abrazan. Tienden la mano. Visten al pensamiento. Y ese es el valor singular de esta selección poemática que llega a la oscurecida habitación del presente como una amanecida.
   Cuarenta y siete voces de dos generaciones en activo y distintos entornos geográficos aportan una escueta biografía personal y un único poema que busca las coordenadas causales del verso para que refrenden su dimensión habitable en un momento histórico proclive al ensimismamiento y con una sensibilidad cercana al desajuste emocional.
  Así se van sumando teselas personales para componer un espacio sentimental común, que se hace sosiego y riqueza cognitiva. Son los poemas los que deben ofrecer el verdadero rostro de la aurora. La escritura no es sino el reflejo de la conciencia que solo se remansa en su senda por la presencia de las ilustraciones oníricas y coloristas de Mai Hidalgo..
  Se me disculpara si no escribo la amplia redacción de participantes y solo resalto, por su cercanía afectiva y por la calidad de su aportación algunos nombres como Pilar Blanco Díaz, Blas Muñoz Pizarro, Ángela Serna, Pilar Verdú, Teresa Garbí, Víktor Gómez o José Antonio Olmedo López Amor. También  perduran tras la lectura por la mutación expresiva los aforismos de la esperanza de Roger Swanzy y la invitación al haiku estacional de Gregorio Muelas Bermúdez. Pero el listado de buenos poemas es mucho más amplio. Se puede resaltar una tendencia natural al poema corto y al uso de una dicción comunicativa que aborda el entorno como campo perceptivo. La mirada del hablante lírico despierta para trascender la epidermis de la realidad.
   La pandemia ha convulsionado la rutina diaria y nos ha sometido a un confinamiento inquieto que abre laberintos y preguntas en el campo introspectivo de la poesía y en el ánimo crepuscular. Afuera sobrevuela una innegable tristeza. Pero la poesía abre los ojos y las manos para hacerse fuente de renovación e impulso, razón de ser. El verso permite preservar la inocencia; percibir el entorno con los ojos claros del asombro. 


                                                                              JOSÉ LUIS MORANTE

jueves, 21 de julio de 2016

LECTORES IDEALES

Río Chinchilla (Oropesa del Mar)

LECTORES IDEALES
 
 A Teresa Garbí, por su amistad

Este empeño tenaz de renovar los contenidos del blog casi a diario solo tiene sentido si en el azul limpio de esta casa virtual sobrevuela el reflejo de un lector ideal, una identidad activa que completa el proceso comunicativo. Soy un escritor afortunado. Desde la amanecida de “Puentes de papel” se han ido sumando a su recorrido paseantes digitales, lectores, curiosos y seguidores en una proporción que mi optimismo nunca sospechó. El blog se acerca al cercano paraje de las cuatrocientas mil visitas, una estadística insólita a mi entender, para una bitácora de poesía, crítica y narración Así que dejo que tome la palabra la gratitud y empleo el idioma común de los afectos para enviar un abrazo a tantos lectores, a tantos amigos de cuyo nombre sí quiero acordarme por la vitalidad de su cercanía y por la energía de sus comentarios. Sin ellos, cada entrada sería un mapa de palabras, una estación sombría, un río seco.
 
 

domingo, 15 de noviembre de 2015

TERESA GARBÍ. SAKKARA

Sakkara
Teresa  Garbí
Renacimiento, Espuela de Plata
Sevilla, 2015
LA VIDA EN TRÁNSITO

   La trayectoria creadora de Teresa Garbí muestra un abanico de géneros; integra literatura didáctica, ensayo, ediciones de obras clásicas y creación. Su entrega más reciente Sakkara reúne diecisiete narraciones breves con veneros que inciden en la prioridades vitales del ahora: el viaje, la mirada interior, la nostalgia que retiene el pasado impreciso, y la crónica social de un presente empeñado en contradecirse a cada instante que requiere sólidas convicciones.
   El primer relato, “Sakkara”, postula una ambientación realista testimonial, donde la ciudad de los muertos en El Cairo sirve de escenario. En sus laberintos se mueve Alí, un figurante proclive a la ternura cuyo destino, desde la infancia, es el estar provisional, una incertidumbre cobijada bajo detalles e imágenes sueltas que han quedado a resguardo en la memoria. Así sucede con la vieja pirámide de Sakkara que ha perdido su grandeza simbólica. El discurrir la muestra convertida en un puñado de arena, mientras alrededor se suceden los días como dunas móviles que las manos del viento moldean a su antojo.
   Otro paisaje, menos prestigiado por los referentes históricos, se descubre en “Parada en blanco”, donde la escritora abandona el exotismo de la lejanía para adentrarse en una geografía onírica, un paisaje sin tiempo en el que la normalidad se borra para empujar al sujeto accional hacia un trayecto extraño, un recorrido reflexivo donde lo temporal se diluye en una mancha de sombras. Entre el sueño y la vigilia está la distancia inaprensible de los itinerarios sin regreso.
   En bastantes piezas el viaje se convierte en coprotagonista. Muestra los desajustes del entorno y la inseguridad de una conciencia frágil que da un brusco giro a su forma de estar. Así sucede en el relato “Pobreza”. Una mujer de clase media que viaja a Lima decide explorar los barrios alejados de Miraflores, ese cinturón de subdesarrollo convierte el respirar diario en mero ejercicio de supervivencia. Más allá de las antiguas civilizaciones de Machu Pichu y del ajetreo estéril del turista que pasa de largo, está la condición  concreta de un yo empeñado en reconocerse en el despojamiento y en vivir la coherencia de su identidad.
   Teresa Garbí entrevera argumentos distanciados. Cada cuento conduce al lector hacia parajes de trazos disímiles: están asuntos bien conocidos en la narrativa corta española como la guerra civil o las figuras de esos derrotados ajenos a cualquier época, y está otro tema candente en los medios de comunicación: el acoso femenino y la negación de la libertad; también el íntimo homenaje al viejo profesor que un día deja la estela leve de la docencia, con el gesto resignado de salir del aula y hacer de su experiencia docente un pálido recuerdo. Las páginas finales abogan por el coloquialismo autobiográfico. El relato se pormenoriza para dejar sitio al soliloquio y a la emoción lírica; en él se percibe el gusto por el detalle descriptivo y por los recovecos de la palabra interior.
   Las historias de Sakkara recorren líneas de una realidad fragmentaria en la que es posible capturar matices y emociones del latido del tiempo. La existencia es tránsito; se abre cada día como un horizonte difuso cuyos contornos adquieren la forma maleable de un montón de arena que dispersa el viento.