jueves, 9 de marzo de 2017

ALEJANDRO LANÚS. UMBRALES

Umbrales
Alejandro Lanús
Ediciones Ramas (Segunda Edición)
Rosario, Argentina, 2014
INVITACIÓN AL SER
  
   En el nebuloso argumento que aglutina el aforismo como género trasversal, las facetas del ser buscan asentamientos propios. En ellos depositan sensaciones, traumas, emociones, sueños, frustraciones y escepticismo. El material difunde un balance: el resultado final de un provechoso aprendizaje. Así se define la pasión por enlazar, en los estratos del tiempo, itinerarios interiores y la irregular cartografía de la realidad. De esta memoria reconstruida nacen los esquejes pensativos de Umbrales, libro de Alejandro Lanús (Buenos Aires, 1971) editado por primera vez en 2009 y reeditado en 2014. La nueva propuesta retorna con hermosa fotografía de cubierta de Ann Keel, ilustraciones de Matías Mahia y algunas sustituciones en los contenidos textuales.
  La inclinación aforística de Alejandro Lanús es antigua, como su cobijo en el magisterio de Antonio Porchia. Ha dado pie a un singular recorrido biográfico y al rol activo del escritor en las redes sociales. Los enlaces binarios multiplican enlaces receptivos con un género antes minoritario y clandestino y hoy repleto de practicantes a una y otra orilla del castellano.
  Una concisa nota prologal clarifica una etiqueta convertida en clave semántica: “Pensé en Umbrales como título porque ellos nos permiten avanzar o retroceder a gusto, potenciando o aniquilando así todo pensamiento fértil o estéril. Un umbral es un espacio que nos posibilita estar en el medio de una idea, parado sobre una línea, listo para avanzar o presto para huir definitivamente “.
   La gestación prolongada de los aforismos enlaza estados de ánimo diversos y proyecta un abanico reflexivo muy amplio, con el filo incisivo del poema: “Imagino cosas / que no existen en este mundo, / pero que existen para este mundo. / No comprendo: / ¿Por qué lo que existe / para este mundo no existe / en este mundo?“ Resalta desde el inicio la disposición del texto, no con el renglón seguido de la prosa sino distribuido en fragmentos versales que convierten el aforismo en enunciado poético. Alejandro Lanús los denomina “astillas de poesía”. En esas esquirlas no solo está presente el sesgo meditativo del pensamiento sino una cadencia musical y armónica: “A veces, a tientas / soy infinito”, un signo que refuerza la indefinición genérica de los fragmentos, su invitación al ser entre la filosofía y la lírica.
   El lenguaje no es un instrumento retórico fosilizado; la frescura de sus recursos convierte la dicción en un espacio en continua muda, que oculta un sustrato inefable. Acaso esa veta oculta sea su verdadera voz. Con ella, el aforismo da curso a un pensar libre que sondea en lo oscuro y desconfía de lo evidente, que comparte esencia con la poesía al adentrarse en el misterio. Lo constatan textos como estos: “Tocar lo insondable y no regresar”, “Todo está dentro de uno, / hasta el espacio más remoto”, “Si dejáramos de mirar hacia fuera, / hallaríamos lo infinito”. “Una grieta me regresó al vacío inicial”, aforismos cuya subjetividad establece una mano tendida hacia el pensamiento oriental.
  Ya se ha dicho; la geografía verbal de Alejandro Lanús está tejida de voluntad poética. A través de su voz se perfila un quehacer exploratorio que disemina en el acontecer nuevas interrogaciones. El sujeto aposenta sus pasos en los umbrales de la incertidumbre; empeña su conciencia en un largo vuelo, a tono con el aire. 




miércoles, 8 de marzo de 2017

ELLAS, CONMIGO

Ellas, conmigo
Outfit Archives
HOMENAJES

               día de la mujer

   De Malena recuerdo la sonrisa,
perdida en el trastero de los besos.
   De Penélope, claro, las demoras
por esa indesmayable afición al ganchillo.
   De Amanda la estadística
que racionalizaba los rechazos
y una balada dulce que compuso
el cantautor chileno Víctor Jara.
   De Aldonza el mal aliento,
las caderas, el brazo campesino,
y el suceso banal siempre azaroso
que empujó al buen Quijano
a convertirla un día en Dulcinea.
   De Marta la metódica exigencia
de cobrar al contado cada noche
con la eficacia gris del prestamista.
   La sórdida apariencia, las ojeras,
y una aguja hipodérmica en el brazo
son dolorosos restos de una muerte
de cuyo nombre no quiero acordarme.
   De María Kodama el laconismo
y una dedicatoria insobornable,
precisa y notarial, respetuosa,
de aquel ciego inmortal llamado Borges.
   De Adela el aleph cómplice
que guarda a cada nombre el sitio justo.

      (Causas y efectos, Sevilla, 1997)


lunes, 6 de marzo de 2017

PEDRO A. GONZÁLEZ MORENO. LA MUSA A LA DERIVA

La musa a la deriva
Pedro A. González Moreno
Junta de Castilla y León
Premio Fray Luis de León de Ensayo
Consejería de Cultura y Turismo, León, 2016
                                                      
 A PLENA LUZ

   El ahora poético es un mapa desplegado a plena luz. Abarca abundantes propuestas distribuidas en etiquetas críticas y algunos nombres propios insulares, que suelen pasar más o menos inadvertidos ante la fuerza plural de los enunciados colectivos. Para internarse en ese laberinto creador son necesarios trabajos exploratorios que tracen cartografías comprensibles y faciliten a los no iniciados unas condiciones de acercamiento con didactismos pragmáticos. Todavía es reciente la salida editorial de Palabra heredada en el tiempo, prisma crítico que contiene treinta y cuatro miradas sobre la poesía española contemporánea. A ese libro blanco sobre la salud poética del castellano se suma ahora La musa a la deriva, volumen ganador en 2016 del Premio Fray Luis de León de Ensayo, convocado por la Junta de Castilla y León.
   Su autor, Pedro A. González Moreno (Calzada de Calatrava, Ciudad Real, 1960) es Licenciado en Filología Hispánica y profesor de Lengua y Literatura; tiene un sólido itinerario poético que arranca en 1985 con el libro Señales de ceniza y que hace de Calendario de sombras, reconocido con el Premio Tiflos, su estación más reciente. Completa su perfil con un notable trabajo crítico que abarca colaboraciones en periódicos y revistas y algunos trabajos de indagación sobre la poesía manchega.
   Abordar una panorámica completa como La musa a la deriva requiere un buceo previo en lo conceptual. A ello se aplica el escritor recordando las dos actitudes básicas del hecho creador: continuidad y ruptura; es una dicotomía vigente en cualquier periodo, también en el hoy que sacraliza la juventud y exalta con desvelo publicitario cualidades multiplicadas por el auge de las nuevas tecnologías. En el análisis evolutivo se recuerda, además, la precariedad de términos como generación, que siempre tiene lindes provisionales. Desde esta vaguedad terminológica hay que asumir que cualquier enfoque está lastrado por la urgencia; nace abocado a un insólito envejecimiento, a una notoriedad de temporada.
 La musa a la deriva escapa de la capitalidad bifronte editorial de Madrid y Barcelona explorando teselas autonómicas; en los últimos años se ha producido un inusual despliegue alentado por el nacimiento de pequeñas editoriales periféricas, ayudas institucionales y por el fortalecimiento de publicaciones digitales que evitan limitaciones como la distribución o la competencia directa con los sellos editoriales tradicionales. Más que aclarar, las migas autonómicas han creado un desbarajuste  geográfico, gratinado de localismo, que hace necesario editar una antología de antologías, como concluye, con perspectiva irónica, el ensayista.
  Otro asunto complejo en su abordaje es la eclosión femenina de los años ochenta que abrió la puerta a la reivindicación estadística en pro de una discriminación positiva que trata de reparar la marginación histórica. No parece difícil defender que la situación de normalidad se alcanzará cuando el único de cualquier selección no sea otro que la calidad literaria.
   Los trazados generacionales dejan fuera de vista –una vez establecida la nómina nuclear- a poetas coetáneos que así sufren un estar invisible. El escritor manchego cita abundantes presencias desgajadas que han protagonizado itinerarios relevantes, lejos de la historiografía oficial.
   El sumario abordado aglutina también la evolución formal de los géneros, integrando en su estudio la práctica del poema en prosa y sus caracteres más definitorios o el ensamblaje que en la libertad formal que refuerza el ahora tiene la convivencia con estructuras tradicionales como el soneto. Es un capítulo más técnico que mantiene un enfoque motivador. De ese enfoque participa asimismo el último tramo ensayístico que el autor denomina “Luces y sombras de la lírica”. Ahí se sitúan abordajes como la convivencia entre el formato papel y el perfil digital, o cuestiones de absoluta vigencia como el despegue de estrategias digitales como el blog, que permite una crítica interactiva y una lectura inmediata. No han declinado cuestiones como el ser y el estar, los aportes de la crítica y sus derivaciones o el floralismo compulsivo de quienes hacen de los premios literarios una salida laboral a jornada completa.
  Toda visión de un tiempo creador es subjetiva y parcial. La que propone  Pedro Antonio González Moreno no escapa a estos signos, pero el estudio La musa a la deriva evidencia un amplio caudal de conocimientos poéticos sobre las décadas finiseculares y el tiempo auroral del siglo XXI. Sondea con relevancia individualidades, grupos y corrientes y deja descubierto las principales vetas que abren líneas de fuerza en el futuro. El volumen se convierte así en una estrategia expositiva amena y rigurosa para entender el dislocado curso del ahora, ese estar del poema frente al tiempo.

   

domingo, 5 de marzo de 2017

AUTOBIOGRAFÍA

Hilos del día


AUTOBIOGRAFÍA

También soy yo
por la fidelidad a mis contradicciones;
por permitir gozoso,
cuando las plazoletas solitarias
reivindican el silencio y la sombra,
que un recuerdo me asalte en el espejo
como un rastro de luz, leve, intangible,
e inicie una liturgia
con frecuencia de rito
de nombres, fechas, gestos
y túmulos de sueños,
nadando alborozados en el mar
de una cronología sospechosa.

Tanta dulce mentira esconde a otro.

         (De Causas y efectos, 1997)


sábado, 4 de marzo de 2017

ABEL SANTOS. LAS LÁGRIMAS DE CHET BAKER CAEN A PISCINAS DORADAS

Las lágrimas de Chet Baker
caen a piscinas doradas
Abel Santos
Prólogo de Diego Vasallo
Chamán Ediciones
Albacete, 2016
ARENAS  MOVEDIZAS

  La mirada poética de Abel Santos (Barcelona, 1976) impone una actitud que nunca firma acuerdos con el conformismo complacido de lo sedentario, un espejismo de arenas movedizas. Advierte del peligro de cerrar los ojos ante los desconchones grises de lo cotidiano. Sus versos prefieren tomar asiento en lo oscuro y desde allí destilan una incisiva reflexión sobre la existencia. Así ha ido moldeando una activa producción que arranca en 1998 con el poemario Esencia y que está compilada en antologías como demasiado joven para el blues (2014) y Jass (2016). En sus entregas encarna una estética de la decepción en la que se reiteran espacios argumentales como la introspección confesional, los rostros de la noche, la crítica social, el afán metaliterario, o el rumor incansable del jazz. Por tanto, no sorprenderá a quienes han cruzado puentes lectores con el realismo bastardo de Abel Santos el título de la nueva salida del poeta catalán, Las lágrimas de Chet Baker caen a piscinas doradas, que cuenta con una introducción de Diego Vasallo, intérprete, compositor y letrista del grupo musical Duncan Dhu. Y es Diego Vasallo también el autor de la letra que inspira el título del libro.
  El intuitivo trompetista Chet Baker (1929-1988) encarnó una existencia desmesurada que ha dado pie a abundantes incursiones biográficas y ha inspirado la película “Born to be blue”, dirigida por Robert Budreau y protagonizada por el siempre comprometido Ethan Hawke. Algunos de estos retazos se recrean en el prólogo de Diego Vasallo, donde se cobija la sombra derrotada de Chet Baker antes de caer al vacío y de dejar colgando en el aire la languidez de alguna nota; así aparecen también para el músico los poemas de Abel Santos: “sonidos profundos de catarsis cegadoras atraviesan los textos como los truenos de una tormenta  que se va dejando atrás, martillos que golpean los instantes; desiertos ocupando el horizonte desde una ventana que mira el atardecer”.     
  En la poesía de Abel Santos la naturalidad y el decir sobrio son preceptos básicos, como si el tiempo fuera un sostenido aprendizaje para tomar apuntes del ahora. Así se confeccionan, página a página, las secuencias emocionales de un diario intimista en el que el sujeto verbal se asoma en los espejos del yo biográfico y enlaza contingencias. En ese caminar en círculos, solo el amor invita a retomar la amanecida de las esperanzas, como si fuese la anestesia que proporciona una calma aparente, como si defendiera frente a la soledad algunas certidumbres y abriera sitios para habitar en el deshielo. En los poemas amorosos de Abel Santos busca sitio una amplia semántica, está la soledad y el deseo, el recuerdo y su fuego cruzado con los disparos del olvido; o la conciencia de un tiempo que se consume indeclinable y triste en su propia búsqueda de sentido porque es difícil salir ileso de una historia de amor.  Las lágrimas de Chet Baker caen a piscinas doradas  arrastra en el río del poema la verdad personal, ese empuje profundo de carne y hueso que flota endurecido en las aguas del tiempo.




viernes, 3 de marzo de 2017

LOS PASOS DEL RETORNO

Ábside de la catedral (Ávila) 
fotografía de
Adela Sánchez Santana


CALLE DEL TIEMPO

                                    Camino solo y sin dirección
                           por un mapa insomne.
                                                   JOAN DE LA VEGA

Todo sucede.
Los pasos del retorno
son solo sueños.


miércoles, 1 de marzo de 2017

NUNO JÚDICE. IMPLOSIÓN

Implosión
Nuno Júdice
Traducción del portugués de
Mario Quintana
LeTour1987,  Mérida, 2017

PASADO IMPERFECTO

  Nuno Júdice (Mexilhoeira Grande, Portugal, 1949) ha justificado alguna vez la chispa de su impulso creador. Es fruto de una voluntad que hace de la pereza un término vacío: “Me obligo a trabajar todos los días, como un oficinista”, decía, con verbo coloquial y sustrato irónico, en una entrevista de El País. En el perfil del profesor universitario se teje una red de géneros: poesía, novela, ensayo, teatro y ediciones críticas, aunque su obra se escora de forma clara hacia el quehacer lírico: ha publicado treinta poemarios con reconocimientos como el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamerica, en 2013. Recomendable síntesis del cauce versal es la antología Devastación de sílabas, con prólogo y selección poética de Pedro Serra y versión al castellano de José Luis Puerto.
  La prosa narrativa del portugués integra una decena de ficciones, de las cuales Implosión es la elegida por LeTour1987 para la epifanía de su colección Champs-Élysées, con versión al castellano de Mario Quintana y atractiva disposición formal. Del sustantivo Implosión emana una sugerente semántica: frente al estruendo visual, la ruptura hacia dentro, la energía capaz de compactarse hacia sí misma.
  El cauce argumental recurre a la primera persona para enlazar el devenir histórico con la visión subjetiva de los implicados. El pasado imperfecto está ahí como sustrato básico y nunca se diluye. Sirvió de excusa para desarrollar un entramado de relaciones que retorna con fuerza hasta el presente. En las calles, queda lejos la épica jornada de los claveles que puso fin a la dictadura salazarista, pero la necesidad de acción y el desvelo por corregir la hidra autoritaria es siempre una necesidad perentoria. La fe revolucionaria nunca envejece.
  La voz directa del narrador da la palabra a un activista que se ha ido integrando en el conformismo hasta la crisis económica que llevó la ruina al país y trajo rescates e intervencionismo de los mercados. Y frente a él, el doble de Lenin, un solitario con vocación de escritor que ha hecho de la escritura refugio para conceder otra dimensión a lo real.
  Y en ese intercambio de derrotas pactadas crece la figura de Ángela, un personaje ambiguo, de complejo trasunto afectivo. Así lo corroboran los dos interlocutores que se reencuentran en el ahora para compartir dudas mientras en la calle se apaga el rumor contra la pobreza y el desamparo. En esta conversación renacida van a definirse sus preguntas existenciales. Y una de esas preguntas es el amor de Ángela y la historia de su borroso papel en el tiempo.
   Ahora Ángela es una ausencia, acaso el cuerpo dormido en un féretro que exige una despedida; un diálogo en el que se van abriendo las dos historias paralelas en torno al amor y a la conciencia cívica; la del enamorado y la de quien creo de la persona real un personaje trasformado en una presencia onírica. Además, el escritor asocia el cadáver con la patria, como si una simple presencia fuese la representación más firme de la muerte de cualquier utopía.
  La novela adquiere de este modo una fuerte dimensión crítica: los sentimientos pasan a un segundo plano porque la calle es el plano desplegado de una nueva dictadura, esta vez sin cabezas visibles y sin la estridencia de los uniformes, pero con un objetivo muy claro: hacer de la vida económica de los países más pobres – qué retrato de la crisis en Grecia, Portugal o España- un cauce definido por los intereses de un capitalismo atroz que hace del dinero un único registro monocorde.
   Implosión tiene el aire de una memoria ficcional a dos voces con el escenario sombrío de una novela negra. Su argumento sirve para marcar las huellas de una generación que sintió en su garganta el humo de la dictadura y que ahora vive el futuro quemado de la transición. Gente en la calle que rebusca en el contenedor de la intemperie. La libertad es siempre una conquista que nunca encuentra las preguntas necesarias a sus propias respuestas.