jueves, 8 de febrero de 2018

LA HUIDA

Castro vetton de Las Cogotas
Fotografía de
Rubén Sánchez Santana

LA HUIDA

   Como un ave extraña que anidara en el aire, huía de algo. Pero regresa cada cierto tiempo para saber de qué.

(Cuentos diminutos)




miércoles, 7 de febrero de 2018

AFORISTAS CONTEMPORÁNEOS: CONCISOS

Concisos
Aforistas contemporáneos
Coordina
Mario Pérez Antolín
Prólogo de Carlos Aganzo
Editorial Cuadernos del Laberinto
Madrid, 2017

LA ANTOLOGÍA CONCISOS

   El decurso estético del aforismo ha adquirido en la cronología del presente una personalidad sólida y sorprendente. En él es parte irrenunciable la hibridez semántica que le confiere, si me permiten la expresión, un aspecto de sala polivalente. En su formulación cabe todo. Y es un error considerar cerrada su definición con rasgos únicos, simplemente las características se yuxtaponen sin imposiciones excluyentes. El aforismo no se acopla a un promagado cálculo de estructuras mentales; define una realidad heterogénea, cuya técnica exige insólita precisión, desnudez, intereses desplegados y mutables, intuiciones y hallazgos que lo liberen de la monserga ensayística. De esa depuración emana un concepto estético lapidario y una mirada ética.
  No es un género nuevo sino renovado. Estaba  en la memoria cultural de las principales civilizaciones y su pervivencia ha ganado entidad en el caminar del tiempo. Una mirada retrospectiva a la historiografía sitúa el aforismo en las civilizaciones mesopotámicas, India, China, el mundo grecolatino, la edad media, el Siglo de las Luces y como compañero de viaje de las primeras vanguardias… Parece como si el minúsculo contenido del aforismo protagonizara, con fervor indeclinable,  un periplo perenne por el planisferio cultural.
   Ahora, en este paréntesis digital que define el primer tramo del siglo XXI, estamos en un periodo de plenitud. La literatura abreviada es un corriente principal crecida que se enriquece, de inmediato, con las características singulares de los nuevos practicantes.
  La selección Concisos, una propuesta de aforistas españoles contemporáneos,  se configura desde la diversidad. dejo la relación nominal por orden alfabético: Miguel Ángel Arcas, rafael Argullol, Carmen Canet, Miguel Catalán, Antonio Colinas, Jordi Doce, Eliana Dukelsky, Raón Eder, Dionisia García, Sergio García Clemente, Ignacio Gómez de Liaño, Erika Martínez, León Molina, José Luis Morante, Manuel Neila, Andrés Neuman, Gemma Pellicer, Mario Pérez Antolín, Javier Sánchez Menéndez y Vicente Verdú.
  Su afortunado título es un acierto de Mario Pérez Antolín, el coordinador del proyecto y el verdadero impulsor de una inciativa que prolonga su deambular por el género en el que ha publicado las entregas Profaanación del poder o la más cruel de las certezas, que configuran un valioso cuerpo de pensamiento que entremezcla literatura y sociología, metafísica y estética bajo una factura sentenciosa que no elude lo digresivo y la profundidad. El aserto Concisos remite de inmediato al carácter conceptista del aforismo y su lejanía de lo ampuloso; también al destello de lucidez inteligente que adquiere en el buen fruto un carácter canónico. Los acogidos muestran una diferente sensibilidad estética que daría pie a indagar en los itinerarios creadores de cada autor. Queda claro, por tanto que no es una antología de tendencia sino que muestra un panorama heterogéneo en el que caben la reflexión filosófica, el apunte lírico, la expresividad lúdica, la vibración metaliteraria, el verbo crítico, la introspección existencial o la mirada sociológica, por citar algunos de los planos que conforman el espacio textual de Concisos.
  Con tantas definiciones válidas, me gusta pensar que en esas convergencias y divergencias cabe la propuesta de entender el aforismo como una novela de ideas, una ficción cuyo narrador omnisciente es la conciencia del sujeto que deja hablar a sus convicciones éticas y estéticas y cuyo argumento entrelaza interioridad y exterioridad y soporta un continuo amotinamiento de los elementos textuales. El carácter autónomo de cada texto concede al hilo argumental un rumbo imprevisible, como el vuelo tangencial de los copos de nieve.

   

martes, 6 de febrero de 2018

JOAN MARGARIT. EL PRIMER FRÍO

El primer frío
Poesía (1975-1995)
Joan Margarit
Visor, Poesía
Madrid, 2004

      ESTACIONES Y FRÍOS
  
   El poeta Joan Margarit, nacido en Sanaüja en 1938, compila en  El primer frío una producción textual que abarca dos décadas de un proceso creativo sometido a continua revisión. El inicio rescata la poesía de 1975 y llega hasta 1995 pero las variables respecto a la edición original  son tan numerosas que sugieren una explicación detallada. El prólogo recuerda que la voluntad de hacer poemas despierta en Tenerife, donde la familia se había instalado en 1954, inaugurando una etapa enriquecedora cuyas instantáneas serán rememoradas con frecuencia. Ya en Barcelona, Joan Margarit se matricula en la Escuela Superior de Arquitectura pero el deseo de un destino literario es tan intenso que abandona las aulas para incorporarse a un trabajo editorial. Sin embargo no se cumplen sus inquietudes y vuelve a la universidad donde concluye la carrera de Arquitectura, en la especialidad de Cálculo de Estructuras.
  Su formación científica arropa el planteamiento mental con que se acerca al material poemático: “Pienso que no es una coincidencia baladí que el Cálculo trate de lograr la máxima resistencia y estabilidad con el mínimo de material (en general acero y hormigón)  y que la poesía trate de decir el máximo con el mínimo de palabras: al igual que las matemáticas son las más exactas de las ciencias, la poesía es la más exacta de las letras”.
  El trayecto arranca en Crónica, libro en castellano del que se recuperan varias composiciones reescritas, con lo que la etapa en esa lengua queda prácticamente abolida. Después de cinco años, el autor regresa a la poesía utilizando el idioma vernáculo. Firma una decena de títulos y cosecha abundantes premios y un protagonismo relevante. También este segundo tramo ha sufrido un reajuste severo; del mismo se incluyen treinta y seis poemas bajo la denominación Restos de aquel naufragio.
  Será el poemario Luz de lluvia el que inaugure la etapa en la que el poeta reconoce plenamente la voz y en la que se integrarán Edad roja, Los motivos del lobo y Aguafuertes. El aserto “El primer frío” figura en esta entrega en una composición que tiene como hilo argumental un debate entre arte y vida que es, en último término, uno de los ejes orbitales de Joan Margarit. Bajo el supuesto estético de que el poema debe modelar un interior habitable, hay una estricta concordancia entre el yo existencial y el sujeto poético: la palabra da fe de lo vivido; utiliza el pasado como sustrato temático para que afloren los indicios de una realidad vital. El cúmulo de experiencias da paso a una meditación en la que predomina el sentimiento elegíaco y la certeza de una temporalidad ineludible que condiciona las distancias entre lo subjetivo y la otredad.
   La escritura, como cualquier cosmovisión singular, cimenta un conjunto de obsesiones que se expanden mediante variables; recurre a la clarividencia del matiz. En la exposición de la intimidad hay unos cuantos personajes referenciales: Raquel, Joana, Tío Luis…Cada uno cumple una función emancipadora del aporte sentimental del yo poético. Raquel – o Mariona- es la culminación de lo amoroso, el erotismo y la plenitud de una convivencia que no está libre del envejecimiento pero que ha proporcionado al yo un asidero. Joana – la hija minusválida- es en su fragilidad y en su condición vulnerable el detonante de un aprendizaje que no concluye, ni siquiera con su desaparición; connota el fondo de invierno del dolor, el rostro de una belleza profunda y desconocida, la cercana presencia de la muerte. Tío Luis participó en la batalla del Ebro y tuvo un comportamiento heroico salvando a uno de sus compañeros; en la amarilla grisura  de la posguerra, es la figura en la que lo ideal encuentra sitio cuando el proceso de resignación y la renuncia a cualquier utopía parecen haber desvanecido la posibilidad de una causa. Tío Luis es la  ética que se resiste a claudicar.
  En los poemarios reunidos hay una confluencia de contenidos; se repiten temas: la indagación en los aspectos biográficos y las travesías de la memoria, las sombras de espacios interiores como el vacío, las pérdidas o el cansancio, la música, el mar, los viajes, o la ciudad. Dentro de cada motivo lo simbólico sale reforzado. La música se asocia con frecuencia a un tipo concreto de melodía: el jazz, la individualidad de sus intérpretes, el marco peculiar de las veladas en el que era posible hallar un  refugio a trasmano de la inercia diaria. Lo mismo sucede con la ciudad aunque es Barcelona –son frecuentes las localizaciones populares- el espacio urbano es sobre todo la descripción de estados anímicos asociados al transitar diario.
   Desde una lucidez que objetiva la emoción, se busca una expresión precisa, alejada del hermetismo, que se decanta por lo coloquial y que propende a lo narrativo con una cuidada secuencia rítmica en la que no hay cambios bruscos.
   El primer frío nos da la versión definitiva de un discurso poético que busca su razón de ser en  dejar trazos de una identidad articulada en días sin retorno. La fugacidad, esa sencilla estela que precede al olvido y anticipa la despedida general, habrá permanecido inalterable. Recostada en el papel, la palabra expresa un instante concreto que convierte al poema en una huella estacional, un tacto frío.

                                                                                   



lunes, 5 de febrero de 2018

PABLO GARCÍA BAENA. MIENTRAS CANTAN LOS PÁJAROS

Mientras cantan los pájaros
Antología poética (1946-2006)
Pablo García Baenaedición de Felipe Muriel
Cátedra, Letras Hispánicas
Madrid, 2015

LECCIÓN ESTÉTICA


   Nacido en Córdoba en 1921, Pablo García Baena comienza muy joven su relación con la poesía, aunque los estudios de Historia del Arte parecían decantar su sensibilidad creadora por el dibujo artístico. Lector incansable, forma su gusto en la Biblioteca Provincial, donde conoce a Juan Bernier. Con Bernier y Ricardo Molina formará el grupo fundacional de la revista Cántico, un empeño que apenas tiene repercusión en la sombría plaza literaria del momento; son años escindidos entre la frialdad garcilasista y el tremendismo social de posguerra. Pero la revista supone un respaldo animoso al trío, en cuya vocación epifánica el esteticismo es sustrato integrador. Poco a poco el incipiente grupo obtiene el apoyo de algunos miembros del 27 como Vicente Aleixandre, Gerardo Diego y Dámaso Alonso que ejercerán, con fina intuición, un largo tutelaje sobre la renacida escuela cordobesa. Otra revista de calado en el trayecto de Pablo García Baena es Caracola, puerta franca a la lírica malagueña y a un entorno amistoso relacional que facilita, años más tarde, el asentamiento laboral en Torremolinos, donde adquiere y regenta una tienda de antigüedades.
   Será en la década de los 70, cuando la generación novísima reivindique el legado de Cantico, como precursor del culturalismo y la experimentación lingüística, y la que insufle aliento creador al poeta que va acumulando actos literarios, monografías, compilaciones y reconocimientos hasta el ahora donde se ha convertido en referente inexcusable.
   La oportuna edición de Felipe Muriel en Letras Hispánicas establece coordenadas de estudio en dos direcciones: el entorno vital y la lectura pormenorizada de cada una de las salidas literarias hasta gestar un ideario estético reconocible. Apenas existen textos programáticos de Pablo García Baena así que las claves de su cosmovisión deben extraerse, fuera de los poemarios, a partir de entrevistas, lecturas personales o prólogos aclaratorios. El poeta se mueve en la franja del rapto y de la inspiración, siendo la labor de taller un ejercicio posterior y fatigoso; la poesía es una fuerza numinosa, un don etéreo que hace de la escritura soplo misterioso, una gema a tallar por el oficio para albergar sentimientos, emociones y una visión intuitiva de la realidad.
   Las seis décadas de escritura presentes en esta antología comienzan con Rumor oculto, breve entrega fechada en 1946; como cualquier inicio poético percibimos tanteos que mimetizan lecturas y desbordes juveniles; también pertenece al tramo de aprendizaje su segunda entrega, Mientras cantan los pájaros, aparecida en 1948. Son estaciones de un recorrido que “resalta por su coherencia y fidelidad a unos principios estéticos” y que encuentra en Antiguo muchacho, finalista del Premio Adonais, un primer hito. El libro aborda el continuo desplazamiento de un yo desdoblado entre el ayer y el ahora; la infancia cierra su espacio prístino y auroral para dejar sitio en la sensibilidad del joven y al despertar placentero del deseo. La siguiente entrega, Junio establece un cambio de perspectiva. Es un libro sensualista y celebratorio donde lo pasional incide en la alegría de vivir. Los sentidos despliegan un entorno que acoge un vitalismo dionisíaco en un tiempo estival, de ambientación bucólica. Esta mirada se quiebra en Óleo un poemario más introspectivo, donde aflora el sentimiento de culpa y una religiosidad angustiada en la que la verdadera identidad del yo encuentra alrededor incomprensión y disonancias. También mudan algunos aspectos formales como el uso de una dicción más sobria en su simbología y menos efectista.
   En esta senda, el libro Almoneda  es un título de transición que muestra la pericia formal del poeta que vuelve a darnos sus mejores logros al final de la década novísima con el poemario Antes que el tiempo acabe. Otra vez, pese a la división orgánica en cuatro secciones autónomas, reconocemos signos caracteriales: el intimismo transcendido, la voz elegíaca, que nace de la conciencia de fugacidad y el aporte simbólico. Entra después en una larga etapa de silencio hasta la publicación en 1990 de Fieles guirnaldas fugitivas, un conjunto concebido con la estructura musical de una sinfonía que logra el Premio Ciudad de Melilla. En el libro no faltan los textos circunstanciales, dictados por la contingencia, pero también abundan composiciones especulares que reflejan su esteticismo vitalista, con amplio despliegue iconográfico y sorprendente armadura verbal.
   Elaborado con lenta pulcritud,  cierra el cómputo de entregas Los campos Elíseos, editado por Pre-Textos en 2006; el título aporta un escaparate de registros, aunque predomina la voz elegíaca, el son que da sentido a una precaria afirmación de la belleza, siempre intensa y siempre transitoria. Resaltan también algunos homenajes literarios y esa aleación entre intimidad y entorno vivencial que llena el lenguaje de colmada sensualidad, un rasgo modernista que reivindica la sensorialidad en el poema y un hedonismo clásico.
   La carrera literaria de Pablo García Baena deja en su alzada una arquitectura barroca, cuajada de simbología y proclive a mostrar un lenguaje muy rico. Las salidas van escalonando estaciones vitales, aunque la infancia perdura como mítico lugar central porque en él encuentra el sujeto lírico seguridad y cobijo, aunque el devenir se defina en el tiempo como una estela de conflictos. Junto a las vicisitudes existenciales encuentra espacio el legado cultural, un campo esteticista pictórico y literario que eleva y trasciende el ámbito interior. El itinerario creador del cordobés es obra magna; en él la belleza se hace recogimiento para definirse con trazos limpios como clave constructiva y categoría moral.  



                                                               

domingo, 4 de febrero de 2018

HABLAR EN CÍRCULOS

Caligrafías
Fotografía de
LA GAZZA LADRA



HABLAR EN CÍRCULOS

Queda alguien
que pasa y se detiene

JUAN GIL-ALBERT

   En el suelo se derrama un secreto. Pone contornos a una voz líquida que camina en círculos y suena entre los dedos. Dibuja charcos mientras desmiente la melancolía. Como un resorte íntimo, proclama con firmeza: "Pienso en ti casi siempre; las otras veces, pienso en ti ".

(Variaciones)




viernes, 2 de febrero de 2018

VARIACIONES SOBRE MI TORPEZA

Orillas del ego
(Florida, USA, 2011)
Archivo personal

VARIACIONES SOBRE MI TORPEZA



Mi obra me sirve ante todo para dudar de mí

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

. Trabajo mucho; me equivoco siempre.

. Da igual que la torpeza sea una presencia o un fantasma. Puedo aportar datos precisos de su biografía.

. Con inquebrantable terquedad, la torpeza a diario se cobija en el estrecho molde de mi yo.

. Descubro que torpeza e inteligencia son entidades comunicables.  Ambas tienen una personalidad bipolar.

. Desmitificaciones: sí y si. Torpes e inteligentes son torpes.

. Los que tienen crecida la autoestima de su perfección. deben saber que la torpeza tiene una ubicación accesible y exacta, como una puerta de  emergencia.

. Invitación al cansancio; una torpeza insomne, cuya cercanía abre los ojos en mitad de la noche.

. Como perro fiel, abandonado por su dueño en las gasolineras estivales, la torpeza me busca en la distancia.   

 (PASOS Y PROSAS)



jueves, 1 de febrero de 2018

JOSÉ ÁNGEL VALENTE. PALABRAS PARA UN HOMENAJE

José Ángel Valente (Orense, 1929- Ginebra, 2000)
              
    
LECTURA DE JOSÉ ÁNGEL VALENTE


   El quehacer literario de José Ángel Valente (1929-2000), fallecido en Ginebra a los 71 años,  preserva su vigencia. Se ha convertido en línea medular de buena parte de la nómina poética española del cierre de siglo acogida bajo el epígrafe “poética del silencio”, un aserto esquemático y ambiguo. El escritor sedimenta una estética de la transcendencia que incide en la sumisión de la palabra al pensamiento; el verso se convierte en territorio de búsqueda e incertidumbre, en un descenso hacia la soledad en el que se hace tema substancial la exploración del lenguaje como medio de conocimiento. Su obra diversificada en lírica, páginas autobiográficas, aforismos y ensayos aglutina desnudez, despojamiento e indagación en el sentido último de la finitud a través de elementos simbólicos recurrentes como la luz, la noche, el desierto y la ceniza.
    Valente fue un poeta escindido por voluntad propia de la rama generacional del medio siglo, aunque participara en la puesta en escena que se convirtió en la imagen más nítida de la promoción: la visita a Colliure el 22 de febrero de 1959 y el homenaje a Antonio Machado. Sobre el encaje colectivo de aquellas voces, que tanto debe a Carlos Barral y a las maniobras promocionales de la Escuela de Barcelona, Ángel González ironizó: “Podría decirse de nosotros que teníamos una forma parecida de vivir y de beber, cosas ambas que unen mucho”. Reacio a cualquier retrato de grupo, José Ángel Valente hizo de la independencia un parapeto, disolvió afinidades y analogías de contexto, tachó estereotipos y desoyó compromisos sociales para vivir al margen los últimos quince años de su existencia. Tras una breve estancia en Málaga, buscó casa en Almería, un lugar de la periferia, a trasmano del mercadeo editorial, que lo acogió con hospitalidad. Al cumplirse el décimo aniversario de su muerte, la ciudad mediterránea fue sede de un encuentro de estudiosos y especialistas para abordar la singularidad creadora y el legado intelectual.
   El conjunto de enfoques se compila en El guardián del fin de los desiertos, una aproximación diversa coordinada por José Andújar Almansa y Antonio Lafarque, con disposición de tríptico. El apartado inicial, “La memoria”, explora el anclaje biográfico a través de testimonios que integraron el círculo más íntimo. El introvertido carácter del poeta se disipa pronto, con los bocetos afectivos de Fernando Lara, Ramón de Torres y José Guirao, quien subraya la pasión por la plástica y el profundo calado de los ensayos sobre arte. Son textos que rehumanizan la figura existencial, muchas veces proclive a la aspereza y al juicio espinoso. Para los creadores de asimetrías entre vida y obra, la conclusión general de “La memoria” incide en la idea de que son conceptos complementarios. En esta cronología vivencial figura Antonio Gamoneda con una reflexión que une el pensamiento poético con los hitos biográficos esenciales: vida y muerte, y cierra este núcleo temático el análisis de Andrés Sánchez Robayna sobre el diario inédito. La miscelánea, custodiada tras la muerte del poeta por la compañera sentimental, Coral Gutiérrez, arranca en los años cincuenta y se mantiene hasta sus últimos días. Conviene descartar de inmediato la autoconfesión analítica; la discontinua redacción aglutina apuntes biográficos, esbozos críticos sobre lecturas, citas, disquisiciones aforísticas y bocetos en verso o en prosa. Como es sabido, en septiembre de 2011 el Diario anónimo fue publicado por Galaxia Gutenberg, Círculo de Lectores, en edición de Andrés Sánchez Robayna.
    Cuatro aportaciones forman la segunda sección, “Los signos”, centrada en el recorrido creativo. El apartado desvela la segregación natural: poesía, traducción y ensayo. En él sondean José Andújar Almansa, Lorenzo Oliván, Miguel Gallego Roca y Jordi Doce. Exploran la diversidad  genérica y su común aspiración a la unidad a través del carácter cognitivo del lenguaje. La palabra poética trasciende la realidad, multiplica símbolos y oculta a la razón el significado común porque las referencias se disuelven; la escritura no se deja llevar por la inercia de lo establecido. El aporte de José Andújar incide en la visión lírica de Valente, defiende que la poesía nace de la crisis de identidad del sujeto poético y de la necesidad de recobrar el sentido originario de las palabras de la tribu. Lo subjetivo debe disolverse, hacerse barro magmático en el que se cobije la existencia y sus fragmentos. Lorenzo Oliván  establece una cata de las conexiones existentes entre la prosa de creación y el discurso lírico. Toma como punto de partida el aforismo, un género de confluencia que enlaza discurso reflexivo y poesía. Gallego Roca analiza el concepto de traducción del escritor, cuya labor se compiló en 2002 en  su Cuaderno de versiones, prologado por Claudio Rodríguez Fer. El rastreo de obras de otra lengua permite profundizar en legados foráneos y, al mismo tiempo, ayuda a clarificar el sentido de su propia tradición.
   El pensamiento crítico de Valente promueve el ensayo de Jordi Doce; el poeta y traductor perfila un contexto personal a partir de la precaria situación ensayística de los noventa en nuestro país y recupera el supuesto enfrentamiento teórico entre dos magisterios de ese tiempo en los que no percibe suturas: Jaime Gil de Biedma y José Ángel Valente. Jordi Doce emplea como punto de arranque de su aportación los escritos de naturaleza política, o sociohistórica, nacidos en el devenir de la Transición; en ellos, los conceptos de poder y libertad son sustratos reflexivos de primer orden. El análisis del ensayo crítico de Valente resalta la congruencia del mismo con la vertiente lírica.
   El muestrario de cierre acumula enfoques abiertos. Abre la sección María Payeras, investigadora que ha firmado valiosas aproximaciones a la promoción del 50 y a la colección Colliure; de ahí que se detenga en el tramo inicial del discurso lírico, cuando Valente se aproxima a una estética compartida, su discurso teórico se inserta en una realidad simbólica y se proyecta la imagen del autor en la obra. En el primer tramo escritural no pueden difuminarse los enlaces con los fugaces compañeros de viaje. Es una etapa en la que el contexto resulta integrador; la expeditiva presencia de la dictadura reafirma una poética declarativa y testimonial, de fuerte entramado anecdótico, realista y crítica.
   Sobre la convergencia entre estética y filosofía profundiza Carlos Peinado Elliot sobre Tres lecciones de tinieblas, tal vez la entrega más hermética. Conviene recordar que, ya en 1973, Valente emplea la prosa poética en su libro El fin de la edad de plata. En él se extrema la decantación y concisión de la palabra, su misteriosa opacidad para emitir un sentido alegórico, que conecta con la creencia de la poesía como forma de visión.
   La presencia literaria de José Ángel Valente no ha hecho sino acrecentarse. El valor y la actualidad de su testimonio intelectual fomentan aproximaciones y contribuyen a profundizar en un intenso proceso de escritura que ya puede analizarse con perspectiva histórica; una estética de rigor y despojamiento que lleva al lenguaje hasta el punto cero, “en el que el signo vuelve a hacerse pura expectativa”, ámbito de quietud y sosiego donde se manifiesta lo que ha estado oculto.   
      

                                                      JOSÉ LUIS MORANTE