viernes, 9 de marzo de 2018

PENÉLOPE Y LOS PRETENDIENTES

Ulises y los pretendientes
Bronce de
Fyodor Petrovich Tolstoy (1783-1873)


PENÉLOPE

Antes de que la rosa de los vientos
desperdigara por la lejanía
treinta y dos direcciones,
respirabas el afán de Penélope,
ese tejer paciente que adivina
cuándo se cumple el tiempo de regreso,
la destreza de Ulises con el arco,
la roja espera de los pretendientes.

               (De Pulsaciones, 2017)



miércoles, 7 de marzo de 2018

ANDER MAYORA. EL PÁRAMO

El páramo
Ander Mayora
Ediciones Trea, Aforismos
Gijón, Asturias, 2018


EL CAZADOR DE INSTANTES


   En las últimas generaciones literarias hay una profusa confianza en la sustancia mínima del aforismo. Con pasmosa facilidad, lo conciso va sumando nuevos practicantes que añaden al género una sensibilidad renacida y ecléctica, como si el molde admitiera en su cultivo enfoques polisémicos. Ander Mayora (Éibar, Guipúzcoa, 1978)  publicó en 2015 su primera entrega, La clemencia del tiempo, una miscelánea de fragmentos reflexivos prologada por Enrique García-Máiquez. Con similar textura presenta un segundo paso, El páramo.
  La nota biográfica del escritor es mínima, pero aporta un detalle que le concede una entidad nómada. Ander Mayora ha vivido en la India, Mozambique y Londres, aunque actualmente reside en San Sebastián. Así que parece natural el sentido orgánico de esta entrega; organiza los textos en doce jornadas, como si fuesen tramos de un itinerario cognitivo. Refrendando a Cavafis, Ítaca es siempre el camino y casi nunca la estación final.
  El páramo está exento de elementos paratextuales orientadores; no hay prólogo ni se han dispersado entre los blancos las consabidas citas denotativas de afinidades y lejanos magisterios. Nos adentramos en los contenidos sin más brújula que la autonomía de cada viruta de taller. En la sección de inicio es reseñable el carácter lírico de los primeros aforismos: “Aficionado al pastoreo, doy de comer a las ideas mediante la alfalfa de mis garabatos mentales. De cuando en cuando, las saco a pasear por el prado de las hojas en blanco”; “Al dotar de espíritu al mundo, izamos el puente vertical que nos salva del naufragio”. El despliegue de imágenes se apacigua en otros textos donde esa sensibilidad lírica recaba en la pincelada meditativa: “La ausencia de sistema es una buena excusa para la filosofía del improperio. Insultar no necesita de argumentos”.
  Hay aforismos que nacen desde la mirada interior; son frutos que encierran la pulpa del hablante con su dermis sensible y sus emociones; un puerto de llegada del pensar interno del sujeto es la dimensión espiritual del yo. Abundan los aforismos que aluden al sentido trascendente de la existencia; pero también los que argumentan respuestas en la mano abierta de la filosofía: “Habitamos el centro cuando damos con un sentido, lo asumimos y lo vivimos. Cuando nos abandone, no seremos sino triste y huérfana materia”; “Basta con descifrarnos para descifrar el mundo”. Otros prefieren percibir las aceras de lo cotidiano y el campo abierto de la realidad; en estos, el verbo paremiológico trasciende lo individual para adquirir un sentido ético que habla de la sociedad contemporánea, de los desajustes generacionales o de ese estado de posverdad en el que dogmas y creencias han adquirido una apariencia maleable y superficial. Veamos algunos ejemplos: “La costumbre reciente de abrir cuentas corrientes a los recién nacidos es el bautizo laico de nuestro tiempo, el acto propicio para los augurios de una existencia recién estrenada”.
  La palabra contenida del aforismo convierte al pensamiento en un espacio de conocimiento y búsqueda, aun sabiendo que “el fragmento es el lenguaje de aquel que escasamente puede hablar”. Los asuntos varían, implicados en un nomadismo continuo que deambula entre la intimidad y la experiencia para convertir al escritor, entre el silencio de las cosas, en un cazador de instantes, en alguien que mira la realidad para conocer un sentido apenas descifrable en el cansado discurrir de lo diario. Tal actitud confiere una identidad: “Ni apocalíptico ni integrado. Sino simple contemplativo”. Vivir es una invitación al silencio: “La edad, el discurrir de los años, es un arduo camino a la mudez”.
   Los aforismos de Ander Mayora semejan teselas de una construcción sólida en la que habitan dudas e incertidumbres  del estar, la cartografía de un inevitable desencanto.



martes, 6 de marzo de 2018

TAPIZ DE ARENA

Pisadas
Fotografía de
Adela Sánchez Santana



TAPIZ DE ARENA

Nada tiene sentido pues el gozo
está en el mismo gozo y no en su idea

FERNANDO PESSOA

Soy tan raro que para reconocerme mi conciencia me pide el DNI.

Hay relaciones personales que tienen la duración de un aforismo y menos contenido.

En la madurez los sentimientos exigen estructuras elaboradas, escenarios con luz natural y narradores distanciados, como pájaros inadvertidos sobre un tapiz de arena.

Se quedó solo. Ahora recupera minerales en la galería de los desafectos.

El pudor convierte a la confidencia en un movimiento de ajedrez.

Presencias como reglas ortográficas; compañeros de viaje que son comas, puntos finales y puntos suspensivos.

Quemó todas las naves. Mientras duró el incendio percibió su calor.

Un presente incierto. Pienso en la escritura en zapatillas y sin afeitar; sólo mis gafas mantienen una pose aceptable.

La voluntad del cínico prefiere ideologías de alquiler.

Futuro; esa aspirina diluida en el agua fresca del fracaso.

Para hablar de ti, empleo un silencio en cursiva.

Andar extraviado tanto tiempo me deja ante tu puerta. Llamo al timbre. Espero.

(Selección propia)






lunes, 5 de marzo de 2018

EL CHARCO

Reflejos


EL CHARCO

   Mientras paseaba despacio bajo el paraguas, recordó. De niña buscaba charcos para saltar sobre su transparencia. En la piel reseca, floreció una sonrisa. Siguió caminando y vislumbró un extraño círculo de agua en medio de la calle. No lo dudó. Plegó el luto del paraguas, lo dejó dormir unos minutos sobre la acera y ensayó un primer salto, y otro y otro, antes de que le faltara el aliento… Con las punzadas de humedad saturando el vestido se sintió renacida.
   Recogió el paraguas y ya no lo abrió. En la tarea del regreso, imaginó cómo justificaría ante el personal del geriátrico la ropa y sus zapatos mojados. Daba igual si no hallaba una excusa. De niña, también creía en el final feliz.

(De Cuentos diminutos)  



sábado, 3 de marzo de 2018

ISMAEL ALONSO. LAS VOCES DEL PÁRAMO

Las voces del páramo
Ismael Alonso
Bohodón Ediciones
Madrid, 2018


EVOCACIONES
  
  La presencia literaria de Ismael Alonso (Fuente el Olmo de Íscar, Segovia, 1974) integra producción ficcional, poesía y colaboraciones en prensa, completando su perfil con publicaciones didácticas en las que vuelca su experiencia docente. Su recorrido comienza en 2010, tras la aparición de la novela Algún día, que tiene continuidad en las entregas La hija de la lluvia, Tierra eres, Devuélveme la muerte y el poemario De la luz y otras ausencias.
 En el primer tramo de 2018 retorna a la prosa con Las voces del páramo, una novela en cuyo arranque se oye la voz de un protagonista directo que, en forma de crónica epistolar, deshilvana un poblado soliloquio donde aflora la caligrafía de la propia intimidad. Los recuerdos reconcilian espesura imaginaria y clarividencia, como si el pretérito necesitase enriquecerse con contingencias añadidas que justifican el ambiguo papel del narrador. En el transcurso de la exposición los detalles cambian, mudan el paso y dejan pormenores que necesitan la inteligencia activa del lector o trazan nuevos itinerarios. La existencia, al cabo, se convierte en recreación libre, en trama novelística. Así confluyen en las evocaciones, como un magma confuso, o un terreno de sombras  “voces antiguas, rostros desdibujados, hombres, mujeres y niños buenos que quieren con desesperación que los devuelva a la vida, de donde nunca debieron haber salido”.
 La narración sugiere en ocasiones un juego de máscaras que permite adquirir una sensibilidad distinta a la propia. De este modo, el narrador, Tobías Centeno, asimila la presencia paterna, o hace suyas las lejanas vivencias del padre, como si él mismo fuese responsable de una vida bifurcada y extraña; o se transforma en el fogoso escribidor de cartas Orestes Badillo, capaz de convertir la pasión y el deseo en encendida caligrafía.
  Pero el azar siempre juega un papel esencial en lo diario; Orestes acaba gestionando una identidad autónoma que incluso, más allá de su aparición, provoca una suerte de efectos secundarios inexplicables. Cada acera de lo cotidiano se convierte en misterio por desvelar. Poco a poco los figurantes van mostrando su rostro verdadero, como sucede un día con Fausto Barreiro, el jefe de estación siempre a la espera del último tren, ese que simboliza el destino final en el que no existe regreso. También el narrador se ve a sí mismo como una sombra extraña predispuesta a la lejanía y a comenzar de nuevo para encontrarse. El angosto espacio de la rutina deja sitio, más allá de las vías, a una ciudad que sirve de asiento al pasado; abre puertas al contacto solitario con una incertidumbre convertida en hospitalario refugio
 La memoria del yo es una estrategia de resistencia frente a lo temporal. Se aplica en escarbar en el vacío de lo perecedero para rescatar comportamientos y hábitos existenciales. En esa dimensión se interna la prosa ficcional de Ismael Alonso en Las voces del páramo. Sus argumentos entrecruzan travesías de protagonistas y secundarios que alternan realidad y vuelo imaginario; son los latidos contradictorios que ahondan en los misterios del estar, esas íntimas islas buscando la latitud callada de la última costa.




viernes, 2 de marzo de 2018

DECISIONES

Laberinto
Fotografía de
Javier Cabañero Valencia


DECISIONES


Espacio indefinido en que la noche
en un misterio dos misterios une

FERNANDO PESSOA

Ariadna lo recordaba en el silencio de la espera. Un hilo suelto quiso medir su fuerza y abandonó el ojo de la aguja para explorar un espacio indefinido, un laberinto.

(De Cuentos diminutos)


jueves, 1 de marzo de 2018

AQUÍ

Orlando, Florida, 2013
Fotografía de
Adela Sánchez Santana



Aquí


                Nada y todo ocurre en todas partes

                                          PHILIP LARKIN

Es aquí donde estoy.
Tras las grietas de un yo parapetado
en las profundidades
de mí mismo.

Habito un cuarto exiguo
donde nada hay detrás,
salvo el vacío
de las sombras sin lustre.
Soy un plano que muestra,
maltrecho y solitario,
el retraso gastado de las rutas
que ya se desvanecen.

Mi reclusión carece de secretos.
En las puertas del frío,
necesito encontrar
un domicilio propio,
un cuerpo que sostenga
el temblor de la luz.

             (De Pulsaciones)