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sábado, 6 de octubre de 2018

AQUÍ, EN TODAS PARTES

Lejos, con nubes
(Bulgaria)
Fotografía de
Adela Sánchez Santana

Aquí


                Nada y todo ocurre en todas partes
                                       
                                              PHILIP LARKIN

Es aquí donde estoy.
Tras las grietas de un yo parapetado
en las profundidades
de sí mismo.

Habito un cuarto exiguo
donde nada hay detrás
salvo el vacío
de las sombras sin lustre;
soy un plano que muestra,
maltrecho y solitario,
el retraso gastado de las rutas
que ya se desvanecen.

Mi reclusión carece de secretos.
En las puertas del frío,
necesito encontrar
en cualquier parte
un domicilio propio,
un cuerpo que sostenga
el temblor de la luz.

         ( De Pulsaciones, Sevilla, 2017 )





lunes, 18 de junio de 2018

EN LAS ALCANTARILLAS

Miedos
Fotografía de
Revista Propiedades (2016)




ALCANTARILLAS

Todo está en otra parte:
lejos, como el deseo.
FRANCISCO JOSÉ MARTÍNEZ MORÁN



En la sombra dos puntos luminosos.
Una rata, sospecho,
que no aparta sus ojos
del resplandor lineal de las linternas.
Cerca, escucho un goteo,
resuena sobre un charco
de aceite y pestilencia;
contagia la humedad
al manchón de los muros.
Grietas ocres ascienden por la piel
de las alcantarillas
hasta el negro vacío
de otro túnel.
Más cables, tuberías,
excrementos
 y el denso chapoteo
sobre cemento y tierra
que engulle las pisadas.

Debo seguir. No hay miedo
más oscuro, más hondo.

            (De Pulsaciones)





martes, 22 de mayo de 2018

ROSARIO TRONCOSO. DE VIVA VOZ.

Rosario Troncoso
(Cádiz, 1978)
Fotografía de
www.trianarts.com

ROSARIO TRONCOSO. DE VIVA VOZ


   Sabido es que en la personalidad literaria de Rosario Troncoso (Cádiz, 1978) conviven el itinerario lírico, la coordinación editorial, el comentario crítico y la gestión cultural. Son quehaceres sumados al desempeño de la docencia en un centro educativo de Secundaria y Bachillerato en su provincia natal. No voy a detenerme en el laborioso sondeo de  este activismo, aunque una razón afectiva personal hace obligada la mención de Editorial Takara, en cuyo catálogo Rosario Troncoso integró mi antología Pulsaciones con una emotiva introducción de su autoría.
   Quiero centrarme en el trascurso de su producción lírica que cultiva desde 2006, cuando aparece su primera entrega Huir de los domingos. Aquel arranque tuvo una secuenciación uniforme y sostenida con las entregas Delirios y mareas (2008), Juguetes de Dios (2010), El eje imaginario (2012), Fondo de armario (2013), Transparente (2014) Eternidad provisional (2017)  y Nuestra orilla salvaje (2018). Un paisaje rotundo  que demuestra la familiaridad con el verso necesario en el quehacer creador de Rosario Troncoso. Editora, sí, antóloga, sí, directora de la revista literaria El Ático de los gatos, sí; pero sobre todo poeta en ese territorio batido por los vendavales de lo cotidiano.
   No resulta difícil reconstruir la sensibilidad estética y la solidez de un proyecto unitario que avanza sin duplicaciones ni quiebras. Aunque poco dada a la autocomplacencia, Rosario Troncoso escribe mirándose a sí misma. Sus composiciones alzan una arquitectura verbal que busca equilibrio entre intimismo y realidad. Reivindican la incertidumbre a través de una poética de la vida. En ellas, encuentra con frecuencia una enunciación lapidaria el fracaso y esa lucha constante por poner luz en los relieves y contornos de la convivencia.
  En la poética de Rosario Troncoso adquiere dimensión el intimismo. En él convergen los acontecimientos personales de un alter ego sin idealizaciones ni refulgencias, inmerso en el devenir vital. Quien habla en la geografía espacial del poema muestra una dicción fresca y natural, comparte estados de euforia, serenidad y melancolía. Sus palabras enuncian con tono terso, profundo, ”transparente”. Así se titulaba, con preciso laconismo, uno de los libros centrales de esta etapa de madurez en la escritura, repleta de posibilidades temáticas que adquieren un desarrollo progresivo en el intento de interpretar la realidad y captar su esencia; lo corroboran con la fuerza del dogma los versos finales del poema “Taller de alta poesía: “Y ahora, asumido ya lo esencial, / la técnica, las normas, los preceptos, / cállate ya / y escribe”.
   El decidido paseante de este itinerario creador concibe la idea de que los poemarios responden a los principios expresivos de la autoficción. Las composiciones dibujan el nítido perfil de una sensibilidad cercana. Es el yo humanista quien respira bajo la máscara del personaje poético. Por tanto, hay afinidades y enlaces que propician un pacto de verosimilitud entre el sujeto biográfico y el personaje lírico.
   La poesía de Rosario Troncoso es un ejercicio de afirmación, una sementera de evidencias de una identidad expandida hacia el nosotros. De este modo, cada libro se hace cordial complicidad, es balance y recuento de una individualidad que comparte su periplo vital. Alguien que rinde cuentas con la empatía solidaria de la confidencia.





viernes, 20 de abril de 2018

UNA CALLE VACÍA

Ángulos
Fotografía de
Javier Cabañero 



UNA CALLE VACÍA

Hoy recorren mis pasos esa calle
que no esconde ningún itinerario.
Todas las calles fluyen dócilmente
al mar de cualquier sitio,
cierran con parsimonia una distancia;
pero ésta alarga al infinito su trazado,
pretendiendo ignorar dónde concluye.
Amo el cuello sumiso de sus farolas verdes,
los reflejos chillones de sus autos a plazos,
la cal que habitan líquenes y musgos;
y amo sus papeleras -cielos para despojos-
singulares regazos donde nada perturba
el aliento feliz de lo caduco.

               (Antología Pulsaciones, 2017)







lunes, 19 de marzo de 2018

EN EL DÍA DEL PADRE

Aquel banco vacío
(Rivas, 2018)
Fotografía de
Adela Sánchez Santana



Recuerdo de mi padre


Mi padre ponderaba la eficacia
como un tesoro extraño y valiosísimo,
escondido en el vientre de la tierra.
Solía levantarse muy temprano,
con el tic-tac grabado en la memoria,
y dilataba oscuro una jornada
que concluía laso y taciturno.
Era su empeño inmune al frío o la canícula.
Por él estuve interno tantos años
con la sola misión de hacerme un hombre.
(Entendamos, un hombre de provecho,
un atinado buscador de logros ).
Mas el esfuerzo no valió la pena.
Él no tiene conciencia del fracaso.
Descubrió en la derrota
una patria feliz, compensatoria.

     (De la antología Pulsaciones)





viernes, 9 de marzo de 2018

PENÉLOPE Y LOS PRETENDIENTES

Ulises y los pretendientes
Bronce de
Fyodor Petrovich Tolstoy (1783-1873)


PENÉLOPE

Antes de que la rosa de los vientos
desperdigara por la lejanía
treinta y dos direcciones,
respirabas el afán de Penélope,
ese tejer paciente que adivina
cuándo se cumple el tiempo de regreso,
la destreza de Ulises con el arco,
la roja espera de los pretendientes.

               (De Pulsaciones, 2017)



jueves, 1 de marzo de 2018

AQUÍ

Orlando, Florida, 2013
Fotografía de
Adela Sánchez Santana



Aquí


                Nada y todo ocurre en todas partes

                                          PHILIP LARKIN

Es aquí donde estoy.
Tras las grietas de un yo parapetado
en las profundidades
de mí mismo.

Habito un cuarto exiguo
donde nada hay detrás,
salvo el vacío
de las sombras sin lustre.
Soy un plano que muestra,
maltrecho y solitario,
el retraso gastado de las rutas
que ya se desvanecen.

Mi reclusión carece de secretos.
En las puertas del frío,
necesito encontrar
un domicilio propio,
un cuerpo que sostenga
el temblor de la luz.

             (De Pulsaciones)





viernes, 23 de febrero de 2018

CALLE EN OBRAS

Hervás
Fotografía de
Adela Sánchez Santana


CALLE EN OBRAS


Acordamos huir sin dejar rastros,
pero aflora el deseo y difumina
la nube  de las buenas intenciones.
Aparezco como mármol labrado,
emulando su pulida quietud.
Impaciente recorro los andenes
donde un polvo salobre fosiliza
pasos intercambiables, de ida y vuelta..
Aletean pavesas incendiarias,
las híspidas certezas del pasado.
Apuro mi forzada resistencia.
Estoy solo. Completamente solo.
No tengo voluntad para el olvido.
Mi vida es calle abierta, siempre en obras.

   (De Pulsaciones, 2017)



lunes, 19 de febrero de 2018

ENCUENTRO

Umbría
(Londres, ,marzo, 2010)
Fotografía de
Javier Cabañero Valencia


ENCUENTRO

Aquel día gozaba de la lluvia
bajo la  espesa fronda de un árbol solitario
y tropecé conmigo.
Miré mi rostro con curiosa sorpresa.
Me hallé un poco más viejo, más cansado,
abrumado quizás
por un escepticismo prominente y asiduo
y una antigua tristeza,
palpable aunque recóndita.
Sentados en un banco prodigamos
leves toses, murmullos,
dilatados silencios y miradas furtivas.
El tiempo parecía detenido,
hasta que una acuarela de ceniza
ensombreció el crepúsculo.
En tanto se alejaba,
una temprana rosa depositó en su sitio
efímeros instantes de belleza
que de común acuerdo, ambos no vimos.
Respiré hondo; todos sabéis
qué olor tan indecible
emana de la tierra cuando llueve.

            (De Pulsaciones, 2017)

jueves, 25 de enero de 2018

SOBREVIDA CON SOMBRA

El paseante
Archivo general de internet


HETERÓNOMOS


Dentro de mí conviven, abocados
a una inmensa rutina sedentaria,
el yo que pienso y otro, el que parezco.
Un pacto, que firmaran con los ojos,
les conmina
a respirarse en cierta tolerancia,
y ambos han sido absueltos
de mencionar, siquiera,
cuál fue la última causa
que les diera la vida.

Cada uno tiene ya su enclave exacto:
el yo que pienso
habita, día y noche,
la intimidad de estas cuatro paredes.
Es semejante a un niño que olvidara crecer,
y por lo mismo
nada en el mar de una sabia ignorancia.
(“Acaso sea el invierno…
es razón suficiente para explicar el cosmos “)
Y balbucea. Ríe.
Se pierde en los espejos. Gesticula.
Colecciona recuerdos como si fueran conchas
que ha enterrado el olvido.

A veces llora y viste el jersey gris
de la melancolía;
entonces toma un folio,
donde  inicia el galope un sentimiento
y se hace reo de pertinaz tristeza,
hasta que traspapela la mirada
y descubre, cansado,
que afuera cae la lluvia
y mojan su perfil
unas livianas gotas de mi nube.

El que parezco
está en la calle de continuo.
Todos le conocéis
pues con todos comparte ese pan y esta sal
que, bajo el brazo, trae la vida;
las cotidianas dosis
de angustia existencial, trabajo y ruido.
Con él tropiezo,
una tarde cualquiera,
al doblar una esquina,
y tras justificarme torpemente
(“hallé la puerta abierta
y me aburría…”)
me despido gozoso y luego marcho
-el paso lento, sepultadas las manos
en los amplios bolsillos del vaquero-
a ver, sin más, el mundo por mis ojos.

                                     (De la antología Pulsaciones)    


      

viernes, 17 de noviembre de 2017

SOBRE PULSACIONES ( MARÍA VICTORIA REYZÁBAL)

Pulsaciones
José Luis Morante
Prólogo de Rosario Troncoso
Takara Editorial, Sevilla, 2017
Pulsaciones, de José Luis Morante.

            Reencontrarse cara a cara con un viejo amigo después de muchos años, volver a leer su poesía equivalente a aquella que ya aprecié con sinceridad, no es caminar hacia atrás en búsqueda de desatar nostalgias, sino citarse con el afecto y el reconocimiento. El tiempo ha pasado y, durante él, los dos hemos acumulado reseñas, poemarios, disgustos, fabulaciones y querencias, es decir, la vida que pasa y, a la vez, deja paso. En el caso de José Luis Morante, también nos ha regalado una recopilación de textos líricos de plasmación coherente en el desarrollo de sus ejes conceptuales, de sus motivos. Él mismo los resume en: temporalidad, cotidianidad de lo relacional, búsqueda de la identidad y pérdidas. […]
            En esta obra, la identidad, que es central, navega por la emoción y a la inversa, ambas son compañeras de la expresión de un sujeto que pluraliza su yo para intentar comprender las variantes de lo que somos y de cómo nos percibimos. Experiencia de multiplicidad que sorprende y explicita el camino personal. Y es que nuestra percepción cambia según el espejo, los ojos, la esperanza o la tristeza que nos refleja el mundo, ello ante el hecho rotundo de que antes de nacer no somos, luego vamos siendo y desiendo para al final dejar de existir. Mucho de esto se manifiesta en “Heterónomos” donde se juntan “el yo que piensa y otro, el que parezco”. Este extrañamiento, como señala Rosario Troncoso, aparece a su vez especialmente en “Encuentro” y “Funcionario poeta”, pero va dejando rastros por la mayoría de sus otras composiciones, así en “Los buenos tiempos” o “En ciudad privada”, es decir, en aquellas que evocan el transcurrir y las metamorfosis que este ocasiona. Y es que a lo largo de los años vamos ajustando el ser con el estar, el permanecer con el devenir, pura filosofía cotidiana a la que también el crujido del cuerpo suele prestar argumentos, pues “nada es igual, aunque contemple ileso/ el dócil deterioro”, el pasado ha sido un sueño, el presente no sabemos si es real y el futuro nunca ha existido, lo vertebrador por tanto es el cambio, por eso existir en la unicidad tal vez solo sea un simulacro: “También soy yo/por la fidelidad a mis contradicciones…”.
            Por este transcurrir, los recuerdos son materia sutil que reactiva instantes que dejaron huella y van marcando con su péndulo el oleaje de las “pulsaciones”, las cuales nos permiten continuar a pesar de las pérdidas, analizar factores no del todo comprendidos o asumidos en su momento como se manifiesta en los textos “Recuerdo de mi padre” o “Vita nuova”, aproximaciones en las que también cabe el primer amor como en “Iniciación”. En definitiva, “El centro del silencio me ha enseñado/a aceptar como un juego que la vida/es una sucesión aleatoria de causas y efectos/sobre las dunas de la realidad” (“Causas y efectos”).
            Esta búsqueda de identidad o aceptación de que la misma es un proceso en marcha y de que la vida es un sueño, como bien manifestaba Calderón, permite al poeta viajar por países imaginados con características diferentes a las de los nuestros, seres y hechos extraños que retrotraen en las miradas adultas aquellas otras de niños sorprendidos. Es una forma nostálgica de constatar que no hay rutas de regreso (“Nómadas” y “El miedo”) y, quizá, ni siquiera de avance: “Una lejana risa se repliega/en la circunferencia del cansancio;/mientras, evoca un viaje parecido/y asiente circunspecta a los mensajes/reiterados con música de fondo”.
Del pienso luego existo, pasa Morante al “Sé que soy mientras busco”, así “En el hedor, la náusea;/continuas advertencias/de mi desasosiego./Pero nada socava/el afán de seguir./Camino a tientas./Sé que soy mientras busco”. Sin embargo, el autor de estos versos se encuentra por las calles del viejo Madrid, echando de menos una España que no duela y anhelando el reencuentro de quien le dejó clavada su ausencia, todo ello en versos fuertes, sentidos y escritos a la manera de quien sabe lo que dice y cómo lo hace.  Buena escritura; por tanto, placentera lectura.


Mª Victoria Reyzábal


jueves, 5 de octubre de 2017

AUTOLECTURA DE "PULSACIONES"

cartel de lectura
Autora
Gloria Díez


                                       Autolectura de Pulsaciones[i]

   Una antología no es una aleatoria colección de piezas sino un libro unitario con una meditada articulación formal, unos contenidos elegidos y un tono marcado desde el título. Alude Pulsaciones al latido común entre literatura y vida de casi tres décadas de escritura, desglosado en ocho poemarios que mantienen aquí una disposición cronológica, con el añadido de inéditos que hablan de esencialidad y despojamiento; ser claro, ser preciso.
   En mi escritura prevalecen unos cuantos temas que imponen su presencia de manera más o menos continua. La entidad del personaje y las sucesivas variantes de su dimensión existencial ya está en “Heterónomos”, el único poema que aporta Rotonda con estatuas, amanecer poético editado en 1990; la fisonomía del sujeto inspira también composiciones de entregas posteriores como “El otro” y “Autobiografía”.
   No basta con existir; muchas veces ocupa la atención lo antagónico, aquello que conspira contra las previsibles coordenadas del deambular cotidiano. El enemigo está ahí, forma parte de nuestra soledad; su lucidez pone en duda convencionalismos y contradicciones, descubre la fragilidad de los dogmas. Son las pautas de Enemigo leal, donde la ironía también es una forma de aceptar los hechos consumados.
   La lógica utilitaria inspira el título de Población activa cuyo primer poema “El arte de vivir los lunes” objetiviza el tedio con un tono frío, acto para confirmar la sospecha de un horizonte limitado: hoy como ayer, mañana como hoy. Las similitudes entre el yo biográfico y el ser literario abundan en Población activa, Causas y efectos y la noche en blanco con referentes sentimentales que hacen de la convivencia una indagación sostenida, aunque sea en Causas y efectos donde el anecdotario biográfico cobre mayor presencia: los días de infancia, la presencia del padre, el aprendizaje sentimental y la fuerza de enlace con la realidad. Si manipulamos la proclama de Rimbaud que convertía al yo en otro, la nueva declaración es igualmente válida: el otro es yo.
   El espíritu romántico de Gustavo Adolfo Bécquer tuvo conciencia de que el sueño como principio de aclaración es núcleo una actitud poética. No son pocos los momentos en  que me resulta difícil imaginar qué cosas sucedieron o cuáles son fragmentos oníricos. Escribí “Acerca del sueño” en Causas y efectos describiendo esa sensibilidad sutil y etérea, cuando la realidad sale de su letargo para explorar interiores.
   Fernando Pessoa añadió una nueva dimensión al viaje; el supuesto enriquecimiento que depara el camino se convierte en un copioso inventario de pérdidas; desde este registro escribí los poemas de Largo recorrido que emplea como único metro versal el endecasílabo para subrayar la monotonía.  En la poesía realista el empleo frecuente de la primera persona, tan apropiado para el tono meditativo, tiende a confundir el ser poemático y el biográfico. Son entidades distintas, aunque emparentadas por evidentes conexiones: el primero se nutre del fondo de experiencias, vivido o imaginario, de quien escribe.
   En  La noche en blanco el yo poético se enfrenta a un estado temporal de vigilia. Fármacos y técnicas de relajación para conciliar el sueño han fracasado y anida en las papilas ese sabor acre de la noche desplegada donde los relojes laten con obstinada pereza. En ese lapso el sujeto se aplica en la construcción de otra presencia, crea un ser con el que accede a estratos emocionales: asistimos al despliegue de los sentimientos hacia un ideal que hace suyo un aserto de Julio Cortázar: “creo que soy porque te invento”.
   Ese conocimiento se inicia junto al mar, siempre símbolo de plenitud y apertura.  Los entornos naturales tienen algo de verdad inmutable que existe frente a las formas cambiantes; en ellos percibimos un ritmo sosegado, vivificador, que se transmite al espíritu. La plenitud que amplía los contornos del sujeto también aparece en ámbitos  como los esteros de Doñana, la sierra de Gredos o el hayedo de Tejera Negra, que sin nombrarse está en el poema “Hayedo”. La palabra no se atiene a las exigencias de la descripción; busca intersecciones porque hay una identificación entre el paisaje físico y la receptora del deseo; sobre esta idea versa el poema “Hipérbole” Ella se convierte en centro y toma el paso calmo de las horas. Es una presencia necesaria que impregna los tejidos del yo; alrededor están los objetos domésticos, el ámbito cercano que nos pertenece. También otras circunstancias que, en apariencia, no nos rozan pero que representan la cara más amarga de la ciudad. Están en poemas como “Autopista” o “Chabolas”, donde la mirada social incide en la desposesión y el vacío. Cada proyecto personal está condicionado por la creciente jerarquía social que condiciona el libre albedrío. A la tesis de Jean Paul Sastre “estamos condenados a ser libres” hay que añadir que tal destino no habla de condiciones sombrías.
   Una ironía próxima al sarcasmo está presente en “Resaca”, una pieza influida por el verbo nihilista de Fonollosa. El pacto de convivencia, casi de modo inadvertido, va perdiendo su capacidad de asombro y poco a poco el espejo refleja renovados rasgos de la soledad. Cuando la incomunicación se evidencia, el diálogo con el otro enmudece. Se descubre que la creación es una simple estrategia para superar ese estado de islas.
   Llega la amanecida; vuelve el ahora y el tedio, la rutina de lo laborable: el análisis superficial de la realidad. Hemos buceado en los interiores de un espejismo y corresponde el repliegue en lo individual. El final de la historia tiene el regusto de la melancolía por el sentido agónico del poema epílogo que se inspira en este haiku de Bashoo: “Habiendo enfermado en el camino,/ mis sueños/ merodean por páramos yermos”.
   Como en anteriores poemarios, hay una trama argumental y un motivo central reordenando el discurrir de los poemas. En este caso, el argumento es el aprendizaje de la decepción. Más que un desánimo amoroso individual, se habla de un estado vital; Joan Margarit ha definido este estado con una precisión demoledora: ”Llega el tiempo de no esperar a nadie”.  
   Las citas introductorias pertenecen a tres poetas por los que siento especial devoción: Raymond Carver alienta una escritura que es siempre consciente de la fragilidad de cualquier asidero; los versos de Joan Margarit proponen que estamos abocados a una situación carente de épica, en la que sin embargo es posible descubrir grietas que permiten respirar otra atmósfera; la cita de Gonzalo Rojas es una propuesta de acercamiento que sugiere la soledad superable. Otro préstamo de Gerardo Diego recuerda lo intangible, aquello que desafía el sentido de la memoria. Es escaso el sustrato cultural explícito; sólo una leve mención a La Odisea en el poema “Penélope” que rescata la conocida espera de los pretendientes. Más que la conducta grandilocuente de los héroes homéricos de La Iliada, me fascina la actitud de esa mujer que es modelo de fidelidad y firmeza; la serena espera de Penélope rebosa dignidad; obtiene la justa recompensa del regreso porque no aceptó nunca la separación y alzó con los recuerdos el andamiaje de la esperanza.
   Añado unas mínimas consideraciones sobre el enfoque formal. Si en Largo recorrido el verso normativo era el endecasílabo, ahora es el heptasílabo la medida versal más frecuente. El arte menor acelera la cadencia lectora y da levedad al poema, una circunstancia que también potencia el despojamiento de adjetivos en los títulos. Recurro al poema breve, que busca la intensidad en un mínimo desarrollo narrativo e incrementa el ritmo conversacional, fluido y comunicativo. Nunca he gastado energías en convertir una composición en un acertijo o en un enigma inútil.
   Esta visión no anula otras. Pertenezco a los que piensan que un poema no es una respuesta sino una pregunta.

                                                          
                                            



[i] José Luis Morante, Pulsaciones (Antología poética 1990-2017), Colección Wasabi, Takara Editorial, Sevilla, 2017. Prólogo de Rosario Troncoso.  


jueves, 21 de septiembre de 2017

CALIGRAFÍAS DEL YO

Renglones
Fotografía de
Rosa María Hernández
(Galicia, 2017)

 

HETERÓNOMOS

             A Rosario Troncoso y Carmen Sotillo


Dentro de mí conviven, abocados
a una inmensa rutina sedentaria,
el yo que pienso y otro, el que parezco.
Un pacto, que firmaran con los ojos,
les conmina
a respirarse en cierta tolerancia,
y ambos han sido absueltos
de mencionar, siquiera,
cuál fue la última causa
que les diera la vida.

Cada uno tiene ya su enclave exacto:
el yo que pienso
habita, día y noche,
la intimidad de estas cuatro paredes.
Es semejante a un niño que olvidara crecer,
y por lo mismo
nada en el mar de una sabia ignorancia.
(“Acaso sea el invierno…
es razón suficiente para explicar el cosmos “)
Y balbucea. Ríe.
Se pierde en los espejos. Gesticula.
Colecciona recuerdos como si fueran conchas
que ha enterrado el olvido.

A veces llora y viste el jersey gris
de la melancolía;
entonces toma un folio,
donde  inicia el galope un sentimiento
y se hace reo de pertinaz tristeza,
hasta que traspapela la mirada
y descubre, cansado,
que afuera cae la lluvia
y mojan su perfil
unas livianas gotas de mi nube.

El que parezco
está en la calle de continuo.
Todos le conocéis
pues con todos comparte ese pan y esta sal
que, bajo el brazo, trae la vida;
las cotidianas dosis
de angustia existencial, trabajo y ruido.
Con él tropiezo,
una tarde cualquiera,
al doblar una esquina,
y tras justificarme torpemente
(“hallé la puerta abierta
y me aburría…”)
me despido gozoso y luego marcho
-el paso lento, sepultadas las manos
en los amplios bolsillos del vaquero-
a ver, sin más, el mundo por mis ojos.


(Pulsaciones, Takara Editorial, Sevilla, 2017)

                             




jueves, 31 de agosto de 2017

BAJO CANDADO

Clausura
Fotografía de
Rosa María Hernández
(Polonia, 2017)

AQUÍ

                Nada y todo ocurre en todas partes
                                          PHILIP LARKIN

Es aquí donde estoy.
Tras las grietas de un yo parapetado
en las profundidades
de sí mismo.

Habito un cuarto exiguo
donde nada hay detrás
salvo el vacío
de las sombras sin lustre;
soy un plano que muestra,
maltrecho y solitario,
el retraso gastado de las rutas
que ya se desvanecen.

Mi reclusión carece de secretos.
En las puertas del frío,
necesito encontrar
en cualquier parte
un domicilio propio,
un cuerpo que sostenga
el temblor de la luz.


               ( De Pulsaciones, Sevilla, 2017)



jueves, 17 de agosto de 2017

TRAYECTO CONTINUO

Espera
(Cabanes, 2017)
Fotografía de
Adela Sánchez Santana


TRAYECTO CONTINUO

Los durables efectos de tus viajes
por rutas secundarias
hicieron que al regreso
no volvieras.
Una larga distancia
construyó entre nosotros
una casa sin nadie,
esa página en blanco
de quien dice "no sé".

Yo viví el andén frío
de aquel último encuentro.

Ignoro dónde estás.
Junto a tu ausencia
están los trazos que te pertenecen,
la carne tumefacta del pasado;
mudo papel antiguo de unas fotos
que aguardan en el álbum
tu regreso.

      (De Pulsaciones, Takara Editorial, Sevilla, 2017)


sábado, 12 de agosto de 2017

PERSONAJE LITERARIO

(Magritte)


PERSONAJE LITERARIO

Soy crédulo y paciente
aunque mis días recorren
una topografía de sucesos mágicos.
Otros criticarán mi mansedumbre.
La voluntad merece un exiguo salario,
una pequeña nota a pie de página
en clave de novela policial.
tengo fe en quien me escribe:
en los renglones últimos
resolverá el misterio,
ahuyentará las nieblas y el cansancio
y hará las oportunas correcciones
para que en la partida prevalezca
mi propia identidad.
Es el orden común de la supervivencia.
Salvo magulladuras, sigo intacto

    (De Pulsaciones, Sevilla,, 2017)

viernes, 4 de agosto de 2017

AUTOBIOGRAFÍA

Renglones del yo
Fotografía de
Rosa María Hernández


AUTOBIOGRAFÍA

También soy yo
por la fidelidad  a mis contradicciones,
por permitir gozoso,
cuando las plazoletas solitarias
reivindican el silencio y la sombra,
que un recuerdo me asalte en el espejo
como un rastro de luz, leve, intangible,
e inicie una liturgia
con frecuencia de rito
de nombres, fechas, gestos
y túmulos de sueños
nadando alborozados en el mar
de una cronología sospechosa.

Tanta dulce mentira esconde a otro.

    (De Pulsaciones, Takara Editorial, Sevilla, 2017)




domingo, 23 de julio de 2017

EL MAR DE CUALQUIER SITIO

Enclave escocés
Fotografía de
Javier Cabañero
 
 
UNA CALLE VACÍA


Hoy recorren mis pasos esa calle
que no esconde ningún itinerario.
Todas las calles fluyen dócilmente
al mar de cualquier sitio,
cierran con parsimonia una distancia;
pero ésta alarga al infinito su trazado
pretendiendo ignorar dónde concluye.
Amo el cuello sumiso de sus verdes farolas,
los reflejos chillones de sus autos a plazos,
la cal que habitan líquenes y musgos;
y amo sus papeleras -cielos para despojos-,
singulares regazos donde nada perturba
el aliento feliz de lo caduco.

  (De Pulsaciones, Sevilla, 2017)

miércoles, 19 de julio de 2017

ATARDECER

Silencio
 


ATARDECER


Un silencio tangible
inclemente quemaba los restos de la tarde.
El viento de levante recogía muchachas
y las depositaba en los cercanos bares
del paseo marítimo.
Emulaban los toldos de las cafeterías
briosos estandartes cabalgando
en pos de la batalla.
Solo tú  perdurabas, como un dios estelar,
siguiendo las consignas de las contemplaciones,
escribiendo en la arena con tus pasos,
cautiva de un paisaje
inmóvil, denso, azul.

(De Pulsaciones, Takara Editorial, Sevilla, 2017)


lunes, 10 de julio de 2017

EL ARTE DE VIVIR LOS LUNES

Geografías de humo
(Florida, 2013)
Fotografía de
Adela Sánchez Santana

EL ARTE DE VIVIR LOS LUNES


El arte de vivir los lunes
requiere cierta práctica y algo de teoría,
saber de estratagemas y confabulaciones
y adjetivar la prosa cotidiana
con una terca voluntad de estilo.
Incontables acechan
los peligros desde el primer café,
crecen cuando un olor
anuncia escuetamente la leche derramada,
se reproducen con duración de días laborables
y en guardia se mantienen,
tal seguros precintos,
entre los pasajeros del tren crepuscular
que nos devuelve a casa,
al reclamo del lecho hospitalario.
El arte de vivir los lunes
sobrevive y se esconde
en vacuas reflexiones como ésta:
nada es eterno, salvo un lunes.

             (Pulsaciones, Takara, 2017)