miércoles, 29 de junio de 2016

DANIEL PENNAC. MAL DE ESCUELA

Mal de escuela
Daniel Pennac
Mondadori,
Barcelona, 2008

CONFLICTOS EN LAS AULAS

 Quienes se dedican a la práctica docente y cumplen a diario los trámites del tutor comprometido saben que una de sus funciones más ingratas es resolver conflictos y eliminar comportamientos de trinchera. La mente racional del profesor supone en el alumnado actitudes racionales y le disgusta que esa constante pedagógica no se cumpla. De ahí, su continua implicación  y el inacabable hablar, actuar y sermonear, decepcionado en muchas ocasiones por la escasa capacidad operativa del profesor de aula que elucida el sentido y la gravedad de su tarea. La formación universitaria no contemplaba métodos para luchar contra el absurdo o contra la rebelión tipificada.
  Los que intenten profundizar en el punto de vista del alumno fracasado tienen en los escaparates el libro de Daniel Pennac, Mal de escuela. El escritor galo, nació en  Casablanca (Marruecos), destino militar paterno,  en 1944 y, tras vivir en diferentes lugares africanos, se asienta en Francia y protagoniza una exitosa carrera literaria de amplio reconocimiento popular. Y sin embargo, el autor no esconde las pésimas calificaciones de la etapa escolar y aborda aquel periodo formativo con ternura, ironía y sentido común. De este modo, el dolor de no comprender y sus daños colaterales permiten asomarse al papel de la escuela que en demasiadas ocasiones sólo cuenta con los resultados académicos de los integrados y disimula como puede el fracaso escolar para que ninguna mirada crítica denuncie su incompetencia. No nos encontramos ante un manual de pedagogía terapéutica que proporcione una batería de soluciones. Pennac trasmite la intimidad de un personaje que utiliza el aula como centro de operaciones para despertar recuerdos y extraer de los mismos enseñanzas. Es la autobiografía de un yo que permanece agazapado en el fondo oscuro  de su nulidad.
 El autor fusiona pasado y presente; el mal alumno, motivo de continua preocupación en el entorno familiar, ha sido capaz de licenciarse y dedicarse a la práctica docente, aplicando métodos que le han deparado gratitud y estima. Pero estos métodos no están estructurados, no nacen de un proceso de aprendizaje reglado que evalúe procesos y principios. El escritor actúa por tanteo, al ritmo que le marca lo contingente. Por eso el libro es más un relato autobiográfico que un tratado sobre educación patentado por la inteligencia.
 Los breves capítulos permiten la lectura casi lineal. No es difícil reconstruir la convivencia en las aulas y un ritmo de trabajo en presente perpetuo, en el que cada lector puede utilizar su propia experiencia como elemento comparativo. Muchos profesores encontrarán el libro liviano y superficial, como si no diera la talla a la hora de abordar los nuevos roles que la sociedad tecnológica demanda a los centros educativos. El propósito del escritor no es la formulación de recetas exitosas. Pennac no trabaja en un laboratorio de ideas, utiliza la escuela  como tema. Y consigue transmitir con amenidad los argumentos del eterno conflicto entre saber e ignorancia. 


     

martes, 28 de junio de 2016

ÚLTIMOS MOVIMIENTOS

Muevo ficha

ÚLTIMOS MOVIMIENTOS

Soy tan raro que para reconocerme mi conciencia me pide el DNI digital.

Hay relaciones personales que tienen la duración de un aforismo y menos contenido.

En la madurez los sentimientos exigen estructuras elaboradas, escenarios con luz natural y narradores distanciados; la solvencia de un jugador de ajedrez.

Se quedó solo. Ahora recupera minerales en la galería de los desafectos.

El pudor convierte a la confidencia en un enroque.

Carpe diem. Quemó todas las naves. Mientras duró el incendio percibió su calor.

Un presente incierto. Piensa en zapatillas y sin afeitar; sólo mis peones mantienen una pose aceptable.

Futuro; esa aspirina diluida en el agua fresca del fracaso.

Andar extraviado tanto tiempo me deja ante tu puerta. Llamo al timbre. Espero.



lunes, 27 de junio de 2016

CASA VACÍA

Habitar el silencio

CASA VACÍA


En esta casa ya no vive nadie, aunque están todos los moradores que ocuparon las habitaciones. Escucho su fisiología desperdigada en pasos, susurros, toses y gemidos. De cuando en cuando callan, como si se hubiesen mudado por unas horas a otro lugar. Pero siempre regresan. Esta noche olvidaron cerrar la puerta de entrada y apagar las luces. Algo me despertó. No supe qué decir; soy un morador de la extrañeza ocupando el silencio de una casa vacía. Ellos me reconfortan y justifican mi presencia: “alguien debe soñarlos”.

(Del libro Cuentos mínimos)



domingo, 26 de junio de 2016

MOTIVOS PERSONALES

Todo empieza hoy


AFORISMOS PARA MAÑANA


Cada náufrago reclama para sí la madera raída.


En los espejos la imagen desvaída del futuro, sin alzar los ojos ni una sola vez


Perseverar apostado frente a la fijeza del paisaje, con la tenacidad zancuda de las grúas.


Ante las rocas  los argumentos piden cara o cruz: escalar o pasar de largo.


Luz dormida en la mansedumbre del estanque y los ojos infantiles que  nada saben de la refracción.


Acaso, esto y aquello. Marejadas, borrascas, nubes y claros. Meteorología de poeta.


No están cerca o lejos. No están.


La escritura y yo,  restaurante discreto en el que solo hay sitio para dos comensales.


Alguien escribe. Soy parte de la trama. Un personaje episódico.


En la lisura del cristal, los aspersores del jardín difunden transparencia. Mi casa y el día que declina. Pienso en aquella línea de Jorge Luis Borges: “No pasa un día en el que no estemos, un instante, en el paraíso”. Espejismos.


Que el desconcierto no sea obstáculo interpuesto; camina junto a él.


                                      (Del libro Motivos personales)



viernes, 24 de junio de 2016

EL YO Y SU SOMBRA

El hombre y su sombra
Fotografía de
Mizar Alcor

EL YO Y SU SOMBRA

  Como un gesto de primer día que quiere predecir el futuro, mi sombra esta mañana se escora más que yo. Mis pasos contiguos animan a seguir marcando itinerarios invisibles sobre el empedrado, por si un día se sienta, durmiente en la distancia, y me deja solo en la tregua del tiempo.
  Me gusta que su forma indefinida preserve el lustre. Que esté ahí, realista y tenaz, a ras de suelo.

(Del libro en preparación Cuentos diminutos)



jueves, 23 de junio de 2016

ANTONIO CABRERA. CORTEZA DE ABEDUL

Corteza de abedul
Antonio Cabrera
Tusquets Editores
Barcelona, 2016

CORTEZA DE ABEDUL

   Antonio Cabrera (Medina Sidonia, 1958) ha recorrido en el tiempo un largo itinerario docente como profesor de filosofía y este quehacer tiene una presencia continua y transversal en la definición de su poesía. El gaditano afincado en Castellón tiene en el curso de su escritura una inclinación natural a lo reflexivo, donde los versos nacen del aprecio a lo cercano y de una sensibilidad dispuesta y vigilante.
Tras la publicación en 2014 de su antología Montaña al sudeste, con prólogo de Josep Maria Rodríguez, agrupa sus inéditos en el poemario Corteza de abedul, cuyo título ya especifica de forma evidente que la naturaleza y sus elementos adquieren en el ideario de Antonio Cabrera un protagonismo central. Lo exterior vela las contingencias del intimismo ensimismado  y propicia un diálogo incansable que fuerza a la conciencia del sujeto a ampliar límites. Lo ajeno se hace costumbre y desplaza hacia las galerías de quien percibe su respiración. Allí mantiene sus señales de vida, que mudan en abstracción y pensamiento.
  La naturaleza nunca es un envoltorio frío sino un organismo proteico que camufla colores y líneas. El paisaje ofrece sus propios puntos de vista, como un espacio de afirmación frente al yo: “Tú aún no lo eres / pero el paisaje sí, él ya le es fiel / y da un paso de luz retrocediendo en torno. / Pon distancia también para estar dentro. / Contémplala, respira.” Las sensaciones conforman una amplia superficie en la conciencia, en su percibir establecen un orden natural de quietud y permanencia que se hace presente desde la evocación; se crea un estar cercano, un sitio interior: “Están en torno a mí / pero como a resguardo, / en existencia que no toca / ningún otro existir. / Que sean contiguas / carece de valor,  porque la luz las marca / y las preserva incólumes “.
  Pero el sujeto verbal no solo incide en el patrimonio sensorial del discurrir. Los versos se hacen voz apelativa para glosar razones, para incidir en la plenitud de la convivencia con los fugaces invitados del asombro: pájaros, flores diminutas que muestran su apacible armonía en la intemperie del tiempo, y mínimas criaturas que se hacen accesibles un instante para hacer posible su contemplación ensimismada.
  En Corteza de abedul asoma vivo y pleno un mundo respirable que es al mismo tiempo fugacidad y permanencia, que muestra su desorden, ese azar pautado que deshoja la vida al paso convertida en lección y en elegía. Entre la naturaleza y el yo se establece siempre una distancia corta y en ella el pensamiento busca el pulso elemental de la belleza.


miércoles, 22 de junio de 2016

EL PICAPORTE

Nadie responde...


EL PICAPORTE

             Memoria de mi padre


Casi nonagenario
-después de quince años de ceguera-
la evocación a tientas del pasado
equivale en mi padre
a resistencia.
El ahora es relente,
una cronología que tortura
con terapias y síntomas,
e ignora el leve aroma
de las flores de invierno.

Mi sedentaria angustia,
a cuerpo limpio,
no deja de pensar en cómo observa
aquello que no ve;
con serena sonrisa
enumera detalles
que debieron ser ciertos
y yo escucho sonámbulo,
mientras cierro los ojos.
Todo pasó, no importa
si el pasado no asiente
o la estricta verdad le contradice.

A veces su mirada resucita.
Posiciona en un mapa
imágenes dispersas.
Su voluntad es luz;
es el tacto que gira el picaporte
para abrir desde dentro
la puerta infranqueable.


           (De  Ninguna parte, La Isla de Siltolá, Sevilla, 2013)