martes, 12 de noviembre de 2024

EREMITAS DIGITALES

Vivir en el papel
Archivo de Internet 

EREMITAS DIGITALES

 
   Acostumbrados al paso lento de la edición tradicional que llevaba el manuscrito hasta la imprenta, el blog sorprende por su disposición e inmediatez para acoger cada uno de los escritos seleccionados, sean estos asuntos personales o impresiones lectoras. Las entradas se suceden con apremio y  la escritura no conoce descanso; nada queda del latido acompasado que, con morosidad, analizaba las pautas de un momento histórico o los estados de ánimo de una identidad concreta. Hay que aceptar un axioma de partida: lo que se publica no se somete al mutismo de la distancia para que acreciente sabores y cualidades. El blog exige una caligrafía de la urgencia que no se extravíe en digresiones; marca un itinerario sin rotondas con la promesa de una receptividad colectiva, tangible y medida con exactitud por el contador de visitas, que además nos deja una cartografía diferenciada de lectores habituales y esporádicos.
   Como en cualquier manifestación escrita, la función última del blog es caminar juntos sobre la geografía del lenguaje, superar ese nuevo formato de aquella vieja torre de marfil, de aquel exilio en lo individual, meditando la quiebra de ilusiones vitales y el aplazado viaje a tantos paraísos perdidos. La pantalla encendida del ordenador nos convierte ahora en tercos eremitas digitales.
 

                                                     JOSÉ LUIS MORANTE



 

 

                                                        

lunes, 11 de noviembre de 2024

VENTANAS DEL AFORISMO



 

  

A SORBOS

 JOSÉ LUIS MORANTE

                                                                                              Todo es siempre menos

 JRJ

 Extremó la prudencia verbal; no aventura palabras si no es en presencia de su diccionario.

 ***

Afrontar sin amargura, sin gestos de abandono,  que lo que pensamos oculta lo que somos.

 ***

Su cerebro contiene dos ideas; son tan opuestas que entre ellas cabe un sistema filosófico.

 ***

Al florecer el día  rompe la quietud del reloj un aforismo. Sorbos cortos.

***

Basta mirar la penumbra de alrededor para saber que no estoy.

***

El puño cerrado de quien corta rosas.

***

Una pobreza de hospitalidad irrefutable, capaz de ofrecer su vieja cama de faquir.

***

El silencio y su fuerza de convicción. Sabe quién responde cuando nadie llama.

***

El prudente convierte en coma cualquier punto final.

(Mínima Antología)



domingo, 10 de noviembre de 2024

HÁBITOS

Clausura
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia

 

HÁBITOS

 
   Atribuyó la extraña familiaridad con los recodos del inmueble a los muchos años de práctica, al hábito crecido entre su identidad. Fue desvalijando consolas, cajones y la caja fuerte del salón principal. Consiguió un botin considerable y un estar cansado que lo depositó en el sofá. Solo entonces cayó en la cuenta de que había saqueado su propio hogar.
   Su vanidad consideró innecesario reconocer el error. Lo definió como un simple ejercicio práctico. En cambio, evaluó con recelo la seguridad de su casa. Puso un cerrojo nuevo, tras la puerta principal y adquirió una llave maestra de gran envergadura. Además pretende vivir dentro siempre,  para ahuyentar al próximo ladrón.

(Del libro de microrrelatos Fuera de guion, Lastura editorial, 2024)


sábado, 9 de noviembre de 2024

DÍA DE NIEBLA

Niebla en el bosque
Fotografía
de
Adrian Sava

 PACTO

Eres punto de luz tras el eclipse.
Al despoblar la sombra,
que retornes envuelta
en un aire de víspera
y prodigues abrazos.
Que rompas, trecho a trecho, la costumbre.
Sutura cicatrices,
encrucijadas, miedos.
Deberán confundirse nuestros pasos
en otra orilla, donde duerme el sol.
El beso de la escarcha
no roce tu epidermis con sus labios.
Que tu miedo y tu frío
-falsos techos de niebla-
sean leve rumor desdibujado
que se gestó una noche.
Nunca fue fácil conciliar el sueño.

     (De la antología Ahora que es tarde)



viernes, 8 de noviembre de 2024

TOMA DE TIERRA

Toma de tierra



 TOMA DE TIERRA

   Era un esfuerzo firme, ejercido sin tregua. Cada día se adentraba en la tinta azul del mar como si estuviese soñando. Un crepúsculo naranja el sueño, mar adentro, se prolongó demasiado. Encontró sitio en el agua y no hubo despertar. Bajo la permanencia del verano se hizo real una silla vacía, una toma de tierra. La sombrilla sin nadie marca el sitio; otro intento fallido en el vaivén mojado del regreso.

(Del libro de microrrelatos Fuera de guion, Editorial Lastura, 2024)

 

jueves, 7 de noviembre de 2024

DESDE NINGUNA PARTE

Amanecida
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia

 

 

                                   QUIETUD

  

   Quebrantan el silencio
y las voces adquieren
un ritmo fatigado,
una premeditada lentitud,
como si al desplazarse tantearan
los signos del pasado;
escombros delatores
cuya extensión guarecen
cicatrices y sombras.
  
  De nuevo ante mis ojos
esa tarde sin luz de la intemperie.
No sé que responder.
Paso de largo.
Constato en mí
los miedos del cobarde,
de aquel que fosiliza
la quietud

     (De Ninguna parte, 2023)




 

miércoles, 6 de noviembre de 2024

JUAN ANTONIO MORA RUANO. LA CIUDAD Y YO

La ciudad y yo
Juan Antonio Mora Ruano
Prólogo de José Luis Morante
Editorial Corona del Sur
Málaga, 2024

 

VENTANAS CIEGAS

   
   Desde hace años, siempre que me acerco al sentir poético de Juan Antonio Mora (Andújar, Jaén, 1950) percibo sensaciones sólidas y tangibles. La escritura se hace vigilia y búsqueda. Quiere entender los amagos de una realidad desapacible, empeñada en ubicar a quien descubre las ventanas ciegas de la incertidumbre en una travesía azarosa que exige continuas miradas interiores. A la sombra de estas indagaciones ha ido naciendo toda su poesía de madurez. Un ciclo que argumenta una sencilla cimentación formal y un nítido esfuerzo personal por hacer de la confidencia subjetiva una superación de carencias y una reflexión humanista. Quedan en manos del lector los síntomas de un paisaje verbal, ajeno a cualquier vestimenta retórica; los renglones marcados de un ideario estético de rehumanización y compromiso, de oposición frontal a cualquier apariencia literaria, disfrazada de oportunismo y grandilocuencia.
   Tras el intervalo gris de la pandemia, que nos condenó a todos a un estar solitario, fueron secuenciándose los títulos Nubes (2021), La silla vacía (2022), Las flores me llaman (2022), Las ruinas del cielo (2023), El corazón del mundo (2023) y Los sitios del dolor (2024). Un despliegue poético donde se asume la condición de autor, al modo de Fernando Pessoa, como una manera de estar solo. Desde una postura intimista, con tono estremecido, se comparte la verdad humana de la conciencia; el complejo entramado de recuerdos, presencias y lugares. Mientras se despliega el mapa de la memoria, pasado y presente son esferas de reflexión, espacios donde anidan la raíz y savia del discurrir existencial. Lo vivido respira y conforma en el poema una autobiografía ficcional en la frontera de la privacidad. En esta representación simbólica, quien nos habla nunca deja de poner la realidad bajo sospecha. Desde el rumor sosegado de la razón, escucha las voces dispersas de emociones y pensamientos, y abre ángulos claros para que no se duerman en manos del silencio o del olvido, porque las vivencias cotidianas son pilares de conocimiento y revelación. La metafísica del ser encierra en su fluir los temas orbitales y las preocupaciones latentes del pensamiento libre.
  Los escuetos poemas de La ciudad y yo establecen un binomio en el que dialogan el afuera cercano y el sujeto literario que recorre las arterias urbanas, mientras el tiempo se desliza hacia el ocaso. Como es norma en el hecho creador de Juan Antonio Mora, hay un colmado abanico de citas iniciales que acerca fragmentos de Saint-John Perse, Nietzsche, Cioran, Juan Carlos Mestre, José Luis Morante, Eugenio Castro y Guadalupe Grande. Su diversidad encierra una filosofía de urgencia, una sugerente propuesta de establecer razones fronterizas entre el yo solitario y las mudanzas del entorno.
  También la dedicatoria, concisa y esencial, “A Charo”, compañera de vida en el plano laberíntico del discurrir, deja claro la relevancia que tiene lo emotivo en el discurso poético. El amor es necesidad. Un camino de acceso a la senda vital que reivindica la fidelidad a la esperanza, ahora que cada vez se hace más notorio el vuelo frágil de cualquier utopía redentora. La idea se plasma también entre los versos con luz que señalan el principio de la relación: “Tu amor loco / fue un milagro. / Yo, un forastero / que venía del olvido / y el espanto”. Mientras leía el poema y escuchaba su ritmo melódico, recordé las palabras sabias de José Mujica, dirigente político irrepetible y humanista ejemplar: “Luchen por el amor. Caminen acompañados. Nadie se salva solo”. Pleno acuerdo; en el tablero de ajedrez de la convivencia, el amor es protagonista esencial de los momentos imborrables, el faro que ilumina y libera de oscuras obsesiones.
   La ciudad, como escenario del poema, tiene el misterio de la extrañeza. Es un ámbito helado y desapacible que alza sus dimensiones frente a la figura minúscula del yo. Parece un organismo vivo, un  material de interrogantes que obliga a buscar respuestas en cada esquina. El paseante está condenado a la intemperie, afronta un recorrido de indagación y desprendimiento en el que se siente fuera de lugar. Desubicado en el deambular de lo gregario, parece que los pasos no llevan a ninguna parte; solo abren puertas al vacío y la nada. Solo la escritura es regreso. La poesía se hace luz y permite un aislamiento interior, convertido en refugio y amparo, que muestra la historia cotidiana del sujeto lírico, sus aspiraciones y sueños.
   Madrid concreta la imagen de esta ciudad deshabitada y áspera por sus disonancias entre centro y periferia, barrios ricos y barrios pobres y por la prepotencia de un poder político cuyas actuaciones neoliberales lastiman,  encogen la presencia de lo público y encaminan programas gubernamentales hacia la fingida modernidad de un urbanismo totalitario.
  La ciudad emana tristeza y aturde. En el caos inhabitable suena la voz estremecida del poeta que apenas se sosiega en la alta noche. En sus tímpanos resuenan los gritos agónicos de Gaza, la impotencia ante la barbarie que impulsa la masacre, y el dolor desgarrado de un yo que se siente “tejido subterráneo”, el mendigo que perdió la inocencia y no tiene donde cobijar su desamparo. Solo el yo más íntimo de quien guarda el recuerdo de la madre resiste en pie, anima la voluntad de andar y mantiene hilos de luz entre la niebla.
   Mecida por el cauce transparente de la coherencia, la poesía de Juan Antonio Mora muestra de manera radical una unidad indisoluble entre travesía existencial y lenguaje. A surco abierto, siembra una palabra esclarecida e iluminadora, para que consiga su eficacia expresiva y sea capaz de capturar la emoción: “No soy un poeta / oscuro. / Escribo por necesidad. / (Mi estilo es la claridad).” Sin adornos formales ni distorsiones librescas, los versos revelan el puro vivir, Una brisa de desengaño asentada en el suelo del presente. El intimismo incierto de quien sufre y hace del dolor un apunte mínimo, una pena contenida donde se alojan los límites del vuelo.

JOSÉ LUIS MORANTE