lunes, 15 de septiembre de 2014

ANTONIA HUERTA SÁNCHEZ. CLEPSIDRA DE INVIERNO

Clepsidra de invierno
Antonia Huerta Sánchez
Torremozas, Madrid, 2013


LOS HUECOS DEL INVIERNO
 
    La poesía de cualquier generación ha hecho del incansable rumor del tiempo un tema central. Así se ha ido enriqueciendo una tradición meditativa, basada en el diálogo a dos voces, entre sujeto y devenir. Antonia Huerta Sánchez (Almansa, 1973), Licenciada en Ciencias de la Información y Filología Hispánica, integra el comienzo de su itinerario creador en la senda elegíaca con un título, Clepsidra de invierno, que compendia inéditos y poemas adelantados en publicaciones como Letralia, Palabras diversas y Almiar cero.
   El conjunto inicial, “Cronofagia” marca las pautas de esta epifanía. El yo frente a sí mismo enuncia un soliloquio con el lenguaje cercano de quien prefiere entendimiento y compañía. La certeza de ser elementos en tránsito se hace evidente y los efectos de este viaje forzoso se multiplican en palabras y sueños: “ Da igual cómo se llame el infinito…/ Se agota cuando extiende una mano / amontonada sobre el terraplén de la historia, / insaciables las sombras que bordean / la tristeza y nos atan al desnudo / exhausto de los días”.
  Una cita de Yorgos Seferis sirve de umbral a la sección central del poemario, “Almanaque”. Otra vez se imprime en el cristal de la existencia el rostro de un sujeto confinado en el cauce de las horas, percibiendo en el tímpano el goteo tenaz de la clepsidra. Se mide lo perdido y su poder igualatorio que afecta a los sentidos y que deja su pátina sobre las emociones, que sobrevuela y condiciona el entrelazado relacional entre el yo poemático y otras presencias cercanas. Somos tiempo y lo saben las sombras y el silencio.
  Cierra el libro “estaciones en reverso”. Tras una evocación a Ángel Gonzalez, uno de los magisterios de la lírica temporalista, el hilo argumental busca enfocar la conciencia de los transitorio a partir de referentes culturales como Proserpina. Representa una identidad en la rutina que reniega de su destino y del conformismo ante un tiempo sombrío. También aparece la elegía al proyectar instantáneas de una infancia que late todavía en la memoria. El recuerdo, como un trastero abierto a lo vivencial, acumula evocaciones, encuentros y lugares de paso que duermen en los laberintos del ayer.
  El inicio de una travesía escritural, cuando ha superado las turbulencias de la publicación juvenil, sienta las bases de un ideario estético que hallará en futuras entregas maceración y oficio. Clepsidra de invierno es un poemario en el que resalta la coherencia estructural, el tono sostenido y esa cualidad que siempre busca la atención emotiva de un interlocutor, la cercana presencia de un compañero de mesa en la casa de las palabras.

 

2 comentarios:

  1. Muchas gracias, José Luis, por elucidar un poco los recovecos de mi Clepsidra que espero llegue a quienes la lean. Un saludo.

    ResponderEliminar
  2. Gracias a ti, querida Antonia, por hacer de la escritura un diálogo cordial. Un abrazo.

    ResponderEliminar