martes, 23 de septiembre de 2014

PABLO NÚÑEZ. LO QUE DEJAN LOS DÍAS.

Lo que dejan los días
Pablo Núñez
Aula de Poesía, Edit.um
 Murcia,  2014

EL RUMOR DEL TIEMPO

    El discurrir del tiempo constituye la veta central en la primera propuesta lírica de Pablo Núñez (Langreo, Asturias, 1980). No resulta extraño que el único anticipo de su trabajo literario se titulara precisamente Tempos fugit, una propuesta coral del Círculo Cultural de Valdediós. Licenciado en Periodismo y Doctor en Filología Hispánica, Pablo Núñez consiguió con su carta auroral, Lo que dejan los días, el XII Premio de Poesía Dionisia García, en cuyo jurado estaba el poeta Eloy Sánchez Rosillo, uno de los magisterios más notorios de esta colección poemática. Vislumbramos además otros aportes de la tradición; también resultan próximas las incursiones en los itinerarios de Luis Cernuda, Jaime Gil de Biedma, Ángel González y Francisco Brines, estaciones relevantes de la lírica elegíaca.
   A Pablo Núñez no le asusta tan amplio tratamiento del motivo, sabe que el topos admite un rastro plural de idearios estéticos y él mismo ha organizado el avance poemático  con encuadres diferenciados, aunque las tres secciones del libro comparten  un discurso diáfano e intimista que adquiere un cierto aire de solemnidad en las citas prologales de T. S. Eliot y Jorge Luis Borges. La sección de inicio, “El reflejo de los siglos” aglutina una decena de composiciones; conecta el ser individual con un devenir común, como si alentara bajo la dermis de cada sujeto un arquetipo mensurable, hecho para perdurar en el acontecer, aun cuando el cauce del verso desarrolle una historia biográfica concreta. Cuánto sugiere  el verso “Para que yo me llame Ángel González” este primer poema de Pablo Núñez: “Nace un hombre y comienza a nacer el mundo. / Mundos naciendo y muriendo a cada instante.”; un ciclo vital renovado y continuo, una interminable sucesión de causas y efectos conceden a cada eslabón de la cadena  justificación y sentido y hacen que la finitud y el ser temporal se prolonguen y adquieran consistencia perdurable. El tiempo se concibe así no como fragmentos aislados sino como paréntesis vitales que se solapan y conexionan, que se expresan con la misma voz y dejan entre las manos indicios similares. Lo que se ha perdido, permanece, está en el aire como un eco difuso, como un rumor audible, como un vago reflejo.
  En “Conversación” adquiere un enfoque relevante la voz de la memoria. Retorna el primer recuerdo y las formas que habitaron ciudades y pasos, esos pasos en que también habitan en los libros. Hay claves que remiten a Julio Cortázar y a su literatura. Pienso, por ejemplo, en el verso “todos los fuegos el fuego”, o en el título “Visión breve de los parques”. El tema de la luna en alguna composición recuerda núcleos argumentales de la poesía de Eloy Sánchez Rosillo o de Giacomo Leopardi.
  El conjunto de cierre aglutina el binomio tiempo y conciencias del lenguaje. En sus poemas el acontecer se hace punto de reflexión. Las palabras funcionan como testigos fieles de lo mutable; en su nombrar conceden existencia, habla de sueños y experiencias, formula intuiciones y atrapan fugazmente lo que mañana será solo ceniza, unos rasgos perdidos en la sombra.
   Con el libro Lo que dejan los días inicia rumbo Pablo Núñez. Este umbral busca senda con palabras de todos, con verbo claro y transparente que evidencia su empeño de convivir con las preocupaciones del lector, sin piruetas arriesgadas ni experimentales, pero con la certeza de que esta meditación esclarece cualquier andadura existencial: la suya y la de todos.

    

2 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Un primer libro es siempre, querido Omar, una invitación al viaje por la amistad y por la poesía. Que tengas un buen día y gracias por acercarte a mi lectura de Pablo Núñez. Saludos y mi gratitud por tus palabras.

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