miércoles, 17 de diciembre de 2014

MARÍA SANZ. FE DE VIDA

La paz del abandono
María Sanz
Renacimiento, Sevilla, 2014
 
FE DE VIDA
 
   El discurrir, como marco de pensamiento e introspección, impulsa casi siempre una voz elegíaca, la inquietante impresión de que el trayecto existencial está signado por lo transitorio. Al cabo, todo poema, con el tiempo, como  escribiera la voz sabia de Jorge Luis Borges, es una elegía. Con ese registro se escriben las composiciones de La paz del abandono, obra de María Sanz (Sevilla, 1956) reconocida con el XII Premio de poesía  Vicente Núñez.
   Desde la amanecida, vislumbramos un viajero en tránsito que ha consumido ya una larga senda y que camina solo, con la silenciosa compañía de un puñado de convicciones: “Sólo quien ha sabido convertir su fracaso / en un suave paseo a la luz de la duda, / puede cantar victoria entre las alambradas / que le siguen brotando por ir contra corriente.” Atrás quedaron, entre la maltrecha hojarasca de las horas gastadas, ilusiones y sueños, una raya de tiza que se borra con la sensación de fracaso y convierte al ahora en un espacio de incertidumbre y naufragio. Pero la voluntad prosigue senda, el itinerario se abre hacia la claridad del mediodía y es necesario recuperar impulso. Hay que reconvertir la sombra en luz, aunque en la última vuelta de tanto caminar fugitivo esperen impacientes la nada y la ceniza. Cada gesto deviene empeño inútil; solo es tangible la oscuridad del otro lado.
   Persiste sonando en la conciencia la voz del tiempo, un personaje verbal que vuelve los ojos hacia su propia identidad para clarificar señales e indicios, como si fuese imagen de un lugar arqueológico, vencido por el desgaste y la erosión, mostrando un trágico abandono, su memoria  desfigurada. De la historia clásica de Roma regresa el nombre de Iulia Felix, cuya casa en Pompeya, tras el terremoto del año 62 d.C., fue reconvertida para albergar dependencias de uso público para los más desfavorecidos; o la casa de los hermanos libertos Aulo Vettio, en cuyo espacio persiste todavía el famoso fresco de Príapo; o el Huerto de los Fugitivos, un espacio abierto que preserva las formas de los que huían de la erupción. Los enclaves pompeyanos son huellas de otro tiempo que sirven a la voz poemática para evocar el propio tránsito, la incierta historia de cada conciencia en el terco aprendizaje del vivir,  o la fugacidad del placer que acaba por rendirse al silencio.
   El aprovechamiento de Pompeya como marco reflexivo no es la única apoyatura cultural del libro. También la biblioteca contemporánea está presente en los préstamos de dos nombres propios, Andrés Mirón y Claudio Rodríguez, cuyos versos son venero para extraer los títulos de sus composiciones.
  La paz del abandono  dibuja el proceso de  cada destino, ese camino a lo esencial en el que la existencia se desdibuja, fragmenta su textura y se hace olvido; palabras que remarcan con voz crepuscular la mirada al tiempo desde una ventana solitaria que siempre descubre en su visión que cada pérdida es un paso más.

4 comentarios:

  1. Querido José Luis, mi más sincera gratitud por esta magnífica reseña, fruto de tu generosidad y buen hacer crítico. Me siento muy orgullosa por tenerte como buen amigo y lector. Abrazos.

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    1. Gracias por el afecto, María, siempre es un placer acercarme a tu poesía. Enhorabuena por el premio y por la edición en Renacimiento, una editorial que es siempre un referente de poesía contemporánea. Un abrazo grande.

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  2. Qué bien pinta. Me haré con él y lo leeré con verdadero placer, estoy seguro.

    Un abrazo.

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    1. Querido Antonio, la palabra de María Sanz es un río muy claro que en sus temas centrales se parece a tu propia manera de entender el poema. Seguro que disfrutas con el poemario. Un fuerte abrazo.

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