lunes, 27 de abril de 2015

ALFONSO BREZMES. DON DE LENGUAS

Don de lenguas
Alfonso Brezmes
Renacimiento, Sevilla, 2015 


DON DE LENGUAS
 
   A trasmano del entorno generacional al que se adscribe por su edad, la escueta biografía literaria de Alfonso Brezmes (Madrid, 1966) comienza en 2013, cuando recoge sus primeros textos en el libro La noche tatuada, amanecida en Renacimiento. La misma editorial acoge su segundo poemario, Don de lenguas, que tiene como pórtico una sugerente cita de Roland Barthes: “El lenguaje es una piel: yo froto mi lenguaje contra el otro. Es como si tuviera palabras a modo de dedos, o dedos en la punta de mis palabras. Mi lenguaje tiembla de deseo”. El ámbito lingüístico trasciende la abstracción conceptual para convertirse en material tamgible, en puente sensorial capaz de provocar emociones.
   El poeta elige como paso inicial una poética inadvertida: la lengua adquiere vida propia, abandona la quietud del sujeto –inmóvil centinela de plomo- para trazar sendas multiplicándose en los lugares más dispares, hasta llegar de nuevo a quien le concede la voz, como si el soplo de la palabra renaciera y se hiciese lengua viva para iluminar.
   La expresión coloquial aporta intimismo a los poemas, los convierte en cercanas confidencias que admiten el trazo irónico, la sugerencia y el doble sentido. En “Sexo oral” el aserto sorprende al lector con la ruptura de su significado previsible para enunciar una mera operación lingüística empeñada en el quehacer de forjar una lengua nueva, capaz de cubrirnos con palabras. La semántica adquiere el rango de una segunda piel como un sueño que crease una realidad imaginaria cuyos pasos concitan otra realidad.
   Junto a este sustrato metaliterario de los poemas iniciales convive la mirada sentimental en la que está presente el deseo y el espacio común del nosotros, la soledad compartida que abre el manual de urbanismo de lo cotidiano. En el reloj del tiempo salen al paso las paradojas de la convivencia y los contraluces del estar: “Este coserse y este recoserse / y este irse despacio descosiendo, / como si una hilera aburrida / tirase de un hilo muy largo / para deshacer poco a poco el vestido / que ella misma había ido tejiendo, / hasta dejarnos de nuevo / completamente desnudos”. De igual modo, en los breves textos el protagonista lírico se hace reflejo para explorar la propia identidad y sumar pasos interiores. En esos itinerarios están los recuerdos que retornan callados o con la mirada amarilla del tiempo y están las enseñanzas del ahora, como percibimos en el poema “Ars Botanica”, con un lapidario enfoque reflexivo: “Hay algo épico en las flores. / Algo hermoso y terrible / ocurre entre sus pétalos / en el breve intervalo en que despiertan. / Un drama silencioso. / Como si la vida ensayase en ellas / antes de hacerlo en nuestros cuerpos”. Percibir es tomar conciencia del hilo frágil de lo transitorio, intuir la levedad del trazo que nos da sentido, como si nada sucediese mientras los días se gastan con el gesto cansado de la costumbre, en las nubes que pasan casi inadvertidas sobre los tejados.
   El lenguaje como instrumento comunicativo se convierte en eje de simetría del poemario. Si el primer apartado se denominaba “lenguas vivas” y concedía a la palabra un papel germinativo y potencial, el siguiente grupo de poemas, “Lenguas muertas”, aloja el escepticismo y la carencia, el tacto frío de lo concluido. En este tramo, el presente aparece como un espacio inhóspito donde la identidad transita “sin una pizca de fe”. El marco urbano es un lugar extraño, fiel a su propia opacidad. El poema “Don de la claridad” reescribe el verso más conocido de Claudio Rodríguez para contradecir su significado en un texto excelente, tal vez una de las mejores composiciones del libro, a la que pertenecen estos versos: “En lo visible habita lo invisible, / y gracias a su dócil transparencia / conseguimos a veces asomarnos / a la vida secreta de las cosas. / Nunca la claridad viene del cielo”·
   El ego poético se mira en el espejo del ser biográfico para encontrar en sus rasgos razonables parecidos, el aire de familia de quien comparte el azar lo diario, por ello el lenguaje adquiere un son existencial, un eco autobiográfico donde suena la vida al paso.
   La sección final “Ejercicios de lengua” (aunque el poemario concluye con el epílogo “Fe de erratas”) conjuga similares obsesiones. Los sentimientos expresan su peculiar gramática gastada; las palabras eligen los rincones del estar para describir sus coordenadas, para aprender el peso de sus paradojas o para entender que las frases hechas siguen renovando su sintaxis y sus reglas de estilo en el cansado cauce de los días.
   Sin ociosas soflamas, Alfonso Brezmes deja en Don de lenguas una voz reconocible, que busca sitio propio a través de un registro coloquial. En él caben ritmo, música y los matices  donde se abren paso sensibilidad e inteligencia. La emoción de lo entrevisto llega al lector con el tono cálido de la confidencia, con la cercanía de lo compartido. Poesía que se pronuncia con la voz natural de la belleza.

4 comentarios:

  1. Buscaré el poemario. De tu análisis y de lo que le había leído por la red, me queda la sensación de que tiene un infrecuente don de la palabra. Compartí con él un par de instantes, confirmé entonces que tiene también el extinguido don de la bonhomía.
    Abrazos para ambos.

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  2. No tengo el gusto de disfrutar de la amistad de Alfonso Brezmes. Solo he coincido con él una vez, en Rivas, en una lectura de Ana Ares organizada por el Mirador Literario de Covibar que coordina Ricardo Virtanen. Así que el conocimiento que tengo del poeta emana de su literatura y en efecto, "Don de lenguas" es una entrega muy recomendable. Un fuerte abrazo, querido amigo.

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  3. Por lo que había leído y por tu reseña será un libro para poner a la cola de lectura. Gracias por compartirlo José Luis. Abrazos

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    1. Hola Carmela, ya sé que tu amistad es siempre atención y mesa disponible. Qué alegría para un escritor pensar que sus recomendaciones buscan sitio en las estanterías. No conocía la poesía de Alfonso Brezmes y en el mar de novedades su voz es singular. Una buena razón para meterse en las páginas de "Don de lenguas". Besos.

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