miércoles, 25 de noviembre de 2015

MANUEL RICO. LOS DÍAS EXTRAÑOS

Los días extraños
Manuel Rico
Valparaíso Ediciones
Granada, 2015


CONCIENCIA DE LO EFÍMERO


   Desde la amanecida de los años ochenta Manuel Rico (Madrid, 1952) protagoniza una biografía literaria que entrelaza varios géneros. Su taller aglutina novelas, ediciones críticas, libros de viajes, colaboraciones en prensa y poesía. El poeta comienza senda en 1997, tras ganar el Premio Juan Ramón Jiménez con el libro La densidad de los espejos. Ese transcurso lírico, ampliamente representado en el volumen Monólogo del entreacto. 100 poemas, se prolonga ahora con la entrega Los días extraños.
   El libro comienza con un poema prólogo que hace del estar transitorio sustrato central. El mutable territorio de la temporalidad marca la existencia y permite desgranar episodios evocativos donde se oye un mantenido contraste dialogal entre el ayer y el ahora. El sujeto verbal es parte activa de un acontecer indagatorio en el que se marca la estela de lo recorrido y el regreso al origen, como si la experiencia de ser fuese un aprendizaje aceptado que somete a un sostenido desplazamiento.
  En ese tiempo se integra el cauce de los días extraños, la contingencia de un proceso complejo que afecta a todas las esferas de la personalidad. Así se va definiendo la imagen de un yo que cultiva el asombro y hace de la naturaleza un cúmulo de elementos cercanos y hospitalarios. También se vuelve la mirada hacia los pliegues de la memoria, ese telar que hilvana recuerdos de un paréntesis epocal y propicia una reconstrucción que recupera sus momentos con extraña plenitud, cuajada de simbología y misterio: “Tardes de luz marchita, tardes ocres como el otoño / y como el fuego, tardes como la niebla y como los bosques, / umbrías tardes de juventud, soñadas / o vividas, qué más da, cuando la claridad hacía / de la vida  un sendero que ocultaba los fríos / y los desistimientos, que nos llevaba en volandas / a cumbres no previstas y mundos improbables “. Los poemas encarnan fotogramas en los que van fluyendo los renglones del tiempo. Todo es recuerdo, un mapa de reflejos que sale a la luz con claridad antigua para que conformen sus contornos aquellos pasos que trazaron un tránsito vital.
   El segundo apartado del libro “Noticia del otoño” introduce una coda explicativa: leyendo a Auden, El explícito magisterio de Auden se concreta en el libro La edad de la ansiedad cuya lectura comparte sitio con una intensa meditación otoñal; el ciclo estacional transforma el valle de la sierra norte madfrileña, hace más perceptible el cambio paisajístico y convierte al hablante lírico en testigo de cargo. La voz se hace cronista de lo temporal, expande dudas e inquietudes, sensaciones y pensamientos que perciben la proximidad de otras identidades que ya buscan sitio en las aguas del tiempo, en esa intemperie empeñada en borrar su identidad y su coherencia.
   La realidad del poema muestra un amplio campo visual. En el conjunto “Retornos” conviven las secuencias de itinerarios que conceden un amplio patrimonio sentimental; los topónimos se unen a experiencias que tienen sobre sí una textura emotiva. También el acontecer de sueños y proyectos es tema evocativo. Como es sabido, el poeta dirige la colección de poesía Bartleby Editores, y aquí celebra los tres lustros de andadura con los versos de “Quince años editando poesía”, un homenaje al largo pasadizo de letras perdurables y conjuras de tinta.
   El camino prosigue por las anotaciones de un diario intimista y lírico que deambula por ciudades imprevistas y lugares de paso. La agenda del poeta deja en anotaciones líricas sus compromisos literarios, sus estancias de paso en las que nunca se borra la condición de forastero o esa reflexión sobre el tiempo que pone frente a frente la faz del poeta y otros rostros que llevan en sus facciones la erosión del tiempo. letraheridos cercanos que iniciaron la estela de la literatura en la cronología lejana de una década que ahora solo anecdotario de melancolías y fragmentos de algún sueño crepuscular.
   Sirve de cierre un conjunto de sonetos en el que de nuevo se escucha, junto al propósito formal, la voz incontinente del reloj. Las estrofas clásicas siembran con fuerza la sensación del autorretrato, el estar presente de una identidad que dirime inquietudes existenciales y hace de lo biográfico punto de partida y conclusión elegíaca: “Vengo de los inviernos y la duda. / De una casa de frío y tos ferina. / Del campo amanecido y de la encina / angustiada de escarcha y luz desnuda…”
  Los días extraños  enlaza en sus tramos el yo biográfico y el sujeto poético; retoma la idea de que la verdadera poesía no es más que un acercamiento a la intimidad para poner sobre lo vivido un destello de luz. La mirada limpia del poema explora afanes del oficio de escritor e intercambia emotivas confidencias antes de que el tiempo acumule olvidos o se haga tardío escenario de las pérdidas.


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