jueves, 15 de agosto de 2019

KARMELO C. IRIBARREN. UN LUGAR DIFÍCIL

Un lugar difícil
Karmelo C. Iribarren
XL Premio Internacional de Poesía Ciudad de Melilla
Visor Libros
Madrid, 2019


AL ATARDECER


   Miramos en silencio las formas simples de lo cotidiano. Si cerramos los ojos, expanden sensaciones de inercia y quietud. Están ahí, casi inadvertidas, moldeando un tejido aleatorio de mutaciones, desgastes y monotonía. Es en ese estar donde el asombro de lo insignificante se hace nota discorde en los pentagramas de la percepción. Delante del observador, una anestesiada realidad dispuesta a la mirada aprensiva mientras nace la luz, como si alguien pulsara el interruptor y abriese una brecha de claridad. La realidad entonces se trasforma en  paisaje interior.
   Así nacen muchos de los argumentos de Karmelo C. Iribarren (San Sebastián, 1959), cuya obra completa –salvo el madrugador cuaderno Bares y noches (1993)- se integra ya en el imprescindible catálogo de Visor; Poesía completa (1993-2018) corrobora que el corpus lírico es un recorrido repleto de aciertos dentro del panorama poético contemporáneo, que sigue creciendo fuerte.
   Con sus poemas más recientes, compilados bajo el epígrafe Un lugar difícil, el escritor consiguió el XL Premio Internacional de Poesía Ciudad de Melilla. En ellos deambula un personaje de mediana edad, sosegado y reflexivo, que justifica esta cita de Antonio Machado: “…El sol murió… ¿Qué buscas, poeta, en el ocaso?”  La madurez vital deposita en los textos otro yo biográfico, un hombre tranquilo que acomoda el deambular a la temporalidad. La pericia existencial exige un impulso de aceptación que obliga a sentir lo cotidiano como presente continuo. El alter ego ha aprendido a habitar la soledad: “Hace tiempo que decidí quedarme al margen / de un tráfago de gentes y de ideas / que no me dicen nada, / en las que no me reconozco. “.  (P. 14). El periplo singular avanza hacia la última costa y eso convierte el hecho de vivir en un refugio cercano, en el que a veces, sobrevive una plenitud desconocida. Al alcance de la mano duerme un entorno desapercibido, hecho de singularidad y momentos únicos que se idealizarán después entre los pliegues de la memoria. En los recuerdos vuelven los escenarios del Barrio Viejo con tus rostros familiares, sus rincones umbríos y su anecdotario de la contingencia, esos destellos de vuelos ligeros que pasan rozando el aire.
   La inercia de cada amanecer parece un reiterado ejercicio de hipnosis para profundizar en el fracaso. El sujeto esperanzado deja sitio a “un tipo descuidado, huraño y pesimista” adentrándose en el otoño. Pero no se ha perdido el deseo de abrir puertas al asombro. Quien reflexiona confía en descubrir el misterio de la existencia, ese lugar donde el sueño alza espejismos que ocultan el camino de vuelta.
   Algunas anécdotas subjetivas dejan el campo abierto al encuentro con las indagaciones críticas más transitadas en la práctica poética de Karmelo C. Iribarren: el carácter autobiográfico y la indiscutible base realista del espacio lírico. Se recupera la figura del padre, muy pronto ausente en el proceso vital del escritor, que ahora inspira una “Carta al padre”, como si todavía fuese posible responder a la inocencia del niño perdido en el tiempo. Y persisten la lluvia, los domingos, las mujeres y esas dudas de costumbre, como perennes acompañantes de la soledad diaria: “Me pregunto / cuántos volverán a casa / sólo / porque no tienen / otro lugar a donde ir”.
  Se ha resaltado siempre el propósito formal del poeta y su querencia por el texto breve, que resuelve su nudo semántico con mínimos elementos y con un final hondo y sugerente, que suena casi con la fuerza conclusiva del aforismo. El poeta rompe en la última composición esa norma escritural para cerrar el libro con un poema de inusual extensión que, por sí solo, es un apartado. bajo el epígrafe “Ya lo veo acercarse”. La personificación del tiempo otoñal, como un hombre común que tiene llena de fantasías la cabeza y regresa a los sitios de siempre, es un techado contra la intemperie hecho de emotividad y fuerza sentimental.
  La poesía de karmelo C. Iribarren es una refutación del aburrimiento. Invita a conocer la realidad con la mirada de un observador que descubre un proceso fenomenológico de causas y efectos y un íntimo abrazo entre vida y escritura.  Singular y reflexiva, en los poemas de Un lugar difícil el valor perdurable de una filosofía que expande su luz sobre el barro salobre del discurrir. Poesía machadiana que suena como un borbollón de agua clara.



 
        




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