viernes, 8 de enero de 2016

ENCUENTRO CON LLUVIA

Goyescas
Fotografía de Ana Rodríguez Fischer

ENCUENTRO CON LLUVIA


Aquel día gozaba de la lluvia
bajo la espesa fronda de un parque solitario
y tropecé conmigo.
Miré mi rostro
con curiosa sorpresa;
me hallé un poco más viejo, más cansado,
abrumado quizás
por un escepticismo prominente y asiduo
y una antigua tristeza,
palpable aunque recóndita.
Sentados en un banco prodigamos
leves toses, murmullos,
dilatados silencios  y miradas furtivas.
El tiempo parecía detenido,
hasta que una acuarela de ceniza
ensombreció la tarde.
En tanto se alejaba
una temprana rosa depositó en su sitio
efímeros instantes de belleza
que, de común acuerdo, ambos no vimos.
Respiré hondo;
todos sabéis qué indecible fragancia
emana de la tierra cuando llueve.

               (De Población activa, 1994)




jueves, 7 de enero de 2016

XAIME MARTÍNEZ. FUEGO CRUZADO

Fuego cruzado
Xaime Martínez
XII Premio de poesía joven "Antonio Carvajal"
Hiperión, Madrid, 2014

FUEGO CRUZADO


   Junto a la música – es letrista y toca en  “La bande du Poulet Fou” – la poesía es quehacer principal de Xaime Martínez (Oviedo, 1993), cuya segunda salida, Fuego cruzado, se incorpora al sello editorial de Hiperión, tras ganar el XVII Premio de Poesía Joven “Antonio Carvajal” en 2014.
   El libro se encabeza con “El cuchillo”, un soneto que sirve como oportuno prólogo reflexivo; la estrofa hace recuento de los recorridos entrelazados en el mapa vivencial y deja constancia de evidencias que anulan cualquier dogmatismo desde el enfoque irónico. Así comienza un libro estructurado en dos apartados de título contrapuesto, “Dedos de luz” y “El lado oscuro”. En el inicial una claridad propicia va dibujando el exacto perfil del entorno próximo, una percepción que busca ofrecer una realidad paralela y cercana que se dilucida con palabras precisas. El lenguaje se ajusta al cauce meditativo con objetivo enfoque. Así nos lo recrea el primer tanka, “Flatus vocis”: “El monte oscuro. / La luna de plata / incendia el bosque. / El silencio es el nombre / exacto de las cosas”.
   La escritura transmite sensaciones y estados de ánimo, expone un pensamiento que se acerca a la condición transitoria de la existencia y a las expectativas de un sujeto que mide la textura de las relaciones humanas, sometidas a una convivencia variable. El poema se convierte en un gesto firme contra el olvido, un símbolo perdurable que acoge a la dinámica vital y la transforma en una construcción de la memoria.  En ese ejercicio de introspección, el monólogo dramático permite recuperar otros estados de conciencia y escuchar el rumor de identidades asentadas en el discurso literario.
   Del diálogo entre las dos disciplinas artísticas mencionadas, música y poesía, surgen canciones como “Catfish blues (The seed shop)”, un texto dedicado a Muddy Waters; la composición es un buen ejemplo de como la voz poética recurre al préstamo literario para elaborar un discurso enunciativo que suena original y remozado: “Ya suenan, ya truenan las graves guitarras: / ya se oye el aullido del rock”. De esta forma, el poema amplia su límites para configurar un espacio libre donde caben los itinerarios de la imaginación y la soledad del viajero, o los aires frescos del homenaje a nombres propios de los escenarios como Bob Dylan o Billy Collins, que conviven con magisterios poéticos y referentes cinematográficos.
   Los aficionados al cine lo saben bien; la gran pantalla es un incansable artesano que modela personajes y secuencias perdurables. Del cine toma Xaime Martínez el sustrato argumental del apartado de cierre, “El lado oscuro”. Un apunte explicativo, concebido como un juego metaliterario, indaga las posibles fechas de composición de los poemas y su origen anónimo. Los autores rehacen antiguas canciones con rasgos propios de la épica e inspiran las viñetas de Batman, el cómic creado por Bárbara Gordon que abrió la exitosa saga cinematográfica.
    En los breves poemas madura el conflicto como detonante de conductas y valores asumidos por voluntades contradictorias. Son viñetas de una geografía que acoge al sinsentido y que obliga al sondeo y la búsqueda de alternativas. Es el precio a pagar por vivir entre la realidad y el sueño. En un lapso de tiempo muy corto, Xaime Martínez se ha convertido en uno de los nombres destacados de la última hornada. En su escritura comparecen el cuidado formal, la naturalidad expresiva  que busca la cercanía del lector, los cambios de perspectiva entre la primera y segunda persona y un textura rítmica de variada polimetría que se lee con fluidez y deleite.



miércoles, 6 de enero de 2016

ABRO PÁGINA...

Sendas  (Galicia, 2015)
Fotografía de José Manuel Vilaboa Bernárdez


ABRO PÁGINA...

                                     El tiempo, esa costumbre
                             de caminar a tientas

Estreno sendas,
caminos circulares.
Nadie detrás.



martes, 5 de enero de 2016

VÍSPERA DE REYES MAGOS

La noche junto al árbol


6 DE ENERO

          Para Irene y Ana

En los gestos del niño,
que pone junto al árbol sus zapatos
y unos vasos de fría transparencia
para alejar la sed de los viajeros,
está el callado impulso de una vida.

Han pasado los años
y no sé de renuncias ni de claudicaciones.
Jamás me fue posible vivir en otra casa
que no fuera tu sueño.

     (De Población activa 

lunes, 4 de enero de 2016

MIGUEL FLORIANO. QUIZÁ EL FERVOR

Quizá el fervor
Miguel Floriano
La Isla de Siltolá, Tierra
Sevilla, 2015

QUIZÁ EL FERVOR


Nacido en Oviedo en 1992, Miguel Floriano fecha su primer paso lírico, Diablos y virtudes, en 2013. Inicia entonces un quehacer sostenido que prosigue con dos nuevas entregas, Tratado de identidad y Quizá el fervor, de las que anticipa algunos poemas en revistas como Círculo de poesía, Anáfora y Estación Poesía. Junto a esta producción lírica, inicia otros géneros como el ensayo o la crítica en las que va enunciando señas identitarias y los trazos de una sensibilidad personal, en la que la cadencia versal tiene un claro enlace con la música.
   El libro Quizá el fervor arranca con una cita de Pedro Salinas, uno de los magisterios consagrados de la lírica amorosa, y pone como pórtico de su trama escritural la composición “Para cuidar de mí”. El poeta emplea en ella la forma dialogal de una segunda persona, un discurso implicativo en la que podemos suponer como interlocutor cercano al mismo yo desdoblado: “Recuerda que, una vez consagrada en la materia, / una vez desprendida de su pálpito, / tu pasión ya se vuelve la de todos / los hombres y mujeres, inaudita, luminosa. / Recuerda que al silencio pertinaz / de tus revelaciones, recto artífice, / se asoma lo increíble de este mundo.”
    En esa reflexión, el canto se define como una pasión, como una luminosa posesión personal que las palabras aventan para que sea compartida y se haga símbolo de claridad y posesión.  Eso postula el título del siguiente apartado “Ofrendas” que arranca con un soneto introspectivo. La estrofa clásica se ajusta a un viaje interior que enumera cualidades del ser frente a la realidad; estar exige respuestas y actitudes. La existencia es un recorrido que aporta indicios , un dominio de soledad que el tiempo explora y alimenta con sentimientos nuevos  que cubren al yo de voluntad y fortaleza, de inquietud y de búsqueda.
   En estos primeros poemas se percibe el empeño de la voz verbal en emplear una dicción de corte clásico, una estrategia comunicativa que suena con el tono de voz de lo solemne. Esa atmósfera de objetividad distanciada se contrapone con el uso de la ironía en los títulos poemáticos, que da pie a un coloquialismo matizado por la cercanía. Sin embargo, prevalece el taller de autor pertrechado de un buen acervo lector que permite incluso romper el silencio de Lope de vega y modular su voz para que suene renovada y no sea único patrimonio del vacío; el poeta regresa en un simulacro de existencia, es el protagonista tenaz de una quimera. Otras veces la palabra mira las huellas del pasado con mirada elegíaca para recorrer la distancia del tiempo: aquella amanecida de la infancia que daba al ser una percepción nítida y auroral poco a poco se va mudando al claroscuro de la realidad para dar paso a otra persona, al ojo adulto que sondea en las aguas turbias de un tiempo de inquietud.
   El libro toma el título de un poema homónimo, “Quizá el fervor”. De nuevo se plantea una identidad dual en la que el yo dubitativo y frágil  se expone ante un callado interlocutor que acumula cualidades ejemplares. Quien escucha es valiente, tiene el ánimo proclive a la respuesta sosegada, aconseja oír el cauce limpio de la música o buscar la forma adecuada al verso, tiene una personalidad que habla de primavera y paseo por un paisaje proclive al asombro.    
  De esa fusión paradójica entre identidades complementarias nace un optimismo existencial que hace del amor y la pasión razón de ser del poema, respuesta válida para poner los días en un eje de simetría y pulso firme. Pero la soledad nunca desaparece, es una respuesta de la sombra, una herida proclive a mostrar su cicatriz en el trayecto de la amanecida: “Al suave y melancólico compás / de los paisajes sucediéndose, / se comprende que todo es lejanía “.
   El poemario se completa con otras dos secciones. La primera, “Método del canto” sondea el entorno, descubre el inaudible lenguaje de lo diverso, ese discreto latido que convive con lo estridente sin que apenas deje rastros de su paso, como si fuese imagen cierta de lo efímero que apenas se redime en el poema. En ese estar al margen, el llanto desolado de un niño, el pensamiento que anticipa la fugacidad de lo vivido, los virajes de la soledad, o los tenaces fantasmas que resisten entre las sombras de cada existencia.. Por último, “Pavesas”, un apartado que emplea en ocasiones el poema en prosa” pone el colofón con un grupo de poemas que deja sitio al mapa del pasado. Aunque la voluntad niegue su tránsito el pretérito abre su cicatriz para mostrar sus pasos cumplidos, henchidos de vivencias que postulan los ecos de otros días.
   Quizá el fervor deja en sus versos las certidumbres de lo existencial, el viaje cumplido de una exploración del yo sobre los sentimientos y su hábitat natural en las palabras. Lo dice Miguel Floriano con lúcida voz en el poema “Hablar por hablar”: “… Hablo / de la soledad que jamás perdona a quien se ha ido. Hablo / del corazón como un ruido de llaves “.



sábado, 2 de enero de 2016

EL MISMO MAR DISTINTO

Playa de Amplaries
Oropesa del Mar (Castellón)
Fotografía de Adela Sánchez Santana


AUTOBIOGRAFÍA


También soy yo
por la fidelidad a mis contradicciones,
por permitir gozoso,
cuando las plazoletas solitarias
reivindican el silencio y la sombra,
que un recuerdo me asalte en el espejo
como un rastro de luz, leve, intangible,
e inicie una liturgia
con frecuencia de rito
de nombres, fechas, gestos
y túmulos de sueños,
nadando alborozados en el mar
de una cronología sospechosa.

Tanta dulce mentira esconde a otro.

             (De Causas y efectos, 1997)




viernes, 1 de enero de 2016

EL TIEMPO EN BLANCO Y NEGRO

Parque de Covibar
Rivas-Vaciamadrid (Madrid, 2015)
Fotografía de Adela Sánchez Santana


EL TIEMPO EN BLANCO Y NEGRO
(Aforismos de 2015)


Cada náufrago reclama para sí la madera raída.


En los espejos la imagen desvaída del futuro, sin alzar los ojos ni una sola vez


Perseverar apostado frente a la fijeza del paisaje, con la tenacidad zancuda de las grúas.


Ante las rocas  los argumentos piden cara o cruz: escalar o pasar de largo.


Luz dormida en la mansedumbre del estanque y los ojos infantiles que  nada saben de la refracción.


Acaso, esto y aquello. Marejadas, borrascas, nubes y claros. Meteorología de poeta.


No están cerca o lejos. No están.


La escritura y yo,  restaurante discreto en el que solo hay sitio para dos comensales.


Alguien escribe. Soy parte de la trama. Un personaje episódico.


Que el desconcierto no sea obstáculo interpuesto; camina junto a él.


                                                       
                                                          (Del libro Motivos personales)