lunes, 8 de marzo de 2021

ELLAS

Ellas, en las alturas
Fragmento de una imagen
de
César Cid

PLAYA DE VALDELAGRANA

Un tórrido silencio
inclemente quemaba los restos de la tarde.
El viento de levante recogía muchachas
y las depositaba en los cercanos bares
del paseo marítimo.
Emulaban los toldos de las cafeterías
briosos estandartes cabalgando
en pos de la batalla.
Solo tú perdurabas, como un dios estelar,
siguiendo las consignas de la contemplación,
escribiendo en la arena con tus pasos,
abstraída y feliz,
cautiva de un paisaje
inmóvil, denso, azul. 

   (De Población activa, 1994)



domingo, 7 de marzo de 2021

ACEITE SOBRE EL AGUA

Espera
(Mesa de trabajo)

 

ACEITE SOBRE EL AGUA

 

Nada se sabe, todo se imagina
 
FERNANDO PESSOA
 
   Este tiempo digital ha emplazado en sitio visible a la necesidad de valores que buscan un lugar propio. Hay que reivindicar cada vez más fuerte, sin quiebras ni estridencias, que hay una abrumadora crisis moral que afecta a todos los estamentos sociales. Se percibe a diario en la estridencia alborotada de los medios y en la disolución de los referentes políticos y sociales. Lo de las infantas, que deben renunciar y romper vínculos con la monarquía para costearse sus tropelías por su cuenta, repulsivo; lo del comisario de multimillonario patrimonio y ninguna credibilidad en la siembra de implicados para diluir responsabilidades propias; lo de Echenique, sin el mínimo sentido de estado y empañado de niebla ideológica, repulsivo; lo del regateo antisistema para dinamitar las instituciones desde dentro, repulsivo.  Una sociedad sin valores es un organismo al que le han extirpado su arteria principal; la crónica de una muerte anunciada.

   Penoso el compadreo para repartirse el poder judicial. No extraña que después florezcan a diario esas sentencias que tienen como título secundario aquel aforismo de Stanislaw J. Lec: "Todos somos iguales ante la ley, pero no ante los encargados de aplicarla".
 
   Íntima cartografía del sujeto verbal y sus desplegadas conexiones con el entorno. Desmantelo la biblioteca por reformas. Se acumulan los libros en estantes provisionales, cajas, maletas, mesas de trabajo y se agrieta la discusión perpetua: hay que seleccionar libros y desprenderse de los que desbordan las habitaciones. Pero, ¿qué libros sobran? Poesía, no; ensayo, no; filosofía, no, aforismos, no; historia, no; novelas… Bueno, y presentan urgentes credenciales Saramago, Coetzee, Alice Munro, Onetti, P. Modiano… En cuántas novelas, durante años la luz.
 
  Los etiquetados imprevistos en el muro de facebook, hechos casi siempre con la mejor voluntad, no pocas veces me crean un problema: si he pasado una semana haciendo una reseña y anuncio la nueva entrada del blog, no hay sitio para promocionar mis propios poemas, los éxitos literarios de desconocidos o los eventos digitales del día; así que borro la etiqueta y sé que borro también un poco de la amistad del otro. Pero la razón es meridiana y es bueno que los demás perciban claridad y amanecida; el despertar en un libro leído por intensa dedicación.
 
  La caligrafía insomne de su mensaje me recordó: “no tengo aspiraciones trascendentes. Solo quiero ser feliz”.
 
(Apuntes del diario)


 

viernes, 5 de marzo de 2021

JOSÉ MARÍA CUMBREÑO. LÍMITES Y PROGRESIONES

Límites y progresiones
José María Cumbreño
Ediciones Liliputienses
Colección Los cuadernos ególatras
Isla de San Borondón, España, 2021

 

AUTOBIOGRAFÍA DEL OTRO

 

   José María Cumbreño (Cáceres, 1972) comienza itinerario creador en el cambio de siglo con el libro Las ciudades de la llanura, un poemario escrito en plena exaltación del figurativismo y la escritura antiexperimental. Pero la estética del autor cacereño nada sabe de prefijados tópicos. Camina al margen. Difunde un trayecto ensimismado en el que persevera como centro gravitatorio la introspección. Ese bucear bajo la piel impulsa un ideario disidente y verista que exalta la sinceridad, sea cual sea la estrategia expresiva empleada: el relato, los aforismos, el ensayo, la poesía o el enunciado autobiográfico. Tras publicar el año pasado la antología poética bilingüe Teorías da Ordem, recupera la escritura fragmentaria de Límites y progresiones, libro editado por primera vez en 2010, dentro de la colección Narrativa de Baile del Sol.
   Se ha sugerido con frecuencia que el diario es un género de ficción empeñado en la construcción de un personaje que toma rasgos del sujeto biográfico. Esa aseveración define también los textos narrativos de José María Cumbreño, que arrancan con una hermosa dedicatoria. La copio aquí porque tiene un valor referencial y clarifica la identidad de uno de los personajes mejor trazados del diario: “Para Chose, que sabe mantener el equilibrio sobre el hielo”.
   El enunciado Límites y progresiones construye una proposición paradójica, depurada e intensa; el diálogo entre el sedentarismo del límite y el activismo nómada del afán de seguir en ruta, en las manos de un tiempo cotidiano que empuja a tantear desde el pensamiento. La conciencia del yo formula dudas, busca sentido a lo cotidiano, irrumpe en la zona de sombras de la inteligencia, surca las horas con la esperanza de que la existencia aporte conocimiento y plenitud. Pero el devenir temporal, que en las páginas del diario inicia su cronología en julio de 2007, deja un vacío abierto porque “No resulta posible copiar algo que no existe. No hay realidad alguna sino perspectivas de la realidad” (P. 13)
  Junto a las secuencias vitales, goteando la loza picada del entorno cotidiano, José María Cumbreño integra microficciones, aforismos y versos sueltos que potencian el significado de Límites y progresiones. Son esquejes hiperbreves, que dan continuidad al cauce manso de los días, como si las secuencias reales formaran parte también de un ciclo de sensaciones e incertidumbres, de teorías al paso que nunca acaban de fijar su anclaje: “El destino de la poesía es el lenguaje matemático, lleno de límites, equidistancias e incógnitas sin despejar”.
  El entrelazado convivencial, ratificado por la escritura, concede a cada protagonista un quehacer inacabado, disperso en varias direcciones. Quien escribe hace inventario, “lima las palabras hasta dejarlas sin aristas”, abriga la sensación de que percibe desde el papel la vida de otro, como si fuese un simple reflejo en la fría superficie del azogue. Mira también, desde la luz despierta de los sentimientos, el papel esencial de quien pone coordenadas de espacio y tiempo, como si el amor fuese núcleo central de la armonía; necesidad de equilibrio y orden.
   En Límites y progresiones José María Cumbreño caligrafía, con la letra menuda de la incertidumbre, los lugares, afectos y quehaceres que conforman el aterido balance de los días. Las anotaciones fechadas reinventan lo vivido, afirman los ejes básicos en los que se sustenta; sendas aleatorias que cumple un extraño aplicado en la tarea de ser y estar; en el melancólico empeño de conocerse un poco mejor. 
 
JOSÉ LUIS MORANTE
 
 


jueves, 4 de marzo de 2021

EN EL ACANTILADO

Acantilados de Moher, Irlanda
Imagen
de
Archivo Pixfuel
 

EN EL ACANTILADO 

 

Lo irracional salva a lo cotidiano del dos más dos.

 *

 El psicólogo es un existencialista de butaca.

 *

 Antes de dormir, la realidad anímica del delirio apuesta mucho al ahora o nunca.

 *

 Hay locuras aristocráticas, que usan tacones y zapatos de piel.

 *

 La razón nunca poda los brotes nuevos del absurdo.

 *

 Obsesiones, manías, rarezas… Voces secundarias. Pasos previos.

 *

 Lo irracional agita la superficie del lenguaje para llegar al limo.

 *

 Clava su voz; es alambre con púas.

 *

 Con monotonía contagiosa, el loco polariza su existencia entre acantilado y razón.

 *

 La simpleza atribuye la locura a alguna causa justa.

 *

 Goteras mentales; lluvia fuera del argumento.

 *

Nunca supo calcular distancias. Dispara a la luna.

 *

 Practica a diario el nomadismo; su enajenación multiplica los puntos de fuga.

 *

 Da miedo la orfandad de quien tiene razón.

(Aforismos en el acantilado)



miércoles, 3 de marzo de 2021

LA SEMILLA

En curso
Archivo
Depositphoto

 

LA SEMILLA
 
En la fragilidad de la semilla
hay un rumor en curso
donde pliega sus alas el prodigio.
En él escarban
futuro las raíces,
y vislumbran los troncos
tercas ramas que buscan en el aire
el golpe sostenido de la luz.
 
Aviva en la semilla
reflujo de estaciones
y sombras anegando
un tragaluz con pájaros.
 
Aquí no lee nadie
las señales oblicuas de la prisa.
A resguardo consigo,
suelo adentro,
en la semilla insiste
el pulso germinal de otra semilla.

                   (Del libro Nadar en seco)


martes, 2 de marzo de 2021

ROSENDO CID. 365 MANERAS DE ESTAR EN UN HOTEL

365 maneras de estar en un hotel
Rosendo Cid
Tulipa Editora
Teo, A Coruña, 2020
 

SERVICIO DE HABITACIONES

 

   En el aleatorio discurrir del tiempo, la personalidad activa de Rosendo Cid (Ourense, 1974) Licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Vigo en la especialidad de escultura, artista multidisciplinar y creador de ficciones narrativas, ramifica nuevas estrategias expresivas con las entregas aforísticas 5000 veces pintura y Los consejos no son un buen sitio para quedarse a vivir, dentro de la colección Graphica de Papeles Mínimos, una edición enriquecida por una amplio conjunto de ilustraciones. Retorna a la levedad del decir breve con el libro, con formato de pasaporte, 365 maneras de estar en una habitación, cuya base argumental es el proyecto de intervención realizado en 2015 y premiado en la Feria Cuarto Público, Habitación 501, NH Collection, Santiago de Compostela. El quehacer indagador del itinerario plástico ya utilizó un epígrafe casi idéntico en el libro de viñetas 365 maneras de estar en el mundo (Duen de Bux, 2014).
   El cardinal alude a los días del año como paréntesis temporal que aglutina distintas estaciones sentimentales y anímicas. Desde ese ámbito de diversidad y tensión de motivos nacen los escuetos aforismos como persistentes goteos en el refugio reducido de la habitación de hotel. El cine, la pintura y la literatura han ampliado la naturaleza profunda de ese escenario de posibilidades vivenciales, donde caben la evocación, la soledad, los recuerdos o las calladas ausencias de otros huéspedes que legitimas diferentes enfoques para estar y vivir.
   Las páginas contienen el trazo simple de la síntesis verbal. En su deambular transitorio por espacio y tiempo se “representa un tránsito y un momento particular, cuyo “habitar” es consecuencia de diferentes estados de ánimo y disposición. Las frases no están dispuestas bajo ningún orden particular y todo está “desarreglado” según el azar de la propia recapitulación”. Como sugiere el mismo autor en su nota prologal, para una lectura fértil es necesario dormir el reloj e instalarse en un tiempo fragmentario y sin prisas.
   Guiado por la prudencia de la razón, como una advertencia al lector, Rosendo Cid recuerda que “una habitación de hotel no cabe en una frase”, así que hay que buscar también en las palabras lo no dicho, lo intuido, lo silencioso que sondea estratos para buscar el viaje interior, la conciencia del tiempo, los puentes entre recuerdos y presente o esa extraña materia informe de los espejismos de la imaginación.
   En los elementos cobijados en la habitación se traspapelan la identidad del yo, su soledad, los latidos de otros huéspedes o las ventanas que ofrecen ese paisaje exterior de la vida al paso: ”Aquí, las inclemencias de la realidad externa me vuelven un simple subtítulo”. El estar a solas testifica un diálogo sin palabras en el que el silencio despierta al pensamiento y lo invita al viaje por el fluir de la conciencia.
   La habitación como espacio cerrado testimonia la existencia diaria. Suma escenas cotidianas bajo una atmósfera de nostalgia y soledad que propicia la indagación interior. Las especulaciones germinan, establecen relaciones entre los objetos, argumentan conceptos, toman dimensiones con niebla de la realidad como construcción de los sentidos y establecen puentes de contacto con el entorno, un lugar cambiante, transitorio, que antes o después se convertirá en una mera imagen de la nostalgia, borrada por el servicio de habitaciones.   
  365 maneras de estar en un hote equipara aforismo y día. Da voz al aislamiento de la individualidad respeto al paso múltiple de lo colectivo. Construye una visión interna en la que se consolidan como rasgos personales la condición transitoria, la fecha de caducidad de nuestros actos y esa escenificación de la existencia como un largo viaje por la incertidumbre: “¿Se puede estar dentro y a la intemperie?”.
   Parece un destino natural enlazar los aforismos de Rosendo Cid con las sensaciones que dejan los cuadros de Edward Hopper, el artista que mejor ha expresado la soledad del sujeto en la ciudad moderna, ese habitar un espacio constreñido que solo ilumina la luz cenital del pensamiento. Desde ese potencial de sugerencias, el laconismo verbal de Rosendo Cid reitera su afán de comprender el entorno, se hace receptivo al callado diálogo de indicios que da vida al paisaje encerrado, introspectivo donde “sonidos inciertos salpican con calculada lentitud”. El cuarto de hotel permite la observación al paso y el aire solemne de la certeza. Esa verdad de la observación que garantiza la regularidad del latido cuando suena el despertador y anuncia al huésped el abrazo del pensamiento con la piel del día.

JOSÉ LUIS MORANTE


lunes, 1 de marzo de 2021

FLORACIONES

Floración
(Quinta de los Molinos, Madrid)

 

CONTINGENCIAS

 

   Primero fue deseo. Después, nostalgia. Más tarde irrealidad y al poco tiempo olvido. Ahora queda espacio para sospechar que la existencia nunca se despoja de un inevitable poso de melancolía.
   Marcar pasos en lo diario es buscar sitio en la quietud, y la escritura no es sino un modo de sortear lo transitorio y hallar en las palabras la compensación de una mínima brisa, la posibilidad de estar. Con labor incansable, la voluntad borra heridas, respira un tiempo cíclico y mudable; conjuga elementos aleatorios de un acontecer mesurado. Pone flores  de almendro en la rama tenaz de la ceniza.
   
 
 (Apuntes del diario)