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lunes, 21 de abril de 2025

MARIO MONTALBETTI. EL PENSAMIENTO DEL POEMA

El pensamiento del poema
Mario Montalbetti
Pólvora Editorial, Marginalia Editores
Santiago, (2ª Edición) 

 

CONTORNOS TEÓRICOS

 

 Gracias al esfuerzo prometeico de Ediciones Liliputienses y al empeño de su director José María Cumbreño para enlazar la poesía en castellano de España y Latinoamérica, tuve la fortuna de conocer Lejos de mí decirles, el corpus lírico del lingüista y poeta peruano Mario Montalbetti (Callao, 1953). Fue la necesaria entrada a la complejidad de su obra literaria. Profesor universitario de Lingüística, director de QWXY, Seminario permanente de Filosofía del Lenguaje y fundador, con Mirko Lauer y Abelardo Oquendo, de la revista Hueso Húmero, es un escritor intenso y consagrado por completo a la interpretación del hecho lingüístico.
  Montalbetti inicia su trayecto creador en 1979 con la entrega Perro negro, 31 poemas. Después adviene una escisión, rota en 1995 con la obra experimental Fin desierto. Tampoco ahora el quehacer poético se hace rutina, pero en la década siguiente el trayecto se consolida con andenes como Llantos Elíseos, Cinco segundos de Horizonte, El lenguaje es un revolver para dos y Ocho cuartetas contra el caballo de paso peruano. Siempre consecuente con la percepción del lenguaje como magma exploratorio, publica en 2012 Cajas, un estudio especulativo sobre sentido y estética con sondeos nucleares sobre los espacios del poema. Esta faceta crítica aporta en 2014 la recopilación ensayística Cualquier hombre es una isla, trabajo que postula otro viaje interior a las cavidades semánticas del lenguaje, y en 2016 El más crudo invierno, monografía sobre un poema de Blanca Varela. La visión de análisis perdura con El sentido y la ceguera (2018), Epiciclos, escrito en colaboración con Marc Belderbos, y El pensamiento del poema, reeditado por segunda vez en 2024.
  En su quehacer poético, Mario Montalbetti busca la intersección y el corte, supone que el lenguaje deconstruye y no comunica. Los poemas buscan los márgenes del significado, por ello necesita símiles clarificadores para impulsar algo de luz entre el vacío y la sombra. Las claves significativas inquieren argumentos sobre la naturaleza de las palabras para no decir: “Escribo para contener / mi distancia con lo humano. / Escribo para estar solo, / para no ser poeta”.        
 Las meditaciones germinales de El pensamiento del poema remarcan una estela crítica en torno al material verbal como objeto teórico, aunque la construcción sienta, imagine o sea capaz de simbolizar. Aquí, Montalbetti parte de la propuesta analítica del filósofo francés Alain Badiou, formulada en 1988 en El ser y el acontecimiento: “El poema es una forma de pensamiento”. Desde ese enfoque Montalbetti se propone elaborar una serie de variaciones libres en torno a la formulación inductiva. No se trata de reconstruir la teoría filosófica de Badiou sino de avanzar en los caracteres ambiguos que proyectan un dibujo fragmentario sobre el poema. “El poema piensa parece un vehículo que ingresa a contramano en una calle de sentido único…”.  Sus divagaciones adquieren una cadencia discontinua, una percepción laberíntica del transitar del pensamiento. La temática se convierte en una operación sobre el lenguaje, como este axioma sobre la poesía: “Todo lo que participa del ser, sea simple o infinitamente múltiple, tiene un nombre. Lo difícil es inventarlo”.
  Aunque la sintaxis no es poetizable, queda patente la inquietud analítica, el discurrir más allá de la catalogación experimental que engloba cualquier huida de lo previsible para incorporar al poema rupturas léxicas, sustracciones sintácticas a partir del replanteamiento teórico de un poema de Trilce de César Vallejo, cuyos versos sostienen el deseo de abrir espacios y el afán de buscar puertas tras la puerta. La creación, como precisa Giorgio Agamben, se convierte en un acto de resistencia, en liberación de una potencia interna.
  En los vectores de sentido de Montalbetti las conclusiones se guardan fuera, como si pretendiera percibir el lenguaje con una cierta perspectiva de lejanía y futuro, como si se gestara desde una realidad con diferentes niveles de ficciones conceptuales. “El significado no clausura el lenguaje”; por eso “interpretar un poema es desandar el camino que quiso llevarnos fuera de él”, aunque sea atravesando una explanada de metapoesía donde se dan cita procesos lingüísticos, repletos de matices y argumentaciones.



JOSÉ LUIS MORANTE



 
 
 

viernes, 3 de junio de 2022

ANA MARÍA REVIRIEGO. POETAS EN LOS PUEBLOS DE ESPAÑA

Poetas en los pueblos de España
Ana María Reviriego
Área de Cultura del Ayto de Plasencia
Plasencia, Cáceres, 2022

  

EN BUENA COMPAÑÍA

 
   Recibo la edición de Poetas en los pueblos de España, un cuaderno de campo escrito y diseñado por Ana María Reviriego, Licenciada en Filología Hispánica, docente, y poeta de trayecto, con amplia presencia en revistas y antologías. La publicación, impulsada por el área de Cultura del ayuntamiento de Plasencia, recoge anotaciones derivadas  de las jornadas poéticas realizadas el 2 y 3 de octubre de 2021 en las localidades de Hervás, Aldeanueva del Camino y Plasencia, en el hermoso valle del Ambroz. En ellas participaron los escritores Efi Cubero, Antonio Gómez, José María Jurado, José Luis Morante y la ya mencionada Ana María Reviriego, quien actuó como moderadora en las mesas de trabajo y como indeclinable voluntad organizadora en todos los momentos literarios de la convocatoria.
  El conjunto de textos resume las intervenciones de la primera mesa redonda en torno al aserto “Paisaje y paisanaje” que se desarrolló en el Jardín del Convento; el lugar es un entorno idílico de la casa rural del mismo nombre, ubicada en Hervás. El tema de raíz unamuniana está muy vinculado a la generación del 98 –Unamuno, Antonio Machado, Azorín…-, pero goza de un intenso trazado en la tradición, ya que desde el romanticismo cuajó la idea de que el paisaje transcribe estados de ánimo del sujeto; por tanto las interpretaciones basculan entre dos conceptos, geografía interior y horizonte geográfico. A esas interpretaciones se vincularon las disertaciones de Efi Cubero, más cercana a la realidad transcendida y la mirada hacia dentro; Antonio Gómez, indagador de presencias y ausencias en las que el paisaje cobra un nuevo enfoque en cuanto espacio vivencial, o José María Jurado, que constata las afinidades entre subjetividad y contexto a la hora de percibir la geografía como verdad humana proclive a la interpretación; por mi parte, entiendo  el paisaje como marco de existencia diaria, pero también como expresión sensorial de verdad y belleza. Con buen pulso, para acotar las intervenciones al reloj, Ana María Reviriego se encarga de la síntesis de cierre y de la necesaria gratitud a quienes han hecho posible la convocatoria con su apoyo material y su voluntad participativa.
   Cada obra poética está vinculada a un ideario. Así lo constató el recital celebrado  en el Jardín Masides de Aldeanueva del Camino en el que se leyeron los poemas de todos los participantes. La organización contaba con enriquecer el evento con pautas musicales a cargo del cantautor Luis Pastor, quien declinó su participación a última hora por cuestiones de presupuesto, lo que desconcertó no poco a los asistentes y a la comisión organizadora.
  El quehacer final del encuentro se desarrolló en el Centro Cultural “las Claras” de Plasencia, abriendo turno la presentación del libro Solo inclasificable de Efi Cubero, un hito en el trayecto de la poeta, que se ha convertido en un éxito editorial por su magna calidad lírica. La recepción crítica del poemario ha sido enorme y la lectura de Efi Cubero añade claves existenciales al libro y a sus etapas de creación.
    A la segunda mesa redonda, cuyo núcleo reflexivo era “Mujer poeta” se sumaron por vía digital José Luis Piquero y Bárbara Grande, jalonando el tramo final las conclusiones recogidas por Ana María Reviriego: la poesía carece de género, es un espacio de creación humanística y es necesario reestablecer un equilibrio en el canon que dé un primer plano a la voz femenina en condiciones de total igualdad.
    Sería injusto cerrar esta mirada al evento Poetas en los pueblos de España sin constatar el apoyo de dos editoriales de la región, Ediciones Liliputienses y Tau Editores, que colaboraron con su catálogo de novedades, y la asistencia de investigadores literarios como Rocío Fernández Berrocal, ensayista y estudiosa del universo creativo de Juan Ramón Jiménez.
  El encuentro literario, con la publicación de este cuaderno de campo, preserva los destellos de la convocatoria y salva aquellos días en el valle del Ambroz del aparente estiaje del olvido. Solo falta que la voluntad de los organizadores no decline y que tan hermosa propuesta tenga continuidad en el discurrir del tiempo.

José Luis Morante



  

martes, 9 de noviembre de 2021

PABLO FIDALGO LAREO. EL PERRO EN LA PUERTA DE LA CASA

El perro en la puerta de la casa
Pablo Fidalgo Lareo
Ediciones Liliputienses
Cáceres, 2021

 

OJOS DE PERRO
 
 
  En la senda creadora de Pablo Fidalgo Lareo (Vigo, 1984) apunta un dedo índice plural, donde marcan direcciones obligatorias géneros esenciales como la poesía o el teatro. El escritor, que ha comisariado varios ciclos de artes escénicas, y ha representado propuestas teatrales, como La democracia, con Estefanía  García. Hace más de una década, en 2010, vio la luz La educación física, su primera página poética, a la que siguen La retirada, premio Injuve 2012, El tiempo de las tragedias absurdas, con Pilar Pérez Abilleira, quien aporta fotografías a los textos, Mis padres: Romeo y Julieta (2013), Esto temía, esto deseaba y Crónica de las aves de paso (2018), accésit del Premio Adonais. A tan amplia producción se yuxtaponen los libros que recogen sus textos dramáticos.
  Con El perro en la puerta de la casa Pablo Fidalgo Lareo invita a recordar la anecdótica figura de Argos, el perro de Ulises, personaje central de la Odisea, y recuperar la conmovedora escena del reconocimiento, cuando el héroe retorna a Ítaca, tras una dilatada espera de veinte años. Pocos momentos del poema épico deparan la emoción e intensidad narrativa de esta escena y descubren, con tan precisa estela, la asombrosa sensibilidad del animal. Desde esa convicción, Pablo Fidalgo Lareo interroga el ámbito cotidiano del perro, convertido en símbolo y voz enunciativa del poema.
  El sujeto verbal percibe el entorno desde la singularidad de quien busca un lugar propio para asumir el destino que marca su condición de ser. Aprende desde dentro cómo es la casa, qué espacio queda afuera o qué significa la fidelidad que enlaza las relaciones sociales, esa manifiesta fragilidad de cada yo con los otros. El transitar  nos advierten a diario de la condición de islas; la soledad traza fronteras interiores, constriñe, revela que en la esencia del sujeto dormita la larga estela de un viaje que se fue poblando de ausencias.
  Los recuerdos conforman la escueta presencia del equipaje. Permiten desandar itinerarios para regresar a las aguas abiertas de la infancia y asumir la extrañeza de la temporalidad. El discurrir es continuo y va diluyendo tramos. Poco a poco se enturbia la claridad de la mirada frente a un austero paisaje de indiferencia. El yo frente a sí mismo aprende que la naturaleza del ser es la de un viajero perdido que apenas, aturdido, entiende su condición mudable, mientras va dejando huellas, casi inadvertidas, en tantos escenarios. El camino es solo habitar un lugar entre lo que se deshace. Somos huéspedes en una “Habitación prestada”; así lo ratifica uno de los poemas centrales del libro en el que la reflexión existencial incide en la pérdida y su interiorización como esencia de la identidad. El latido diario nos convierte en nadie, en extraños portadores de un secreto que solo preserva su posesión inestable, su impulso indefinido para empezar de nuevo.
 Queda la sensación entre las manos de que cada secuencia vital aporta un nítido aprendizaje que amalgama recuerdos, esperanzas e incertidumbres; que hace de la memoria un lugar, una isla al sur, un paisaje provisional, una respuesta. La tarea de definir la conciencia del protagonista verbal propicia una doble transformación que se ajusta a la forma de vivir: ser el movimiento que entrelaza y tantea itinerarios, y ser el hombre que cambia su cuerpo y siente la posibilidad de ser perro, de replegarse en otra identidad extraña, inédita. Los poemas de El perro en la puerta de la casa trazan una poética marcadamente reflexiva, que se caracteriza por la necesidad de revelar el flujo continuo del pensamiento; proponen un tanteo incesante, en continuo retorno al yo interior, a ese punto tensional que nos acerca al otro lado de las cosas, más allá de las brechas que inauguran la pérdida y el vacío, más allá del calmado reducto en el que se reflejan los límites de la propia experiencia personal.

JOSÉ LUIS MORANTE


viernes, 5 de marzo de 2021

JOSÉ MARÍA CUMBREÑO. LÍMITES Y PROGRESIONES

Límites y progresiones
José María Cumbreño
Ediciones Liliputienses
Colección Los cuadernos ególatras
Isla de San Borondón, España, 2021

 

AUTOBIOGRAFÍA DEL OTRO

 

   José María Cumbreño (Cáceres, 1972) comienza itinerario creador en el cambio de siglo con el libro Las ciudades de la llanura, un poemario escrito en plena exaltación del figurativismo y la escritura antiexperimental. Pero la estética del autor cacereño nada sabe de prefijados tópicos. Camina al margen. Difunde un trayecto ensimismado en el que persevera como centro gravitatorio la introspección. Ese bucear bajo la piel impulsa un ideario disidente y verista que exalta la sinceridad, sea cual sea la estrategia expresiva empleada: el relato, los aforismos, el ensayo, la poesía o el enunciado autobiográfico. Tras publicar el año pasado la antología poética bilingüe Teorías da Ordem, recupera la escritura fragmentaria de Límites y progresiones, libro editado por primera vez en 2010, dentro de la colección Narrativa de Baile del Sol.
   Se ha sugerido con frecuencia que el diario es un género de ficción empeñado en la construcción de un personaje que toma rasgos del sujeto biográfico. Esa aseveración define también los textos narrativos de José María Cumbreño, que arrancan con una hermosa dedicatoria. La copio aquí porque tiene un valor referencial y clarifica la identidad de uno de los personajes mejor trazados del diario: “Para Chose, que sabe mantener el equilibrio sobre el hielo”.
   El enunciado Límites y progresiones construye una proposición paradójica, depurada e intensa; el diálogo entre el sedentarismo del límite y el activismo nómada del afán de seguir en ruta, en las manos de un tiempo cotidiano que empuja a tantear desde el pensamiento. La conciencia del yo formula dudas, busca sentido a lo cotidiano, irrumpe en la zona de sombras de la inteligencia, surca las horas con la esperanza de que la existencia aporte conocimiento y plenitud. Pero el devenir temporal, que en las páginas del diario inicia su cronología en julio de 2007, deja un vacío abierto porque “No resulta posible copiar algo que no existe. No hay realidad alguna sino perspectivas de la realidad” (P. 13)
  Junto a las secuencias vitales, goteando la loza picada del entorno cotidiano, José María Cumbreño integra microficciones, aforismos y versos sueltos que potencian el significado de Límites y progresiones. Son esquejes hiperbreves, que dan continuidad al cauce manso de los días, como si las secuencias reales formaran parte también de un ciclo de sensaciones e incertidumbres, de teorías al paso que nunca acaban de fijar su anclaje: “El destino de la poesía es el lenguaje matemático, lleno de límites, equidistancias e incógnitas sin despejar”.
  El entrelazado convivencial, ratificado por la escritura, concede a cada protagonista un quehacer inacabado, disperso en varias direcciones. Quien escribe hace inventario, “lima las palabras hasta dejarlas sin aristas”, abriga la sensación de que percibe desde el papel la vida de otro, como si fuese un simple reflejo en la fría superficie del azogue. Mira también, desde la luz despierta de los sentimientos, el papel esencial de quien pone coordenadas de espacio y tiempo, como si el amor fuese núcleo central de la armonía; necesidad de equilibrio y orden.
   En Límites y progresiones José María Cumbreño caligrafía, con la letra menuda de la incertidumbre, los lugares, afectos y quehaceres que conforman el aterido balance de los días. Las anotaciones fechadas reinventan lo vivido, afirman los ejes básicos en los que se sustenta; sendas aleatorias que cumple un extraño aplicado en la tarea de ser y estar; en el melancólico empeño de conocerse un poco mejor. 
 
JOSÉ LUIS MORANTE
 
 


jueves, 24 de diciembre de 2020

A PROPÓSITO DE 11 AFORISTAS A CONTRAPIÉ (ENTREVISTA A JOSÉ LUIS MORANTE)

11AFORISTAS A CONTRAPIÉ
Edición, selección y prólogo
de
José Luis Morante
Ediciones Liliputienses
Isla de San Borondón, España, 2020

 

 A propósito de 11 AFORISTAS A CONTRAPIÉ

                                                   ENTREVISTA A JOSÉ LUIS MORANTE

 Isabel Alamar Torró (Valencia en 1970). Licenciada en Filología Hispánica y en Filología Valenciana por la Universidad de Valencia. Algunos de sus poemas, reseñas literarias o artículos sobre lingüística han aparecido en prestigiosas revistas como Prisma y periódicos como El correo, Todoliteratura.es y Culturamas.

 Isabel Alamar: ¿Cuándo empezó a fraguarse en su cabeza la idea de hacer esta antología?

 En los primeros meses de 2019, cuando me entrevisté en Cáceres con el poeta y editor José María Cumbreño y él aceptó de inmediato mi propuesta; pretendía hacer un balance de escritores que cultivan el aforismo de un modo más experimental, dejando el género en el umbral de la indefinición.

 ¿Qué diría que tienen en común todos los autores seleccionados en esta obra?

La singularidad expresiva, el hecho de tantear en el aforismo sendas nuevas y atajos, que se alejen de vías preferentes; todos comparten la propuesta de cambio y de hacer en su escritura una polifonía de una sola voz.

¿Por qué cree que goza hoy en día este género breve de tan buena salud?

Aunque es cierto que los medios digitales, han propiciado un territorio fértil para la fragmentación, los mensajes lacónicos y la diversidad de asuntos, el renacer del aforismo es multicausal; no es un fruto único del binarismo digital; es una estrategia expresiva con una tradición consolidada.

 Apórtenos algunos datos sobre su historia, curiosidades…

 El género se ha cultivado en todas las etapas de la historia y en todas las civilizaciones; muchas veces ligado a la ética o al sentido socializador; aunque con una diversidad terminológica notable: máximas, sentencias, preceptos, refranes, apotegmas o pensamientos mínimos son distintas pulsaciones verbales del decir breve que han estado presentes en el tiempo histórico.

¿Cómo cree que ha sido su evolución en el tiempo?

 Como síntesis, se podría decir que el aforismo ha realizado un largo viaje desde la objetividad del mensaje directo hacia el pensamiento subjetivo; creo que se ha reforzado la presencia del yo y la sensación de que el aforismo vela un fragmento autobiográfico.

 ¿Cuándo le empiezan a gustar a José Luis Morante los aforismos?

 Cuando descubro a los grandes escritores del 98 (Antonio Machado y Miguel de Unamuno) y a Juan Ramón Jiménez; ellos me enseñaron a valorar lo sintético, a saber que hay frases que cobijan todo un sistema filosófico. Yo empecé a escribir aforismos hace veinte años, aunque ha sido en la última década cuando el propósito creador ha focalizado el género con más fuerza.

Si le parece bien, terminaremos la entrevista con algunos aforismos de los antologados.

 Ser sincero te deja solo (Luis Felipe Comendador)

De las historias sin salida hay que salir (Karmelo C. Iribarren)

En la mirada del mendigo caben todas nuestras derrotas (Elías Moro)

La devoción auténtica consiste en seguir admirando al otro después de treinta años viéndolo en zapatillas (Mario Pérez Antolín)

En virtud del principio de incertidumbre todo intento de instalarse en la certeza nos conduce a la duda (Felix Trull)

En las agendas cabe la vigilia. Nunca los sueños (Ana Pérez Cañamares)

Hacerse a la mar con un puñado de tierra en cada bolsillo (José María Cumbreño)

Nací en el no saber y ahí sigo. Y a veces la verdad es que lo agradezco (Luis Arturo Guichard)

Dios es una inteligencia artificial que ya no nos necesita (José Antonio Olmedo López-Amor)

No soy frágil. Colecciono agujeros (Rosario Troncoso)

El zumbido azul antes de desfallecer (Sihara Nuño)

 

Muy agradecido por la entrevista, querida Isabel y felices fiestas a todos los lectores.

24 de diciembre de 2020



miércoles, 28 de octubre de 2020

ANDREA ALZATI. ANIMAL DOMÉSTICO

Animal doméstico
Andrea Alzati
Ediciones Liliputienses
Cáceres, 2020

 

HÁBITOS DE LA MATERIA

 

   Es una premisa crítica aceptada que desde el comienzo de su trayectoria, las ediciones que lanza al mercado el poeta, narrador, aforista y editor José María Cumbreño, desde las colecciones de Liliputienses, se caracterizan por el pormenorizado seguimiento del ahora poético latinoamericano, activa vanguardia de nuestro idioma, y por dar vuelo a propuestas estéticas rupturistas, tendentes a disolver epigonías y conformismos estéticos. En ese contorno poético diferencial se inserta Animal doméstico, primer paso de Andrea Alzati (Guanajuato, México, 1989), también autora de Algo tan oscuro que no tiene nombre y Todos mis quchillos.  
  En la cita prologal Roberto Calasso abre trinchera entre el mundo de los dioses y el mundo de los hombres, con un paralelismo meditativo que asocia el primer entorno a los animales salvajes y deja en el segundo a los animales domésticos. Un motivo de reflexión aleatorio, singular, que el lector debe hallar resuelto en las tres partes del poemario, “Miel”, “Huevo” y “leche”, epígrafes nutricios asociados al discurrir casero y lo rutinario. La composición de apertura “Panal” supone una fuerte declaración formal; es un poema largo sin cadencia musical, que quiebra los versos con encabalgamientos abruptos, y llena el cauce argumental de repeticiones y sendas de similar construcción sintáctica. Una poesía que hilvana en su asimétrico desarrollo un fluir libre del pensamiento, conectado a la evocación y a un lenguaje onírico y fragmentario que busca en los elementos físicos una lectura simbólica.  Desde esa idea experimental que explora en el lenguaje, no enunciados de claridad comunicativa, sino las turbulencias del sentido, el sueño se postula como una realidad alternativa que fusiona un magma sensorial y reflexivo, repleto de bifurcaciones mentales. Pero también lo sentimental aflora cercano como en esos poemas donde la madre, el recuerdo del padre, o la abuela se hacen identidades fuertes de lo habitable.
   Andrea Alzati acierta al dar presencia fuerte a las imágenes; así, concibe la memoria como un animal doméstico interno que fagocita recuerdos y tiempos, que se muestra omnipresente y a deshora para que nada se extinga por dentro y que es capaz de dictar sus propias leyes, como un animal salvaje que nunca renuncia al ejercicio de su libertad. En otros poemas se despliega el mapa del recuerdo, como en “El verano”, un retorno a la infancia y a una etapa vital de descubrimiento del cuerpo y de inmersión de sensaciones difusas que encuentra en el lenguaje la posibilidad de preservar su misterio. Pero el tiempo que prevalece en los poemas es el presente, una cronología que dispone puntos de luz en el discurrir del pensamiento. La indagación del yo traslada a los territorios del otro o nos muestra los hábitos de una materia, siempre capaz de la sorpresa y el ángulo inédito. 
  Si el primer apartado tiene una amplia suma de poemas, la sección “huevo” está formada solo por dos composiciones. “Malabarista áurea”, un poema narrativo que incorpora a su cauce argumental el tono de la letanía y un cierto sentido lúdico; el otro texto integrado “anatomía del huevo” es un ejercicio introspectivo sobre la carga conceptual del sustantivo en su quietud y en lo que sugiere como núcleo de reflexión y confesión de la materia. También la brevedad define el apartado final de “leche”, que deja en su único poema, “movimientos de la leche” una extensa fábula de iniciación y aprendizaje. Como si fuera un cuento en el que el narrador se dispone a abrir la caja del misterio: “En aquellos días / todas las fuentes / de la ciudad / escupían leche / tan blanca…”. 
   Con Animal doméstico, publicado por primera vez en México en 2017 y ahora reeditado por ediciones Liliputienses, Andrea Alzati abre una voz paradójica, que construye desde el lenguaje otra forma de realidad, un contenido de conocimiento en el que la materia dialoga aportando sus elementos vitales. La poesía se hace apelación fragmentaria al recuerdo y puente para fundirse con el entorno exterior. Las palabras postulan un nítido intento de unificación que asume sensaciones e incertidumbres, dudas que llegan para seguir latiendo en la intemperie. Al cabo la poesía es siempre un espacio en construcción; no busca, solo encuentra.



         
 

 

martes, 23 de junio de 2020

JOSÉ MARÍA CUMBREÑO. CURSO PRÁCTICO DE INVISIBILIDAD

Curso práctico de invisibilidad
(Casi poesía 2000-2020)
José María Cumbreño
Ediciones Liliputienses
Colección Los Cuadernos ególatras
Cáceres, 2020

EN CADENA

  
   Ediciones Liliputienses reedita por tercera vez Curso práctico de invisibilidad, compilación del trayecto personal, ampliada con el material más reciente de José María Cumbreño (Cáceres, 1972). Condensa veinte años de práctica creadora. Esta visión de conjunto del poeta, profesor de instituto y editor se hace con una perspectiva peculiar. Su planteamiento, nudo y desenlace no responde al trazado habitual de publicaciones escalonadas en el tiempo, un criterio seguido, por ejemplo, en la conocida antología La parte por el todo. Las composiciones son poesía en cadena, una cartografía de montaje en torno a dos actitudes receptivas: “Mirar” y “ver”; ambas tienen como efecto secundario el “Contar”. De este modo el recorrido compone una superposición de estratos narrativos; una fluida presentación orgánica donde el laborar confidencial  adquiere el relieve de una superficie magmática.
  Se me permitirá también resaltar la textura del título, más ensayístico que lírico, en la asentada formulación de una certeza nuclear: “Si cierro los ojos, no soy yo el que no ve a los demás: son los demás los que no me ven”. También habla del subtítulo Casi poesía que no acalla el carácter mestizo del quehacer poético; ese entrelazado de poesía, aforismos, ficciones breves o apuntes casi autobiográficos del diario. La voz verbal desdeña lo previsible en las citas. Los solemnes versos del legado canónico son sustituidos por la reflexión coloquial de un deportista de ping-pong que, más allá de su obviedad coloquial, pone madera seca para una lectura simbólica, en la que participa el mismo autor a través del poema “Made in China (estrategia y método del jugador de tenis de mesa)”. La otra cita incluida, en boca del personaje Dr. Jekill, figuraba ya en la antología poética publicada por La Isla de Siltolá en 2011.
  El observador que mira en los poemas casi nunca describe; tiene conciencia de su condición reflexiva y se siente un simple peón en el tablero del discurrir. Es parte de un todo, que recorre las aceras sin atributos trascendentes; más que del grito, es un oyente de  signos callados. En ese entrelazado de espirales que descubre el afán de mirar, la escritura propicia destellos metaliterarios. Algunos se presentan casi con la precisa cadencia del aforismo: “ESCRIBIR. Enhebrar una aguja con los ojos cerrados”. Otros resaltan la función catártica y el aliento vital de la palabra: “ACUPUNTURA. Las agujas, como los poemas, hieren una parte del cuerpo a fin de sanar otra”.  Y, en otras ocasiones, pronuncian una razón de ser para el poema: “LÍMITES Y PROGRESIONES. El destino de la poesía es el lenguaje matemático, lleno de límites, equidistancias e incógnitas por despejar”.
  En el encuadre de José María Cumbreño se cobijan las continuas afinidades que transitan entre el poema y la ficción hiperbreve. Los versos se hacen prosa, otorgando al pensamiento una cadencia expandida; como si fueran incisos del contexto, acotaciones de un marco representativo. El discurso textual aparece fragmentado y diverso; se proyecta con una luz oblicua. Es complejo, por tanto, aislar los matices semánticos que diferencian a los dos epígrafes. El primero es “Mirar”; la DRAE lo define como fijar la vista en un objeto aplicando juntamente la atención; parece aseverar un acto volitivo e implicado. El segundo, “ver”, es casi un acto físico, la percepción de objetos por acción de la luz. Pero el lector encontrará en ambas secciones una similar sensibilidad. Prosigue la pluralidad formal y retornan los más esenciales asuntos temáticos. No es una cuestión de originalidad –que Cumbreño degrada como esa cualidad en la que creen los escritores ingenuos- sino un recorrido de largo alcance en el que conviven diferentes posibilidades expresivas. 
  La existencia aparece como largo trayecto de pasos perdidos sobre la piel de un mundo periférico que va fraguándose, discontinuo y extraño. Estar es ir hacia el vacío, conocer el magma herrumbroso de la incertidumbre al final de un camino donde no hay luz; pero también es abrazar más formas, abrir puerta al deseo y hacer de la presencia de la belleza un punto central de sensaciones, una razón de asombro en el despertar.
  Cuando la voz poética y el yo real dialogan sobre la caligrafía de la intimidad, la composición adquiere el peso de un balance que da razón de vida desde la corriente de los recuerdos. El acto de contar vuelve los ojos al tiempo lento de la memoria. es una inmersión en el balance vital para percibir qué fragmentos del pasado afloran todavía sobre la superficie. El poeta recuerda que “el pasado es la justificación del presente; el futuro su excusa” Así sucede en poemas que se asientan sobre las páginas del cuaderno como una filtración de impurezas y contradicciones, como voces de otro tiempo que conforman un aprendizaje donde se gesta la conciencia de ser.
  Proteica en la conjugación y unitaria en el afán permanente de explorar las posibilidades del lenguaje, el corpus acogido en Curso práctico de invisibilidad interpreta una personal banda sonora, tanto en sus desplazamientos temáticos como en los rasgos de estilo. La poesía de José María Cumbreño se hace savia, carbón y hoguera. Sus versos son estímulos; incisiones de la realidad próxima y el sustrato confesional. El discurso muestra su aporte cognitivo, esa utilidad de la materia verbal para asentarse. Es el suelo firme de quien cierra los ojos y realoja dentro los fértiles estratos del silencio.


José Luis Morante         

sábado, 23 de mayo de 2020

FLORENCIA MADEO FACENTE. LA TAZA ROTA

La taza rota
Florencia Madeo Facente
Ediciones Liliputienses
Colección de Poesía centrifugados
Cáceres, 2020



LA TAZA ROTA


   La nota biográfica que incluye como coda esta edición de La taza rota deja al lector unas mínimas coordenadas, útiles para clarificar el trabajo poético de Florencia Madeo Facente entre la crecida de ramas jóvenes en castellano. Nacida en Buenos Aires en 1992, su quehacer se define desde el taller de la escritora Paulina Vinderman. Es profesora de filosofía y ha trabajado como docente dando clases de español para extranjeros. Su epifanía es el poemario Una ciudad en silencio, en la antología de poesía joven “Celofán”, editado por  La Carretilla Roja Ediciones en 2018. Predominaba en esa entrega de amanecida un verso libre de cuerpo amplio, próximo al enunciado en prosa, que entrelazaba secuencias descriptivas, como en el poema “Retrato de una inundación que ocurre en otra casa”, y retazos intimistas, según se lee en el poema homónimo “Una ciudad en silencio”.
  El paratexto de La taza rota elige como cita básica unos versos de Anne Michaels, la maravillosa escritora canadiense, nacida en Toronto en 1958, cuyos poemas siempre obligan a mirar a los ojos de lo real: “No puedo ver el mundo con tus ojos, / pero puedo verte a ti en el mundo”. Desde esa franqueza indagatoria parte la poesía de Florencia Madeo Facente. Su contención y desnudez crean una atmósfera de cercanía afectiva y de confidencia directa. El yo poético se acerca en busca del interlocutor que acoja las asimetrías del discurrir diario o que comparta con él esa actitud de espera de la posibilidad. En ese transcurso no faltan las hendiduras: la enfermedad y el dolor, la compañía de los sueños, el rumor manso del estar a solas, la incertidumbre o el desamor. Son secuencias que guardan sus señales en la percepción del entorno y que es necesario comprender desde la textura de sus sensaciones.
   También en la mirada del poema se cobija un onirismo que enlaza con la imaginación infantil y que convierte el ánimo sentimental en una historia de sugerentes acuarelas visuales, capaz de de convocar en su transparencia un largo viaje afectivo. Como esos pegamentos invisibles que conceden a las tazas rotas una segunda vida.  La separación no niega el abrazo o la posibilidad de estar cerca en las palabras y en los deseos, o la inmersión en el pasado como se recupera, insólita en su aparición, alguna especie que parecía extinguida. El poema “Lógica  aristotélica para aficionados” suma al onirismo de las imágenes una cierta ironía en la personificación de objetos y en el enlace aleatorio de causas y efectos que regulan los días.
   La naturalidad expresiva en algunos poemas mantiene una corta distancia con el yo biográfico. En el poema “Cumplir 25 años” un yo desdoblado monologa con su identidad, que impulsa la mutación y el desconcierto, esas certezas aparentemente contradictorias que acumula el tiempo consumido y ese gusto por los detalles  que se quedan en el interior, como si su presencia definiera lo cotidiano, o evitara que lo vivido encontrara en el olvido una salida de emergencia.
   El perfil de La taza rota recrea el sistema tensional de lo diario y la vitalidad de lo contradictorio. En él conviven, como sucede en todo poeta “herido por el lenguaje” la mirada introspectiva y la contemplación de la realidad, siempre con una modulación personal y distinta, que deja en su riqueza expresiva los detalles significativos de la memoria, ese reconstruir lo que nunca pasó para que el mundo sea diferente.



viernes, 13 de marzo de 2020

ELENA ROMÁN. NOVEDADES: AYER

Novedades: ayer
Posible antología 2008-2019
Elena Román
Ediciones Liliputienses
 Cáceres, 2020


EN CONSTRUCCIÓN


   En sitio visible dejo dos circunstancias que, de inmediato, sorprenden al acercarse a la cartografía poética de Elena Román, nacida en Córdoba en 1970 y con domicilio habitual en Toledo por quehaceres laborales desde 2006: la voz llega al ahora con una fecundidad sin quiebras ni estridencias; y en sus salidas se muestran coordenadas singulares, donde verso y prosa establecen una sosegada convivencia de forma natural. Recuerdo que, hace unos años, Carlos Jiménez Arribas y Marta Agudo abordaron la mejor introspección teórica hasta la fecha sobre el poema en prosa; incidían en su naturaleza contradictoria y su desarrollo histórico. Estas constantes vitales siguen vigentes. como se verá al abordar la obra de Elena Román que amanece con Veintiún bisontes (2008), carta auroral compuesta por entero de poemas en prosa. Se elige la voz directa del sujeto implicado para enumerar circunstancias y sensaciones con un tono narrativo que deambula por una realidad distorsionada.
   Los poemas iniciales trasmiten un discurrir fluido y vitalista. Sus párrafos están hechos desde una construcción reiterativa. Muestran una dicción limpia, alejada del espesor hermético, que se acerca al planteamiento biográfico. El poema nace por acumulación, como si diera forma a un entorno expresivo que aglutina en su voluntad de ser elementos dispares. La línea de horizonte se define por asociaciones insólitas, con una fuerte textura metafórica, que convierte el fluir existencial en una larga senda de diálogo y conocimiento. La escritura testifica, constata gestos, como si ofertara la suma de causas y efectos que deshilvana la percepción. La meditación sobre el trayecto ofrece un balance de extrañeza. Nada sucede, salvo lo contingente; nada es simple ante los sondeos de la razón y todo demanda su mecánica de azar y absurdo antes de sumergirse en las páginas escritas del silencio. La superficie argumental despliega situaciones que definen las asimetrías de nuestro tiempo: los malos tratos, la supervivencia de los vendedores ambulantes, el acoso sexual y otras actitudes que marcan cicatrices en la piel social de un tiempo ensimismado y fragmentario, que parece carecer de lógica.
   Hay una evidente continuidad formal en los textos acogidos en la entrega A propósito de los cuerpos (2008), aunque el trayecto argumental se centra en el cuerpo de forma monográfica. Cada parte sugiere una reconstrucción verbal: frente, manos, espalda, oído, muñecas, sangre… Pero la originalidad anula de inmediato cualquier postulación previsible. El yo fisiológico se hace lenguaje para acarrear ángulos inéditos con enfoques irónicos o pulsiones dialogales que convierten cada parte de la materia viva en una tesela renacida.
   Reconocido con el XXV Certamen Andaluz de poesía Villa de Peligros, Diario de un ascensor en un bloque de dos plantas con azotea supone un cambio posicional en la escritura para asentar el discurrir del sujeto hablante en el verso libre. Sin embargo, la significación, el sentido y la estética de Elena Román no cambian; solo introduce modulaciones nuevas para hacer del amor, el deseo y el eros las claves temáticas de las composiciones.
  La arqueología poética de Esta dichosa ansiedad doméstica, ganador del III Premio Internacional de Poesía Blas de Otero, indaga en la textura relacional del entorno cotidiano. Los objetos se personifican para adquirir un significado simbólico que expande indicios y claves en el fluir de la temporalidad, construyendo un diálogo emocional y filosófico con la identidad. El título del libro aparecido en el catálogo de Olifante en 2011, Destrucción de algunos tópicos sobre lo incierto parece argumentar un cierto abandono de la percepción matérica y un sondeo en el lenguaje como espacio receptivo de sensaciones. Cada concepto define un semillero de lugares comunes que la originalidad expresiva de Elena Román se empeña en desmontar con mágicas incisiones en las que se refugia lo paradójico, la imaginación con sus capas más profundas y un cultivo de imágenes que fortalece otros significados.  
   El transcurso temático de Autosuficiencia en la se define desde la introspección. El hablante lírico establece un fragmentado soliloquio con sus circunstancias para conocer las señales de vida. Así traza un mapa de singularidades que tienen un carácter dinámico y cambiante. Lo individual requiere interpretación porque en su textura respira lo transitorio. Esa mirada al entorno singular del sujeto se expande en Será genealogía (2012) al ámbito familiar. El retorno al pretérito contiene un intenso onirismo, como el desandar el tiempo necesitara la brújula segura de la imaginación. Todo es constatación del asombro, como ese retrato de “Ella era”: “Yo tenía una tía con patios. / Corría en ella el agua clara y vegetal. / Acudían a sus manos unos pájaros / que después no se marchaban de ellas / y mi tía, por eso, no tocaba las cosas: / las revoloteaba.”
   Los epígrafes parecen condensar una filosofía estética en movimiento. Así, Hombre desatornillando caminos  aglutina quehacer y voluntad en guardia. Una inmersión en los oficios para avanzar por rutas desconocidas. Todo, como el embarazo, es un proceso de mutaciones y perspectivas renovadas, como esos dibujos infantiles que se completan mediante una interpretación como si fueran mínimas historias que no requieren palabras. El onirismo narrativo prosigue en los textos de Hay menú económico con poemas de claras afinidades con la microficción. En ese espacio de intersección expresiva se postula la siguiente entrega, Ciudad girándose aparecida en Baile del Sol en 2015. Otra vez se vela la contingencia del yo para dejar el entorno en primer plano con una exposición de lugares sensitivos, que muestran sus latidos en las aceras mansas del fluir: la peluquería, el puerto, la comisaria, la tienda de relojes o el bar intercambian respuestas mudas sobre su activismo renovado a diario.
   Pan con pan  amanece en 2016. El tono confidencial del aserto aborda esas grietas del asombro que contradicen lo previsible. La temporalidad rompe su decurso lineal para yuxtaponer circunvalaciones y reajustar hábitos. Todo se aproxima a la incertidumbre de una realidad borrosa que abandona sus indicios en el poema. Lo insólito adquiere una textura rutinaria, como si estuviese abocado a la normalidad.  Ningún nombre define el subconsciente y el lenguaje secreto de los sueños mejor que el de S. Freud; así que el poemario ¿Qué hacer con Freud además de matar a Freud? sugiere un homenaje explícito a esas habitaciones interiores del surrealismo y a sus conexiones en clave con obsesiones, sentimientos y complejos vitales. Los poemas realzan un mundo de reflejos y opacidades. Se desplazan entre superficies y fondo para mostrar paisajes imaginarios que se acomodan en las composiciones para airear asociaciones y argumentos enunciativos.
   Los anticipos en revistas, antologías y otras publicaciones se agrupan en Bonus track, que resalta por su diversidad temática, aunque predomina el tono intimista, que hace materia de emociones y pensamientos. Entre sus textos breves resalta, pleno de acierto, el poema “En boomerang”: “La mujer que recorrió el mundo en boomerang / ha llegado al sitio / de donde partió: / a la mano que la quiere lejos”.
   El corpus completo de Elena Román, reunido en Novedades: ayer deja constancia de una escritura vitalista y existencial. Sus poemarios reiteran obsesiones, sorprenden por su manera de trastocar la realidad con elementos narrativos del subconsciente que se convierten en hábitos entrelazados a lo cotidiano. No hay solemnidad en el desarrollo verbal, sino un aire de naturalidad que empaña el absurdo con notables dosis de ironía, como si proclamaran su lucidez y su desconfianza hacia la propia identidad. Uno nunca sabe del todo si es una presencia viva o un frío maniquí de escaparate.



martes, 3 de diciembre de 2019

JOSÉ MARÍA CUMBREÑO. CUADERNO DE VERANO

Cuaderno de verano
José María Cumbreño
Ediciones Liliputienses
Colección Los cuadernos ególatras
Cáceres, 2019


COSECHA ESTIVAL


  Casi como brújula esencial de sus itinerarios, Ediciones Liliputienses abre los brazos a la heterodoxia y al ideario estético al margen. Así ha ido construyendo una estela de publicaciones que plantean campos estéticos a contracorriente y que han buscado puerto entre los lectores españoles a poetas hispanoamericanos de calidad. El responsable de esta propuesta en el cuerpo de letra de la incertidumbre es José María Cumbreño (Cáceres, 1972), licenciado en Filología Hispánica, profesor de Educación Secundaria y Bachillerato, gestor cultural y cultivador de una literatura diversa que amplía recorridos en la poesía, el ensayo, la introspección biográfica y el cuento breve.
  El activismo docente de José María Cumbreño inspira el título de Cuaderno de verano, como irónico homenaje al docente exiliado en cualquier playa mediterránea que lleva en la mochila, junto a las chanclas y la cerveza fría, la libreta de asuntos pendientes, ese recuerdo de que el año docente ni se crea ni se destruye. Solo se transforma, como corrobora el paratexto que abre el poemario y que encuentra en esta cita de Albert Guinon su temperatura ambiente: “Gracias a la instrucción hay menos analfabetos y más imbéciles”.
  El poema entonces muda de amanecida en “Ejercicio de comprensión lectora” para que inteligencia y percepción dejen sus marcas en la piedra, digo en el pupitre. Liberado de anclajes, el poema recurre a la apertura del lenguaje plástico y a los aportes de lo visual: blancos, imágenes, prosificación descriptiva del verso y signos ortográficos que anulan los esquemas rutinarios de la composición. Añadiría de inmediato el humor, un humor de tebeo, una viñeta de diccionario sociológico que sirve para cartografiar las calles del presente con elementos y mensajes aparentemente inconexos, como si el azar propusiera integrarlos a todos en una historia lógica, con planteamiento, nudo y desenlace.
   Poesía visual que se formula como un crucigrama, que tiene como condición imprescindible la lectura activa de quien concluye cada uno de los antipoemas para moldear una interpretación con final abierto. José María Cumbreño no dicta versos, ni siquiera los escribe, pero deja página intacta para que otros lo hagan por él.
   Yo creo que a estas alturas de la reseña, el lector tiene derecho a saber de qué estamos hablando (aunque sea por aproximación y tanteo) y dejo uno de los textos(poemas)  de José María Cumbreño: “Busca información e indica el nombre de tres animales que al igual que las salamandras, ciertas tortugas y los poetas que consideren que se les hace de menos, segreguen sustancias venenosas para defenderse”; otro que también me ha llenado la cabeza de sugerencias: “Marca con una cruz la reacción química que mejor define la vida de una persona: a) combustión B) descomposición c) Desplazamiento d) Neutralización  e) Oxidación f) precipitación“. De los poemas visuales, el lector debe fiarse por omisión, porque mis capacidades plásticas son más bien discretas.
  Seguramente un lector lógico aconsejaría a José María Cumbreño que pasara todo a limpio, o que hiciese una segunda edición de este cuaderno ególatra que diese compañía al inicial con un cuaderno de instrucciones. Y el crítico erudito formularía con asepsia que el poeta recupere en septiembre como demostraría cualquier informe Pisa sobre el talante poético. A mí Cuaderno de verano me ha parecido una coreografía singularísima de momentos docentes, divertida y rompedora, aunque la poesía, acostumbrada durante tantos siglos a sentar la cabeza, haya saltado de inmediato por la ventana del aula.  Fuerte abrazo, poeta, una provocación como Dios manda. Una alegría de libro.
      

lunes, 7 de enero de 2019

PAULA GIGLIO. LA RISA LOCA DE LOS ÁNGELES

La risa loca de los ángeles
Paula Giglio
I Premio centrifugados de poesía joven
Ediciones Liliputienses
Cáceres, 2018


DESDE LEJOS


    La primera convocatoria del Premio Centrifugados de Poesía Joven deja en el entorno literario hispano una voz nueva, Paula Giglio (Córdoba, Argentina, 1988), Licenciada en Filosofía por la Universidad de Córdoba, es autora de los libros de poesía Ella, naturaleza (2012), En el cuerpo (2016) y Un lugar para mis piernas largas (2018) y en 2017 fue seleccionada para participar en la Bienal de Arte Joven de Buenos Aires. También tuvo un papel activo en la trigésimo tercera edición del Festival de Poesía de Trois-Rivières (Canadá). No es, por tanto, una desconocida en la geografía expandida del poema, aunque viene bien que se incorpore a la colección de poesía de Centrifugados que, desde hace años, es insistente ventana frente al cambio de estaciones del paisaje latinoamericano y sus distintas tonalidades.
  En el prólogo “Hoy llueve sobre el mundo”, Robin Myers traza unas notas breves sobre el perfil de Paula Giglio, a partir de la arquitectura argumental de La risa loca de los ángeles. El poema se enfrenta sin más a una historia de amor desde lejos, cuyos polos orbitales son Buenos Aires y París; y en esa cartografía amorosa “la capacidad admirable de quedarse con lo irresuelto y defenderlo” para saber dónde y ser conscientes del lugar de acogida.
  El apartado “Correspondencia” opta por la voz directa, testimonial, que abre la palabra a las sensaciones y al rumor discontinuo de la evocación. Para la soledad, el recuerdo es un monolito que da forma al otro. Sin el rastro difuso de quien se fue, las cosas pasan porque pasan, como esos repuntes de la fisiología que justifican la tos o que conforman un ecosistema personal hecho de hábitos rutinarios. La soledad es una forma de habitar la extrañeza, ese clima que difunde en las horas su dureza invernal, que convierte una carta o una llamada telefónica en una revelación que hace soportable cualquier espera.
  Las cartas proyectan hacia afuera la voz y la palabra del otro; desde París las sensaciones conllevan además de la lejanía, esa necesidad de adaptarse a otro paisaje humano, a otro ritmo vital, a otro espacio humilde que tiene las goteras del desarraigo. En ese estar trasterrado nada es pertenencia, todo invita a eexplorar la conciencia y a buscar calles transitables, al borde  del frío.
   Paris es un arquetipo urbano, una ciudad que más allá de su morfología urbana, ha creado una textura sentimental que ha crecido en canciones y poemas. Así, el apartado “Bitácora” se abre con una invitación al viaje, un verso de Joan Margarit: “Esa parte de nosotros que permanecerá siempre en París”. Es tiempo del reencuentro y de descubrir la ciudad como protagonista principal y escenario sentimental del abrazo. Y allí viaja ella para sortear cualquier espejismo con el paso tangible de los lugares de la memoria, siempre proclives a comparar ambos espacios.
   Los poemas de Paula Giglio trasmiten una convicción de naturalidad, tienen una textura intimista, son “delgados desdoblamientos sobre la página” en la que el lenguaje no busca adornos ornamentales ni la ampulosidad de lo gratuito. Entre el presente y la evocación, comparten la sed emocional de la identidad  para disipar la niebla del yo solitario y dejar en el curso manso de lo real algunas cualidades oníricas, los valores explícítos que hacen del amor el núcleo básico de la identidad.  



miércoles, 10 de enero de 2018

MARIO MONTALBETTI. LEJOS DE MI DECIRLES

Lejos de mí decirlesPoesía reunida (1978-2016)
Mario Montalbetti
Ediciones Liliputienses
Cáceres, 2017

ESCISIONES


   Ediciones Liliputienses, cuyo catálogo editorial dirigido por el poeta José María Cumbreño, ya sobrepasa los cien títulos, reúne en el volumen Lejos de mí decirles el cuerpo lírico completo del lingüista y poeta peruano Mario Montalbetti (Callao, 1953). Profesor universitario de Lingüística, director de QWXY, Seminario permanente de filosofía del Lenguaje, y fundador con Mirko Lauer y Abelardo Oquendo de la revista Hueso Húmero, a la que sigue ligado como miembro de su consejo editorial, Montalbetti inicia su trayecto creador en 1979 con la entrega Perro negro, 31 poemas. Después adviene una escisión solo rota en 1995 con la obra experimental Fin desierto. Tampoco ahora el quehacer impulsa rutinas, pero en la década siguiente el avance se consolida con Llantos Elíseos, Cinco segundos de Horizonte, El lenguaje es un revolver para dos y Ocho cuartetas contra el caballo de paso peruano. Siempre consecuente con la percepción del lenguaje como magma exploratorio, publica en 2012 Cajas, un estudio especulativo sobre sentido y estética que muestra, para algunos estudiosos, espacios próximos al poema. Esta faceta crítica aporta en 2014 la recopilación ensayística Cualquier hombre es una isla, trabajo que postula un nuevo viaje interior a las cavidades semánticas del lenguaje, y en 2016 El más crudo invierno, monografía sobre un poema de Blanca Varela.
   Lejos de mí decirles se edita por primera vez en México en 2013, cuando Aldus reúne el mapa literario de Montalbetti; aquella antología sirvió de guía para la presentación del poeta en España al año siguiente, en Ediciones Liliputienses; por tanto, la edición actual completa el recorrido cronológico.
 Los poemas germinales de Perro negro postulan en el apartado “poemas romanos” una reconstrucción aleatoria del tiempo histórico; el discurrir invita a la fabulación de acontecimientos con una mirada crítica e irónica; de este modo, la grandeza clásica y su legado en el tiempo abandonan contornos mitificados para airear el trazo discontinuo de la crueldad y el absurdo. El mundo es la imagen atinada del paraíso perdido. Esa reflexión también perdura en las siguientes secciones que entrelazan intimismo y voz confidencial hasta completar un poemario a trasmano de etiquetas. La temática deja una impresión aleatoria de la realidad, un dibujo fragmentario que rompe la línea lógica y aborda estampas dispares, enunciados que reinciden en una percepción laberíntica del transitar de la conciencia.
  Ya en este primer paso queda patente la inquietud formal, la huida de lo previsible para incorporar al poema rupturas léxicas, repeticiones de claves semánticas y de figuras literarias, ritmos abiertos, espacios blancos entre los versos, rimas; desde esa actitud de replanteamiento de logros y desconfianza en lo anterior nace  Fin desierto, editado dieciséis años después. Se proyecta en los versos el deseo de abrir espacios y el afán de buscar puertas tras la puerta. La voz lógica convive con momentos afines al surrealismo y con la floración de imágenes provistas de un fuerte hermetismo.
  Llantos Elíseos, obra de 2002, supone un abandono del verso sálmico y una opción por el poema corto, aparentemente más claro y enunciativo. Pero el tema esencial reincide: el lenguaje y sus vibraciones. Sobre el afán que rige estos poemas escritos en un lapso temporal de seis meses, entre septiembre de 2000 y junio de 2001, clarifica Montalbetti: “Quise hacerlos al margen de la lengua y por ello solamente las letras que he empleado para escribirlos son mías. El resto (las palabras, las frases, los versos esporádicos) son los perversos efectos de un idioma que arma sentidos porque no tolera que se le ignore”. Es obvio que el enunciado está más cerca de la lingüística que del discurso lírico tradicional.
   En la primera década del nuevo siglo la obra de Montalbetti adquiere continuidad y el contacto con el lector se reitera en plazos temporales más breves. En 2005 ve la luz Cinco segundos de horizonte, cuyo título parece aludir al carácter fugaz de cualquier percepción, como si fuese una secuencia visual proyectada sobre la pantalla de un cine. El hábito de ser es un recorrido que despliega alba y ocaso; sume a quien reflexiona en un estar dubitativo, de espera, para ser testigo de ese breve paréntesis existencial de lo sensible.
  En esta obra, la voz discursiva ensaya el verso largo, lo que concede al poema un ritmo denso, ralentizado por la reflexión conceptual. La escritura es un viaje que plantea cuestiones como “para quien se escribe”. Si se escribe para otros el poema es un lienzo receptivo de sensaciones, tejido emotivo e ideas; debe mostrar “el esplendor blanco de la luz”; así, en el tramo final del poemario prevalece una mirada intimista en torno a la identidad del yo, como en “El peruano perfecto” y al entorno doméstico, en “Pequeño ciclo lírico sobre el amor filial”. Los versos se hacen más diáfanos y postulan diálogos con el receptor del mensaje. La misma sensibilidad se percibe en el breve conjunto El lenguaje es un revólver para dos, que ve la luz en Lima en 2008 y que concluye con un clarificador ideario que entremezcla en el fuselaje del poema engaño, esperanza y verdad. De esa misma etapa procede 8 cuartetas en contra  del caballo de paso peruano. Tan extraño título invita a la conjetura. Si los referentes se descubren, los versos adquieren un sentido más nítido. Así el subtítulo “Pisco 4.11.2007” clarifica de inmediato el ambiente de desolación que recuerda el terremoto del 15 de agosto de 2007, cuyos efectos sembraron el caos en la región y fueron catastróficos para la población y el territorio. También se entiende mejor el poema “Billy Hare” si se conoce el quehacer creador del fotógrafo peruano y su trabajo sobre los efectos visuales que crea la repetición de una imagen o la captación instantánea de lo imprevisto. El poema “lejos de mí decirles”, que da título al corpus completo adopta el tono fuerte de la proclama para exponer una actitud frente al idioma común. En él se multiplican las aseveraciones contra la unidad, el gregarismo y el discurso institucional normalizado; por tanto, constituye uno de los parámetros centrales de Montalbetti para definir su escritura.
  Dos obras completas el proceso verbal del peruano. En Apolo cupisnique el contexto espacial de Perú tiene una presencia transparente en muchos textos a través de lugares arqueológicos emblemáticos de las civilizaciones precolombinas, cuyo legado constituye una forma de identidad colectiva que todavía perdura en el ahora peruano. La obra de 2016, Simio meditando, subtitulado (Ante una lata oxidada de aceite de oliva), coda aclaratoria repleta de ironía focaliza gestos cotidianos de los hábitos privados. El yo resulta la suma de sus actos hacia fuera, donde la realidad adquiere la apariencia de una explanada en la que se dan cita los procesos lingüísticos, sus matices y argumentaciones.
  El volumen integra como clausura las indagaciones poéticas publicadas en las páginas de Hueso Húmero. En ellas se puede percibir, sea cual sea el periodo de escritura, el continuo trabajo en el lenguaje, no para referir, argumentar o elaborar historias mínimas sino para descubrir que el valor de uso de la lengua se reduce a cero.
  Frente al poeta que impulsa una obra personal yuxtaponiendo aciertos y avanzando sobre cimientos antiguos, Mario Montalbetti busca la escisión y el corte, escribe afirmando que el lenguaje deconstruye y no comunica; sus poemas buscan los márgenes del significado, por ello necesita símiles clarificadores para impulsar algo de luz entre el vacío y la sombra, para buscar argumentos sobre la naturaleza de las palabras, para no decir: “Escribo para contener / mi  distancia con lo humano. / Escribo para estar solo, / para no ser poeta”.

         

martes, 4 de abril de 2017

JOSÉ MARÍA CUMBREÑO. EDICIONES LILIPUTIENSES

Novedades de Ediciones Liliputienses
(Un regalo de José María Cumbreño)

MAPA POÉTICO DE LILIPUT

  Todo encuentro es el relato de una confirmación y el manifiesto vitalista de nuevas incertidumbres. Así que tenía ganas de coincidir sin horarios con José María Cumbreño, poeta, impulsor de Ediciones Liliputienses y persistente convocante de “Centrifugados”, encuentro anual de literatura periférica (aunque el término es aleatorio y nunca se sabe dónde está el centro y dónde las afueras, porque con permiso de Jaime Gil de Biedma y de Pablo García Casado “estar en las afueras también es estar dentro”).
   Un viaje personal a Cáceres para participar en la Feria del Libro de Trujillo me concedió la oportunidad de la cita pactada y una tarde de amistad y poesía que paso a describir sin más esgrimas caligráficas que la gratitud y el afecto. Tras el paseo urbano por la ciudad y su casco antiguo, con despliegue de historia y vida, el poeta sacó de la chistera de la generosidad más de una decena de libros de poesía que puso en mis manos con la sonrisa de quien dice: disfruta sin más. Y mi silencio perplejo fue sumando datos de ediciones recientes y aprendiendo la orografía lírica de Liliput. Está llena de vértices y núcleos porque José María Cumbreño se ha propuesto saltar al otro lado del castellano para unir en su editorial autores relevantes como Eduardo Chirinos, Marcelo Díaz u Omar Pimienta, con casi recién llegados como Daiana Henderson o Valeria Román Marroquín que todavía no cumple los veinte años. Son salidas no reductivas; en la cartografía liliputiense también hay plaza para realidades de nuestro entorno, como Juan Carlos Mestre, Elías Moro, Pablo Fidalgo Lareo o Miriam Reyes.  Títulos y autores que dieron para una jugosa conversación sobre el panorama creador y sus líneas de fuerza, mientras se calentaba la cerveza y se quedaba frío el té con limón.
   José María Cumbreño tiene una percepción profunda del momento literario actual; sabe seleccionar aperturas, derivaciones y descubrimientos sin la imposición de un restrictivo canon estético. Los que están son y escriben.
  Solo me queda ahora ir conociendo estas novedades con el gesto tenaz del lector que busca ángulos abiertos. Y lo haré. Ya despliego sobre mi mesa de trabajo la claridad festiva del verano, un resplandor de tinta.