domingo, 7 de marzo de 2021

ACEITE SOBRE EL AGUA

Espera
(Mesa de trabajo)

 

ACEITE SOBRE EL AGUA

 

Nada se sabe, todo se imagina
 
FERNANDO PESSOA
 
   Este tiempo digital ha emplazado en sitio visible a la necesidad de valores que buscan un lugar propio. Hay que reivindicar cada vez más fuerte, sin quiebras ni estridencias, que hay una abrumadora crisis moral que afecta a todos los estamentos sociales. Se percibe a diario en la estridencia alborotada de los medios y en la disolución de los referentes políticos y sociales. Lo de las infantas, que deben renunciar y romper vínculos con la monarquía para costearse sus tropelías por su cuenta, repulsivo; lo del comisario de multimillonario patrimonio y ninguna credibilidad en la siembra de implicados para diluir responsabilidades propias; lo de Echenique, sin el mínimo sentido de estado y empañado de niebla ideológica, repulsivo; lo del regateo antisistema para dinamitar las instituciones desde dentro, repulsivo.  Una sociedad sin valores es un organismo al que le han extirpado su arteria principal; la crónica de una muerte anunciada.

   Penoso el compadreo para repartirse el poder judicial. No extraña que después florezcan a diario esas sentencias que tienen como título secundario aquel aforismo de Stanislaw J. Lec: "Todos somos iguales ante la ley, pero no ante los encargados de aplicarla".
 
   Íntima cartografía del sujeto verbal y sus desplegadas conexiones con el entorno. Desmantelo la biblioteca por reformas. Se acumulan los libros en estantes provisionales, cajas, maletas, mesas de trabajo y se agrieta la discusión perpetua: hay que seleccionar libros y desprenderse de los que desbordan las habitaciones. Pero, ¿qué libros sobran? Poesía, no; ensayo, no; filosofía, no, aforismos, no; historia, no; novelas… Bueno, y presentan urgentes credenciales Saramago, Coetzee, Alice Munro, Onetti, P. Modiano… En cuántas novelas, durante años la luz.
 
  Los etiquetados imprevistos en el muro de facebook, hechos casi siempre con la mejor voluntad, no pocas veces me crean un problema: si he pasado una semana haciendo una reseña y anuncio la nueva entrada del blog, no hay sitio para promocionar mis propios poemas, los éxitos literarios de desconocidos o los eventos digitales del día; así que borro la etiqueta y sé que borro también un poco de la amistad del otro. Pero la razón es meridiana y es bueno que los demás perciban claridad y amanecida; el despertar en un libro leído por intensa dedicación.
 
  La caligrafía insomne de su mensaje me recordó: “no tengo aspiraciones trascendentes. Solo quiero ser feliz”.
 
(Apuntes del diario)


 

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