miércoles, 7 de abril de 2021

JOSÉ ANTONIO OLMEDO LÓPEZ-AMOR. EL PÁJARO A LA RAMA.

El pájaro a la rama
Conciencia del tiempo  tiempo de la consciencia
en la poesía de Ricardo Bellveser (1977-2020)
José Antonio Olmedo López-Amor
Olé Libros, Selección del editor
Valencia, 2020 
 

LECTURA DE RICARDO BELLVESER


   Coeditor de la revista Crátera, José Antonio Olmedo López-Amor mantiene un incansable impulso creador. Diversifica voluntad en una entrelazada red de géneros: poesía, novela, ensayo, aforismo y ediciones críticas, aunque se escora, de forma clara hacia el quehacer lírico, como poeta de largo trayecto,  que amanece con Luces de antimonio (2011) y deja como última entrega Actos sucesivos (2020). Completa su perfil con análisis críticos y colaboraciones en prestigiosas revistas como Turia, Quimera y Revista de Letras.
  La entrega El pájaro a la rama. Conciencia del tiempo y tiempo de la consciencia en la poesía de Ricardo Bellveser (1977-2020) integra, con atractiva disposición formal, que suma bibliografía, diálogos, galería de imágenes y un animoso inventario de afectos, una compacta visión diacrónica, que define el corpus total de Bellveser y completa un marco contextual donde nació.
  Como recuerda María Zambrano en el paratexto: “El arte parece ser el empeño por descifrar o perseguir la huella dejada por una forma perdida de existencia”. El cauce argumental recorre más de cuatro décadas de creación personal, enlazando el transitar histórico y la visión concreta del hablante biográfico. Nacido en Valencia en 1947 y con una amplia formación universitaria con licenciaturas en Periodismo, Ciencias de la Información y Filología Hispánica, el alba del poeta Ricardo Bellveser irrumpe en la generación del 70. Es una promoción definida por la pulsión culturalista y la reflexión metapoética, aunque fuera menos rupturista que lo supuesto por el gregarismo crítico. Interesa, eso sí, percibir este ideario estético en Valencia como una década renovadora, en la que aparece el quehacer editorial de Hontanar, las revistas literarias Múrice, Proís y la colección de cuadernos de poesía Lindes, de cuyo grupo fundacional formó parte Ricardo Bellveser, quien vive con intensidad el clima lírico del momento y publica la antología Un siglo de poesía en Valencia (1975). 
  El ensayo sugiere una polifonía que aglutina claves transversales. Entre ellas destaca la mediterraneidad, no como tópico localista, sino como rasgo que hace posible la aleación entre individuo, paisaje e impresión. La voz del poeta da la palabra también a un activista de una polémica que sonó con fuerza en los años noventa, la poesía de la diferencia, un frente estético manifiestamente crítico con la tendencia dominante, la llamada “Poesía de la experiencia”. Bellveser define aquella trinchera estética como “Un sentimiento literario heterodoxo y moral que anunciaba el fin de una estética dominante de poetas clónicos.”; en suma, una defensa del lugar propio, frente a actitudes y grupos de poder literario que contaban con el beneplácito mayoritario de los lectores y de las instituciones públicas.
  La obra completa de Bellveser, entre 1977 y 1993, se integra en el volumen La memoria simétrica, editado por Huerga y Fierro, con prólogo de Pedro J. de la Peña. El libro abriría un cambio de ciclo, como se percibe en su antología más reciente El sueño de la funambulista (2018). El ensayista aborda el impacto de cada entrega, como tesela sumativa en el mosaico completo, desde el culturalismo de la ópera prima Cuerpo a cuerpo (1977); y evoca las pautas marcadas por los materiales recogidos en la celebrada antología La memoria simétrica (1993). Arranca con De profundis, casi en el cierre de siglo, un nuevo enfoque lírico, más turbador y vivencial, que prosigue en Julia en julio, obra donde resalta esa amalgama de vocación estética, emoción y memoria. Ya en 2002 aparece El agua del abedul, un hito en el trayecto por su estrato simbólico y su densa pulsión emocional.
   La voz poemática establece sedentario refugio en la madurez. La conciencia verbal unifica temas perennes de la poesía universal: la textura erosiva de los sentimientos, la finitud temporalista del ser o el contacto del yo con el entorno natural y la otredad en la experiencia vital. Son estelas abiertas por Fragilidad de las heridas, Las cenizas del nido, Jardines, Primavera de la noche y la última entrega, hasta el momento,  Estanterías vacías (2020).
   La ubicación geográfica y vital del poeta hace que se analice con minuciosa cadencia el tejido cultural valenciano y sus activos básicos, con un prolijo conocimiento de proyectos, revistas y eventos culturales en activo; pero nos parece de mayor interés para el lector común el análisis de la cosmovisión que aporta una coherencia ética y estética a lo largo de su trayectoria. Al respecto, resultan clarificadores los diálogos con el poeta que clarifican el ambiente epocal, las estrategias de taller, los distintos relieves de la vocación literaria y los juicios y certezas que cimentan el perfil propio.
   El volumen se completa con la bibliografía completa y el inventario crítico que ha originado, junto al material documental que conforman un selecto epistolario y un nutrido abanico de fotografías. Sirve de coda un  epílogo de afectos en el que están, entre otros Guillermo Carnero, Jaime Siles, Rafael Soler y José María Álvarez.
   El pájaro a la rama, un título que mantiene los ecos de Octavio Paz, define con plena nitidez la personal manera de entender el hecho literario de Ricardo Bellveser. Muestra una indagación en el tiempo, ordenada en un contexto histórico donde respira la diversidad de la poesía española en los últimos cuarenta años. Es también el homenaje de admiración y afecto de un poeta joven que se mira en el espejo de la madurez para hacer del conocimiento y la voluntad espacios habitables. Para que la poesía preserve el temblor del asombro, esa luz que jamás se repliega y que sigue alerta, también cuando no estamos.
 
JOSÉ LUIS MORANTE 




martes, 6 de abril de 2021

TRANSICIONES (Apuntes del diario)

Regreso
(Palacio de Cristal, Parque del Retiro)
Madrid, 2021
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana

 

TRANSICIONES
 
 
En el Retiro caminamos sin prisa, sustituyendo al pensador por el paseante para percibir la superficie sosegada del lago, la quietud de una estatua con vida, el violín que suena con el abrazo ronco del violonchelo. Instantes. Transiciones del ánimo.

Ese detestable turismo de borrachera, vociferante, violento y fisiológico, que agrieta la noche de Madrid, no representa a ningún país. No es francés, ni alemán, ni belga, ni pertenece al pijerío estudiantil hispano. La bobería asocial es apátrida por naturaleza. 
 
A diario mantengo el cívico disfraz de la esperanza. Han sido meses de mucho trabajo y este mes, donde el libro es elemento esencial, dejará sitio a dos nuevas entregas personales y a dos estudios con otros autores. Una excelente cosecha que merece celebración con los amigos. Cada libro no es más que una actitud de asombro frente a lo contingente.
 
Permanecen los garabatos del encuentro, esa profundidad de la grieta que separa el deseo del ideal.
 
Si ves un resplandor descarta el endiosamiento. Una vela no es una estrella.
 
Signos de alegría frente al ordenador. Tras días en casa, vencido y desarmado por la neurótica saturación de lo doméstico, otra vez la buhardilla adquiere su apariencia natural. Ya están los libros en su sitio, he colocado en otros estantes los que nunca releo y he reciclado la poesía que ha envejecido mal y que ahora me mira con ojos de extrañeza.
 
Regresos; la vida es un reguero de ceniza; pero hay que preservar el sentimiento de positivismo también con esas amistades que duran mientras somos útiles.
 
(Apuntes del diario)
 
 
 


lunes, 5 de abril de 2021

HUELLAS

Más cerca
Imagen
de
Alena Paulus


 

HUELLAS
 
 
En el aire, mis dedos
exploran cavidades y palabras,
los hilos de rendijas interiores.
Cobra fuerza en su tacto
la sequedad estéril del silencio
y asciende, inadvertido,
un deshielo de voces,
un puente levadizo
que se aleja del frío y nos pronuncia.
 
En el aire, mis dedos
descubren los pigmentos,
la textura de gema,
el pulso vivo
cuando estiro la mano, toco fondo,
y me quedo a vivir en el poema.

                (De Nadar en seco)


 

sábado, 3 de abril de 2021

MIGUEL CATALÁN. EN ESTADO DE GRACIA

En estado de gracia
Miguel Catalán
Editorial Verbum
Colección Narrativa
La Poveda, Arganda del Rey, Madrid, 2021

 

ITINERARIOS DE TINTA

 

   La dimensión literaria de Miguel Catalán (Valencia,1958-2019), Doctor en Filosofía, docente universitario, ensayista, colaborador de prensa y autor de una abundante cosecha lacónica compilada en el volumen Suma breve, dejó inéditos quehaceres del taller que María Picazo, pareja sentimental, colaboradora necesaria y eficaz expresión de continuidad, conduce con tesón a los campos abiertos de la lectura. Así sucede con la novela En estado de gracia, integrada en el catálogo de Narrativa de Editorial Verbum, el molde que da forma, sin fracturas, a varias entregas de Miguel Catalán.
   Como si la consecución de la felicidad fuera meta final y sedentario viaje existencial que deposita en la inactividad de la ataraxia, el novelista deja como pórtico de En estado de gracia una cita especulativa del aforista esloveno Zarko Petan: “¿Sobre qué podría escribir un escritor feliz?”
    La mano autorial opta por el verbo directo de la primera persona para ofrecer la historia de una vocación literaria, la del joven Teo Barbosa, cuyo detonante apresurado es la febril lectura de El jugador, de F. Dostoyevski. Tan vehemente tarea necesita el refrendo del experto, en este caso Don Armando Copero, orondo profesor de Literatura, quien tiene un nítido aire de familia con la humanidad desparramada de Lezama Lima. Esa pulsión de búsqueda de horizontes literarios de Mateo Barbosa, prolífico retrato de cualidades personales, tiene un aplicado testigo, Ramón Borrego Chamorro, convertido en voz narrativa y enfermo también del virus creativo. El desengañado profesor no tarda en poner a la sombra la infección literaria de Barbosa porque defiende que el fermento de la página escrita es la experiencia vital con su cúmulo de erosiones, derrumbes y pérdidas, un patrimonio desconocido para quien dispone de una prolija cosecha de dones innatos y de un paraíso familiar que protege su estar diario. Don Armando profetiza que solo desde los sillares del fracaso nace la letra fuerte, la que perdura como el sol de medianoche; y son muchos los referentes culturales citados, que iluminan con luz firme la teoría.
   Miguel Catalán opta por pluralizar el enfoque narrativo y cede pronto la palabra a Teo Barbosa; este viaje interior al pensar de Teo permite aprehender su perspectiva vital, esa ausencia de zonas de sombra que ha propiciado una vida fácil, aparentemente insulsa, como si su cadencia no experimentara distorsiones. Por tanto, si la escritura es compensación, solo es posible la obra de arte en biografías castigadas por la intemperie. Y no es el caso de Barbosa, dado a la elitista comodidad, con puerta abierta a la satisfacción del deseo y con el apoyo de Ramón Borrego que, de nuevo toma la palabra, para seguir buscando menesterosos y desabridos como Cervantes, Quevedo, Góngora, rescatados de la historia por la erudición memoriosa del profesor Ropero.
   El humor florece fuerte cuando ambos jóvenes intentan modificar la genética de sus destinos. Barbosa, rico y malcriado, aspira a la desgracias y Borrego, gañán superviviente de la barbarie paterna y pueblerina, está obsesionado por formar parte de un estamento social más solvente, capaz de enmendar una realidad desapacible. Y en esta paradoja, Miguel Catalán nos deja instantáneas vitales de carácter, que provocan de inmediato un cálido disfrute lector.
   En la contundente bonanza de Teo no hay ángulos oscuros. La felicidad abre las manos con activa complacencia y sin intemperies de límites difusos y de cimentación movediza. El aprendiz de autor personifica una sonada paradoja existencial: es feliz y eso le frustra porque supone, como escribiera Antón Chéjov, en cita rescatada por Miguel Catalán que “el descontento consigo mismo constituye un elemento básico del verdadero talento”. Si la semilla de la creación son los surcos abiertos por el fracaso, las estrategias de Teo y Ramón acabarán alzando dos trincheras opuestas. Eso da pie a protagonizar escenas hilarantes, contradictorias, que son enunciados representativos de sus aspiraciones juveniles.
   La veta narrativa de Miguel Catalán ha sido considerada como un vector secundario, frente al magno trayecto de Seudología o la ajustada partitura de los aforismos de Suma breve. La ficción En estado de gracia descubre en su estructura lineal la autonomía de un excelente narrador. Catalán es un aplicado moldeador de caracteres. Con atenta inspiración, completa un hilo argumental de gran riqueza, salpicado de carga erudita y dispuesto al contraste vital entre dos personajes unidos por la amistad y el afán de la escritura. La novela En estado de gracia ilumina la travesía ficcional de un escritor múltiple. En ella aflora la voluntad dispuesta de quien sabe que escribir no es una vocación sino una reflexión objetiva sobre el compromiso literario y su estética, esa perseverancia para llegar a tierra firme cuando no hay suelo.

JOSÉ LUIS MORANTE

viernes, 2 de abril de 2021

CONVERSACIÓN A SOLAS


 

UNA CONVERSACIÓN A SOLAS

Me gusta hablarle a la pared,
 es el único oyente que jamás me contradice

OSCAR WILDE 
 
Soso, serio y formal; el lema del candidato socialista a la Comunidad Autónoma de Madrid, más que una apelación al voto, parece la pudorosa solicitud de un seminarista de ejercicios espirituales o el catálogo abreviado de humildad, pacifismo y trabajo de un pretendiente amish.

Nada sé del personaje mediático del momento y de esa venta de visceralidad afectiva que alienta a diario la cadena televisiva más solicitada del país. Pero el acoso sexual, los malos tratos y la violencia de género son actitudes tan repulsivas que, más que primeros planos visuales y fárragos verbales de tertulia alcohólica, merecen juicios rápidos, condenas efectivas e inmediatas y alejamientos ecuatoriales del salvaje de turno.

Vuelvo a la escritura de Anne Carson y tampoco esta vez fue un encuentro sedentario. Muchos significados quedan fuera de alcance. Están llenos de puntos ciegos, pero mis interpretaciones fallidas no me dejan la sensación de fracaso. Es un material sin género, duro, obsesivo, singular, que rechaza el ojo frío de la disección. Hay que leer sin más, contemplar un trompo que gira.
 
La esperanza de entender también afecta al pie quebrado de lo diario, cuyos componentes nunca resuelven la contradicción, esa simultaneidad de amargo y dulce, de sensaciones de frío y de la color que pueblan el mapa de las emociones.
 
Buena parte de los aforismos que leo últimamente son pálidas virutas de taller, frases sueltas que fuera del contexto adquieren un sentido difuso. Aunque de cuando en cuando salte el destello capaz de iluminar un pensamiento.
 
Los afectos de mi nieto Asier llenan la casa a diario; son esos sonidos claros de la ternura que se abren a la realidad o dan voz a los sueños. Con ellos, oigo secreta música, una partitura de felicidad en los hilos del tiempo.
 
(Apuntes del diario)
 

 

jueves, 1 de abril de 2021

miércoles, 31 de marzo de 2021

LUIS ESCAVY. OTRA NOCHE EN EL MUNDO

Otra noche en el mundo
Luis Escavy
Ediciones Sonámbulos
Colección Macasar
Granada, 2021

LOS OJOS DEL PRESENTE


 
   Al repasar la nota bibliográfica de Luis Escavy (Murcia, 1994), Graduado en Filología Clásica por la Universidad de Murcia y profesor de Latín y Griego en un instituto, es inevitable recordar la estela que han abierto en la poesía contemporánea paisanos suyos como Eloy Sánchez Rosillo, José María Álvarez y Dionisia García. Su magisterio encuentra en el ahora continuidad con amanecidas literarias como la de Luis Escavy, que ha dejado composiciones en revistas Maremágnum, Anáfora o Estación Poesía y ha sido reciente finalista del Premio Adonais en su 74 edición con el libro que ahora Sonámbulos acerca a los lectores, con fotografía de portada de Carmen García Moreno.
   La hermosa edición de Otra noche en el mundo nos muestra un poemario de estructura dual que integra treinta y tres composiciones breves. Tras la cita de Juan Bautista Beltrán, comienza senda el apartado de título paradójico “El orden de las ruinas", donde el yo poético establece una imagen de cercanía, dispuesta al enunciado dialogal, con un lenguaje aplicado en la fiel descripción de la  puesta en escena. La existencia tiene trazos de sosegada representación, marcada por el hábito y la rutina, en la que conviven realidad y aspiraciones. Aplicado en ese quehacer, el poema ofrece una propuesta de sentido que nunca se cierra en sí misma y que obliga al personaje poético a una inacabada interrogación sobre la razón de ser. No es tiempo de héroes ni de la implosiva beligerancia de la épica, sino de afrontar un devenir de vuelo bajo que hace de la realidad un espacio habitable y un ejercicio de coherencia y dignidad. Cada cuerpo es una estela en el tiempo, una historia y una biografía singular que encuentra ruinas y espacios por hacer.
   La presencia de los elementos del paisaje suscita una clara indagación introspectiva, llena de símbolos y claves existenciales. Así sucede en el poema “Segóbriga” en el que la nívea silueta de una iglesia, casi fuera de lugar entre los restos arqueológicos romanos, alza en el horizonte su inadvertida profesión de fe; o en la composición “Una foto de familia”, donde el transitar alumbra un ejercicio de evocación y destino, de aguantar a pie firme “la pólvora del tiempo”. El conocimiento de nuestra textura existencial descubre, sin patetismo, la verdad: la vida es desvivir, un caminar umbrío hacia el nunca lejano otoño de las sombras.
  El poeta, frente al conformismo de lo diario, recurre a los escenarios de la desolación para convertirlos en grietas de la memoria. De ellos nacen las lecciones de la historia, como en el poema “Visita a Teufelsberg”, donde sobrevive semioculta la infamia nazi bajo una geografía asolada, o  los restos de alguna promoción urbanística del desarrollismo, que ahora luce su varada osamenta de fragmentos rotos, como constata el poema “Arquitectura fantasma en el Mar menor”.
  Luis Escavy titula el segundo apartado “Vigilar el fuego”; desde el poema discurre el agua del tiempo, esa fuerza apelativa de la sed haciendo de la necesidad un registro de transparencia. Si el pasado resiste como un incansable laborar de cambios, es preciso preservar la raíz, fortalecer esos actos que mantienen viva una voluntad menesterosa, en busca de sitio para la riqueza fértil de la transcendencia. La fe cobija, como cobija el amor, hilo argumental de “Aline para dos”. Quien escribe recorre un legado literario, que se hace visible en la traducción, cuando pone salida al callejón del idioma con la pericia de José María Micó, o con la propia voluntad de llenar un texto de claridad: “Traducir. Llevar al otro lado: / ser solo el mensajero que en la noche / con la única antorcha del sentido / ofrece un nuevo mundo a la palabra”.  Junto al poso cultural del apartado persiste el intimismo reflexivo, construido de dudas e incertidumbres, que alumbra composiciones como “Los domingos”, o “Confiado de lluvia”, dedicado a Guillermo Marco Remón, otra voz emergente del Premio Adonais, o el apunte evocativo de “Biografía”.
    Otra noche en el mundo de Luis Escavy es una valiosa salida a descubierta. Pone el foco sobre una retina indagatoria en torno al transitar, aparentemente anodino, de lo cotidiano. En sus textos, la poesía se convierte en forma de conocimiento, en disposición a explorar el callado misterio del ahora. Y lo hace con una dicción limpia, de percepción temporalista. El pensar poético de Luis Escavy es renovación y mediodía, una alegría que alza vuelo con el paso incansable de la juventud.

JOSÉ LUIS MORANTE