martes, 13 de febrero de 2024

TINTA BOTÁNICA

Presentación de Aforismos e ideas líricas. Juan Ramón Jiménez
Librería Isla de Siltolá, Sevilla, mayo de 2018
Con Javier Sánchez Menéndez y León Molina

 

DESDE LA ISLA DE SILTOLÁ


 En el trasfondo del azar dormita un orden secreto, una simetría que pauta planteamiento, nudo y desenlace.

 La autobiografía convierte a otro en protagonista.

 Los minimalistas dogmáticos pueden confundir un haiku con un cantar de gesta.

 El agónico vocacional tiene una visión cabizbaja de la realidad inmediata.

 Cerca del mar todo se borra, salvo el silencio roto y el efecto emocional de la contemplación.

 Contra los insectos utiliza el reproche  didáctico.

 No siempre fue pasado e invisible.

 La conciencia egoísta piensa que un cielo menesteroso cobija a los demás.

 El insomnio acumula ruidos con cautelosa paciencia.

 Las falsas verdades dejan ruinas que se veneran largo tiempo.

 Cuando despierto regreso de un oasis que no existe; entre las manos tengo un puñado de arena.

 A diario la realidad comparece con la piel sucia y agujeros en la suela de los zapatos.

 (Selección propia)

Se desplaza con disciplina de trazado ferroviario.

 

 

Tinta botánica: libros de hoja caduca y libros de hoja perenne.

lunes, 12 de febrero de 2024

JUAN DE YEPES

San Juan de la Cruz
(Fontiveros, Ávila)

 

 
JUAN DE YEPES
 
Las purgas arbitrarias del Calzado
me sumergen aquí, cárcel extraña,
áspero techo bajo de zaguán,
cisterna que sepulta mi alegría,
asedio de tapiales toledanos.
 
Vierte la madrugada su misterio
 y abruma una vigilia de ojos grises.
A tientas me visitan los recuerdos;
tornan desperdigadas, vulnerables,
imágenes de infancia y juventud:
la planicie otoñal de Fontiveros
en el sofoco de las rastrojeras;
el cardo, mancillando los majuelos;
el silbo del pastor en la vaguada...
Cobertizos de adobes y bardales
forman los arrabales de Medina;
en su insignificancia sobreviven.
 
Hubo lluvias y panes de cebada,
amanecidas de tenaz ayuno
y polvaredas sobre el pedregal.
No olvidaré tampoco a los maestros;
enseñanzas a la luz del candil
de Cicerón, Virgilio y Tito Livio
bajo la docta voz de Bonifacio.
Vagué escindido en la ciudad del hombre,
al margen de conflictos y disputas.
Acíbar en las aulas salmantinas,
ternura en Sebastián y Garcilaso,
y en el magno Cantar de los Cantares.
 
Otra vez en Medina. Grato encuentro,
Teresa de Cepeda, mujer libre,
rapto de fortaleza, compromiso
de fe, curtido temple reformista
que desplegó las alas del Carmelo.
Teresa de Jesús, ¡vasta memoria!
¡qué plenitud de dones imborrables!
 
Morosa nieve matutina
abrazando los yermos de Duruelo,
austera reclusión originaria
que generó los frutos de Mancera...
 
Porque bajo el techado más sombrío
el pensamiento se conforma libre,
siento el mínimo roce de unos versos.
Cada noche se afirman sin desmayo,
como si los forjara la impaciencia.
En su maduración hallo consuelo:
 
Qué bien sé yo la fonte que mana y corre,
Aunque es de noche.
 
Aquella eterna fonte está escondida,
Qué bien sé yo do tiene su manida,
Aunque es de noche...
 
La soledad multiplica mis rostros,
las indelebles huellas del pasado.
Pongo término a más ensoñaciones
que sugieren gravosa vanidad.
Se congrega el azul en la aspillera.
El nuevo día me dará quietud.
Si no encuentra sosiego mi cansancio
que desoiga mi sed la llamada del limo,
que la oración me ciña transparencia
y tome posesión de los sentidos.

     (Del libro Largo recorrido, 2001)


 
 

domingo, 11 de febrero de 2024

CATÁLOGO DEL BUEN PESIMISTA

Atardecer en el Parque Lineal
(Rivas Vaciamdrid, febrero 2024)
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana


CATÁLOGO DEL BUEN PESIMISTA



Hay cielos  cuyos contornos definidos no permiten la indiferencia contemplativa.

El buen pesimista solo ratifica la imposibilidad del ideal.

El tiempo de senectud regala una sorprendente variedad de carencias.

La mejor inocencia persigue ideales modestos: ser feliz a diario.

Hay escritores que tienen una querella ilimitada con la imaginación.

En el ejercicio de la crítica no hay dogmas. Solo matices de apreciación.

La apropiación de ideas ajenas da de sí para dos tomos. 


(Aforismos de invierno)


sábado, 10 de febrero de 2024

SOMBRAS EN LA PARED

En el callejón
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia

SOMBRAS EN LA PARED

  Viajo mucho a ciudades distintas y lejanas, pero nunca abandono la habitación del hotel donde me alojo. Es una costumbre que nació en Praga, el día en que encontré en el espejo de mi cuarto de baño el rostro del huésped anterior. Fue él con gesto tranquilo quien me desveló su identidad y quien, tras una larga charla cuajada de interés, me facilitó el contacto con huéspedes encerrados en otros espejos.
   Todos resultan interlocutores amenos, que buscan el aire fresco de la confidencia. Sigo en ruta.

(De Cuentos diminutos)

viernes, 9 de febrero de 2024

FRANCISCO JIMÉNEZ CARRETERO. PARA QUE TODO SEA

Para que todo sea
Francisco Jiménez Carretero
XLII Premio Mundial Fernando Rielo de Poesía Mística
Fundación Fernando Rielo
Madrid, 2024

 

 HUECOS DE LUZ

 
   Se me permitirá poner amanecida a esta introducción con una confidencia personal. Allá, por la década del setenta, casi en los albores de la transición, cursé los tramos juveniles del bachillerato, interno en un colegio de Ávila. Los profesores responsables de la biblioteca, donde yo pasaba muchas horas de quietud mesetaria, dejaron pronto en manos de los alumnos la obra literaria de Santa Teresa, San Juan de la Cruz y Fray Luis de León, razón de ser y presencias esenciales en la articulación interna de la Mística. Acorde con su mirada profunda sobre la religión, aquel movimiento espiritual inaugura una fértil tradición literaria. Es un mundo abierto que sobrepasa el periodo histórico de la Reforma y Contrarreforma para asentarse en la zozobra del tiempo hasta nuestros días. Así lo ratifica la existencia del prestigioso Premio Mundial de Poesía Mística, creado en 1981 por el pensador, filósofo, metafísico y poeta Fernando Rielo. Estas contingencias explican el gozo con que asumo la tarea de firmar la introducción “Huecos de luz” de Para que todo sea. Es la obra ganadora de la XLII convocatoria del certamen, escrita por el poeta Francisco Jiménez Carretero (Barrax, Albacete), Maestro de Primaria, Licenciado en Humanidades e impulsor de una crecida tarea poética. En ella se vislumbra la sólida formación literaria, el compromiso con el legado cultural en el molde y uso de estrofas clásicas, y su empeño en incorporar a la senda argumental una perspectiva humanista. En su fluir, dialogan el verso pensativo, la luz tamizada de la autobiografía y la convivencia con una realidad transcendida, que desvela las limitaciones del ser y la necesidad del ideal.
   El sustantivo “Mística” tiene su origen en un verbo griego que significa “cerrar”. En su semántica más estricta, definiría  una existencia interior, secreta, clausurada en los laberintos espirituales del sujeto. Sin embargo, en la actualidad prevalece una polisemia más abierta, que acoge la evidencia de un punto de partida contextual con fronteras inciertas, y la aspiración a integrarse en una vida espiritual. El hombre se siente parte central de la naturaleza y criatura creada por una voluntad superior. Desde ese sentimiento de contacto que marca la propuesta reflexiva del ser individual, encontramos en el trayecto existencial distintos momentos que establecen una corriente místico-ascética. La conciencia poco a poco se purifica, liberada de sus pasiones, para entrar en una vía iluminativa que acerca a lo divino. Se trata de aspirar a la perfección con sensibilidad abierta, basada en la intuición y lo emotivo como disposiciones primordiales.
   Francisco Jiménez Carretero toma el hermoso título de su entrega Para que todo sea de un verso conclusivo de la poeta y aforista Dionisia García. El aserto deja en el aire, meciéndose en la calma de la temporalidad, una amanecida. Vuelve al alba una pulsión de luz que pone coordenadas al fluir del pensamiento y al vuelo libre de los sentimientos, que han de mostrar destellos con el frescor y la fuerza de la espontaneidad. El introito poético ubica el arraigo del libro en un caminar reflexivo, donde la conciencia deambula entre sombras. Mientras, busca un plano de comunicación, capaz de superar incertidumbres y miedos. Se trata de encontrar dentro a la divinidad escondida, que salva y acompaña, para purificar los sentidos y poner transparencia en la voluntad y la memoria.
   La redacción del conjunto “Aquellas otras voces” describe la soledad interior como búsqueda de otros registros sonoros. Invita a deambular en el desasosiego, mientras percibe en el entorno un vigoroso amanecer. Poco a poco, se establece con Dios un diálogo directo y confidencial por el que avanzar con paso seguro. Los indicios fermentan y encuentran su mejor expresión en el mimetismo de los modelos, como si hubiera una correspondencia buscada entre la poesía de San Juan de la Cruz y el pensamiento poético de Francisco Jiménez Carretero. Se recrea el ambiente de los poemas mayores de San Juan, “Noche oscura”, “Cántico Espiritual” y “Llama de Amor viva”, que presentan las mismas características formales y retornan a las posibilidades de expresión de la lira. Los tres poemas pugnan por descubrir el camino a la unión con Dios. No obstante, Francisco Jiménez Carretero abandona la lira como esquema estrófico, aunque mantiene la rima consonante para reforzar la sonoridad del verso y el empleo de una adjetivación mística y exultante en su poema “En una noche oscura”, expresión tomada, como se sabe, de la Égloga Segunda de Garcilaso.
   El hilo argumental recuerda que es tiempo de búsqueda y enaltece la voluntad activa del sujeto para manifestar a cielo abierto la claridad. Un cobijo habitable que disgregue sombras y busque huecos de compromisos con la luz.
   Sometido a la brisa purificadora de la fe, la conciencia expande un existir diáfano. El entorno es cadencia y resplandor, muestra una piel tersa, serena y apacible. La fuerza divina sostiene el artesonado de los días, como la hechura exacta del soneto sostiene las palabras. La experiencia personal es ruptura de compromisos y ataduras. Los sentidos se liberan de adherencias y encuentran un estar complacido, un afán de seguir desde la esperanza y el entendimiento, como manos constructoras de una senda segura, aunque sea humana y transitoria.
  La voluntad del alma no apacigua el anhelo de rozar la piel de la azulada transparencia. En ese alto destino, crece el ansia de alcanzar un contacto gozoso con la divinidad. Con esta intensidad sentimental nacen las composiciones de “Tocar el cielo”. Se trata de asir las manos de quien expande alrededor pétalos de cercanía y belleza. Otra vez el verso encendido del místico de Fontiveros se hace presencia anunciadora, pone armonía musical en las liras del poema “Al aire de tu vuelo”.
  Mientras el latido vital se derrama alrededor, atestiguando su condición finita, el tiempo deja frente “a la puerta de goznes inefables”. Hay que dar sentido al tránsito, buscar la luz de alguna inagotable amanecida. Este afán de altura convierte en labor la expansión del ser hacia lo divino. Dios es caridad y amor, el tránsito solidario que pone en cada mano panes y peces, para que las aspiraciones no se apaguen. Para que alcancen eternidad gozosa los sueños del mañana. Más allá de lo visible aguarda abierta una casa encendida, para que todo sea.
 


JOSÉ LUIS MORANTE
(Prólogo del poemario Para que todo sea)


 
 


jueves, 8 de febrero de 2024

JORNADA LABORAL

Hábitos
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana

 

JORNADA LABORAL

 

   Nunca hay excepciones. Cuando habla consigo miente a cada instante. Este hábito sombrío le obliga a un inacabable fingimiento para demostrar que se cree a sí mismo. Su cuerpo sobrelleva un gravoso cansancio. Desempeña a diario una doble jornada laboral.

 

(De  Cuentos diminutos)

miércoles, 7 de febrero de 2024

ÓSCAR AYALA. DESPEDIDA Y ABRAZO

Yacimiento
Óscar Ayala
Huerga&Fierro Editores
Colección de Poesía La Rama Dorada
Madrid, 2021

EXILIOS

 Con un fuerte abrazo de despedida y mi gratitud por tu amistad

   Óscar Ayala (Carpio de Tajo, Toledo, 1967), desde el comienzo de su itinerario poético con Atanor. Parque de atracciones poéticas (2001), ha hecho de la situación de extrañamiento, ese exilio en el desconcierto de quien pregunta, un elemento indispensable de su legado creativo. Y así se percibe de inmediato en Yacimiento, subtitulado Poema para expandir fragmentada su materia verbal, con textos arrítmicos y versos cortados con signos gráficos. Pero el hilo argumental pervive; marca una intensa introspección que incluye la necesidad de una voz que enuncie y sondee las aristas más dolorosas de la identidad. El lenguaje se concibe como un legado babélico, capaz de mostrar orfandad y vitalismo, el azaroso deambular de ser.
   De este modo el denso discurso reflexivo se hace búsqueda, asume que el avance es tanteo y no línea recta y previsible. Corresponde descubrir entre las ruinas del yo los valiosos estratos que sobreviven a lo contingente. Desde allí nace una escritura como expresión de pliegues y pulsiones internas, que conecta con otros itinerarios del acervo lírico; a nadie pasará inadvertida en el primer fragmento la locución de Bécquer y Cernuda “Donde habite el olvido” y la inclusión textual de incisos de Eliot, Pound, Panero o Claudio Rodríguez. El poeta se siente cerca de la trinchera del conflicto, del experimentar con la expresión, porque el lenguaje pierde vuelo y es domesticado si solo se somete a la lógica como único norte. Sumar palabras es construir suelos conceptuales, yuxtaponer teselas, enmendar sentidos y carencias. Pero también asumir que cada experiencia es parcial, se sustenta en un ángulo de subjetividad que tiene cerca otros ángulos inadvertidos, anticipos de una revelación intuida, como esas arquitecturas imaginarias que duermen en el subconsciente y que a menudo somos incapaces de descifrar, por más que se revelen en el pujante onirismo de los sueños.
  En el acto de creación la lectura, como absorción del otro expandido,  se convierte en sedimento identitario. Deja en manos del sujeto verbal una copiosa disolución de signos; esa certeza transforma la ausencia de camino en claridad y epifanía, en un renacer de ojos abiertos: “El mundo  huidizo / por fin / apresado / encadenado / al poema se lamenta”.
   Emily Dickinson integró en sus versos abundantes guiones, como si fueran pausas en el transcurrir del poema; del mismo modo, el signo gráfico que aparece en muchos poemas de Óscar Ayala, más allá de la ruptura rítmica y del blanco que propicia al final del verso, es una interrupción de la idea continua. Fragmenta, crea su tensión particular, invita a ser el lector activo de su peculiar significado o de su posibilidad estética, como un corte inmóvil en la leve estructura del poema.   
   Uno de los aciertos de Yacimiento es la potencia semántica de las imágenes. De un estado de dolorosa postración y de convaleciente quietud, llega la plenitud poderosa del verso “que no sea el confortable nido del otoño antibiótico”; al cabo, el lenguaje deja en el taller de quien escribe “los residuos del deslumbramiento” y “la obligación de restaurar el ruido / de la luz que transita por el largo camino trazado entre dos versos”. El pensamiento es liberación y ventana con luz, se hace “víbora que eleva su veneno a la dignidad de esperanza”, sacude la indigencia para adentrarse en lo inefable y escuchar el latido atemperado de la conciencia.
   Óscar Ayala construye el poema con manifiestos cambios de ritmo, pero casi siempre con el lenguaje como núcleo germinal de cada fragmento. A veces, el texto recurre al verso dilatado de la prosa poética para que la composición asuma un tono de denuncia social. La palabra se hace solidaridad frente a la injusticia, pone en la luz  los claroscuros de una realidad enferma que hace del poder, las ideologías o las injusticias sociales perpetuos asentamientos de la desigualdad y las carencias, de exasperante olor a tristeza. Otras veces recurre a los versos elusivos que confían en la potencia de las asociaciones sorprendentes para vadear los entornos del intimismo, ese yacimiento acallado en el tiempo donde el yo se busca a sí mismo, como un mundo huidizo y profundo, hecho de luz y ausencia.
   Como si fuera un intermedio aforístico, los treinta y tres “milagros” recuerdas notas o microesferas semánticas. El completo inventario de “gotas de rocío sobre la mejilla” no pierde los rasgos distintivos del libro: la potencialidad de las imágenes, los encuadres fragmentarios y la autonomía de un sentido oculto, subterráneo. Son tiempo remansado, brotes de luz, segundos que pulsan el existir desde el cabalgar sin rumbo del inconsciente, o desde la soledad postrada por la fiebre.
   Yacimiento es el quehacer de quien busca la palabra enterrada bajo la luz; concibe al sujeto verbal como un alucinado fluir en la tierra baldía de los significados, allí donde “toda flor es esperanza de flor”, nunca realidad tangible, nunca la culminación de un proceso cerrado. Solo palabras sin función ni oficio, que aspiran en silencio el polvo de ser. 


JOSÉ LUIS MORANTE