sábado, 2 de agosto de 2025

LA VOZ CONCISA

Tender la mano
Florida, USA

 TENDER LA MANO


El egoísmo hace del yo apócope del nosotros.
 
Tiene una memoria prodigiosa, capaz de hacer real una mentira.
 
En el trasfondo del azar dormita un orden secreto, una simetría que pauta planteamiento, nudo y desenlace.
 
La autobiografía convierte a otro en protagonista.
 
Los minimalistas dogmáticos pueden confundir un haiku con un cantar de gesta.
 
Los cementerios de coches abundan del retorcimiento manierista.
 
Los viajes largos en los niños desperezan el pasmo; en los adultos, el cansancio.
 
El agónico vocacional tiene una visión cabizbaja de la realidad inmediata.
 
Cerca del mar todo se borra, salvo el silencio roto y el efecto emocional de la contemplación.
 
Aforismo, un zumbido de avispas.
 
 (Aforismos de la antología Concisos
 Cuadernos del Laberinto, edición de Mario Pérez Antolín, 2017)
 
 
 
 
 

 

viernes, 1 de agosto de 2025

EL REGRESO DE ADÁN

Desolación
Fotografía
de
Sabitha Rani Mukharzi

 
EL REGRESO DE ADÁN
 
   Ante el insistente empuje de la melancolía, Adán retornó una mañana al paraíso. Se adentró en sus espacios con la fuerza feliz de quien busca el lugar propio. No tardó en advertir que recorría un territorio de desposesión. Aquel sitio solo cobijaba abandono.
   En el centro del páramo se alzaba todavía el árbol del bien y del mal; miró aquella silueta y se hizo efectiva la soledad de un tronco calcinado y rijoso.
   No aguantó más. Bajó los ojos y convocó el olvido, como si el paraíso no hubiese existido nunca. Se precipitóhacia la salida. Sus pasos tropezaron con el ala inerte de algún ángel, el metal chamuscado de una espada herrumbrosa y una camisa oscura de serpiente.

(Del libro de microrrelatos de guion, Lastura, 2024)







jueves, 31 de julio de 2025

MIGUEL CATALÁN. SUMA BREVE

Suma breve
Pensamiento breve reunido (2001-2018)
Miguel Catalán
Ediciones Trea / Aforismos
Somonte Cenero, Gijón, Asturias, 2018

 

ELOGIO DE LA PARADOJA

 
   El momento cenital del aforismo como estrategia expresiva tiene en Miguel Catalán (Valencia,1958-2019) un cultivador vehemente y muy recordado, como se percibe en el ensayo de Javier Recas La vida en un trazo (2025) dedicado al aforismo filosófico. Doctor en Filosofía, profesor universitario y ensayista, su cosecha paremiológica abarca seis entregas dedicadas al género. Todas se compilan en el volumen Suma breve. El trayecto completo abarca desde 2001 hasta 2018, un intervalo conformado por las ediciones El sol de medianoche (2001), La nada griega (2013), La ventana invertida (2014) y el aporte inédito que añade tres conjuntos, que anticiparon textos en revistas: Así es imposible, El altar del olvido y Paréntesis vacío.
  El conjunto permite definir, con lúcida solvencia, el carácter ontológico del aforismo y su evolución en el discurrir. El término siempre está vinculado a un territorio de intersección entre literatura y filosofía que es base común de todas las entregas. Así lo recuerda el texto de apertura de José Montoya Sáez, quien también examina de cerca el concepto de paradoja como implosión del lugar común. A través de la paradoja se puede expresar la constante fluctuación del entorno social y humano; de esta forma adquiere un notable potencial subversivo en la contundente concisión de sus reflexiones.
  El aforismo postula la complejidad de su contenido, emprende en su decir una interpretación del sujeto y de la realidad externa, en la que sondea una continua búsqueda de sentido. Su exigencia estética se asoma a los estantes de la verdad, con lo que adquiere en su definición una cierta claridad metafísica al intentar captar la significación de la experiencia. El texto se llena de matices. De este modo, dentro del material común del género, cada libro presenta rasgos específicos, aunque estos a veces sean contradictorios o definan estados de ánimo dispares, como si en su amanecida la escritura plegara pasos a la condición de ser.
   Ya se ha comentado que el primer paso aforístico de Miguel Catalán es El Sol de medianoche. El fenómeno natural, observable en las proximidades de las geografías polares, ejemplifica bien la antítesis y los contrastes. Esa visión de lo claro en la noche que prolonga el día entre la sombra. Desde el inicio, Miguel Catalán asume el desvelo incansable del observador. Sabe que el comportamiento del yo es reflejo de las actitudes aleatorias del otro; por tanto es necesario sondear su sentido para que el aprendizaje surta efectos interiores. Nada de lo humano resulta ajeno; de ahí que la ética sea siempre un relevante proceso reconstructivo. Pero hay que evitar los juicios sumarios, revestir las opiniones de calidez y argumentar con el tacto sosegado de quien sabe, como Marcel Proust, que “cualquier idea clara tiene el mismo grado de confusión que las nuestras”.
  El corpus textual, tras la entrega epifánica, abre un largo tiempo de silencio de más de doce años, pero ese acantilado temporal no varía el paisaje y su cartografía meditativa. Como si quien escribe apostara por una senda coherente, los aforismos caminan de un asunto a otro, con un paso constante. De cuando en cuando varían los ingredientes para que nunca pierdan fuerza meditativa. O hacen del humor una ventana para que salga al día la carcajada:”ANUNCIO POR PALABRAS. Se pintan casas a domicilio”.
    Como un regalo lector se recibe el material inédito de Suma breve, cuya voz siempre en guardia otea el paisaje frente a la opinión recibida y común. Los textos, breves y lapidarios, aunque a veces con un tallo argumental que los aproxima al microrrelato, marcan linden a la experiencia en su etapa de madurez. Más allá del contraste y del juego de palabras, apuntan una unidad vertebradora que confirma la permanencia del ser frente a una realidad mudable, propicia al desmontaje. La lógica interna del yo resiste la extrañeza, abre el paraguas frente a la intemperie de la contradicción y defiende la razón como brújula para buscar el norte del sentido.
   Suma breve descubre el excelente volumen conceptual del decir fragmentario de Miguel Catalán. Apunta que la lógica no es un logro en sí sino una aspiración que se aplica en solventar las contradicciones de la existencia. sobrelleva el discurrir bajo un cielo informe de nubes y claros, que obliga a caminar bajo el paraguas desplegado de la introspección. Así nace un quehacer continuo, atomizado, fresco, que tiene la claridad del manantial, esa sensibilidad que aleja la sed y empuja a sumar sin cansancio pasos nuevos. 
 

JOSÉ LUIS MORANTE


miércoles, 30 de julio de 2025

EN FAMILIA

En otro tiempo

 

 En familia 

   En casa no nos gusta incomodar a nadie, señor comisario. Las cosas como son. No hay indicios, pero todos buscábamos algo. Mi madre buscó siempre el sosiego en la farmacia; mi padre en la mudez de un cigarrillo, convencido de que el cansancio y el frío están en las palabras, aunque son otra cosa; mi hermana, cuando niña, buscó el reclinatorio de la ermita y después la esquina más rentable del polígono sur. Yo que no busqué nada, encontré un libro y en él sigo. Vivimos juntos el abuso feliz de sentirse en familia. Repare usted que en casa los sueños nunca dieron ningún paso. 

(Del libro de microrrelatos Fuera de guion, Lastura editorial, 2024)






martes, 29 de julio de 2025

JORGE LUIS BORGES. REGRESO

Jorge Luis Borges
(Buenos Aires, 24 de agosto de 1899-Ginebra, 14 de junio de 1986)

 
JORGE LUIS BORGES. REGRESO
 
   Hoy, los ordenados libros de Borges me miraron desde la distancia de mi buhardilla con el ceño fruncido. Hace meses que no abro sus páginas. Acepto de inmediato culpa y desidia, aunque argumento, con el deje de voz de los remordimientos, que mi admiración por el escritor sobrevive tenaz. Y diseño, en pocos minutos, un plan de relectura, un cálido regreso a la casa de siempre. 
   Reconstruiré antes la personalidad del argentino con libros de Marcos Ricardo Barnatán, Alberto Manguel y con  la primera edición en castellano de Un ensayo autobiográfico, texto ilustrado con más de un centenar de fotografías. Además, en algún cajón de mi escritorio, un cuaderno manuscrito relata una evocación detallada de mi pasión por Borges, expuesta en artículos, reseñas y poemas, y alimentada por la creencia de que no existe en su literatura una página que pueda considerarse un terreno baldío.  
  Sonrío. Soy nómada lector y me espera un largo viaje en el que conviene recordar que “leer es una actividad superior a escribir, más resignada, más civil, más intelectual”.

(Apuntes del diario)




lunes, 28 de julio de 2025

MODAS LITERARIAS

Interiorismo

 

MODAS LITERARIAS
 
  Piensan que escribir haikus, microrrelatos y aforismos es un imperativo de moda literaria. Un asunto de época digital, que permite acumular nuevos libros con saldos de un vocabulario económico. Ya se sabe que proclamar estupideces es un género atemporal. Así que hay que tomar distancias y afrontar la práctica de los géneros breves con el saludable despego del buen hábito. Sin más compromisos reivindicativos que los dictados a media voz por la necesidad de la palabra justa y la voluntad propia de la exigencia formal y el variado sustrato argumental. Sin más; uno ya no está para perder el tiempo contemplando escaparates mentales entre Zara y Mango,  para disimular bostezos ante dogmáticos y transcendentes.

(Páginas del díario)


 

domingo, 27 de julio de 2025

ANTONIO MACHADO. SIEMPRE.

ANTONIO MACHADO
(SEVILLA,26 DE JULIO DE 1875-COLLIURE, 22 DE FEBRERO DE 1939 

 

ANTONIO MACHADO. SIEMPRE

  

   Antonio Machado es uno de los poetas más significativos y transcendentes de la lengua castellana. Su obra lírica no solo se contiene en el intervalo temporal que vivió el escritor, sino que enlaza con los magisterios germinales que cimentaron el milagro de su voz y con la incontinente estela de discípulos que consideran su quehacer literario un monumento lírico, pleno de relevante solidez. La esencia de su escritura muestra una lúcida conciencia de lo humano. Conocer su biografía es descubrir al yo biográfico en el sujeto poético. Las composiciones están habitadas; en ellas se perfilan las distintas etapas vitales y los devaneos existenciales gestados en su periplo vital. Como escribiera Rafael Alberti: “el poeta lírico va diciendo su autobiografía en sus versos”.  Así se define la identidad en el tiempo en los recordados versos del poema "Retrato". El poema había aparecido anteriormente suelto en el periódico El Liberal el 1 de febrero de 1908. Y Heliodoro Carpintero, uno de los mayores estudiosos del poeta, estimó que el texto fue escrito en 1906 (véase Ínsula, n.º 344-345 [1975]).

 

 RETRATO

 Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero. 
Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido
—ya conocéis mi torpe aliño indumentario—,
mas recibí la flecha que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.
 

Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.
 
Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética,
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.
 

Desdeño las romanzas de los tenores huecos
Y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.
 
¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.
 
Converso con el hombre que siempre va conmigo
—quien habla solo espera hablar a Dios un día—;
mi soliloquio es plática con ese buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.
 
Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,

el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.

 
Y cuando llegue el día del último vïaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.

 

   En Sevilla, la hermosa ciudad del sur nació un 26 de julio de 1875 en una extensa familia entre los ocho hijos que tuvieron Ana Ruiz y Antonio Machado Álvarez y que incorporaba también a los abuelos paternos. Gracias a su abuelo, eminente zoólogo, se trasladan a Madrid y entran en contacto con la Institución Libre de Enseñanza. Poco a poco la situación económica de la familia va empeorando hasta hacerse crítica cuando mueren el padre y el abuelo de Antonio Machado. 
   Antonio Machado y su hermano Manuel son jóvenes, casi pueden vivir del aire, y lo que les interesa de verdad es la vida nocturna y bohemia de la capital. Se entregan a ella, con preferencia por el mundo del teatro, pero enseguida les sabe a poco. Marchan los hermanos Machado a París, primero Manuel y luego Antonio donde profundizan en el conocimiento del modernismo.
   En 1902 aparece su primer libro de poesía Soledades, que luego ampliará con Soledades, Galerías y otros poemas. Es el año 1907, importante para Machado porque en él se traslada a Soria. Hay una razón de peso: ha aprobado unas oposiciones a profesor de francés en un instituto. En Soria conocerá el amor. Pronto se enamora de una mujer que es una niña aún, de hecho tiene que esperar para casarse con Leonor, a quien lleva más de quince años. También descubre la tierra, la textura de sus paisajes, del carácter… Poco a poco todo aquello va cristalizando en poemas que compondrán Campos de Castilla.
   En 1910 el matrimonio parte a París con una beca para la ampliación de estudios de Antonio Machado. En la capital estudia junto a Bergson y frecuenta a Rubén Darío. La experiencia no pudo ser más desastrosa para los recién casados. Leonor cae enferma ;y morirá a la vuelta a Soria, en 1912.
   La tristeza y el mundo se le hace insoportable al poeta que busca escapar y cambiar si no de vida, sí de escenario. Llega a Baeza donde vivirá los siguientes siete años. En esa época se concentra en el estudio de la filosofía y tiene algunos contactos muy provechosos como Federico García Lorca. Reviven, quizás gracias a esa amistad, el gusto familiar por el folclores y la música popular. 
   Su producción se renueva con el libro Nuevas canciones. Destinado como profesor de francés, Antonio Machado llega a Segovia el 25 de noviembre de 1919. Se aloja en una modesta pensión de la calle de los Desamparados, ahora convertida en Casa-Museo.  Sus habitaciones siguen preservando un aliento de época. Antes de adentrarme en la casa, he realizado fotos del busto del poeta esculpido por  Emiliano barral y he conversado largamente con César, quien regenta la pequeña librería de viejo del patio, donde he comprado algunos ejemplares. Dos o tres veces he realizado la visita guiada. Se inicia en el pasillo, donde están las fotos de la patrona, quien mira a la cámara con el orgullo de cumplir las normas de la hospitalidad ante un huésped tan ilustre. Cerca de allí, la cocina despliega un inventario de cachivaches domésticos que se completan con la inefable máquina Singer, donde las amas de casa consumían su tiempo entre labores. En la alacena, de suelos rojizos, la aceitera, los cántaros, la caja metálica para cobijar las galletas… Detalles que hablan de un ambiente muy similar en casi todas las casas castellanas. En el salón, con amplia mesa y ventana despejada se celebraban las tertulias o se esperaba con resignación el escueto refrigerio; no eran días para el agasajo.
  En las paredes fotos de la hermosa Leonor y del poeta, la partida de matrimonio, portadas de periódicos de la época donde colaboraba Machado e imágenes de los acontecimientos que saludaron la llegada de la segunda república. También primeras ediciones y algunas estanterías con los libros del poeta. La más entrañable pieza del museo es la habitación de Don Antonio: amplia cama de cabezal metálico, mesa camilla, alacena y espejo donde todavía se contempla la sombra del poeta. Empieza a anochecer cuando abandono la casa del poeta. En mis manos los nuevos libros. Abro Proverbios y cantares. Cierro los ojos y ahora estoy en el mar con el vaivén azul en la pupila y la alegría del recuerdo intacto. La casa segoviana del poeta sigue en mí, austera y en penumbra. Como siempre.

JOSÉ LUIS MORANTE