lunes, 18 de febrero de 2013

LUIS GARCÍA MONTERO. SINCERIDAD.

No me cuentes tu vida
Luis  García Montero
Planeta, Barcelona, 2012

   El estreno narrativo de Luis García Montero (Granada, 1958), poeta, ensayista y catedrático universitario, buscó como sustrato argumental la biografía novelada del amigo y maestro Ángel González, una de las voces mayores de la Generación del 50. Se tituló Mañana no será lo que Dios quiera  y entremezclaba historia personal y crónica de un época de extrema dureza –la guerra civil y sus efectos colaterales-, que condicionó durante décadas la convivencia y la forma de vida de un país que hablaba en voz baja y era gris, como la lluvia que había encogido la esperanza.
  No me cuentes tu vida utiliza una expresión coloquial para titular la segunda novela del escritor de Granada y marca pautas que sugieren vocabulario coloquial, expresión de secuencias cotidianas e historias rutinarias del ahora que conforma una actualidad  que se va conformando con los datos de personajes cercanos, cuya intimidad se expone al paso brusco de la realidad.
   Quienes conozcan el devenir biográfico del escritor encontrarán desde el inicio abundantes similitudes entre el quehacer existencial y la voz narrativa. Como si hablara un yo desdoblado que expone  pormenores biográficos guardados en algún trastero de la memoria: los días de Granada, el crecimiento de la educación sentimental, el despertar de la conciencia cívica y los hilos relacionales que van sumando acercamientos y fracasos del entorno cercano. La escritura se convierte en un peculiar método de conocimiento, en un espejo que devuelve la imagen ajustada  de quienes han protagonizado historias personales que el tiempo se encarga de conciliar. El destinatario del largo soliloquio es Ramón, un joven de veintitrés años, enamorado de Mariana, muchacha rumana que trabaja como empleada doméstica en la casa. La distancia cada vez mayor entre Ramón y su padre, Juan, empuja al progenitor a testificar sus propias razones vitales. Los enfados coyunturales se van transformando en frío permanente; la convivencia se llena de obligaciones enojosas y malentendidos. El abismo generacional enfrenta a dos identidades que han vivido compromisos distintos y entornos por lo que es necesario mantener lazos, sembrar vínculos que libren del desarraigo. Es necesario abrir los ojos, ahuyentar las sensaciones de soledad y buscar argumentos que fortalezcan un territorio común. 
   Las páginas de No me cuentes tu vida dan la imagen de un diario en el que se anotan recuerdos y consideraciones que buscan sentido a las actuaciones cotidianas.  Alude a esa capacidad del tiempo para recomponer grietas, para dar salida al laberinto, para normalizar relaciones que superen el latido contradictorio del paso del tiempo.

 

  

2 comentarios:

  1. Estoy de acuerdo, José Luís. Como muy acertadamente dices, en esta extraordinaria novela de mi paisano, existe una gran similitud entre "el quehacer existencial y su voz narrativa".
    Para leer un libro, José Luís, nada como una orientación tan didáctica y perfecta.
    Afectuosos saludos.

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  2. Hola Lorni, es una gratísima sorpresa recuperar tus opiniones en el blog. Como sabes, siento debilidad por la escritura de Luis García Montero. Preparé una edición crítica sobre su poesía, ROPA DE CALLE, que salió hace un año en Letras Hispánicas y ésa es la faceta del autor que prefiero. Pero es el escritor más completo de su generación y sus novelas pueden entenderse también como crónicas vivas del ahora. Siempre se funden lo personal y lo histórico.
    Un abrazo fuerte y mis mejores deseos literarios.

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