viernes, 19 de febrero de 2016

MARÍA TENA. TODAVÍA TÚ

Todavía tú
María Tena
Anagrama, Narrativas Hispánicas
Barcelona, 2007

LA MITAD DE UN SUEÑO

   Desde el arranque de su escritura, el quehacer narrativo de María Tena (Madrid, 1953) recorre itinerarios de cercanía y busca el contacto cercano de una propuesta dialogal. Así ocurría en su primer paso, Tenemos que vernos, una novela cuyo título alude al registro conversacional que la rutina deja sobre la mesa de lo imprevisible, para hilvanar una historia de amor y decepción, repleta de atinados caracteres urbanos. También recuperaba un tono de voz cercano en su segunda entrega Todavía tú, donde el título parece fortalecer su invitación a lo perdurable. El impulso argumental tiene su fuente en la memoria. Así arranca una inmersión en los rincones del sujeto verbal, un profesor maduro, que vuelve como reconocido profesional de la arquitectura para dar una conferencia de apertura en un congreso.
  El profesor, en la cima de su éxito laboral y con la admiración de sus colegas impresa a cada instante, regresa de Estados Unidos. Su sedentaria confianza en el pasado se quiebra tras el encuentro inesperado con una de las asistentes. Marina es una arquitecta muy joven, que conoce y admira su trayecto. La razón sosegada de la existencia diaria se desarbola; el tiempo de intimidad supone una estela de descubrimientos e indagaciones. De repente, aflora el deeo para erosionar los principios convivenciales de su casa, pero también para alborotar la dormida quietud de la memoria. La noche deja paso a las confidencias y al compartir los trazos de personajes y recuerdos. Marina le recuerda a Inés, el gran amor de su adolescencia. Cuando concluye el congreso, el arquitecto pasa unos días en Madrid, sumido en un estado de apatía, empeñado en reconstruir el pretérito. Hace casi tres décadas, Madrid fue un marco sentimental propicio. Allí vivió su relación con Inés y aquella lejana experiencia de amanecida se impone, como un rostro firme, nunca dispuesto a diluirse en el olvido. Ni siquiera la piel juvenil de Marina logra anular su peso en la evocación. Inés es un puerto de acogida, como lo son aquellas voces en el tiempo, engarzadas en el aprendizaje sentimental y en el olor intenso de la carne, Rostros que un día materializaron sueños a medias, aunque nunca tuvieron la fuerza que tuvo Inés.
  La biografía personal del arquitecto acumula un notable inventario de relaciones dispares. En cada historia hubo límites distintos, un entramado de renuncias y engaños que han ido gestando una forma de ser en la que apenas perdura aquel niño que creció con la madre, sin la figura paterna como puerto de anclaje.
  El mapa del recuerdo en el pueblo está marcado por la estrechez y la pertenencia a una clase humilde y alejada del prepotente privilegio de los veraneantes. Ellos regresaban estivales, festivos y lejanos, y desplegaban su riqueza ante el esfuerzo cansado de la gente común. A esa clase  pertenecía aquel niño solitario criado en el resentimiento, convencido de que nadie elige el destino de una infancia oscura. Pero también allí, de pronto la existencia se convierte en un paisaje claro con un hito sentimental, que nunca borra sus contornos, a pesar de otros episodios emotivos.
  En Todavía tú, María Tena traza, con levedad diáfana, la arquitectura de un paisaje interior. En él se difuminan contornos, se marcan líneas en el tiempo hechas profundidad y distancia para que regrese la sensación del asombro. Son los rayos de luz de una amanecida de frontera, entre la realidad y el sueño. Un cristal limpio que busca recuperar un itinerario de equilibrio afectivo, el apremio lejano de la felicidad.







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