martes, 29 de mayo de 2018

ANECDOTARIO DE LA FERIA DEL LIBRO (2018)

77 Feria del Libro de Madrid
Fotografía de
El País


ANECDOTARIO PERSONAL

A Néstor Villazón,
 que me enseñó a descubrir sonrisas
en las piedras gastadas de los fósiles

   Es la edición nº 77 de la Feria del Libro de Madrid. y empieza con aguacero y suspensión de la ceremonia inaugural.  Las casetas sin público tienen ese silencio desperdigado de una armada invencible cultural: “No he mandado mis libros a luchar contra los elementos…”

   El aislamiento prolongado del escritor, mientras hilvana su trabajo, necesita el trato con los lectores. Firmo tres días, dos con la Isla de Siltolá para la edición de Aforismos e ideas líricas de Juan Ramón Jiménez, y el jueves 7 de junio con Valparaíso Ediciones, para despertar la antología Re-generación, un paisaje plural sobre la aportación lírica de la nueva hornada, autores nacidos entre 1980 y 1995.

   Mi didactismo compulsivo sale a flote de inmediato. Son muchos años en el aula. Alguien hojea mi edición de JRJ; yo explico sus cualidades; tres minutos después el señor cierra el libro y me dice: “Qué interesante lo que dice, pero mire usted, lo que yo busco es un diccionario ilustrado para mi nieta que debe tener una portada tan bonita como este libro…”

  Mis compañeros de casetas contiguas son Leticia Dolera y Baltasar Garzón. La actriz feminista y directora de cine provoca una cola interminable esperando firma; el magistrado también; frente a mí un deambular de amigos y algunos lectores curiosos. Sí, voy pulsando dedicatorias poco a poco, Ítaca es un mar paciente.

  Hay nombres que se convierten en genealogía. El azar de la feria me ha dejado sitio para dedicar libros al sobrino de Roald Dalh, al nieto de Eugenio d’Ors, al hijo de Manuel Neila y a la ex de un poeta de cuyo nombre no quiero acordarme…

  Hago recuento de los que me dijeron que vienen, pero nunca vienen. Están ahí, también cuando no están. Son un conjunto disgregado. Ausencias que caminan en otra orilla.

  Dos lectores me recuerdan los negros moretones de José Luis García Martín. Ninguno me felicita por la tercera edición de Ropa de calle. Se ve más el plumaje del cuervo que la inadvertida belleza del gorrión. Una razón para ser vehemente, eso que también critica la asepsia de quien se mantiene al margen.

  Breve tiempo para conversaciones con Ricardo Virtanen, Carmen Canet, Manuel Neila, Paolo Gatica, Ángel Manuel Gómez Espada, Rosario Troncoso. La amistad se hace confidencia. También para la espera de María y de Concha, solidarias sendas abiertas con tantos días de literatura en el blog y en la playa digital de facebook. Guarda turno con una sonrisa en flor la amistad de profesores, que compartieron días de docencia conmigo, el entusiasmo desbordado de antiguos alumnos y la belleza, hecha ternura, de mis hijas. Cuánto patrimonio para la evocación.

  Tomo café y optimismo con Javier Sánchez Menéndez, al lado de Paula Vázquez. De cerca, parece otra. Como todos. Y vuelvo a casa, mientras la nostalgia se hace tentativa de regreso; los libros escritos han formado ese largo sendero que el tiempo, como Penélope, desteje.
  Madrid bosteza de cansancio; abre la pantalla de las primeras sombras.

            

4 comentarios:

  1. Pues no parece un mal recuento José Luis. Me gusta cómo transformas en experiencia positiva los puntos menos amables (quizás no tan importantes) de la estancia en la Feria, cómo forman también parte de ese todo.
    Espero poder ir alguna vez, nunca he estado y el caso es que me apetece mucho. A ver...
    Que tengas una semana bonita José Luis.

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    1. Querida Sandra, la feria de Madrid es una experiencia cognitiva y emocional. debes venir cuanto antes, es coger el autobús y buscar el fin de semana para cargar la mochila de libros y vivencias... Mis anotaciones buscan la geografía de mis estados de ánimo. Y fui muy feliz, la verdad. Gracias de corazón.

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    2. Me lo apunto para el próximo año José Luis, espero que sea posible.
      Gracias siempre a ti!

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    3. Buena idea, poeta, seguro que sí y además tendremos la oportunidad de compartir confidencias y refrescos con los proyectos nuevos. Hay en cada tiempo una razón de vida, y ojalá esté despierta en las casetas del Retiro. Feliz jornada.

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