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domingo, 17 de noviembre de 2024

ANA MARÍA BUSTAMANTE. POEMAS


Ana María Bustamante (Medellín)

   Escritora y fotógrafa nacida en Medellín, Colombia. Es socióloga y magíster en sociología; con su tesis El dolor en la poesía escrita por jóvenes de Medellín obtuvo la distinción Cum Laude por la Universidad de Antioquia. Estudió Historia del Arte en Florencia, Italia. Fue ganadora del Premio Latinoamericano de Poesía Ciro Mendía con su libro Nieve, (Valparaíso Ediciones, 2022); del Premio Nacional de Poesía Tomás Vargas Osorio con su libro Antes de ser silencio (Sílaba Editores, 2019) y del IX Concurso Nacional de Poesía Héctor Trejos Reyes. Sus poemas han sido traducidos al inglés, francés, italiano y árabe, y aparecen en antologías y medios físicos y virtuales de países como México, Argentina, España, Italia, Emiratos Árabes Unidos, Chile, entre otros. Actualmente es profesora e investigadora de tiempo completo y editora de la Revista Telúrica.

De Antes de ser silencio (Sílaba Ediciones, 2019)

 I

 Soy el silencio que sobrevive

tan lejos,

donde la boca del mundo desaparece

y queda solo una sombra,

 un fluir inmenso de agua

donde la soledad se yergue.

En la ceguera de mi nombre

emprendo el viaje.

 

II

Vengo al encuentro con lo antiguo,

al hondo renacer de esta ceniza.

A poblar el silencio,

el cansancio,

torpemente,

con mis huesos fundidos.


A nacer, viajera

en el indefinible milagro del alba.

 

A eso he venido.


La despedida

 

El mundo nos abandonó

                        verdaderamente

en la lluvia

 

en el agua se dijeron adiós

los cuerpos

que amaron tanto la herida

hasta secar su ardor

 

se dijeron adiós las manos

que palparon tantas veces la rasgadura

hasta entender su paisaje

 

todo lo nuestro se despidió en el agua

quedamos con el temblor apenas

con el frío desdibujando las raíces

con el miedo de nuestros ojos mojados

en el diluvio que fue una hoguera.

           (De Antes de ser silencio (Sílaba Ediciones, 2019)

 

De Nieve (Valparaíso Ediciones, 2022)

 Ser mujer

 Ser mujer es estar adentro

de la piel
y decirlo todo
con lágrimas y sangre
que es el lenguaje más sencillo

 

es ser llama al viento
que el viento apaga
y reverdece
con las primeras sombras

 

es sentir en las puertas

del corazón
el llanto
y no poder

hablar las lágrimas


es no saber decir
porque lo indecible
vale más que el tiempo
y porque hay dolores
invisibles a los hombres

 

ser mujer es sentirse una
y sentirse también

cada una de ellas

 

es pensar que algún día
las mujeres tendrán alas
y se irán volando


 Me niego


A Susana Thenon

 

Me niego a ser definida por geometrías absurdas

a ser destruida por un reloj
que no reconoce mi hambre

 

No quiero ser

este pedazo de mundo

y arrastrar mi cuerpo

colina arriba

pidiendo un poco de cielo

 

o ser nombrada por dioses

que no me pertenecen.


Me niego a febrero

y a junio

y a todos los meses.

 

Quiero no tener molde

no tener forma

 

no tener nombre
             

   -para que nadie me llame

ni nadie me busque-

 

y ser todas mis formas

y todos mis  nombres.


Ausencia

 

No hay idioma más sincero

que el frío

su ardor acaricia los huesos

como a la vida:

 

eso es lo que llamo ausencia

 

una voz temblando en la carne

un murmullo

un recuerdo estrechándose

a lo que duele

 

como el mundo se estrecha

cada noche

al silencio.

 

     ( De Nieve (Valparaíso Ediciones, 2022)


 

 

miércoles, 29 de noviembre de 2023

XAVIER OQUENDO TRONCOSO. TIEMPO ABIERTO

Tiempo abierto
Xavier Oquendo Troncoso
Prólogos
de
María Ángeles Pérez López
José Luis Morante
Valparaíso Ediciones
Granada, 2022 

 

SUTURAS CON VOZ


   El trayecto poético de Xavier Oquendo Troncoso (Ambato, Ecuador, 1972), Periodista y Magister en Escritura Creativa, sobrepasa los treinta años de escritura. Comienza en la década de cierre de siglo con el cuaderno Ahora que soy joven, editado en Quito en 1990 y considerado por su autor como salida exploratoria, de aprendizaje y tanteo; y abarca hasta 2022 una docena de títulos, con presencia fuerte en compilaciones y antologías individuales y colectivas. Las reediciones y los traslados a otras lenguas dejan constancia del compromiso ininterrumpido con el género y de la identidad central que mantiene el poeta en el ámbito lírico en español.
   Su última entrega Tiempo abierto reúne los libros Tiempo abierto y Compañías limitadas y añade prólogos de María Ángeles Pérez López y José Luis Morante. La introducción de la profesora universitaria, recientemente galardonada con el Premio de la Crítica en la modalidad de poesía, opta por el enfoque lírico. Sus páginas aportan una deslumbrante belleza léxica: “Saltan hojas y limones en su libro de nueces sin abrir. Se desperdigan hacia el suelo de la página como raíces en las que el texto crece para señalar lugares inauditos: notas a pie de página que expanden el tiempo…”.  El análisis deja también un demorado sondeo de conexiones culturales que fortalece la inserción de la obra en una tradición plural, de registro polifónico, en las que son itinerarios frecuentados el surrealismo, César Vallejo y el estilo sálmico y luminoso de Walt Whitman.
   Xavier Oquendo Troncoso elige el formato del poema en prosa para mostrar al paso los lugares inauditos de lo vivido, las suturas con voz. Sin la pretensión de continuidad del dietario sentimental, pero con su afán enunciativo, lanza al aire secuencias que iluminan la íntima biografía, que es la que más cosas nos explica, como argumentara Miguel de Unamuno. En esas instantáneas verbales, el pretérito recobra las sendas personales y propicia desplazamientos capaces de convertir los recuerdos en interlocutores fiables. El apartado “Ayer” captura el ademán del aire; abre la ventana a los indicios de un trayecto existencial que se hizo camino hasta el ahora. Todo es evocación y sinestesia. El olor de la casa del padre y la luz amarilla son vigilia sostenida en la casa de la memoria. Desde el primer texto el poeta dilata la semántica argumental con un nutrido paratexto donde aglutina citas, poemas, fragmentos de canciones, recuerdos que dejaron los caminos sinuosos de la lectura, viajes y teselas culturales que conceden la palabra a magisterios esenciales del canon.
   La compilación final “Hoy” se abre con un ejercicio de introspección literaria. Lo metapoético enaltece la fuerza de la escritura y su potestad para fortalecer la textura de lo transitorio. La palabra es estación, rompe los candados del mutismo, muda y regresa, cambia y vuelve los ojos a la lentitud encendida del transitar. El retorno al ahora integra una meditación fragmentada sobre el hecho poético, pero también es una azarosa crónica del pensamiento en libertad. Quien asume la voz verbal hace balance, desempolva recuerdos, recorre la llanura de lo incierto y asume su condición poética acumulando imágenes que convierten los elementos del lenguaje en una invitación al conocimiento y el asombro.
   El texto “Consejos imposibles para un aprendiz” recoge indicios para una poética. En ella prevalece la imaginación frente al discurso dogmático porque “la palabra es una figura que solo conmueve en su sonido, no en su significado. Sólo es válida en su tono, no en sus intenciones”.
   El libro homónimo Tiempo abierto es un compendio de contrastes. Conjuga la actitud confesional autobiográfica con otros registros de conocimiento que proyectan el discurso sobre lo cotidiano. Sus teselas unen realidad y ensoñación para generar un mundo propio, un espacio de pensamiento que diluye nieblas y extravíos, que abre el surco del tiempo para dar suelo firme a lo fugaz.
   La mirada crítica de José Luis Morante sirve de pórtico a Compañías limitadas, cuya primera edición se realizó en 2019. El poeta y crítico abulense recalca el sentimiento amoroso como núcleo germinal de las composiciones. El amor moldea la conciencia reflexiva del hablante verbal que se convierte en paisaje especulativo y cambiante. El enfoque emotivo no desdeña la ironía, como mirador distanciado, aunque la implicación reflexiva es continua al abordar el largo recorrido, desde los primeros hilos de la amanecida hasta los senderos de la incertidumbre, cuando la intemperie aguarda para cubrir la piel con el relente de la soledad.
   Xavier Oquendo Troncoso da a su entrega un carácter dual y compila las composiciones en dos apartados, aparentemente contradictorio: “las compañías” y “Las soledades”. En la composición inicial “Afectos Cia. Limitada” la red tendida del sentir emocional entrelaza en sus manos la cartografía del estar compartido. La excelente composición deja en su desarrollo argumental la sensación de que existir requiere la presencia cumplida del afecto, la respiración del otro como permanencia y hábito estable. Desde ese umbral del nosotros, las palabras trazan una estela expresiva que sustituye el intimismo coloquial por una dicción torrencial, densa, vestida de sugerencias que añade onirismo, rupturas de lugares comunes y comparaciones sorprendentes. El resultado es un cúmulo de sensaciones, un espejo fiel en el que encuentra cobijo una conciencia en vela, que resguarda la proximidad del otro.
   Pero se impone lo transitorio en el estar y hay que recomponer itinerarios y habitar, en la zona de sombras del idioma, nuevos pasillos. Se recuperan en los poemas presencias familiares, homenajes a magisterios y evocaciones cuyos acordes no ha debilitado el tiempo. Y nunca falta en los versos la indagación sobre el sentido existencia en esa larga senda hacia la madurez crepuscular: “El futuro es siempre gloria entre comillas, / es firme expectativa en la barcaza que me lleva / por el lago anaranjado de mi astucia. / No es firma ni pacto ni protocolo ni arbitraje. / No es que me conservo en el hielo / ni que Dorian Grey hizo su viaje de tuerca”.
  El conjunto “Las soledades” recoge los átomos dispersos de la convivencia. El balance deja la sensación de una vida a medio hacer, donde los instantes felices se escribieron con frágiles garabatos. Desde esa orfandad emerge una soledad estatuaria, fría, que busca agua potable en las palabras y en la música.
  Los poemas de la sección metaliteraria “La poesía” establecen un diálogo conjetural con la creación; el taller literario, con sus modos y formas, es una invitación a la felicidad, una propuesta de recorrer un paisaje abarcable de ángulos e itinerarios inéditos. Las palabras expanden realidad, sacan a la imaginación a mediodía y recorren, con paso silente, el pensamiento para que nunca sea tierra baldía.
   En su diversidad, ambos libros, Tiempo abierto y Compañías limitadas, comparten el rico contexto verbal y la tendencia a la reflexión introspectiva como vitalidad y génesis del enjambre temático. La mirada al yo es expansiva y dinámica; acoge también innovadoras perspectivas y latitudes del entorno; es expresión de un destino asumido que purifica y da serenidad, que pone suelo firme a un presente huidizo mientras modula una canción que aleja el frío.

JOSÉ LUIS MORANTE



 

 

 

miércoles, 21 de diciembre de 2022

XAVIER OQUENDO TRONCOSO. TIEMPO ABIERTO

Tiempo abierto
Xavier Oquendo Troncoso
Prólogos de
María Ángeles Pérez López
José Luis Morante
Valparaíso Ediciones
Granada, 2022

 

SUTURAS CON VOZ
 
 
   El trayecto poético de Xavier Oquendo Troncoso (Ambato, Ecuador, 1972), Periodista y Magister en Escritura Creativa, sobrepasa los treinta años de escritura. Comienza en la década de cierre de siglo con el cuaderno Ahora que soy joven, editado en Quito en 1990 y considerado por su autor como salida exploratoria, de aprendizaje y tanteo; y abarca hasta 2022 una docena de títulos, con presencia fuerte en compilaciones y antologías individuales y colectivas. Las reediciones y los traslados a otras lenguas dejan constancia del compromiso ininterrumpido con el género y de la identidad central que mantiene el poeta en el ámbito lírico en español.
  Su última entrega Tiempo abierto reúne los libros Tiempo abierto y Compañías limitadas con prólogos de María Ángeles Pérez López y José Luis Morante. La introducción de la profesora universitaria, recientemente galardonada con el Premio de la Crítica en la modalidad de poesía, opta por el enfoque lírico. Sus páginas aportan una deslumbrante belleza léxica: “Saltan hojas y limones en su libro de nueces sin abrir. Se desperdigan hacia el suelo de la página como raíces en las que el texto crece para señalar lugares inauditos: notas a pie de página que expanden el tiempo…”.  El análisis deja también un demorado sondeo de conexiones culturales que fortalece la inserción de la obra en una tradición plural, de registro polifónico, en las que son itinerarios frecuentados el surrealismo, César Vallejo y el estilo sálmico y luminoso de Walt Whitman.
  Xavier Oquendo Troncoso elige el formato del poema en prosa para mostrar al paso las suturas con voz. Sin la pretensión de continuidad del dietario sentimental, pero con su afán enunciativo, lanza al aire secuencias que iluminan la íntima biografía, el intervalo que más cosas nos explica, como argumentara Miguel de Unamuno. En esas instantáneas verbales, el pretérito recobra las sendas personales; propicia desplazamientos capaces de convertir los recuerdos en interlocutores fiables. El apartado “Ayer” captura el ademán del aire; abre la ventana a los indicios de un trayecto existencial que se hizo camino hasta el ahora. Todo es evocación y sinestesia. El olor de la casa del padre y la luz amarilla son vigilia sostenida en la piel fragmentada de la memoria. Desde el primer texto, el poeta dilata la semántica argumental con un nutrido paratexto. En él aglutina citas, poemas, fragmentos de canciones, recuerdos que dejaron los caminos sinuosos de la lectura, viajes y teselas culturales que conceden la palabra a magisterios esenciales del canon.
  La compilación final “Hoy” se abre con un ejercicio de indagación literaria. Lo metapoético enaltece la fuerza de la escritura y su potestad para fortalecer la textura de lo transitorio. La palabra es estación, rompe los candados del mutismo, muda y regresa, cambia y vuelve los ojos a la lentitud encendida del transitar. El retorno al ahora integra una meditación fragmentada sobre el hecho poético, pero también una azarosa crónica del pensamiento en libertad. La voz verbal hace balance, desempolva recuerdos, recorre la llanura de lo incierto y asume su condición poética, acumulando imágenes que convierten los elementos del lenguaje en invitación al conocimiento y el asombro.
   El texto “Consejos imposibles para un aprendiz” recoge indicios para una poética. En ella prevalece la imaginación frente al discurso dogmático porque “la palabra es una figura que solo conmueve en su sonido, no en su significado. Sólo es válida en su tono, no en sus intenciones”.
  El libro homónimo Tiempo abierto es un compendio de contrastes; conjuga la actitud confesional autobiográfica con otros registros de conocimiento que proyectan su discurso sobre lo cotidiano. Sus teselas unen realidad y ensoñación para generar un mundo propio, un espacio de pensamiento que diluye nieblas y extravíos, que abre horizontes a la contemplación.
   La mirada crítica de José Luis Morante sirve de pórtico a Compañías limitadas, cuya primera edición se realizó en 2019. El poeta y crítico abulense recalca el sentimiento amoroso como núcleo germinal de las composiciones. El amor moldea la conciencia reflexiva del hablante verbal que se convierte en paisaje especulativo y cambiante. El enfoque emotivo no desdeña la ironía, como mirador distanciado, aunque la implicación reflexiva es continua al abordar el largo recorrido, desde los primeros hilos de la amanecida hasta los senderos de la incertidumbre, cuando la intemperie aguarda para cubrir la piel con el relente de la soledad.
   Xavier Oquendo Troncoso da a su entrega un carácter dual y compila las composiciones en apartados aparentemente contradictorio: “las compañías” y “Las soledades”. En la composición inicial “Afectos Cia. Limitada” la red tendida del sentir emocional entrelaza en sus manos la cartografía del estar compartido. La excelente composición deja en su desarrollo argumental la sensación de que existir requiere la presencia cumplida del afecto, la respiración del otro como permanencia y hábito estable. Desde ese umbral del nosotros, las palabras trazan una estela expresiva que sustituye el intimismo coloquial por una dicción torrencial, densa, vestida de sugerencias que añade onirismo, rupturas de lugares comunes y comparaciones sorprendentes. El resultado es un cumulo de sensaciones, un espejo fiel en el que encuentre cobijo una conciencia en vela que resguarda la proximidad del otro.
  Pero se impone lo transitorio en el estar y hay que recomponer itinerarios y habitar en la zona de sombras del idioma nuevos pasillos. Se recuperan en los poemas presencias familiares, homenajes a magisterios y evocaciones cuyos acordes no ha debilitado el tiempo. Y nunca falta en los versos la indagación sobre el sentido existencial, en esa larga senda hacia la madurez crepuscular: “El futuro es siempre gloria entre comillas, / es firme expectativa en la barcaza que me lleva / por el lago anaranjado de mi astucia. / No es firma ni pacto ni protocolo ni arbitraje. / No es que me conservo en el hielo / ni que Dorian Grey hizo su viaje de tuerca”.
  El conjunto “Las soledades” recoge los átomos dispersos de la convivencia. El balance deja la sensación de una vida a medio hacer, donde los instantes felices se escribieron con frágiles garabatos. Desde esa orfandad emerge una soledad estatuaria, fría, que busca agua potable en las palabras y en la música.
  Los poemas de la sección metaliteraria “La poesía” establecen un diálogo conjetural con la creación; el taller literario, con sus modos y formas, es una invitación a la felicidad, una propuesta de recorrer un paisaje abarcable de ángulos e itinerarios inéditos. Las palabras expanden realidad, sacan a la imaginación a mediodía y recorren, con paso silente, el pensamiento para que nunca sea tierra baldía.
   En su diversidad, ambos libros, Tiempo abierto y Compañías limitadas, comparten el rico contexto verbal y la tendencia a la reflexión introspectiva como vitalidad y génesis del enjambre temático. La mirada al yo es expansiva y dinámica. Acoge en su vuelo innovadoras perspectivas y latitudes del entorno. Es expresión de un destino asumido que purifica y da serenidad, que pone suelo firme al presente huidizo, mientras modula una canción que aleja el frío.
 
JOSÉ LUIS MORANTE


 
 

 

viernes, 25 de junio de 2021

JUAN JOSÉ TEJERO. LAS PIEDRAS DE MIS RUINAS

Las piedras de mis ruinas
Juan José Tejero
Valparaíso ediciones
Granada, 2021


 ASCUAS

         

   En la epifanía poética de Juan José Tejero (Lebrija, 1978) Cuaderno de extravíos. Un viaje a Grecia (Editorial Point de Lunettes, 2009) se percibía, tras el formato enunciativo del poema en prosa, un intenso caminar meditativo por las asimetrías geográficas del entorno helénico. El libro, con prólogo de José María Conget, recuperaba resonancias del paisajismo griego, no desde la retina nómada,  apresurada del turista de paso, sino desde el cuaderno de viaje del testigo implicado que marca rutas, completa trayectorias e integra sus textos en una tradición meditativa que busca comprender, hacer suyo un tejido de vivencias y sensaciones.
   Aunque los separa un intervalo temporal de casi una década, la segunda estación del poeta y traductor, Las piedras de mis ruinas, pertenece a una misma etapa escritural. Estamos ante una colección poemática hecha desde la introspección y con un tono decididamente clásico. Tras un perceptible afán de claridad, los poemas aglutinan los núcleos básicos de una sensibilidad que define al sujeto verbal desde el reflexivo fluir de la conciencia. El poeta explica en “Proemio” las contingencias domésticas y la asunción de nuevos roles con una fuerte densidad emotiva: la dualidad de ser esposo y padre condiciona la forma de entender el tránsito vivencial dentro de un espacio íntimo y sosegado, de una casa encendida en la que se perciben los temblores de los ciclos estacionales. Ascuas. Signos de vida y compañía que han ubicado al protagonista verbal en medio del camino, en ese punto de simetría entre pasado y porvenir que propende a la evocación y los regresos.
   El propósito escritural se desvela de inmediato en la composición “Este libro”: “Tener un libro que escribir, leer / con la mirada puesta en la escritura / propia, vivir la vida por escrito, releer lo vivido y revivir / que la vida ha sido por dos veces”. La escritura es fijar lo transitorio, conseguir el milagro de lo permanente en el cauce vital sin que las cosas se apaguen en la indefinición crepuscular del tiempo. Son semillas plantadas sobre la tierra abierta de la memoria, para que no se pierdan raíces y frutos en la indecisa definición del tiempo.  
  En la pautada evolución del libro, los poemas recorren lugares afectivos como la casa paterna o el mínimo laberinto del pueblo. Su presencia evoca un reflejo sensorial, un recuerdo que parece adquirir el impreciso cromatismo de un detalle pictórico y deja un poso de quietud en la huella de lo que huye. La vida en fuga, imaginaciones, sueños y olvidos que conviven tras el rastro de modulación de las palabras; la escritura anota y nombra; clarifica el personal legado que deja el tiempo entre las manos.
   El distanciamiento biográfico muestra otros temas en los que está presente la referencia cultural Es el caso de composiciones como  “Soliloquio de un esclavo griego en Emérita Augusta” y “Desvelo de un pater familias (Segóbriga. S. II d. C.), que ceden la palabra a otros protagonistas verbales, cuyas aspiraciones no distan mucho de ese quehacer diario de buscar sentido al destino propio.
   La herencia clásica en Juan José Tejero no es un asentamiento transitorio. Ya he comentado la atmósfera de clasicismo atemporal que sostiene su lírica; así lo confirman composiciones como “Dedicación. (Desde Edeta-Liria)”donde perduran “las ascuas de una antigua llama”, conexionando el presente biográfico con la pulsión lectora: Homero, Safo, la mitología, el cantar evocador del desterrado junto al Danubio Garcilaso de la Vega o referentes de la cultura centroeuropea, que hallaron en las páginas en prosa de Claudio Magris su codificación definitiva.
   En los poemas de Las piedras de mis ruinas el yo verbal recrea itinerarios que establecen un verdadero abrazo entre caligrafía y realidad existencial. Desde ese enlace surge la necesidad de interpretar la letra menuda del devenir. Ante la sensibilidad vigilante, se entreabren ventanas interiores que enseñan a entender los aparentes rastrojos de lo transitorio. Se convierten en destellos que iluminan la contemplación del pasado. Con la artesanía de la sencillez y la mirada puesta en José Antonio Muñoz Rojas, Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado, Juan José Tejero depura la voz en una permanente búsqueda de lo esencial. Versos donde la palabra sondea el tiempo, la mutabilidad de las cosas y el acontecer de la vida como un presente continuo, hecho de nubes, recuerdos y cenizas.

José Luis Morante

martes, 20 de abril de 2021

GERARDO RODRÍGUEZ SALAS. ANACRONÍA

Anacronía
Gerardo González Salas
Valparaíso Ediciones
Granada, 2020

 

CAÍDA


   Autor de una extensa obra ensayística expandida por publicaciones académicas, practicante del relato corto y escritor de teatro, Gerardo Rodríguez Salas (Granada, 1976) es profesor titular de Literatura Inglesa en la Universidad de Granada. Tras anticipar algunos poemas en revistas y volúmenes colectivos, confirma amanecida lírica con  Anacronía que, junto a los poemas integrados, añade en “Cartografía” una estela de aportes, relacionada con el sustrato cultural neozelandés, y una copiosa lluvia de agradecimientos personales.
   Este despertar literario recurre al formato breve para dar voz a una incisión reflexiva. La senda evocadora deja en sus trazos una crónica sentimental ajustada al discurrir de la memoria, hecha de ese misterio inadvertido de la experiencia vital que aporta lo diario. Las palabras se esfuerzan en reconstruir los pasos de la ausencia. Preservan un silencio del que afloran interrogaciones, como si el manso fluir de la cronología se justificase a sí mismo como simple tránsito: “El viaje puede ser una fuga al pasado, / un ascenso sin alas al punto de partida”.
   Desde el primer apartado, “Ayer”, la perspectiva de rescate mantiene abierta la fuerza fragmentaria del recuerdo. Nace desde la pérdida una conciencia de finitud que empaña el epitelio de las cosas: “Chirrían las cigarras y los grillos / y acallan los rumores del arroyo / que mece nuestra infancia / en un lecho de musgo / tras la puerta entornada del recuerdo”.
  El poema también explora la sombra que convierte la inocencia en noche. La muerte vela y se hace tangible ante los sentidos; es desolación y herida. El pulso narrativo del poema “Sirenas” recupera la dureza maltrecha de lo contingente, donde cada elemento testifica el suceso. El dolor de la pérdida germina con fuerza. Y esa sensación de frío e intemperie dibuja en la caligrafía de las composiciones un epitelio sentimental, crea  un sustrato básico, previsible, cercano a la elegía.
  Ya se ha comentado el marco escénico que impulsa los poemas de “Ausencia”. La geografía de Nueva Zelanda (Aotearoa) expande la mirada del solitario y siembra en su retina instantáneas nuevas. Persiste el dolor opaco pero en la percepción se abren sitio los acordes culturales que dan impulso a itinerarios cognitivos del pensamiento, menos ceñidos al discurrir biográfico. La voz poética recurre al monólogo dramático para encontrar en el patrimonio cultural un impulso de aceptación y cercanía.
  La pulsión de las palabras del apartado “Porvenir” ubica las pautas situacionales del poema en Granada, ese mapa vivencial que enlaza existencia y poesía. En el retorno, la ciudad oferta perspectivas plurales, muestra la eficacia entrelazada de un callejero que suma arquitectura y cauce emocional para construir un paisaje íntimo, donde el espectador encuentra una fértil riqueza sensorial y un despliegue de la memoria, enriquecido con detalles biográficos que marcan la ilación del contexto. En ese estar en el ahora caben distintas actitudes: la celebración de los rincones mágicos de la ciudad, legados por el patrimonio temporal, los recuerdos que se van sucediendo con la sencilla claridad del agua y la palabra verbal que es celebración y canto en el regreso: quien vuelve, cobija la certeza de que nunca abandonó aquella casa alzada, hecha fe de vida y constancia.
  Los poemas de Anacronía evocan distintas secuencias del pretérito porque en él se muestra, esencial y prístino, el conflicto latente entre olvido y rememoración: “El recuerdo es la sombra / torpemente zurcida a los talones/ y el olvido la piedra / que no termina nunca de caer”. La mano se desliza en el poema para reconstruir, con trazos sueltos que trascienden lo anecdótico, esas hojas y brotes que borran la caída, en las ramas del árbol despojado. Que sean la tangible dimensión de la fronda en la que cristalizan memoria y tiempo.
 
JOSÉ LUIS MORANTE




   
 
 
 

martes, 17 de noviembre de 2020

JOSÉ MARÍA GARCÍA LINARES. CÁNTICO

Cántico
José María García Linares
Valparaíso Ediciones
Granada, 2020

LIRAS Y CONCERTINAS

  

   Cuando habitamos un colorista mapa lírico asentado sobre la libertad estrófica y el verso libre, muchas veces casi en el borde mismo de la prosa, el poeta, ensayista y docente José María García Linares (Melilla, 1977) recupera un esquema clásico, la lira, plenamente apegada al discurrir sosegado de la tradición. Su vehemente cultivo arranca en Garcilaso de la Vega, en el intermedio áureo del Renacimiento, y ha tenido excelsos cultivadores como Fray Luis de León y San Juan de la Cruz. El sólido basamento expresivo prosigue ruta hasta el presente, donde el novísimo Antonio Carvajal personifica al mejor artesano formal  y al impulsor más vehemente de las formas cerradas.
   En ese ámbito de referencias culturales y magisterios toma cuerpo la razón poética de José María García Linares en Cántico. El volumen es una compilación de treinta y nueve poemas que emplea la exacta síntesis verbal de la lira; la obra asume también los riesgos de una modulación mecánica, en la que resulta muy complicado liberarse del expresivismo gregario y epigonal, de un decir poético “al modo de”.
   Se trata, por tanto, de moldear el molde, si se me permite la expresión; de abrir con las composiciones de Cántico un diálogo, con las mismas palabras de familia tibiamente gastadas, que desemboque de modo consecuente en una recuperación despejada, singular y acorde con sus modelos. En el aporte lírico, el escritor reivindica logros y mantiene la vigencia de enclaves poéticos atemporales como los del Cántico espiritual de San Juan de la Cruz. Pero ya no estamos ante un paisaje amoroso y celebratorio sino frente a una de las grietas más notorias de la utopía del progreso: la crecida migratoria.
   No es un tema modal ni un cuerpo de letra proporcionado por los titulares de prensa de la actualidad, sino un núcleo temático ligado a la experiencia vital. Como se ha dicho, José María García Linares nació en la ciudad autónoma de Melilla, un enclave fronterizo que muestra a sus moradores los contrastes de la jerarquía social y la discutible distribución de la riqueza; la lira XXIX recuerda el áspero paisaje visual: “Levántase, afilado, / de alambres y cuchillas todo el muro. / Saltar al otro lado, / vivir y estar seguro / después de haber cruzado hacia el futuro”. Además, el excelente ensayista ejerce como profesor en el archipiélago canario, donde es norma abrir los telediarios de cada jornada con la masiva llegada de pateras y con los dolorosos naufragios de los desheredados, con su cruel suma de muertes y desapariciones.
  Los que llegan al sueño de un país habitable y al afán promisorio de otra vida, dejan en sus pasos una nueva utopía, la renacida dimensión  de la esperanza, vestida con un sentido inmediato y profundo. Pero la plenitud es espejismo y la elocuente búsqueda del maná prometido se va llenando de lejanía e incertidumbre. La noche intuye el áspero silencio del fracaso. Sobre el horizonte se hace firme visión la fría silueta del invierno, una alternancia de claros y sombras.
  De este modo, la versificación melódica de la lira acoge el grito de la soledad en la intemperie; se quiebra esa función celebratoria del canto clásico para que amanezca una pupila crítica o se oiga el grito de los que llegan fascinados por el espejismo de la bonanza económica de Europa. Las palabras retratan identidades que solo preservan las sombras, esa necesaria voluntad de quien sospecha que el paraíso se asienta en otro sitio. Y por ello están dispuestos a afrontar una travesía que encarna vértigos oscuros y riesgos extremos: “Mis manos, el alambre, / el rostro de mi madre en la memoria, / dolor y furia y hambre. / La herida es la victoria / de los desheredados de la tierra”.
  En el escalonado discurrir de Cántico, bajo un tejido de impecable hechura, José María García Linares requiere la imbricación en nuestro pensamiento de un humanismo solidario, que abra sitio a la tarea cognitiva de entender al otro. De sembrar esperanza en los que recorren el largo camino de la desolación, con pasos sin abrigo, donde el sueño de otra luz y de otra costa abierta no se apacigua nunca.


 
 
 

miércoles, 4 de marzo de 2020

ERNESTO CARDENAL. (ANTOLOGÍA POÉTICA)

Antología poética
Ernesto Cardenal
edición, selección y prólogo
de
Daniel Rodríguez Moya
Valparaíso Ediciones
Granada, 2012


ERNESTO CARDENAL. POETA CÍVICO.

In memoriam

   El nítido perfil de Ernesto Cardenal (Granada, Nicaragua, 1925) desacraliza la figura del poeta ensimismado en el cielo azul y recrea un proceder ético en las antípodas del esteticismo: el  escritor se compromete con la Historia, ajusta plenamente itinerario biográfico y labor creadora para hacer causa común con aspiraciones colectivas. Así lo manifiesta en la atinada introducción el poeta Daniel Rodríguez Moya, el mejor conocedor del varillaje cultural nicaraguense, donde por su magisterio en las generaciones más jóvenes sobresalen dos voces: Claribel Alegría y Ernesto Cardenal, tras el fallecimiento en 1998 de Carlos Martínez Rivas.
    Esta compilación, en la que ha participado de forma manifiesta el propio autor recomendando textos de su preferencia, selecciona composiciones de una decena de libros, a los que se incorpora un inédito, “El celular”. El volumen da cuenta de la uniformidad de tono y del discurrir coherente de una veta ética, reconocida con hitos significativos como el reciente Premio Reina Sofía de Poesía iberoamericana, en 2012.
  La voz de Ernesto Cardenal es heredera directa de la poética de José Coronel Urtecho. Entronca con el verbo realista de Bertolt Brecht, César Vallejo y Pablo Neruda; asimismo tiene amplias afinidades con la denominada “antipoesía”,  etiqueta que integra, de forma amplia y con una textura verbal diferenciada, el trabajo de Jaime Sabines, Mario Benedetti, Roberto Fernández Retamar, Juan Gelman o Nicanor Parra. Es una lírica enfrentada a la verdad oficial y a los discursos del poder, que cree en la utilidad del arte y rechaza la mirada contemplativa; se define por su acento testimonial y por su inmersión en las singularidades de cada momento histórico. Su afán expansivo practica el arte de la escucha e incorpora al verso el debate, la controversia y la crítica.
   Lo confesional concreto, como expresión de un latido individual, alcanza su plenitud en el discurrir solidario de lo colectivo. De este modo, el yo verbal se torna transmisor de un canto común.  La carnalidad de las palabras acrecienta su voluntad descriptiva para poner lindes al expresionismo de lo real, sin ningún tipo de idealización. De ahí el empeño comunicativo, la confianza en la intuición, la depuración estilística y el propósito firme de despojarse de recursos expresivos secundarios. El maquillaje erudito se limita al máximo para que el mensaje llegue directo, claro, conciso para testimoniar una situación que transciende el mero destino individual.
  Los mayores riesgos de esta poesía son el prosaísmo y el aire con fervor de consigna. A veces los versos se convierten en un documento de una denuncia, exento de vuelo poético; en el poema no cabe la pureza sino una relación práctica con las convicciones. La poesía afianza su utilidad social y no precisa otras revelaciones que una manifiesta rebeldía.
   Y ese es el mayor mérito para muchos de la  poética de Ernesto Cardenal; las palabras pretenden liberarse de la opresión introspectiva del yo, su escritura hace habitable un territorio en el que se reafirma la intensidad de lo vivido, ese pan necesario cuyo molde precisa de igualdad y justicia.






martes, 11 de diciembre de 2018

JOAN MARGARIT. LA LIBERTAD ES UN EXTRAÑO VIAJE

La libertad es un extraño viaje
Joan Margarit
Edición, selección de poemas y prólogo
de
Marisa Martínez Pérsico
Valparaíso Ediciones
Granada, 2018


HABITAR LA DERROTA


   La obra lírica de Joan Margarit (Sanaüja, Lleida, 1938) abarca un profuso itinerario, compilado en las antologías El primer frío, Barcelona, amor final, y en el recuento completo Todos mis poemas, edición preparada por José Carlos Mainer. Constituye un mapa de recorrido obligatorio, tanto en catalán, su lengua de origen, como en castellano. El aporte transciende el ámbito perimetral del territorio autónomo. Es trayecto integrado en una tradición plural, que muestra engarces generacionales con contemporáneos que exploran conceptos líricos cuyo vector de referencia es el realismo existencial. Así lo corroboran los reconocimientos en el idioma autóctono, los premios a nivel nacional y la presencia en el palmarés de hitos trasatlánticos, como el Premio Poetas del Mundo Latino y el Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda. Por tanto, Margarit personifica una voluntad consecuente y activa, de la que Marisa Martínez Pérsico realiza la reciente antología La libertad es un extraño viaje.
   Poeta, crítica literaria y ensayista, Marisa Martínez Pérsico ha investigado la escritura de creadores como Luis García Montero, por lo que el marco de la lírica hispana es un escenario conocido y cercano. Ubica por edad al autor catalán en la promoción esteticista novísima, aunque las entregas busquen como enclave natural la poesía de la experiencia y los autores granadinos de la otra sentimentalidad, con quienes comparte magisterios del medio siglo -Gabriel Ferrater, Jaime Gil de Biedma y Ángel González- y la tendencia a habitar sus poemas con una primera persona enunciativa, con claras conexiones con el yo biográfico. Muchos poemas son repliegues en el laberinto de la propia subjetividad. La poesía se escribe desde la humilde fortaleza interior; allí madura y se hace voz propia en la soledad y allí espera la inspiración, ese lugar del taller literario donde se unen en la misma mesa verdad y belleza.
  La muestra permite explorar como núcleo central de la reflexión de Joan Margarit esa polaridad azarosa entre sujeto y entorno. La intemperie está fuera, es dolor y carencia. Solo la poesía levanta la pared protectora del refugio; es una casa de misericordia. Las palabras identifican caligrafía verbal y existencia, como un magma común que fusiona experiencia sentimental y descubrimiento cognitivo. 
  La excelente selección de Marisa Martínez Pérsico, equilibrada en la muestra de las entregas y en la evolución de su concepción estética, ilumina un estar en la página que hace de la palabra emoción y compromiso, que desdeña cualquier actitud acomodaticia para habitar la derrota, sea esta la cicatriz íntima del discurrir personal, siempre erosionado por la contingencia, o la lluvia fuerte del pasado histórico con su incontinente hostilidad frente al sujeto reflexivo. El poeta reconstruye su propia historia que es también la historia de una lengua que no quiere perder porque supone un patrimonio espiritual colectivo, un hábitat, una trinchera de convicciones. Como afirma el atinado prólogo de La libertad es un extraño viaje, la poesía de Joan Margarit sedimenta sustratos de ferocidad e intemperie, de íntima violencia, porque “el dolor es una forma de equilibrio y entra en el cálculo de estructuras del edificio vital”, pero hay luz y amanecida: en los cimientos profundos del poema siempre está la ternura.  




viernes, 23 de noviembre de 2018

JAVIER BOZALONGO. TODAS LAS LLUVIAS SON LA MISMA TORMENTA

Todas las lluvias son la misma tormenta
Javier Bozalongo
XXVIII Premio de Poesía Blas de Otero
Editorial Libros al Aire, Poesía
Cantabria, 2018 


PAPELES VIEJOS


   Aunque nacido en Tarragona en 1961, Javier Bozalongo, poeta y editor del sello Valpararaíso, protagoniza una significativa conexión cultural con el marco urbano de Granada, ciudad donde se asentó en el inicio de los años 90. Allí ha ido trazando un compacto trayecto creador que tiene como epifanía el poemario Líquida nostalgia (2001); pero no tarda en romper el cerco de otros géneros para explorar, junto a la poesía, el relato y el conciso decir del aforismo. Cierra camino hasta la fecha con Todas las lluvias son la misma tormenta, conjunto poético reconocido con el XXVIII Premio de Poesía Blas de Otero que impulsa la Concejalía de Educación, Cultura y Juventud del Ayuntamiento madrileño de Majadahonda.
   Desde el despertar de su escritura, Javierr Bozalongo muestra su sensibilidad desde una estética de línea clara, un decir contenido y sereno que hace del intimismo y la temporalidad núcleos argumentales básicos. Quien ocupa el mirador del poema siente la necesidad de pensarse a sí mismo y recubre los enunciados con una cálida dermis emotiva.
   Todas las lluvias son la misma tormenta muestra un avance orgánico dual, cuya primera sección sitúa como preludio unos versos elegíacos de Miquel Marti i Pol, magisterio atemporal de la lírica reflexiva. La palabra responde a la necesidad de cuestionamiento y sentido de un transitar por el ahora que convierte ilusiones y sueños en papeles amarillos, en viejos recuerdos enmohecidos por lo innecesario.
   Las vías habituales del existir del sujeto van acumulando los gastados reflejos de la pérdida; los estímulos que servían de apertura a la luz de amanecida van diluyendo sus contornos y convirtiendo a las presencias afectivas en desconocidos. El estar en soledad  invita al sujeto a volver la mirada hacia adentro, hacia el microcosmos de sentimientos que un día fueron patrimonio compartido. Llegan así esas cartas a desconocidas, como si el yo necesitase dejar constancia de un pretérito común, enaltecido por la memoria: “Pusiste tanto empeño en que cambiara, / que ni me reconozco ni recuerdo / a quien quise escribir estas palabras”.
   La condición mudable del sujeto no le libera de contradicciones, ni quita de sus manos abiertas el peso de la decepción. Solo los sentimientos son capaces de avivar una nueva senda, de hacer del tedio de los días un refugio hospitalario; en suma, dar al porvenir un poco de luz: “Abrir una ventana es un paso adelante, / la posibilidad de un pájaro a tu lado”. Aunque desde dentro se oiga una voz callada que recuerde que todo es transitorio, que ordenar ropas e ideas para que la casa muestre su luz encendida es una forma de aprender el arte de la huida, antes de que la presencia del yo se convierta en estatua de sal. De la calidez de sembrar esperanza para poner color al porvenir, habla el poema “Parte de accidente”, dedicado a Paula, una de las hijas del poeta: “Por más que las tormentas alarguen el invierno / en contra de la lógica de los calendarios, / por más que algunos días / jueguen al escondite con el amanecer, / siempre hay una mañana que estalla de repente / para que al fin sepamos que los cristales rotos / son la oportunidad / de mirar más lejos”.
   El poema sostiene el aire, se hace constancia de la brisa; es el sabor fuerte que queda en la boca tras el primer café de la mañana, la pulsión que anima a marcar senda. En el apartado segundo, “El resto de mi vida”, la solemne palabra existencial de Blas de Otero formula un nítido deseo de continuidad: “Aquí tenéis mi voz zarpando hacia el futuro”. La estela del yo se confirma como un proceso gradual y paciente en el que van germinando raíces y alas; son los enlaces que van concediendo a propósitos y cosas su dimensión exacta; nada es insignificante si es capaz de incidir en la búsqueda de su lugar exacto en los estadios de convivencia.
  Marca la construcción interna de esta sección por su fuerza verbal el poema NYC, con el que Javier Bozalongo se adquiere a la larga tradición del legado poético castellano que ha convertido la ciudad de los rascacielos en arquitectura habitable. La realidad urbana de la metrópolis es mucho más que un incontinente laberinto de aceras; promueve una sensación de plenitud que aglutina canto, intertextualidad, música y evocación. La ciudad habla fuerte para ajustar su relación con la percepción parcial de quien la recorre. El resultado es una pieza magnífica que casi por si sola justifica el libro.
   El poema sondea el concepto de ciudad con otros nombres propios; en la toponimia del poema se integran Venecia –otro arquetipo urbano prestigiado por la tradición literaria, y ahora expuesto al erosivo trasiego turístico-, Berlín, Dublín, o las desplegadas geografías inciertas de El Salvador, desolado por una eterna crisis económica y social que veda los accesos del futuro, o China. Ejemplo de cómo una historia milenaria, se ha orillado por las aguas del pragmatismo que sigue a pie juntillas la voracidad de los mercados. En esta sección se integra también la ciudad de Granada, el lugar propio del hablante lírico donde se marca la cronología de lo cotidiano.
   Como epílogo, el poeta indaga sobre el verdadero sentido del viaje: nunca es un desplazamiento espacial sino una incisión cognitiva en la que fluye el cauce experiencial.
  No hace mucho leía un aforismo de Felipe Benítez Reyes que argumentaba: “la verdadera escritura suele empezar sobre lo ya escrito”. Esa es la sensación que deja este nuevo libro de Javier Bozalongo; sus poemas son “palabras de familia tibiamente gastadas”, que hablan de una historia personal contenida en la que se refugia la conjetura del tiempo por venir, la frágil silueta de un ahora que hace de cada voluntad amanecida.