lunes, 27 de agosto de 2018

LUIS GARCÍA MONTERO. A PUERTA CERRADA

A puerta cerrada
Luis García Montero
Visor, Colección Palabra de Honor
Madrid, 2017


MISERIAS DEL PRESENTE

  Mientras Luis García Montero (Granada, 1958) trabajaba en los contenidos de Balada en la muerte de la poesía, donde recurría a la precisión semántica del poema en prosa para abordar la irradiación del verbo poético en una sociedad alienante y pragmática, fueron saliendo al paso los poemas “secos, descarnados e indagatorios” de A puerta cerrada. Escritos entre 2011 y 2017, algunos se adelantaron en la tercera edición ampliada del estudio crítico Ropa de calle (Letras Hispánicas, 2017).
  El título de este poemario, que retorna al verso libre como molde expresivo, connota un conciso sentimiento de soledad y estar retraído, como si el alter ego literario completara el recorrido circular de un exilio interior. Se busca en la  intimidad un estar con los ojos abiertos frente a la intemperie de lo colectivo y las miserias del presente.
  El aserto Huis clos proviene de la obra dramática del filósofo existencialista Jean-Paul Sartre estrenada en 1944. Su argumento explora la relación interpersonal como confrontación inevitable, abierta al conflicto. La travesía existencial demuestra, sin paliativos, que el infierno son los demás; el hombre es un lobo para el hombre, según señalara el latino Plauto y repitiera siglos después T. Hobbes; el comportamiento pasional, egoísta y utilitario transforma al semejante en un peligro. De este modo, el pesimismo sobre la convivencia cobra un espeso crédito. La relación intersubjetiva no es posible y hay que habituarse a habitar los refugios de la soledad. Solo dentro de cada identidad hay seguridad y autarquía; el otro vela y está ahí, como un enemigo al acecho.
   Con tales cartas entre las manos corresponde al personaje el reto de vivir. Ver si en el ocaso de los desamparos la luz calienta la grisura. Los versos de “Entretiempo” se asoman a un entorno complejo en el que percuten los desajustes. La realidad aflora: es una cartografía repleta de pliegues asimétricos. La conciencia introspectiva lo percibe, como vislumbra la estela leve de su itinerario biográfico dormitando en el pasado. Quedan en el aire las tareas de recomponer y habitar una épica subjetiva que supere cualquier nihilismo o deje sobre la epidermis del escéptico la posibilidad de sentir: “Nada tiene que ver. / Da igual viajar o estarse quieto. / Se trata de sentirse conmovido, / de vivir fatigado”.
   En este empeño por seguir creyendo en el advenimiento de una nueva armonía está la justificada convicción del papel protagonista de la poesía. En su discurso de recepción del Premio Nobel, Eugenio Montale definió la poesía como un producto absolutamente inútil, pero nunca nocivo. En una cultura de masas, efímera y erosiva, tan proclive al megáfono de la estridencia, la voz lírica suele hablar a micro cerrado; su esencia está ligada a la condición humana como expresión de percepciones, sentimientos y sueños; de ahí que en una meteorología abrumada por las inclemencias, los versos adquieran la calidez del mediodía.
   La lectura de “Aparición del lobo” traslada de inmediato al conocidísimo poema de Rubén Darío “Los motivos del lobo”. El poeta nicaragüense, impulsor del modernismo, hizo del animal extraído del folklore narrativo de las fábulas una presencia propicia al devenir reflexivo. Emblema de crueldad, el lobo expone a San Francisco de Asís los argumentos que justifican su actitud belicosa: el duro invierno, el hambre, la crueldad de los cazadores y el espectáculo del mal tan habitual en los asentamientos humanos… Pero también tiende la mano a un coetáneo muy próximo al universo afectivo de Luis García Montero, Joan Margarit. El poeta catalán publicó Els motius del llop en 1993, y el libro se editaría en castellano en la colección lucentina Cuatro estaciones, coordinada por Manuel Lara Cantizani, con un sabio prólogo de Antonio Jiménez Millán que resumía la filosofía de estos poemas: en la madurez se agranda el vacío existencial y el desgaste cotidiano acaba erosionando esperanzas y sueños; de ahí la necesidad de hacer del presente un espacio habitable, una última costa en la que desembarquen los afanes más íntimos.
  Luis García Montero ha reiterado su admiración por el legado creador de Jorge Luis Borges y su incansable magisterio en el tiempo. De una de sus identidades ficcionales, Beatriz Viterbo, se nutre el poema “Mónica Virtanen” en el sugerente marco de Buenos Aires. Es una composición de calado intimista en la que se reflejan los contraluces de la felicidad. El protagonista lírico recuerda al ser amado y hace suya la emoción real de quien retorna a un episodio afectivo que forma parte de un patrimonio sentimental intacto; queda la ausencia, pero también el rescoldo cálido de lo perdurable convertido en impulso poético.
   El presente es un oleaje de crisis y falta de valores, cuyas consecuencias socaban con graves erosiones a la fachada social. Crea en la sensibilidad individual una necesidad de repliegue interior, como urgente medida correctora. Es el retorno al método socrático. El filósofo defendía que la verdad habita en el interior de cada presencia y que hay que percibir su latido desde la introspección y el pensamiento racionalista. Pero este método de investigación descubre pronto que la conciencia también es un marco cambiante y perecedero, un reflejo efectivo de las cualidades ajenas. Por tanto, hay que salir fuera y buscar las causas. Más allá de lo doméstico, de ese vacío informe y subjetivo, se puede avanzar, aunque sea dando traspiés. Existe en el horizonte una tabla de salvación, un espejismo, una geografía promisoria donde se recupera la claridad, donde encuentra refugio “la intimidad del mundo en un poema”.
   De esas tonalidades de esperanzado estar en el ahora se nutren muchos poemas de A puerta cerrada. Aunque en cada conciencia las estampas sentimentales marquen las huellas de la decepción; aunque seamos islas a la deriva, hay que tomar fuerzas contra la corriente y seguir escribiendo la historia cotidiana con la concisa convicción de quien escribe su epitafio.




     

3 comentarios:

  1. La reseña sobre "A puerta cerrada" se publicó en papel en la revista "Turia", nº 127; y agradezco al poeta Luis García Montero que adelantara algunos inéditos de su libro en la tercera edición de mi estudio crítico "Ropa de calle" (Letras Hispánicas, Madrid, 2017)

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  2. Gracias por tus reflexiones, la idea de salir de un mismo, irse de casa,del origen, a pesar de los peligros tanto de la intimidad como de lo otro, en busca de la salvación, aquí a través de los versos, es una forma de regresar a casa, a esa puerta cerrada de cancela abierta. Abrazos amigo y buen día!!

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    1. La idea del poemario, como sabes muy bien, querido poeta, es una de las indagaciones reflexivas del existencialismo de Jean Paul Sartre. De ese estar desapacible y hecho de desarraigo nace la necesidad de encontrar respuestas y superar la idea de que el infierno son los otros. Entre el ego y la otredad hay que buscar puentes, abrir sendas y espacios de diálogo....Un fuerte abrazo.

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