viernes, 12 de octubre de 2018

JOSÉ LUIS TOBALINA CUERDA. TRILOGÍAS

José Luis Tobalina Cuerda
(Algeciras, 1960-2008)
Imagen de
EUROPA SUR


DESDE EL RECUERDO


Con mi gratitud,
para Concha Cuerda Rodríguez,
por su hondura habitable
para guardar recuerdos

Trilogías
José Luis Tobalina Cuerda
Prólogos de Luis García Montero y Juan José Téllez
Ayuntamiento de Algeciras y Europa Sur, editores
Algeciras, Cádiz, 2010

  Pocos ámbitos geográficos han ejercido una influencia tan nítida en la vocación literaria como la ciudad de Granada en el despertar de la Transición y en el arranque de los años 80. Lo han comentado no pocas veces protagonistas directos de aquella época como Juan Carlos Rodríguez, Antonio Jiménez Millán, Mariano Maresca, Ángeles Mora o los poetas agrupados en torno a la etiqueta crítica “La otra sentimentalidad”, que supuso un claro revulsivo a la continuidad epigonal de los venecianos.
 Se multiplicaban tertulias, convocatorias colectivas, certámenes literarios y en la universidad se impulsaban revistas donde habrían de publicar sus primeros textos amanecidas literarias. Así sucedió con la voluntad literaria de  José Luis Tobalina Cuerda (Algeciras, 1960-2008). Estudiante de Derecho y de la Facultad de Filosofía y letras durante dos años, comienza a participar en el clima literario creado en torno a la revista Nefelibata y comparte sendas creadoras durante un tiempo, hasta que se instala en su provincia de origen para ejercer como periodista hasta su fallecimiento, tras una larga enfermedad. En 2002 anticipa poemas en la revista Almoraima, bajo un título cernudiano Donde solo habiten la nada y sus olvidos.
   Luis García Montero recrea en el liminar, desde la voz de la melancolía, aquel pasado común en la ciudad del Darro. El viento de otoño de la memoria recupera encuentros, contactos epistolares y esos enlaces afectivos que mantienen vivos fotografías y recortes de prensa. También de la inquietud básica de José Luis Tobalina Cuerda de hacer de la poesía expresión pactada de su sensibilidad  y de registrar la realidad cotidiana. Al cabo, como escribe Luis García Montero: “Escribir poesía es luchar contra los dogmas, que representan la prisa de las ideas y el acomodo de los sentimientos”.
   Desde la voz de una amistad profunda, Juan José Téllez, aborda las coordenadas de Trilogías; el poemario es una sucesión de trípticos con una manifiesta voluntad orgánica que bebe del simbolismo más que del realismo machadiano. Y hace también un recuento vital de aquellas actividades que fueron dejando su estela temporal con la impronta humana del poeta y con el quehacer continuo del periodista, siempre apegado al clima cultural de su entorno.
  La poesía de Trilogías es una mirada al cauce existencial del sujeto. Habita la incertidumbre. Sabe que el discurrir está marcado por la fugacidad y que es necesario buscar referencias en las que habite la esperanza para que sea posible conjugar la vida. Así nace la invitación a la ternura, la voluntad firme de techado que proporciona el amor hacia el hijo, la fuerza vital que hace del amor el núcleo básico de la intimidad y el contacto cercano con una geografía habitable que expande sus rincones para dejar en los sentidos la huella del asombro.
  La palabra es consciente también de los desajustes de la realidad. sabe que los días son derrotas y que el derrumbe se instala al borde los labios; el poeta vela y no renuncia a rebelarse contra la noche, cobija sus afanes en las manos germinales del sueño, o regresa al pasado desde la memoria para habitar un tiempo en el que todavía la luz extendía sobre las cosas su transparencia.: “Del asalto rescato como botín la niñez / y el perfil dibujado en la arena por sus pechos, / aquel atardecer en sus ojos / la penumbra que dictan los silencios, / una canción enredándonos en un futuro que no iba a ser”.
   El poema de cierre de Trilogías es una reflexión sobre la muerte como disolución en la nada, en donde las palabras dejan de oírse para habitar el silencio. Es entonces cuando la memoria adquiere toda su razón de ser, cuando la ausencia se hace imagen de un diario íntimo que perdura en el tiempo, que nunca huye porque forma parte de la identidad de quien ama. Y amar es una casa que resiste al tiempo.  


  



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