jueves, 11 de octubre de 2018

DAVID ALIZO. MI QUERIDA MUERTE

Mi querida muerte
David Alizo
Kalahos ediciones
Alcobendas, Madrid, 2018


ENCUENTROS


   En un hábil ejercicio compositivo, Mi querida muerte, novela póstuma de David Alizo (Escuque, Estado Trujillo, 1940-2008), funciona como una encrucijada de apariciones. La descomposición social de Venezuela y el daño irreversible que sus ciudades muestran en las aceras grises de lo diario, ocasiona un exilio inagotable. Nada queda en pie de una forma de vida cobijada en el paraguas cotidiano de lo rutinario. Ahora el porvenir no tiene porvenir; es necesario acomodar la existencia en otro sitio. Esa perturbadora situación margina también el entorno afectivo. Hay que zarpar entre la niebla y crear variaciones de rumbos en las que acaso pueda verse un futuro.
   El novelista recurre a la primera persona del testigo implicado para hilvanar el tránsito de amigos y conocidos que lo visitan, en su domicilio londinense. Llegan con biografías desaliñadas, casi al borde de la existencia y sus vidas van reconstruyendo pasados fantasmales que exigen una reflexión sobre la mediocridad del país. Todos proceden de un club de época, el Syrtaki, un lugar de reunión en el que fueron tejiendo biografías hasta que “el manto arácnido de la política subdesarrollada del país” provocó un estado de tensión constante. La rutina se hizo inhabitable. Y hubo que buscar salvavidas a tiempo.
   El hablante ficcional es Juan Carlos Brull, según confirma un correo electrónico personal que es una invitación nominal a una fiesta privada; así sabemos quién nos va proporcionando los datos enlazados de secuencias vitales por las que caminan los personajes accionales. De este modo se trazan las líneas genéricas de un cuadro hiperrealista que nunca olvida el contexto histórico general. El ambiente social se ha enrarecido tanto que el conformismo se rompe; mucha población sale a la calle y participa en huelgas, protestas urbanas y caceroladas que exigen un cambio de gobierno. Pero el ejército vela por el continuismo dictatorial y no duda en sofocar por medio de métodos represivos o violentos cualquier activismo. El gobierno se perpetúa y la gente sigue buscando salida a una conciencia mortificada.
   Cada biografía acompaña sus pasos con un inventario de actitudes y recuerdos que no pocas veces crean lecturas contradictorias en los demás. Así sucede con el periplo exietcnial de Clara Inés Villegas, Cecilia Guardia, Lucía Mendieta, Lenin Bondrián o tantos amigos del Syrtaki, un bar que encierra en sus paredes una época en la que todavía el pesimismo no era una planta parásita. Los menores gestos cotidianos adquieren así dobles lecturas, en las que casi nadie es lo que parece. Huitobro, ese sujeto capaz de disparar contra su propia imagen en una fiesta es un enamorado que busca complicidad y consejo, tras su ruptura sentimental con una belleza, Mihaila Dimitrescu, una mujer rumana que da pie a establecer abundantes paralelismos entre la descomposición del régimen dictatorial de Chauchescu, y el feroz declive de Venezuela, gestionado por un fundamentalismo ideológico preocupante donde solo funciona el aserto “conmigo o contra mí”.
  Brull va componiendo un mapa confidencial que busca justificación a distintos elementos de la intriga como el cuaderno de chismografía, una olvidada carta o las confesiones intimistas de sus contertulios. También él ha consumido un poblado itinerario de desastres en el que la muerte ha tenido un peso fáctico y ha dejado alrededor la enfermedad, la muerte violenta o el suicidio, lo que lleva a sospechar a los demás que es un portador de desgracias. Esa es la clave del título; la muerte es parte de la propia identidad.
   David Alizo, inolvidable creador de Nunca más Lili Marleen y Safo de mil amores,  da testimonio de un punto de vista subjetivo y curioso sobre un momento clave de la historia reciente de su país. Recurre a un entrelazado de recuerdos escondidos en las ondulaciones de la memoria. A través de esas voces ofrece perspectivas sobre una realidad desencajada. Actualiza las sensaciones del clima político y los múltiples aspectos de una descomposición colectiva. Ahora, la cuestión principal es descubrir el hilo del futuro, saber si existe todavía algún espacio de supervivencia.   




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