Boca abajo de internet |
EN EL CHARCO
Mientras camina despacio, bajo el paraguas, recuerda que de niña buscaba
charcos para saltar sobre su transparencia. En su cara se dibuja una sonrisa.
Sigue sumando pasos distraída y vislumbra un círculo de agua en medio de la calle. En su oquedad contiene un mundo boca abajo de plenas sensaciones. Apenas duda mientras pliega el paraguas y lo deja dormir sobre la acera. Ensaya un
primer salto, y otro y otro, antes de que le falte el aliento… Entre las
punzadas de humedad del pecho asmático se siente renacida.
Recoge el paraguas y ya no lo abre. En la tarea del regreso no sabe cómo justificar ante el personal del geriátrico los zapatos mojados. Otra vez sonríe. Da igual si las excusas recuerdan oscuros callejones sin salida. De niña, también creía en el final feliz.
Recoge el paraguas y ya no lo abre. En la tarea del regreso no sabe cómo justificar ante el personal del geriátrico los zapatos mojados. Otra vez sonríe. Da igual si las excusas recuerdan oscuros callejones sin salida. De niña, también creía en el final feliz.
(De Cuentos diminutos)
Es necesario de vez en cuando nutrir al niño que llevamos dentro, él lo agradece con una sonrisa. Un abrazo, José Luis.
ResponderEliminarEl niño debe ser presencia continua de nuestra identidad, querida María José; supone la garantía de preservar el asombro y la cercanía con lo epifánico; es claridad y luz, así que es un viajero necesario.
EliminarTodavía tengo esa capacidad de asombro y me encanta. Mi niña interior ahí sigue, caminando conmigo, contagiandome todavía, ilusiones.
ResponderEliminarQuerida Carmen, me encanta oír que sigue en tu interior el asombro y la niñez; esa caricia de la alegría intacta y fuerte. Un gran abrazo.
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