jueves, 22 de abril de 2021

ROSARIO TRONCOSO. EN EL CORAZÓN, ESCAMAS

En el corazón, escamas
Rosario Troncoso
Prólogo de Pilar Cabanes
Ilustraciones de José Enrique Izco
La Quinta Rosa Editorial
Córdoba, 2020

SENTIR EL FRÍO

 

   Me acerco con frecuencia a la poesía de Rosario Troncoso, profesora de Lengua y Literatura, poeta, columnista de prensa e impulsora de distintos proyectos editoriales, atraído por la callada confidencialidad de una voz sacudida por la inconformidad existencial. En su denso tejido verbal el espacio vital es una aleación de contenida riqueza emocional en la que conviven el canto y la queja, el dolor y la plenitud sensorial de los sentimientos. 
   El texto de introducción de En el corazón, escamas, firmado por Pilar Cabanes, recuerda el quehacer plural de la autora y deja en primer plano esos rasgos nucleares definidos por la búsqueda incesante del sentido vital. Las palabras dan cuerpo e impulso al discurrir y recuerdan el carácter catártico y depurativo de la razón poética en el desvalimiento y la fragilidad. El análisis de Pilar Cabanes explora también con mucha lucidez el carácter simbólico del epígrafe En el corazón escamas. “En la misma fuerza simbólica que entraña el título vislumbramos este resurgimiento y una implacable resistencia. Las ásperas escamas protegen y aíslan  a un herido corazón de sirena”. 
  Este itinerario intimista, en el que nunca se pierde la conciencia de lo temporal, muestra un afán introspectivo que complementan las ilustraciones de José Enrique Izco (Puerto Real, Cádiz, 1976), maestro y estudiante de Bellas Artes, cuyas imágenes dejan las coordenadas de un interior marino habitando en el pecho, hecho de colores fríos, como si la profundidad ocultara la decepción y la culpa; un rastro de musgo que fermenta en los fondos abisales del yo.
  Rosario Troncoso acrecienta la carga narrativa del verso, explorando las anotaciones del poema en prosa. Lo que da a cada composición la apariencia de una crónica emotiva que busca un escueto desarrollo argumental. Desde esa actitud de compartir estados anímicos, que nunca renuncian a la evocación y a la búsqueda de instantáneas vivenciales, van aflorando cicatrices y sombras. Los poemas retratan una existencia marchita y anodina que suele desembocar, a diario, en la plaza estrecha del desencanto: “Frágil ha sido esta fortaleza imaginaria. Y fugaz. / Ahora sabemos, amor, que no es posible huir del sol”.
  El poemario no cierra los ojos al uso convencional del verso libre, e integra composiciones próximas en sus recursos expresivos a los textos en prosa. Si vivir es sentir la nada, en esa ambigua identidad mitológica de la sirena, el sujeto verbal siente que se configura en su destino un callejón final: “destino irremediable de sirena: / morir de asfixia y sed / con la culpa enredada / en la aleta dorsal”. Es una certeza sombría que anula el bucear de la esperanza y hace de cada logro concreto una estela de fugacidad. Acecha la indolencia y el paso rutinario que convierte la costumbre en grisura: “Emergí y caminé sobre los añicos de todo. Ojalá tenga sentido. No permitas que seque la indolencia. No me dejes morir”. Tras la noche de sombra acecha el despertar y en ese retorno a la superficie la soledad se hace certeza y frío, esos síntomas de la desnudez que invitan al vacío y la disolución.
   En las emotivas secuencias que Rosario Troncoso hilvana en los poemas de En el corazón, escamas late fuerte una historia de amor y desamor. El vértigo cansado de una voluntad a solas, nadando en la corriente del deseo hasta caer exhausta en el desamparo. Toca entonces buscar el tacto áspero de la línea de playa; aceptar esos espejismos conformistas que proyecta el futuro: “Entre los sueños descansó con él, lejos de miedos abisales. Y entendió de su mano que la orilla es el regreso a una casa que no existe”.
 

JOSÉ LUIS MORANTE





 
  

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