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martes, 1 de octubre de 2019

CON CATALUÑA, CON LA CONSTITUCIÓN

La Sagrada Familia, Barcelona
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CON CATALUÑA, CON LA CONSTITUCIÓN


   Aclaro de inmediato: no soy un nacionalista español, ese supuesto estigma con el que los secesionistas de periferia y los abducidos por el independentismo pretenden anular los argumentos de la razón y de la historia. Pero me desasosiega que un referendum ilegal, propiciado por el gobierno de una comunidad contra una constitución parlamentaria y democrática, sea celebrado como un hito convivencial. Por eso anoto aquí estas impresiones, leves apuntes de profesor durante décadas de Geografía e Historia. Nací en España, aunque me hubiese encantado haber nacido en Canadá, Australia, Estados Unidos, Suecia, Italia, Gran Bretaña o Argentina… Casi en cualquier sitio de ese mundo en progreso que ofrece a sus pobladores unas condiciones existenciales dignas.
 Me causa pánico que España se balcanice y que el largo periodo de convivencia dependa de los intereses electorales del nacionalismo segregacionista y de un impune lavado de cerebro que ha tergiversado el patrimonio de siglos comunes. No quiero que España se quiebre, porque si la consulta independentista se celebra, sea cual sea el resultado, todos los demás territorios peninsulares e insulares también tienen derecho a esa consulta. Ser catalán no es ser más que ser castellano, andaluz, canario o extremeño.
   Hace unos años, en la Feria del libro de Madrid, tuve que soportar en una mesa victimista y quejicosa a un Jordi “algo” que con voz mentirosa rubricaba que no leíamos la poesía de Cataluña y que se condenaba al ostracismo a sus poetas, por ser catalanes. Escuché perplejo; yo preparaba una edición crítica de Joan Margarit, leía con fervor de neófito a Jaime Gil de Biedma y anotaba datos para un largo artículo sobre Carlos Barral… Además dos de mis libros se habían publicado en una editorial catalana y adquiría sus novedades de la editorial apenas salían al mercado. Aquel sujeto, desaforado y pueblerino, negaba mis lecturas, mis vínculos, mis querencias y pretendía apartarme de mis poetas. Esos poetas que nunca fueron ni serán extranjeros para mí porque no son un territorio, una excusa bélica, un desagüe para ensuciar la convivencia con réditos electoralistas que disimule corrupción y pésima gestión económica.
  Que los nuevos meses vengan sosegados para el quehacer diario de todos, sin que marquen la convivencia himnos, banderas y esa historia reinventada a la medida de un ego deforme, que la sentencia del proceso soberanista sea justa con la gravedad del delito, que los diputados electos usen el Congreso y las instituciones no para negar al otro sino para acordar rutas comunes. 
   Que sigamos juntos y en paz. Con Cataluña, claro; somos lo mismo.


   

lunes, 6 de enero de 2014

CON CATALUÑA (APUNTES DE CLASE)


CON CATALUÑA  (APUNTES DE CLASE)
 
" Fulgor Sedano, hombre de 54 años, soltero, de oficio administrador, apto para entablar y seguir pleitos, por poder y por mi propio derecho, reclamo y alego lo siguiente..."

Pedro Páramo, pág. 50
 
    Aclaro: no soy nacionalista español –ese supuesto estigma con el que los nacionalistas de periferia pretenden anular los argumentos de la razón- pero me desasosiega que el máximo mandatario de una comunidad, garante legal de la constitución como marco convivencial, sea el más obstinado impulsor de su incumplimiento. Por eso anoto aquí estas impresiones, junto a mis apuntes de clase de Geografía e Historia, la asignatura que imparto desde hace veinte años. Nací en España, pero me hubiese encantado haber nacido en Canadá, Australia, Estados Unidos, Suecia, Italia, Gran Bretaña o Argentina… casi en cualquier sitio de ese mundo en progreso que ofrece a sus pobladores unas condiciones existenciales dignas.
   Me causa pánico que España se balcanice y que los muchos siglos de convivencia dependan de los intereses electorales del nacionalismo segregacionista. No quiero que España se quiebre, porque si la consulta independentista se celebra, sea cual sea el resultado, todos los demás territorios peninsulares e insulares también tienen derecho a esa consulta. Ser catalán no es ser más que ser castellano, andaluz, canario, murciano o extremeño. Ahora soporto a diario titulares de prensa y declaraciones que se barajan para prodigar estupideces. Hace unos años, en la Feria del libro de Madrid, tuve que soportar en una mesa victimista y quejicosa a un Jordi “algo”; rubricaba que no  leíamos la poesía de Cataluña y que se condenaba al ostracismo a sus poetas, por ser catalanes. Escuché perplejo; yo preparaba una edición crítica de Joan Margarit, leía con fervor de neófito a Jaime Gil de Biedma y anotaba datos para un largo artículo sobre Carlos Barral… además dos de mis libros se habían publicado en una edición catalana y adquiría las novedades de la editorial apenas salían al mercado; y uno de los más jóvenes poetas catalanes, Josep Maria Rodríguez, me parecía una de las perlas literarias del siglo XXI. Aquel sujeto, desaforado y pueblerino, negaba mis lecturas, mis vínculos, mis querencias y pretendía apartarme de mis poetas, alegando que eran inexistentes, como su propia obra.  Son poetas de casa, huéspedes fijos de mis estanterías; nunca fueron ni serán extranjeros para mí porque no son un territorio, una excusa bélica, un desagüe para ensuciar la convivencia con réditos electoralistas que disimulen corrupción, populismo y pésima gestión económica. 
   Que 2014 venga sosegado en el quehacer diario de todos, sin que marquen la convivencia himnos, banderas y esa historia reinventada a la medida de un ego deforme. Que sigamos juntos y en paz. Con Cataluña, claro; somos lo mismo.