martes, 10 de diciembre de 2013

AFORISMOS DESDE EL PASEO

Avenida de los Almendros, Rivas, diciembre 2013
Fotografía de Adela Sánchez
Aforismos desde el paseo

Confiado y expuesto a ese azar imprevisible de quien cruza un paso de cebra.

Emplea silencios largos, de posguerra.

Ideas rugosas. Como mis manos.

Entre el silencio y las palabras, una escritura de  parvulario.

El mediodía borra incertidumbres. ¿Qué empiezo?

domingo, 8 de diciembre de 2013

PILAR BLANCO. LLAMA Y HUMO.

Alas los labios
Pilar Blanco
Ediciones Olcades
Cuenca, 2013

LLAMA Y HUMO

  El ingreso en los escaparates culturales de la antología Con la cal en los dedos (1980-2010), editada en Provincia, acercaba al público lector una muestra muy atinada de la obra lírica de Pilar Blanco. Hasta ese momento su tarea creadora comprendía nueve entregas que arrancan en 1982, cuando el monolitismo novísimo se había transformado en un aserto que convivía  con otras estéticas renovadoras. Esta compilación de la poeta y profesora leonesa incorpora un liminar de Ricardo Virtanen, donde se desglosan las líneas de una ruta que abre marcha de nuevo con Alas los labios.
   Unas palabras de confianza evocativa sirven de umbral a este poemario de título aliterativo, Alas los labios, con un material poemático distribuido en cuatro apartados. Leemos en “Conjuro”: “Serenidad / en el decir, / aliento visionario”. La composición es una autosugerencia; el consejo fusiona ese andar sosegado y apacible que dé curso a un lenguaje activo y vitalista, y la creencia en el impulso de un designio, no como intuitiva aprehensión del porvenir, sino como capacidad para mantener una actitud coherente en la escritura, sin imposiciones, acorde con una forma de ser personal.
  El trayecto vivencial expande un espacio de  rutinas e incertidumbres; una simple abertura en el muro supone la posibilidad del punto de fuga, una senda de interrogaciones para la conciencia. Ese es el hilo común que unifica los textos de la sección de arranque. En este apartado, el poema “El hacedor de palabras”, uno de los mejores del poemario, introduce una consideración metapoética sobre la capacidad creadora de los signos: “Dirás que el universo se pliega ante el hechizo/ que lo describe y nombra y crea al mismo tiempo. / Miro a mi alrededor, y en la mañana espesa / que moja los almendros y hace llover su albura / sólo / veo / palabras”.
   El hablante protagoniza un lento repliegue, hecho de soledad y carencia. Confirma aquella cita de Blanca Varela: “Aprender a caminar sobre la viga podrida”. El vacío fertiliza espacio y tiempo; los pasos deben soportar el deterioro, los sueños especulan y la amanecida reserva papeles secundarios: la uniformidad gris de la inexistencia. De ese estado hablan los versos de “Cuando la luz nos borra”: “Cae la luz / sobre las cosas / y en su lluvia / reverberan los cobres / se acallan los sonidos, la ebriedad / de la flor en su muerte, / de la tarde en suspenso como hilándose / copo a / copo / mientras toda la luz se tambalea”.
   La deriva habita en un entorno diluido en el que el sujeto sigue en la brega; busca percibir el nítido aroma de la existencia al paso, como un ave frágil que asciende en el azul del despertar, sin pedir tregua, aceptando la contingencia de un destino impuesto. Un fugaz vuelo hacia el resplandor y la claridad.
   La poesía de Pilar Blanco desbroza paisajes interiores a cielo abierto. En sus palabras se remansa la luz de lo diario, su compleja construcción emocional, ese ir amaneciendo con la cal en los dedos, en busca de respuestas, aunque abrume la tajante certeza de que no las hay.

sábado, 7 de diciembre de 2013

ELLA


Ella

     Este poema te pertenece

Apacible y real
o cada noche
una obsesión intrusa,
un trapecista
encaramado al sueño más lejano.
Cierzo sobre las horas,
frágil tacto de oro
que acaricia los cuerpos estivales,
posesión ilusoria,
laberinto;
sorpresa entre los restos
del último naufragio,
o compleja ecuación
que resuelve una suma
reiterativa,
extraña, irresoluble,
en la que el todo siempre
es mayor que la suma de las partes.

(de Causas y efectos, Sevilla, 1997)

viernes, 6 de diciembre de 2013

CICLO DEL AGUA


Ciclo del agua

    Porque también el ánimo diario es un ciclo de agua
    con nubosidad variable.

La frágil transparencia de aquel río se confundía con la desnudez, lo que extremaba la sensibilidad del cauce a los cambios de temperatura. De madrugada las aguas eran sólidas. Con las primeras briznas de sol se licuaban. A mediodía las altas temperaturas enredaban al río en redes de niebla, un repetido proceso de nubosidad variable.
 
(Del cuaderno Diez insomnios, Corondel, Valencia, 2004)

miércoles, 4 de diciembre de 2013

IZET SARAJLIC. MEMORIA VIVA.

Sarajevo, Izet Sarajlic, Valparaíso, Granada, 2013 

MEMORIA VIVA

   En febrero de 2003, el poeta y editor lucentino Manuel Lara Cantizani incorporó a la exquisita colección de poesía Cuatro Estaciones el libro Una calle para mi nombre, de Izec Sarajlic (Deboj, 1930, Savarejo, 2002) con prólogo de Juan Vicente Piqueras, también responsable de la traducción junto a Raffaella Marzano y Sinan Gudzevic. Fue mi primera conversación con la escritura más universal de Bosnia-Herzegovina, y me afectó profundamente; aquel encuentro supuso una pequeña convulsión, como sucedió a tantos lectores – el libro se reeditó casi al año siguiente, un asunto a reseñar en poesía -  que hicieron propiedad privada el aporte confesional de Una calle para mi nombre.
   De nuevo llega a las librerías el intimismo transparente de Izet Sarajlic, esta vez en los estantes de la editorial Valparaíso, con selección y liminar de Fernando Valverde. El joven poeta de Granada analiza al detalle la senda biográfica porque ha condicionado, con dolorosa pulsión, su sensibilidad estética. Sus escritos de amanecida afloran tras los derrumbes de la Segunda Guerra mundial, cuando uno de sus hermanos fue fusilado por los camisas negras del fascio italiano. Aquella fase inicial de crónica y testimonio muda, poco después, y se remansa en una lírica amorosa, despojada, precisa y emotiva, que vuelve a convertirse en versos de desolación cuando estalla el conflicto fraticida de los Balcanes. El estallido produce un cataclismo político en Europa Central y el desmembramiento de Yugoeslavia. Entonces Sarajevo, ciudad donde vivía el poeta desde 1945,  se convierte en una azarosa cita con la muerte. A esa circunstancia debe su nombre esta entrega, Sarajevo, como si aquel escenario sombrío fuera la última estación de la existencia.   
   Cuando en 1992 se resquebraja la convivencia por las ideologías nacionalistas, la avenida principal de la ciudad se convierte en predilecto enclave de francotiradores. A cada paso, hombres, mujeres y niños aguardan la fatal incertidumbre del disparo en un asedio que dura más de tres años y que tendrá dramáticas consecuencias para los pobladores.
   Ese es el material que da pie a los poemas de Izet Sarajlic. Palabras cuya semántica certifica  el dolor y la barbarie. Poemas que se hacen caligrafía de la sangre y donde unas gotas de amor sirven como cálida excusa para guardar algunos hilos de esperanza. Quien ama no puede renunciar a seguir caminando, a forzar sendas nuevas de superviviente, a sentar en la silla de la esperanza un presente lleno de soledad vulnerable.
   Triste como una ventana al cementerio, la poesía de Izec Sarajlic es un testimonio a media voz pero lleno de intensidad. Trasmite esa incapacidad de comprender la mutación de un entorno habitable en un infierno. Cercano y táctil cada poema denuncia la falta de firmeza de lo real cuando todo se difumina o se ensucia con interrogantes lacónicos y brutales. Izec Sarajlic nos hace mirar esa pantalla viva de la memoria con el corazón encogido y los ojos llenos de lágrimas.

martes, 3 de diciembre de 2013

SINIESTROS




Siniestros

      Para los que cada día
   alquilan su rincón
   a la sospecha.

Buscan entre rutinas
tres pies al gato.
Son muy torpes. Ignoran
que tiene cuatro.

domingo, 1 de diciembre de 2013

ELOGIO DEL EDITOR.

El libro no existe hasta que un editor confía en su calidad y lo transforma en producto cultural. Hasta ese momento, no era sino la esperanzada labor en el tiempo de un escritor, un puñado de folios que duerme en el cajón esperando la aurora de la imprenta. Así que hoy, domingo de sol frío y calma municipal, me corresponde hacer el elogio del editor como máximo responsable de la presencia social de cada género. Su papel es bien conocido por todos los que escribimos. Yo además soy un afortunado: mantengo con mis editores una entrañable relación personal. No hay contrato más ecuánime y valioso que la amistad. Mis editores son mis amigos:
 
Con Javier Sánchez Menéndez
Ediciones de la Isla de Siltolá, Sevilla

Con Josune García López
Cátedra, Letras Hispánicas, Madrid
 
No pueden faltar en estas líneas Luis Felipe Comendador, editor de Reencuentros, en Lf ediciones, Marino González Montero, editor de Mejores días, en De la Luna libros y Francisco Peralto, editor de Corona del Sur, que puso en las estanterías Nubes, mi cuaderno de haikus. Un abrazo grande. Seguimos cerca. Seguimos.