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lunes, 7 de octubre de 2024

RICARDO VIRTANEN. HILO DE LLUVIA

Hilo de lluvia
Ricardo Virtanen
prólogo de Luis Alberto de Cuenca
Editorial La Garúa
Colección Haiku
Barcelona, 2024

  

INTERIORES DEL HAIKU

  

   Siempre es causa de asombro el vitalismo creativo de Ricardo Virtanen (Madrid, 1964). Es poeta, profesor universitario, músico, narrador, aforista y un referente fundamental de la cultura de Rivas, localidad en la que vive con su familia desde hace veinte años. En su trayectoria creadora como poeta ha dedicado a la estrategia expresiva del haiku un sostenido tiempo de cultivo, escribiendo los libros Notas a pie de página (2005), La sed provocadora (2006), Sol de hogueras (2010), Nieve sobre nieve (2017) y Llama de luna (2021). Una cosecha tan reseñable ha convertido a su autor en una presencia esencial en conocidas antologías del género como Un viejo estanque (2013). También ha impulsado la práctica de la estrofa entre sus alumnos de ESO preparando las ediciones Una flor amarilla (2022) y Bajo el cerezo en flor (2023).
   Tan sólido trayecto ha definido una estética de trazo clásico, que apuesta por los matices frente a la ruptura y la gratuidad experimental. Así lo atestigua también en un prólogo de cálido sustrato emotivo el poeta Luis Alberto de Cuenca: “Virtanen se atiene la mayoría de las veces a la más pura ortodoxia del haiku japonés, que ha de versar sobre un tema relacionado de uno u otro modo con la naturaleza, el paso de las estaciones y la observación del mundo circundante, sin permitirse en ningún momento (o casi en ningún momento, si queremos ser exactos), la efusión sentimental.”
   En efecto, en los cien haikus de Ricardo Virtanen, escalonados en tres apartados, es básico el registro sensorial; ese papel de quien integra los elementos del entorno, desde la continua vigilia de la percepción, en el preciso molde de las diecisiete sílabas.
   La sección inicial, “Inquietudes”, por su denominación, parece ubicar sus textos en un registro interior; pero de inmediato constatamos que los ciclos naturales asoman a cada instante: la lluvia, el rumor renacido de los pétalos en flor, la finitud de la belleza: “el crisantemo / se dobla en la maceta / como una ráfaga”, la fuerza sensitiva del entorno que desasosiega y abraza al mismo tiempo en el naufragio de los días, mientras una brisa conmociona, casi inadvertida, la quietud, como esa mano anónima que pasa las páginas del libro de la vida y su continuo despojamiento: “Llega septiembre. / Al borde del camino, / sólo unos cardos”. Casi todos los textos de este primer tramo dejan una sensación crepuscular, como si la vida atardeciera con prisa tras un horizonte deshabitado y quedara solo el silencio, la frágil silueta de una rama sin hojas: “Ya no se ven / huellas en el camino. / Nieve en la nieve”.
   La parte central se titula “Rumores” y se abre con citas de los clásicos  Shiki e Issa. Amanece en ellas una mínima fauna dispuesta a brindar compañía en el azaroso desplazamiento cotidiano. Luciérnagas, mariposas, grajos, pájaros, trazan en el aire leves itinerarios que siguen la dirección del viento. En este apartado emerge el haiku que da título al libro: “Bajo la luna, / el aullido de un perro. / Hilo de lluvia”. Los instantes de vida cobran protagonistas frágiles y cercanos y dejan al yo en la zona de sombras del poema; el yo no está sino para constatar los destellos de vida de la naturaleza que se mueven entre las sombras de los árboles. 
   El sustantivo “Presencias” agrupa los haikus que conforman el apartado final, esta vez bajo el eco sonoro de Santóka. Si el haiku es lo que sucede aquí y ahora, esa coma viva del tiempo, el registro tonal mantiene en calma el paso en los poemas; el pasado se marcha, pero su olor perdura, como si todo quisiera constatar su presencia cerca del testigo: “Coge la rosa / antes de que sus pétalos / estén en tierra”.
   Ya se ha escrito que en el taller creador de Ricardo Virtanen conviven varios géneros. Pero en esta vocación creadora el haiku es vértice preferente. Sin duda, en  su hechura formal y sensitiva, el madrileño es un maestro; uno de los mejores que pone en el mínimo esquema japonés una luna redonda, la sacudida de la plena luz.
 
JOSÉ LUIS MORANTE
 

 
 
 
 

martes, 10 de septiembre de 2024

RICARDO VIRTANEN. HILO DE LLUVIA

Hilo de lluvia 
Ricardo Virtanen
Prólogo de Luis Alberto de Cuenca
Colección Poesía / haiku
Barcelona, 2024

 
BAJO LA LUNA

 
   Siempre es causa de asombro el vitalismo creativo de Ricardo Virtanen (Madrid, 1964). Es poeta, profesor universitario, músico, narrador, aforista y un referente fundamental de la cultura de Rivas, localidad en la que vive con su familia desde hace veinte años. En su trayectoria creadora como poeta ha dedicado a la estrategia expresiva del haiku un sostenido tiempo de cultivo, escribiendo los libros Notas a pie de página (2005), La sed provocadora (2006), Sol de hogueras (2010), Nieve sobre nieve (2017) y Llama de luna (2021). Una cosecha tan reseñable ha convertido a su autor en una presencia esencial en conocidas antologías del género como Un viejo estanque (2013). También ha impulsado la práctica de la estrofa entre sus alumnos de ESO preparando las ediciones Una flor amarilla (2022) y Bajo el cerezo en flor (2023).
   Tan sólido trayecto ha definido una estética de trazo clásico, que apuesta por los matices frente a la ruptura y la gratuidad experimental. Así lo atestigua también en un prólogo de cálido sustrato emotivo el poeta Luis Alberto de Cuenca: “Virtanen se atiene la mayoría de las veces a la más pura ortodoxia del haiku japonés, que ha de versar sobre un tema relacionado de uno u otro modo con la naturaleza, el paso de las estaciones y la observación del mundo circundante, sin permitirse en ningún momento (o casi en ningún momento, si queremos ser exactos, la efusión sentimental.”
   En efecto, en los cien haikus de Ricardo Virtanen, escalonados en tres apartados, es básico el registro sensorial; ese papel de quien integra los elementos del entorno desde la continua vigilia de la percepción en el preciso molde de las diecisiete sílabas.
   La sección inicial, “Inquietudes”, por su denominación, parece ubicar sus textos en un registro interior; pero de inmediato constatamos que los ciclos naturales asoman a cada instante: la lluvia, el rumor renacido de los pétalos en flor, la finitud de la belleza: “el crisantemo / se dobla en la maceta / como una ráfaga”, la fuerza sensitiva del entorno que desasosiega y abraza al mismo tiempo en el naufragio de los días, mientras una brisa conmociona, casi inadvertida, la quietud, como esa mano anónima que pasa las páginas del libro de la vida y su continuo despojamiento: “Llega septiembre. / Al borde del camino, / sólo unos cardos”. Casi todos los textos de este primer tramo dejan una sensación crepuscular, como si la vida atardeciera con prisa tras un horizonte deshabitado y quedara solo el silencio, la frágil silueta de una rama sin hojas: “Ya no se ven / huellas en el camino. / Nieve en la nieve”.
   La parte central se titula “Rumores” y se abre con citas de los clásicos  Shiki e Issa. Amanece en ellas una mínima fauna dispuesta a brindar compañía en el azaroso desplazamiento cotidiano. Luciérnagas, mariposas, grajos, pájaros, trazan en el aire leves itinerarios que siguen la dirección del viento. En este apartado emerge el haiku que da título al libro: “Bajo la luna, / el aullido de un perro. / Hilo de lluvia”. Los instantes de vida cobran protagonistas frágiles y cercanos y dejan al yo en la zona de sombras del poema; el yo no está sino para constatar los destellos de vida de la naturaleza que se mueven entre las sombras de los árboles. 
   El sustantivo “Presencias” agrupa los haikus que conforman el apartado final, esta vez bajo el eco sonoro de Santóka. Si el haiku es lo que sucede aquí y ahora, esa coma viva del tiempo, el registro tonal mantiene esa calma al paso en los poemas; el pasado se marcha, pero su olor perdura, como si todo quisiera constatar su presencia cerca del testigo: “Coge la rosa / antes de que sus pétalos / estén en tierra”.
   Ya se ha escrito que en el trayecto creador de Ricardo Virtanen conviven varios géneros. Pero en esta vocación creadora el haiku es vértice preferente. Sin duda, en  su hechura formal y sensitiva, el madrileño es un maestro; uno de los mejores que pone en el mínimo esquema japonés una luna redonda, la sacudida de la plena luz.
 
JOSÉ LUIS MORANTE

 
 
 



martes, 4 de abril de 2023

NOTAS DEL DIARIO

TERTULIA 
(MADRID, 2008)

 NOTAS DEL DIARIO


La tarde junto al álbum. Cuando percibo intereses oscuros en la cercanía afectiva, el ánimo baja a las profundidades del gris. Para salir a superficie conviene recordar el envés de la sombra. Un tiempo de maravillosa complicidad afectiva y literaria con gente tan inolvidable como Félix Grande o Joan Margarit. 

Me pidió una opinión crítica sobre su primer poemario y yo, que conozco el riesgo que genera siempre el ego desaforado, claudiqué a mis prevenciones, leí el poemario dos veces y elaboré un amplio informe, siempre dentro del máximo respeto. El poeta joven se hizo invisible, nunca más; ay, nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar, que es el Nobel.

Insufrible la bulimia editorial de algunos amigos; cada libro es una grieta más en la decepción.

Las jornadas literarias de Rivas han sido un éxito de público y, sin embargo, han asistido muy pocos escritores de la localidad. Una paradoja que pone bajo sospecha la generosidad hacia la literatura del otro.

(Notas del diario)


 

 

viernes, 20 de enero de 2023

ENTREVISTA A JOSÉ LUIS MORANTE ( NADAR EN SECO)

Presentación de Nadar en seco
(Lunes, 23 de enero, 19,15)
Sala Miguel Hernandez, Centro Social de Covibar
 

 Entrevista con JOSÉ LUIS MORANTE

 

   Desde la publicación de su primera entrega poética Rotonda con estatuas (1990) han transcurrido más de treinta años, casi el mismo tiempo que vive en Rivas, donde José Luis Morante es una presencia cultural imprescindible. El próximo 23 de enero regresa a la Sala Miguel Hernández, en el Centro Social Covibar, para presentar el libro de poesía Nadar en seco, editado por la editorial de Puerto Rico Isla Negra.
  
La crítica ha sido durante muchos años, la primera opción de tu itinerario creador. ¿Podrías resumirnos cómo ha sido esa larga dedicación lectora?
 
   Creo que sobre cualquier otra consideración soy poeta. Es verdad que llevo muchos años haciendo crítica literaria, pero ese quehacer no merma mi voluntad diaria de dar vuelo a la poesía, de buscar esos hilos sueltos de verdad y belleza que dejan su estela emotiva en el aire.
 
Crítica, prosa didáctica, aforismos, poesía… Sobre tu mesa de trabajo una sosegada convivencia de géneros.
 
  La escritura es un paisaje abierto, que suma muchos ángulos de visión; la biblioteca es una condensación de estrategias literarias, cada una de las cuales con sus rasgos específicos. Y desde esa práctica se conforman nuevos proyectos, como si encontraran en la diversidad su molde particular, su forma, su rostro propio.
 
 El nuevo libro Nadar en seco apuesta por un título muy expresivo. ¿Qué significado contiene?
 
   Creo que el título de un libro es muy importante porque traza la dirección exacta de la lectura. La expresión “nadar en seco” alude a nuestra condición de supervivientes; vivimos en un tiempo repleto de extrañeza y dificultades y hay que aprender a mantenerse a flote, aunque nada empuje hacia la playa. Resistir es esa obligación de encontrar a diario una razón de vida.
 
 Cada libro encierra un desarrollo argumental ¿Cómo nacen los poemas de Nadar en seco?
 
  La poesía tiene una doble fuente de inspiración, desde mi punto de vista. Por un lado, desde la experiencia existencial se van acumulando experiencias, conocimientos, decepciones, sueños, secuencias que van componiendo un trayecto muy aleatorio que aporta muchos indicios a la escritura. Y junto a esa fuente primaria está la lectura, el quehacer diario en torno al libro que nos muestra la obra de los poetas en el tiempo; la escritura tiene una génetica con muchos precedentes.  
 
 La editorial Isla Negra de Puerto Rico es, junto a la editorial valenciana Crátera, la que ha propiciado la edición de su libro. ¿Qué novedades supone editar en Latinoamérica y en El caribe?

  Que nuestros libros recorran tanta distancia supone una enorme satisfacción personal; estamos en el espacio digital y ahora es más fácil difundir el trabajo literario, pero publicar en la mejor editorial caribeña supone un reconocimiento al trabajo realizado que agradezco profundamente.
 
 La Sala Miguel Hernández es un espacio físico muy presente en tu trabajo literario. ¿Qué sensaciones deja la lectura en Covibar?
 
Mi colaboración con la Cooperativa Covibar se remonta a los primeros años de mi llegada a Rivas, en 1989, tras conseguir destino como profesor en un colegio de la localidad. Y este largo recorrido siempre ha encontrado una complicidad muy fuerte que ha multiplicado actos literarios, convocatorias como jurado de certámenes teatrales y asistencias como espectador a sus ciclos culturales. Así que estoy muy agradecido por esta relación tan fértil, que aspiro a seguir manteniendo con plena vigencia. Muchas gracias.
 
Revista Covibar, nº 312, Cultura Centro Social, pág 22  
 

sábado, 25 de junio de 2022

RICARDO VIRTANEN. BRILLANDO BAJO EL AGUA

Brillando bajo el agua
Ricardo Virtanen
Editorial Lastura
Colección Alquisa de narrativa, nº 50
Madrid, 2022

 

  SOMBRAS DEL PARQUE
 

   La trayectoria de Ricardo Virtanen, doctor en Filología Hispánica, profesor de la Universidad Complutense de Madrid y la Universidad de Castilla La Mancha, poeta, ensayista de largo recorrido, narrador, aforista, antólogo, editor y músico es continua.  Personifica una voluntad creadora que hace de la diversidad exploración y búsqueda mediante una escritura plural, que suma polos expresivos complementarios. Su obra aglutina una estética proteica, donde se reconoce la singularidad de un empeño constante y de una perspectiva que establece puentes entre tradición cultural, periplo biográfico y estratos literarios.
  El escritor estrena el aporte textual de la ficción con el volumen Brillando bajo el agua, una esperada entrega de la que ha hablado con frecuencia en los diarios porque es un proyecto muy querido por el autor que ha ido sumando distintas contingencias editoriales. En conversación personal me comentaba el escritor; "Brillando bajo el agua nació de una canción compuesta a mediados de los años ochenta que después se transformó en un cuento de cinco o seis páginas y que, a principios de siglo, adquirió el formato de una novela, tras distintas reescrituras, hasta adquirir el molde preciso de un monólogo fragmentario e introspectivo en boca de un músico, Carlo Lee, sumido en una enervante crisis existencial".
   Con citas de sensibilidad clásica y una dedicatoria que alude con despojamiento y desnudez a la figura paterna, “A Santiago Pérez, Sheriff, músico de jazz”, la novela comienza con las anotaciones de un dietario, que abren una cadencia reflexiva en el fluir del pensamiento. Los recuerdos hieren, deambulan por la memoria y dejan constancia de presencias cercanas como el hermano y sus amigas, o ratifican esa intemperie de las drogas y el alcohol que nos hacen vulnerables y desnudos, espectadores de la desolación más extrema. Los pensamientos transcurren como fugas que no tienen ni principio ni fin, cambian el paso, como si se empeñaran en una búsqueda de lo intemporal, una estrategia que permite transcender lo real y conducir a otras grietas que amplían los esteros argumentales.
   En el largo monólogo fragmentado aflora el agua fresca de los sentimientos. La mirada se interioriza y promueve un retorno a la introspección, pero sobre todo emerge la música como presencia fuerte y orbital, con un entorno cultural muy amplio de obras y autores. Al mismo tiempo se refuerza la voz de la memoria y las experiencias amorosas del protagonista verbal que acaban casi siempre dibujando convivencias maltrechas y discordantes.
  Estas notas interiores encuentran otros itinerarios que enlazan imaginación y realidad cuando, en una visita al Retiro, Carlo Lee es testigo de un hecho insólito: una estatua se baja de su pedestal y se pierde entre el bosquecillo cercano. Con el cálido temblor de la incertidumbre, la conciencia se pregunta si aquello es un simple espejismo sensorial o ha ocurrido realmente. Nervioso y confundido se propone investigar los pasos de aquella presencia fantasmal. El insólito suceso acentúa más si cabe la sensación de pérdida de referentes y la asunción de un naufragio vital que empuja hacia la periferia inadvertida de un mal sueño. Como asegura el protagonista principal: no avanzo. Soy el centro del universo, el dichoso centro que no me pertenece nunca. Permanezco en el centro de todo y, al tiempo, giro alrededor de las cosas. Estoy en el mundo, pero podría ser parte de un sueño olvidado”.
   Brillando bajo el agua acoge en sus capítulos un poblado fresco de personajes con resonancias surrealistas, cuya vertebración narrativa nace a partir de su relación próxima o cercana con Carlo Lee. De su estar emergen las presencias que salen al paso en una sucesión de encuentros que resultan lienzos apresurados de la naturaleza humana, una naturaleza desgarrada y contradictoria, incapaz de salvar casi siempre los sosegados consejos de la lógica, que únicamente vive sin pretensiones, ausente, ajeno, como quien escucha ensimismado un solo de batería.
   El lector se encuentra a cada paso con una inagotable fuente de información musical, traída a colación por el gusto del protagonista de poner en su desajuste vital un fondo jazzístico o clásico, ya que su ocupación laboral es la de instrumentista de una orquesta, o por los recuerdos narrados por su padre, un músico que hizo del nomadismo una razón de vida, lo que remarca la necesidad de la evocación para recuperar su figura, o para ir alzando la peculiar arquitectura de la memoria de su periplo biográfico.
    Ricardo Virtanen es un hombre orquesta, un manantial de registros con luz; ahora deja en su novela una sugerente introspección interesada en captar los locales abiertos de la imaginación en un proceso de elaboración que enlaza sombras y mediodías, ese menos es más de la rutina que duerme siempre entre sábanas de asombro.


JOSÉ LUIS MORANTE



 
 
 
 
 
 
  
 
 
 
 
 
    

miércoles, 1 de diciembre de 2021

RICARDO VIRTANEN. LLAMA DE LUNA (Haikus 2015-2018)

Llama de luna
(Haikus 2015-2018)
Ricardo Virtanen
Prólogo de Susana Benet
Editorial Polibea, Colección Pasión de lo breve

Madrid, 2021


LOS PIES MOJADOS

   A despecho del negacionismo, que todavía considera la pulsión poética del haiku como un escaparate de literatura periférica, algunos autores mantienen un compromiso ético y estético con el trío versal y han reforzado su cultivo en el tiempo. Entienden el molde formal y su semántica con propuestas cognitivas de captación de lo verdadero. Hacen del haiku un camino que revela en su trayecto por el discurrir temporal el ser trascendido de la realidad y asumen la preocupación e interés por la contemplación, velando el individualismo y la indagación introspectiva que convierte al yo en un espacio antropológico. 
   Llama de luna (haikus 2015-2018) es la cuarta entrega dedicada al haiku de Ricardo Virtanen, Doctor en Filología Hispánica, Profesor de la Universidad Complutense de Madrid, poeta, ensayista de largo recorrido, narrador, aforista, antólogo y músico. Una sensibilidad que lleva inscrita en su voluntad de ser la diversidad, la aceptación de una escritura plural y tiene los pies mojados en una marea estética de conocimiento y búsqueda, articulada en géneros complementarios, desde una estética proteica. Un quehacer que exhibe una encrucijada de escrituras, siempre desde un designio poético expandido en vivencias e indagaciones.
   La apertura “una breve  llama que alumbra la existencia” está redactada por la poeta y artista plástica Susana Benet, personalidad creadora de sólida reputación en el cultivo del haiku, del que ha dejado entregas referenciales en el centro del mapa poético contemporáneo. La escritora opta por asociar el aporte textual del madrileño con la música y la armonía, con la búsqueda de un tono adecuado que fije en caracteres atractivos el pentagrama de la observación. Recuerda también el trayecto recorrido con las entregas La sed provocadora (2006), Sol de hogueras (2010) y Nieve sobre nieve (2017). El título, tan cercano en su paronimia al recuerdo musical de la sonata para piano de Ludwing van Beethoven o al romántico Claro de Luna becqueriano, en palabras del poeta recordadas por Benet: “alumbra lo necesario para que nuestra existencia merezca la pena”. Cierra el pórtico con un análisis pormenorizado de la estructura orgánica del material poético, que contiene tres tramos de contenido yuxtapuesto, sin giros ni quiebras expresivas.
  El primero “En la intemperie” sugiere despojamiento y desnudez, la percepción del entorno con un aura de amanecida: “Tiembla la luz / frente al color morado del crisantemo.”, “Niebla primera / del año y nada ocurre / tras la ventana”, “El bosque rojo. / Las llamas iluminan / un cielo inmenso”, “Tras la montaña / han nacido las sombras / del nuevo día”. El apartado aborda sin pausa sensaciones sensoriales que abren una cadencia reflexiva en el fluir sosegado del pensamiento. La conexión con el entorno recuerda un puente que cruzamos hacia la serenidad, que deja constancia de la mínima presencia de lo cotidiano, de esa intemperie que requiere refugio en la casa abierta de la percepción, sin acción escénica con ese asombro constante que nos hace vulnerables y desnudos, espectadores de la sombra y la luz.  El haiku es una búsqueda de lo intemporal, una estrategia que permite transcender lo real y conducirnos a otras dimensiones que amplían los espacios argumentales.
   En “Pura tibieza”, como reafirma Susana Benet, aflora el agua fresca de los sentimientos. La mirada se interioriza y promueve un retorno a la introspección: “Nada se mueve / bajo la noche oscura. / Solo unos ojos”. La luna se hace elemento esencial de la sugerencia simbólica: “No te distraiga / la imagen de la luna / mientras la besas”; “¿Sangra la luna / o son mis ojos que / aún la recuerdan”. Al mismo tiempo, se refuerza la contemplación del paisaje como suma de humildes teselas que se aposan en el interior de la mirada: “Nunca la nieve / cerca del corazón. Llama de nadie”. 
  La breve coda final “Llama de nadie” requiere una breve digresión por su discordante molde formal. En el arte poética del haiku, todavía es poco conocido el haiku de ritmo libre, que encontró alturas singulares en voces como la de Taneda Santoka (1882-1940) y que se apoya en una genealogía que integra a Masaoka Shiki y Ozaki Hosai. Este haiku proclama el valor de la sinceridad y surge de un impulso modernizador de la estrofa que alienta poéticas personales, aunque compartiendo la idea del poema como instantánea de lo cotidiano. Estas notas se perciben en el tercer tramo “Llama de nadie”. El haiku rompe su estructura canónica para apresar la idea, la sensación, la vivencia o el cauce interno de la decepción. Prevalece el empeño de fijar instantes y sensaciones: “Aquellas fuentes / dan de beber al aire”; “La luna alumbra / más allá de los sueños.”; “No sabe el grillo / que lo escucho en silencio”; “El sol en la retama. / Helado el corazón”.
  Llama de luna tiene en su apariencia el encanto de lo sencillo; pero sus páginas cobijan el pulso tensional de la belleza. Sus textos nos dejan la voz de Ricardo Virtanen, esa celebración existencial de quien se reconoce en las cosas y cristaliza su mínima presencia en el discurrir de su indagación existencial, con la sabia sintaxis de la palabra exacta, con el cálido temblor de la belleza.

JOSÉ LUIS MORANTE


 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

    

lunes, 1 de noviembre de 2021

GREGORIO MUELAS, HERBERTO DE SYSMO. LA SOLEDAD ENCENDIDA

La soledad encendida
Gregorio Muelas, Heberto de Sysmo
Traducción al alemán de Petra Dindinger
Prólogo de Ricardo Virtanen
Editorial Ultramarina, Colección Bilingüe Mar
Sevilla, 2021  

 SUSURROS CON LUZ 

   El haiku, como estrategia expresiva plenamente incorporada al cauce lírico actual, mantiene un recorrido vivencial que aglutina aportaciones intergeneracionales en envidiable convivencia. De inmediato vienen a la memoria nombres como José Corredor Matheos, Luis Alberto de Cuenca, Jesús Munárriz, Susana Benet, José Cereijo, Verónica Aranda o el propio Ricardo Virtanen, quien se encarga de firmar las líneas de apertura de La soledad encendida. En el introito se subraya la fertilidad de la estrofa y las variables asumidas en el esquema versal por el ideario estético de cada autor. Si es continua presencia el magisterio del canon japonés, no es menos cierto que la tarea poética es, en sí misma, reelaboración y búsqueda, diálogo del taller de autor con un entorno mudable que exige definición, postura y compromiso.
   Esta segunda edición de La soledad encendida, tras una primera amanecida casi artesanal en 2015, añade el formato bilingüe y transporta los 142 haikus integrados al espacio lingüístico alemán de la mano de la traductora Petra Dindinger. Mantiene sin embargo el empeño de suma innominada de los textos de Gregorio Muelas y Heberto de Sysmo, dos perfiles literarios muy conocidos por su excelente labor al frente de la revista Crátera y por alentar periplos creadores polivalentes que recorren casi todos los géneros. Ambas singularidades crean un espacio de intersección que no permite dilucidar cada voz sino el tono dual de los textos.
   La educación formativa y sentimental de la tradición otorga al haiku un ambiente natural. Es un camino hacia la interioridad del yo consciente. Fija un instante perceptivo y anula, casi al completo, la presencia del ego activo y su clima interior. Difunde susurros con luz. Pero ya se ha dicho que esas cualidades originarias han forzado nuevas rutas, tanto en la semántica de la estrofa como en la experiencia del lenguaje. Aunque desde el amanecer del libro es perceptible la carga lírica que integra el aserto La soledad encendida el acervo cultural y algunas ambientaciones oníricas sirven de espacio expansivo a las posibilidades del haiku tradicional, más directo y esencial en su escritura, como búsqueda de equilibrio entre cuerpo y alma.
   Muchos haikus tienen como germen la contemplación: “Se quedan solos / los nidos de cigüeñas / del campanario”, “Cruza el paisaje / la sombra de una nube / se escucha el agua”,  “En la hoja seca / resplandece la baba / de un caracol”. Los poemas dan voz a un estar meditativo que busca también ser parte del entorno y que reivindica con su palabra la plenitud celebratoria de sus elementos: “La luna tiembla / en el lecho del río / aire de cierzo”.
   De cuando en cuando se rompe el esquema 5 / 7 / 5 con variables poéticas: dos heptasílabos y un pentasílabo, o se incluyen otras medidas silábicas diseminadas en los versos que no siempre preservan la musicalidad que duerme en el haiku habitual: “Rumor de aves. / Deshielan los pétalos / de las flores en escarcha”; “Algo trepa / por el tronco del ciprés, / su copa se inclina”, “primeras nieves / un cazador sigue despacio / las pisadas de un oso”.
   El oficio poético es despertar del matiz, tiende a evitar un único molde conformador. Así nacen haikus enunciativos y otros más reflexivos que dan vuelo a una realidad transcendida para objetivar una sensación pasajera, las huellas de un tiempo transitorio cuya estela se borra de inmediato, como un sobrio paso a la deriva. Gregorio Muelas y Heberto de Sysmo, “en perfecta simbiosis”, como escribe Carlos Alcorta, nos dejan en La soledad encendida, desde la contención y delgadez del haiku, instantáneas al paso con esa síntesis inesperada de fugacidad y permanencia: “Aún destila / la rosa su perfume / entre las páginas”.  Su hermosa lucidez creativa abre un camino espiritual, sostiene la palabra ante una realidad sin fondo, expansiva y perceptible, que hace de la mirada interior un íntimo suceso, una brisa fresca que enciende lo inefable.

JOSÉ LUIS MORANTE

    

miércoles, 7 de octubre de 2020

RICARDO VIRTANEN (Ed.). LA SONRISA DE NEFERTITI

La sonrisa de Nefertiti
Los aforistas y la felicidad
Ricardo Virtanen (Ed.)
Apeadero de Aforistas, Cypress Cultura
Sevilla, 2020

 

MONEDAS DE ORO


   La idea de la felicidad, como estado de plenitud del ser humano, tiene un largo recorrido en la historia del pensamiento. Aristóteles y Epícteto abrieron las manos al brillo áureo de su posesión y alentaron de su presencia en el jardín de los placeres; mientras, Sócrates dejaba su estar en una penumbra densa, creada por las exigencias de la vida comunitaria, donde enmudecían las aspiraciones del yo individual. Voltaire, Kant o Shopenhauer multiplicaron los tramos reflexivos hasta hacer del solemne sustantivo veta indagatoria atemporal. Como sucediera con los moralistas franceses, o con el sentimentalismo exaltado de la tradición romántica, la cuestión se retoma de nuevo por Ricardo Virtanen (Madrid, 1964), poeta, ensayista, escritor de diarios y aforista, para componer la antología La sonrisa de Nefertiti, un monográfico sobre la felicidad en el que participan treinta y cuatro aforistas, casi todos con una compacta travesía creadora que conexiona diferentes géneros. Sin ánimo de alentar el cansancio erudito, el título recuerda a un personaje histórico, Nefertiti, quien entre las faraonas y sacerdotisas del antiguo matriarcado egipcio  protagoniza una significativa revolución cultural, un intenso quehacer político y religioso y político como corregente del faraón Akenatón. La epifanía de su sonrisa sería el símbolo del destino cumplido, que rompe el cerco de la situación secundaria del yo femenino en las antiguas civilizaciones. Abre camino al mapa de los seleccionados un breve prólogo de José Luis Trullo, editor y aforista. Analiza con excelente norte el conflicto definitorio de la dicha, que en sí misma habría de ser la meta natural de la existencia. Trullo recuerda que desde el despertar de las tradición occidental se ha diversificado el enfoque y la sensibilidad para asumir los rasgos centrales que definen el estado áureo del existir. Y esa pluralidad definitoria persiste en la amplia selección realizada por Ricardo Virtanen. No podría ser de otra manera. Si el aforismo exige un decir contenido y sereno que hace del intimismo y de la temporalidad núcleos argumentales básicos, el pensar subjetivo siempre recubre los tanteos reflexivos con el claroscuro de la incertidumbre y el cuestionamiento. La norma del orden alfabético marca la apertura de Enrique Baltanás, Javier Bozalongo, Carmen Canet, José Ángel Cilleruelo, o Jesús Cotta, Ellos perfilan los primeros contornos de un nombre de compleja construcción semántica: “La felicidad tiene algo de misterioso. Camina siempre a nuestro lado, pero nunca la vemos” (Baltanás); “La liebre y la tortuga: la felicidad y la vida” (Bozalongo); “La felicidad tiende a oscurecerse pero para eso está el interruptor de la luz” (Canet). El estar colectivo invita al sujeto a caminar en una doble dirección: por los tramos aleatorios del laberinto interior o por las aceras compartidas del territorio social. Ambas direcciones generan un enjambre emotivo y sentimental que haya sitio en el lacónico minimalismo de la escritura: “Las culturas solo pueden vivir restituyendo dos grandes mitos: Dios y felicidad” (F. Ferrero); “El ser humano puede encontrar la felicidad al encontrarse a sí mismo” (Dionisia García); “Fingimos la felicidad para no ser abandonados por la tribu” (Sergio García), “Sólo los desdichados saben apreciar, en plenitud, la dicha” (Mario Pérez Antolín); “A la auténtica felicidad le faltan los motivos, pero le sobran las razones” (F. Trull). La semántica mudable de los textos no excluye la contradicción o la paradoja: “La felicidad no es un horizonte sino una sima” (J. M. Uría); “Al menos, ser conscientes de que la felicidad es un aprendizaje” (Ricardo Virtanen). En este entrelazado de poesía y conocimiento que mide el pulso del buen aforismo se añaden algunos aforismos ya publicados de Miguel Catalán, Ramón Eder, Gabriel Insausti, Karmelo C. Iribarren, Victoria León, Carlos Marzal, Andrés Neuman y Benjamín Prado. Queda así, el mensaje coral de un estado anímico del ser cuya luz encendida es siempre transitoria y fugaz. Una forma de aprender que la tarea de sembrar esperanza basta a menudo para sentir en el propio pecho las cálidas arritmias de quien aspira, en contra de la lógica, a ser feliz.


 

 


lunes, 19 de agosto de 2019

RICARDO VIRTANEN. BAZAR DE ESQUIRLAS

Bazar de esquirlas
Ricardo Virtanen
Editorial Renacimiento
Colección A la Mínima
Sevilla, 2019



LA VIDA EN SERIO


   Con el libro Bazar de esquirlas, integrado en la prestigiosa colección A la Mínima en la editorial Renacimiento, Ricardo Virtanen (Madrid, 1964) retorna al aforismo, subgénero en el que ha dejado hasta la fecha tres títulos: Pompas y circunstancias (2007), Laberinto de efectos (2014), y El funambulista ciego (2019). Tan fértil legado demuestra la importancia central que el escritor concede a ese oficio del pensamiento. La escritura concisa es capaz de fabricar miniaturas expresivas, relámpagos de lucidez que postulan una manera de acercarse al entorno, a ese ruidoso litoral de una realidad mudable. Aunque es evidente que Ricardo Virtanen –y ahí están sus últimas publicaciones para corroborar el apunte- entiende la literatura como un marco escénico capaz de acoger el cauce poético, la autobiografía, el ensayo o el quehacer editorial al rescate bibliográfico de nombres propios como Emilia Pardo Bazán, Luis Alberto de Cuenca, Aurora Luque o Pilar Blanco Díaz.
   Los aportes de Bazar de esquirlas compilan un recorrido  creador fechado entre 2015 y 2017, lo que permite conocer el primer plano del aforismo y su actualidad estética, tras más de una década de cultivo personal, en la que sigue perdurando el intangible misterio del minimalismo expresivo, siempre sorprendente e imprevisible. La obra integra una ventana crítica a modo de introducción, el breve ensayo “Una sublime imposibilidad”. En sus párrafos Ricardo Virtanen clarifica la formulación semántica de esta estrategia expresiva y su contemporaneidad en un presente proclive a lo fragmentario. Conecta de paso el aforismo con otros formatos como el haiku y el diario, como se percibe en la práctica de algunos moralistas franceses, y en Canetti, Cioran y Jules Renard. Por tanto, la esquirla sería una síntesis, con afinidades con la greguería, el esqueje elíptico y un pensamiento poético en cuyo andamiaje se asienta la cotidianidad.
   Tras citas de Emerson y Cioran, las esquirlas se secuencian en cinco tramos y dejan al alcance de la mano un decir despojado cuya pupila enfoca interiores y entorno. Cada frase está marcada por la sutileza y por los contrastes del discurrir existencial, esas mutaciones inadvertidas que permiten “Asombrarse y seguir siendo el mismo”. El trayecto cognitivo nunca concluye, ni depara la quieta solidez de la certeza, “La única certeza es que no sabemos y queremos conocer”; “La verdad siempre la imagino como un pomo en la puerta”. Esta vigilia indagatoria concede a la tesela aforística una razón de ser: “Un aforismo tiene la virtud de convertir en movimiento la idea más peregrina”.
   No son pocos los instantes en los que el pensamiento indaga los límites del ser: “Yo soy yo, pero podría ser otro sino mediara un abismo de por medio”, “El tiempo confirma una entelequia a la que nos aferramos para captar la sensación de ser reales”. Virtanen es consciente de que la solemnidad moralista requiere paréntesis más livianos, esos claros en el bosque que rompen la inercia recurriendo al humor. De este modo, cada segmento textual, bajo el epígrafe “Humorismos” integra subconjuntos donde amanecen recursos distanciadores como el humor, la ironía, o el trazo paródico: “El humor desestabiliza a los intransigentes. La ironía los inmaterializa”. 
   El aforismo nunca ignora la condición temporal del yo subjetivo y la declinación de cualquier certidumbre en ese pautado caminar hacia la ceniza. El fluir de la conciencia adquiere con el tiempo un tono conclusivo: “A la vida no hay que darle demasiadas vueltas. Acaso tomárnosla como una autopista recta que avanza fugaz hacia la nada”. En Bazar de esquirlas aflora una sensibilidad dispuesta a entrelazar voluntad y exploración; nunca se siente ajena a esos mínimos sucesos que pasan por el tamiz del pensamiento: “las ideas brotan en mí sin ton ni son, como sarmientos en un campo abandonado”. Cómoda tras su epitelio filosófico, la nueva entrega del poeta, músico y profesor Ricardo Virtanen es un punto de encuentro entre verdad y lucidez, las instrucciones luminosas de “un manual ético y estético para valorar nuestro tiempo”

  

miércoles, 27 de marzo de 2019

RICARDO VIRTANEN. INTERVALO

Intervalo
Ricardo Virtanen
Premio de Poesía José Luis Hidalgo 2018
Libros del Aire/ Poesía
Torrelavega, Cantabria, 2019


LO EFÍMERO


   La exploración creadora de Ricardo Virtanen (Madrid, 1964) enriquece su itinerario con trabajos de investigación, literatura didáctica para el aula, aforismos, ediciones críticas, antologías, páginas autobiográficas y una senda poética que recurre al haiku como estrategia expresiva. Ahora se añade Intervalo, poemario reconocido con el Premio de Poesía José Luis Hidalgo 2018.
   Las coordenadas iniciales de Joseph  Brodsky y Juan Boscán aportan destellos ordenadores que no viene mal señalar aquí. Son posibles ventanas del enfoque general del libro: el destino del sujeto recorre aguas brumosas; siempre está marcado por quiebros inesperados, lo que fortalece la idea de una esperanza mudable que exige una respiración en vigilia; en esa voluntad existencial de salir al día para percibir las líneas presentidas de lo material, el amor es núcleo central de la identidad.
   Desde la contemplación reflexiva del sujeto de las formas que ocupan la escena, arranca un espacio poético que enuncia esa extraña autopsia que el discurrir muestra ante los sentidos. Todo está ahí, como teselas insertas en un gran mosaico, completo y vulnerable al mismo tiempo. Se trata de entender ese golpe de dados que el trayecto vital arroja sobre lo diario, y  no se puede anticipar. La soledad no es sino búsqueda y espera; pauta para formulas incisiones que aporten la cadencia del paso, el habitar la incertidumbre.
   La enumeración de realidades y conceptos se convierte en actitud existencial. Hace del protagonista de la contemplación un paciente testigo de lo transitorio. Alrededor, el entorno despliega elementos enfrascados en una mínima función presencial. La percepción se ralentiza mientras suena el corazón del tiempo:“Vienen y van las moscas, / susurro de un motor / lleno de mil metáforas, / atando sensatez y alegoría en mis ojos / cansados de rigor estático del tiempo.”
   Del estar en el territorio habitable del presente surge la indagación metaliteraria, esas preguntas que plantea el poema, mientras la realidad se desgaja en fotografías que poco a poco adquieren el desgaste amarillo del discurrir. La metáfora cobra vida como expresión del desconcierto, como estallido de imágenes que derrama formas invisibles entre las palabras: “He cortado el poema, / como mirando una sandía abierta, / y encuentro dentro / los fragmentos de su esqueleto”.
 En quien mira las convergencias de la disparidad, hay una actitud de despojamiento y esencialización. Se trata de aprehender, no de llenar los sentidos; de sentir el resplandor instantáneo que restalla un segundo para perderse de inmediato en la profundidad de la conciencia: “Las plumas del recuerdo / encogen en la luz / pero se hacen visibles a mi tacto”. Esos brotes efímeros alzan una arquitectura de verdad y extrañeza, de pureza presencial que hace habitable la nada del sujeto. Asocian los sustratos de la materia con estados emocionales.
   Toda la sección está marcada por las cuerdas vocales del desasosiego. Quien habla toma el pulso a una realidad casi inasible, que parece contener la textura lejana de la imagen especular. El tiempo discurre en la grisura de un fondo de ceniza. Así se justifica en el segundo apartado la necesidad de amanecida y luz que requiere el estar: “Hay que inventar de nuevo la belleza / con la presunción del transeúnte / y el hipo del que espera”. Es una estrategia contra el desvarío; la posibilidad de estrenar un cromatismo nuevo que forme la epidermis de lo cotidiano. Que retorne al sueño la alegría y se apague el estar melancólico con la sutil delicadeza de los sentimientos. Que suene fuerte otra vez la voz del personaje huérfano.
   Repleto de sugerencias, el poema “Pop” intuye el apunte biográfico, casi una constante del tercer apartado. El sólido trayecto musical de Ricardo Virtanen ha ido fortaleciendo un caladero vivencial que alienta un copioso anecdotario nocturno. Alerta sobre la fragilidad del amor y sobre su tendencia a construir espejismos orbitales. Contienen un realismo existencial proclive a la impostura. En la amanecida se percibe de otra manera, como fragmentos marchitos en las aceras. Esta incertidumbre marca el comienzo de “Por qué un poema en diciembre”: “Nada tiene una forma. Ni sus ojos / ni mi voz. Nada ocurre / dos veces en el mismo pulso. Todo / es nuevo para mí. Las hojas muertas / que alguna vez cayeron / donde pisan mis párpados, mi sed / cuadriculada en círculos”. El devenir refleja la identidad mudable del estar; se vuelve paradoja y tránsito, confusión y miedo, encarna un horizonte lejano que se concibe inalcanzable, como un punto de fuga.
   Pero también el tiempo es amanecida y esperanza, una inercia pactada con los hábitos que recobra la pureza en lo percibido. El yo renacido sale al día para volver a moldear los gestos del estar, esas ventanas que ilumina la prisa y “el vómito desnudo de la luz”. Se presenta así un mundo fragmentario en el que confluyen elementos dispares y significados como en una cadena aleatoria que exige pausas a cada instante para que el pensamiento clarifique y escriba su “Antielegía”:“El mar amaneció con tos extraña. / Vine para tocarlo con mis manos / y despedirme para siempre / de lo que alumbra su belleza mínima”.
   En los poemas de Intervalo Ricardo Virtanen deja las trazas distintivas de un excelente libro. Poesía que nace de la observación minuciosa, la autenticidad de la experiencia. Ceñida esencialización de un lenguaje que bebe de las vanguardias y recupera signos cubistas y creacionistas para hacer de la escritura un trayecto habitable, de claridad simbólica.




JOSÉ LUIS MORANTE      

domingo, 24 de febrero de 2019

LUIS ALBERTO DE CUENCA. HAIKUS COMPLETOS

Haikus completos
(1972-2018)
Luis Alberto de Cuenca
Edición y prólogo de
Ricardo Virtanen
Iustraciones:
Javier de la Rosa
Editorial Los Libros del Mississippi
Madrid, 2019

JAPONERÍAS


   El decurso estético de la generación novísima adquirió en la cronología de los años setenta un renovado impulso. Afloraron voces nuevas que han tenido en el tiempo vigencia perdurable. De ese grupo de autores resulta un vértice esencial la pujanza creadora de Luis Alberto de Cuenca (Madrid, 1950). Con una personalidad humanista sólida y sorprendente, el escritor es Profesor de Investigación del CSIC y Académico de número de la Real Academia de la Historia. En él es parte irrenunciable la expresión literaria en todos sus ámbitos: poeta, ensayista, traductor y crítico, entiende la literatura como un espacio polivalente donde se yuxtaponen todos los géneros.
  Ahora aglutina todos los haikus dispersos en sus poemarios y escritos en casi cuatro décadas de quehacer poético, desde su eclosión como poeta en 1972 hasta el material inédito que deja la ventana abierta al taller del ahora. Lo hace en un título cuidado con mimo por Los Libros del Mississippi, un cauce editorial recién inaugurado por Antonio Benicio Huerga. El carácter orgánico de esta entrega cuenta con imprescindible prólogo del poeta, músico, profesor y ensayista Ricardo Virtanen.
   El trabajo introductorio refleja el sesgo evolutivo de la estrofa japonesa, con sus nombres más relevantes, aquellos que se han asentado en la memoria cultural, desde que el haiku se inicia como forma poética en el siglo XVI, tras desgajarse del waka o tanka y adquirir autonomía singular con  Bashô, Busón, Issa y Santoka, entre otros. Virtanen recuerda que fue José Juan Tablada quien introduce la estrofa en el ámbito del castellano y que en España adquiere una tímida presencia a principios del siglo XX, con Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, el ultraísmo y algunos poetas del 27.  La aclimatación definitiva comienza a mediados de los setenta hasta el boom de la generación digital, donde el terceto japonés ha adquirido un insólito cultivo, como género renovado. Una mirada retrospectiva a la historiografía de Luis Alberto de Cuenca sitúa el haiku de amanecida en Elsinore, lo que convierte al madrileño en uno de los cultivadores más precoces de su generación. Desde entonces, parece como si el minúsculo esquema protagonizara un largo silencio hasta 1996; para seguir después, con fervor indeclinable,  un periplo perenne en el cuaderno Resina fósil y otros haikus que en obras posteriores como El reino blanco y La vida en llamas se ha mantenido vivo. Virtanen sostiene que Luis Alberto de Cuenca cultiva el haiku  “desde un culturalismo heterodoxo hasta una cotidianidad subversiva”. Excelente mirada crítica que el lector refrendará en los textos seleccionados.
   La voz poética del haiku expande sus dos vetas argumentales básicas: la naturaleza y el discurrir temporal. Desarrolla con levísimas pinceladas nuevos tópicos, con frecuencia derivados del ámbito urbano que compone el ámbito vivencial del sujeto biográfico. También es gesto reseñable la huida del carácter trascendente de la estrofa para barnizar los poemas de comicidad, humor e ironía, ingredientes que añaden a los temas básicos del orientalismo un registro foráneo. Otro elemento renovador es el ritmo asonantado de algunos haikus. Da a la estrofa un carácter de oralidad próximo a la canción o la soleá, que se percibe con fuerza en el recitado oral.   
   En este paréntesis digital que define el primer tramo del siglo XXI, estamos en un periodo de plenitud. La literatura abreviada de Luis Alberto de Cuenca sigue un ritmo cotidiano y vitalista, lo que permite enriquecer el libro con algunos inéditos.  La compilación Haikus completos (1972-2018) define una propuesta de indudable interés. Se configura desde la diversidad. Remite de inmediato al carácter conceptista del aforismo y su lejanía de lo ampuloso; también al destello de lucidez inteligente que adquiere en el buen fruto un carácter canónico. Los textos muestra un quehacer rico, en el que caben la reflexión urbana, el trazo lírico, la expresividad lúdica, y la vibración metaliteraria. El carácter autónomo de cada texto concede al hilo argumental un rumbo imprevisible, pero en él siempre resuena el nítido magisterio de un poeta mayor, ubicado en el mejor núcleo de nuestra poesía.  



jueves, 14 de febrero de 2019

RICARDO VIRTANEN. EL FUNAMBULISTA CIEGO

El funambulista ciego
Ricardo Virtanen
Amargord Ediciones
Madrid, 2019



VIAJAR HACIA DENTRO

   Muy pocos meses después de conseguir el Premio José Luis Hidalgo de Poesía, Ricardo Virtanen sigue diversificando trayecto creador para alojar sus aforismos iniciales, fechados entre 2001 y 2005, en El funambulista ciego. Es un dato de interés  porque convierte al profesor y músico madrileño en uno de los practicantes pioneros de la intensa crecida aforística contemporánea, en la que ha dejado las entregas Pompas y circunstancias (2008), y Laberinto de efectos (2014), libros a los que no tardará en sumarse el volumen Bazar de esquirlas. 
   Luis Martínez de Velasco, pensador y ensayista, firma un prólogo donde emprenden vuelo algunas consideraciones que recuerdo aquí. Sistematiza el quehacer fragmentario de Virtanen en la orilla del esqueje verbal filosófico, en los entrelazados de un sistema de pensamiento que nunca se aleja del quehacer existencial y sus contingencias. El sujeto se ubica ante el espejo del lenguaje para acometer un denso proceso introspectivo. Viaja hacia dentro. De ese percibirse interior emerge un impulso que pretende captar los estratos aleatorios de la conciencia. Su conocimiento no siempre suma; cosecha espejismos y autoengaños, y otras veces deja en la voz que enuncia un estado de desencanto y desolación; la vida es una invitación a la incertidumbre.
  No sorprende, por tanto, que Ricardo Virtanen emprenda senda con una cita de G. C. Lichtenberg: “Y, sin embargo, el hombre es lo que piensa y no lo que dice”; con ese norte arranca su particular metafísica de los sentidos, sin otra pretensión que mantener un paso de humildad y coherencia, que confunda sus ecos con la pisada inadvertida del hombre de la calle: “Hay pocas vidas interesantes. La mía no es una excepción”; “No hay mucho que decir. Pero digámoslo”, “Mi biografía está escrita. No hace falta más que vivirla”.
   Sin un orden prefijado, los aforismos crecen por acumulación, como si ensancharan límites de un espacio mudable en el que se cobijan las luces y sombras de la conciencia. En ellas, el tiempo se convierte en enigma abierto en el que la identidad del sujeto se diluye. Es esplendor y nada, porque el trayecto vital va erosionando la existencia, en un inadvertido presente continuo.
  Una y otra vez el pensamiento regresa a las grietas conocidas, abre puertas, deambula, moldea las claves de una realidad fungible que alcanza en la muerte cumplimiento y destino: “Al pensar en la muerte se me nubla la vista”, “Me siento rodeado de muerte. Soy apenas isla”, “Mi muerte está escrita con residuos de mi conciencia”. De esa sensibilidad en vela nacen los estados de vigilia.  Muestra en la aurora una difusa sombra de esperanza en la que lo diario adquiere sentido, como lejanos astros que marcan en el cielo su estar solo, el largo itinerario desde el sueño a la realidad.
  El carácter orgánico del libro construye vértices argumentales de diversa extensión, aunque nunca con moldes cerrados. Resulta así una entrega en capítulos, que aglutina desacuerdos y paradigmas, experiencias vitales y paradojas: “Para creer en algo debemos tener la razón desactivada”, “En el sentimiento de culpa hay cierto ánimo de venganza contra uno mismo”, “Que el hombre sea la medida de todas las cosas no es un asunto del todo tranquilizador para las especies”, “Todo lo que ocupa un espacio no es pensamiento”,“Una certeza siempre se contempla desde la duda razonable. Por lo que ya no es tal certeza”.
   El apartado “Ars  Artis” traza circunvoluciones en torno a la perspectiva teórica de “El arte por el arte” que tanta controversia animó en los idearios estéticos del pasado siglo”; Virtanen se aleja de los postulados teóricos para dejar precisos trazos en torno al utilitarismo, la belleza, el papel del creador y la vigencia de las cualidades artísticas, con un evidente espíritu racionalista que observa los parámetros artísticos como actividades esenciales del ser. Como Nietzsche, admite que no existen hechos sino interpretaciones y por tanto descree de los dogmas siempre superados por el devenir. Casi complementario a esta indagación resulta el apartado “La linterna del creador” que alude a gestos, actitudes, cualidades y ese empeño en aceptar, borrar, reescribir la página en pos de airear la esencia creadora que oculta una poética.
 Como grato homenaje a los predecesores, la coda aforística “El talón  del sastre” aglutina una paleta de pinceladas literarias. En ellas aglutina humor, conocimiento biográfico, afán didáctico y ese fulgor de los momentos álgidos del trayecto creador. Así da vida a un teatrillo de sombras en el que se mueven las sombras del libro que el tiempo no ha oscurecido, que dan solidez a “la idea en el  hecho” mostrando vínculos estéticos y la perseverancia de las palabras: “Pedro Salinas se pensó futurista y acabó enamorado”, “No deja de sorprenderme nunca ese clasicismo vestido de vanguardia tan celebrado por Gerardo Diego”, “A Cernuda le espantaban los espejos de la conciencia”, “Borges pasó demasiado rápido de las metáforas inusuales al adjetivo apocalíptico”.
  En un breve lapso temporal de poca más de una década el aforismo ha multiplicado títulos y enfoques. Se ha cimentado el género con una codificación esencial que exige al decir breve síntesis, claridad, transparencia y sentido, más allá de lo obvio. Enlaza poesía y pensamiento y en su leve apariencia encierra la capacidad de asombro. Así se manifiesta en los repechos argumentales de El funambulista ciego. Ricardo Virtanen construye una reflexión reposada, que aborda los merodeos del pensamiento en torno al tiempo, y al proceso de despojamiento que nos hace dueños de una habitación casi vacía, una memoria en la que no faltan los territorios perdidos, la sensación de que cualquier paso es provisional, como esas luces y sombras de la conciencia que parecen sombras chinescas; el aleatorio resplandor de una vela que busca en el pensamiento un poco de luz.

JOSÉ LUIS MORANTE   

Revista digital elaforista.com




miércoles, 17 de septiembre de 2014

PARADOJAS.

"Manos"
Fotografía de José Javier González

Paradojas.
 
            Para Ricardo Virtanen 
            por "Laberinto de efectos"

Los códigos cifrados.
El pájaro y la jaula.
La lluvia en los poemas.
El mar de tierra adentro.
La ceguera y los libros,
afinidad callada entre mi padre y Borges.
La idea que cobija el borrador.
Esa ilusión etérea de las cosas reales.
Las rosas sin olor, las flores secas.
El tiempo y la quietud de cada instante.
La luz y el corazón de las tinieblas.
Los días que amanecen y no estás.

                     (Inédito)

sábado, 15 de febrero de 2014

EN EL MIRADOR LITERARIO.



José Luis Morante (El Bohodón, Ávila, 1956) presenta Ninguna parte en Covibar, en un acto en el también intervendrán otros dos escritores de nuestra localidad, el novelista Javier Moreno y el poeta y músico Ricardo Virtanen. De nuevo, José Luis Morante nos deja sus opiniones sobre libros y proyectos.
El próximo 13 de marzo presentas Ninguna parte en Covibar. Es una recopilación de poemas escritos durante siete años de tu vida. ¿Recogen estos versos algún poso autobiográfico?
J.L. Morante: Toda literatura refleja la sensibilidad de quien escribe, sus experiencias personales, sus lecturas. En mi poemario  Ninguna parte  está un tiempo vital en el que se percibe de forma acentuada el paso de los años, esa  erosión que nos despoja, como si la vida fuera una continua sucesión de pérdidas.
¿A qué clase de público consideras que va dirigida esta obra?
JLM.-Los libros no tienen edad. Aunque es cierto que la lectura de poesía es más compleja que la novela o el cuento. Yo he leído a mis hijas poesía en voz alta muchas veces y he comentado claves que podían resultar cerradas o herméticas para la gente más joven. Creo que los adultos entienden mejor el cauce temporal porque los jóvenes tienen la sensación de que sobra tiempo.
 
Has recibido el  Premio Luis Cernuda, el Premio Internacional de Poesía San Juan de la Cruz, el Premio Hermanos Argensola, además del Premio Espadaña. ¿Qué opinión tienes acerca de los premios literarios? ¿Son un mero reconocimiento o algo que te impulsa a seguir escribiendo?
 
JLM.- Para mí han sido una ayuda inestimable. Ningún jurado premiaría un libro malo. Entiendo también las quejas de quien no gana; son el síntoma más claro de que les gustaría haber conseguido el premio. El que no cree en los premios lo tiene muy fácil: que no se presente.
 
¿Tienes algún proyecto próximo? ¿Un nuevo libro a la vista?
 
JLM.- Tengo muy avanzadas dos nuevas salidas al mercado, una edición en Letras Hispánicas sobre la poesía de Eloy Sánchez Rosillo, el poeta elegíaco más importante de nuestro tiempo, y una nueva entrega de aforismos. El aforismo con su humildad y su estatura pequeña tiene una insólita capacidad de análisis de lo real, y es una herramienta perfecta para radiografiar interiores y exteriores.
 
Como profesor, ¿consideras importante para los jóvenes, la proliferación de certámenes literarios como los convocados por Covibar?
 
JLM.- Doy clases de Geografía e Historia, y mis alumnos están muy condicionados por los programas educativos fijados por el Ministerio de Educación. Apenas queda espacio para el temario programado por el Departamento de Ciencias Sociales. Es imposible responder a las iniciativas que casi de forma continua llegan desde Fundaciones e instituciones públicas y privadas, así que la iniciación a la literatura en mis clases se marca desde septiembre con un criterio muy definido: libros de lectura obligatoria y trabajos de historia sobre las salidas extraescolares.
 
 (Revista Covibar, suplemento El Mirador Literario, nº 231, Febrero, 2014)

miércoles, 1 de enero de 2014

TEORÍA DEL SUEÑO

Ricardo y José Luis, Santa Mónica, Rivas, 1 de enero de 2014.
Fotografía de Sofía Virtanen
 
TEORÍA DEL SUEÑO

Todo sueño cumplido es prematuro.
Su tácita presencia pone en duda
que hasta ayer mismo fuera
objeto de un afán cuyo rescoldo
no se apagara nunca.
La posesión no acalla
esa voz inquietante
que aspirara a lograrlo
ni da paso a la tregua que permite el sosiego.
Intangible y fugaz
como el vuelo de un ángel,
el perfil de los sueños no conoce
la hondura hospitalaria del espejo
ni el peso de la luz.

    (Mapa de ruta, Granada, 2010)