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miércoles, 26 de febrero de 2025

LUIS FELIPE COMENDADOR. NO ESTAR COMPLICA EL IRSE

No estar complica el irse
Luis Felipe Comendador
IV Premio Nacional de Poesía Ciudad de Lucena Lara Cantizani
Editorial Reino de Cordelia
Madrid, 2025

 

PARNASILLO PARTICULAR

 
 
  Un título en apariencia henchido de humorismo paradójico No estar complica el irse compila los poemas más recientes de Luis Felipe Comendador (Béjar, Salamanca, 1957), reconocidos el 10 de enero de 2025 con el IV Premio Nacional de Poesía Ciudad de Lucena Lara Cantizani. El poeta bejarano conseguía un certamen muy joven, convocado por la Concejalía de Cultura del ayuntamiento cordobés, que sirve de homenaje y recuerdo al desaparecido profesor, poeta y gestor cultural Manuel Lara Cantizani.
  La insistente voluntad creadora de Luis Felipe Comendador impulsa un taller literario polivalente, cuya trashumancia expresiva aglutina literatura breve, artículos de prensa, quehacer narrativo y un intenso recorrido poético que se ha hecho acreedor de abundantes premios, con títulos conocidos como Paraísos del suicida (2001), Con la muerte en los talones (2004), Mañana no será nunca (2017), o La alfombra vejada del gran Lebowski (2024). Son obras que ratifican una estética habitual, un credo lírico que entrelaza reflexión existencial, dicción introspectiva y un fuerte sentido crítico de la peripecia vital y las relaciones sociales hechas de corrección política y gregarismo, de conformidad y asimetrías. De ese mapa de signos personales también participa la salida No estar complica el irse, un logro poético que conforma una relevante nómina del parnasillo particular del poeta. Comendador habla con verbo apasionado y luz inteligente con la esencia central de la poesía.
   Con la primera luz de la mañana, el sujeto poético moldea la singularidad estética de presencias centrales de la biblioteca para construir  soliloquios y monólogos dramáticos que trascienden el perfil literario de cada protagonista y desnuda su sensibilidad humanista y los claroscuros interiores. De este modo, en el primer poema ”Pere Gimferrer se confiesa con el agente provocador en Barcelona”, Luis Felipe Comendador dibuja al poeta novísimo como un ser frágil y cansado, invadido por el habitual lastre de decepciones y grietas que aloja el discurrir existencial; un cuerpo desmadejado y roto, como un cristal opaco, invadido por gotas de sombra y emboscado entre la incontinente fauna humana de la ciudad que recorre las calles hacia no sé dónde. Otro novísimo, Antonio Martínez Sarrión confabula en su diario íntimo el hartazgo de la etiqueta y la decisión de buscar a solas en la hondura de un bar deshabitado de Albacete esa conversación a solas con la finitud. Más allá del centro inaccesible del ego personal, lo vivido es un patrimonio gravoso. Hay que buscar la callada concordia del silencio en la experiencia biográfica, las sencillas respuestas del silencio final.
   Comendador anima la ruptura de la monotonía argumental dando sitio también al poema apelativo, al que busca en el tú un interlocutor que escuche los deseos más sensuales. Así sucede con el estimulante estar de Ana Rossetti, cuyo libro Indicios vehementes es infusión de fiebre para la química del deseo. El murmullo de lo pasional fragua turbación y cercanía; zarandea el pensamiento desvelado de quien duerme despierto por las voces de la inconsciencia.
  Las presencias convocadas tienen un incansable tensión del legado de la tradición cultural. Se dan cita en las composiciones, lejos de los ángulos intimistas de poetas amigos y compañeros generacionales, los habitantes de un prestigioso municipio literario en el que son vecinos Julio Cortázar, Severo Sarduy, Oliverio Girondo, Norah Lange, Paul Verlaine, Juan Gelman, Octavio Paz, César Vallejo o el mismo Luis Alberto de Cuenca… Un entorno literario germinal donde cada poema busca adaptarse a las peculiaridades literarias de cada protagonista y aprenden las costumbres de ser sombras ausentes: casi todos los convocados al plano inclinado del pensaminto ya no están. Y en ese hueco de su cuerpo solo las palabras se hacen permanencia, ponen un farol débil al fondo de la noche.
   En este catálogo de nombres propios tan significativos, la mirada poética de Luis Felipe Comendador se hace espejo. Recupera secuencias de instantes significativos de la vida diaria para no claudicar en la áspera lucha contra el tiempo. Desde esa distancia inacabable retorna al trasluz del presente la poesía con rostro humano, el inspirado aliento de caminos antiguos que ponen en su seno los pasos conocidos; las voces y los ecos. Como escribe el poeta, las composiciones son sentidos en alerta: “pupilas” que utilizan las mías para verme y hacerme ver en ellas, para abrir en la densa espesura del bosque el necesario claro.
  Aunque predomina el poema en verso libre, el escritor explora otros moldes expresivos como el haiku, sin duda, un hermoso guiño al quehacer afectivo de Manuel Lara Cantizani. El desaparecido poeta y amigo contribuyó, como pocos, a la aclimatación de la estrofa en el discurrir literario del presente, mediante talleres, ediciones de libros de gran belleza plástica y aciertos expresivos de primer nivel como la introducción en las aulas de Educación Secundaria del formato japonés. Otro poema que nos parece de gran interés es “Gabriel Ferrater se empeña en perecer”, donde se percibe una precisa poética personal: “Busco el desahogo de la discrepancia / la batalla hueca de la suficiencia, la precavida virtud de la edad,  / el usufructo de mis hipotecas, / la arbitrariedad de equivocarme…” . Son enumeraciones yuxtapuestas que parecen dibujar al escritor frente a sí mismo, en el confinamiento claustral de su taller en vela.
   Los lectores de la entrega anterior de Luis Felipe Comendador, La alfombra vejada del gran Lebowski percibirán entre ambos libros una clara continuidad, ese empeño de transcender la propia identidad y su geografía de emociones y sentimientos para habitar otra conciencia, para rescatar en el silencio la palabra del otro. Pero el acierto literario de Luis Felipe Comendador es excelente. Fragua un manojo de poemas que busca equilibrio entre el homenaje y la erudición de quien construye puentes con otras identidades. Son presencias convocadas con coordenadas de regreso en el paisaje interior de cada poema. Versos que despliegan su mapa comunicativo y convierten la tradición en sustrato germinal para dar solidez a un "muro de incontinencia y suelo mismo".
   No estar complica el irse llega desde la madurez expresiva del autor, desde una mirada que contiene una intensa voluntad de lectura; sus composiciones proyectan un árbol de luz que intercala recuerdos y olvidos, que tiende amarras al pasado para escuchar su voz. Poesía que busca la claridad gozosa del encuentro con quien aprende a ser sombra, sin la materia frágil de algún cuerpo.



JOSÉ LUIS  MORANTE




lunes, 27 de septiembre de 2021

ELOGIO DEL HAIKU

A solas
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana

                                                             ELOGIO DEL HAIKU
 
  Debo mis primeras lecturas de haikus, esos tréboles verbales que unen humildad y transparencia, al siempre recordado poeta lucentino Manuel Lara Cantizani. Con él aprendí a caminar por esta forma poética de aparente sencillez y severa pauta métrica, cuyo origen se remonta hacia el siglo XVI, aunque es previsible que existieran precedentes en el cauce oral de la literatura japonesa. Con Fernando Rodríguez Izquierdo, el estudioso más perseverante, hice sondeos continuos entre la contingencia temporal de la estrofa y su evolución en las voces de Matsuo Bashoo, Yosa Busson y Kobayashi Issa. Otro poeta, Josep Maria Rodríguez me escribió una afectuosa misiva para pedirme algunos haikus de mi autoría para una antología de contemporáneos; no puede corresponder a su empeño por falta de material de calidad en aquel momento, pero su petición soliviantó el taller de escritura y, un par de años después, el editor Francisco Peralto en su imprenta malagueña, me dejó en las manos Nubes, una completa compilación de haikus. Aquel cuaderno de viaje al espacio poético nipón, fue pórtico para compilar en 2018 cien haikus en el libro A punto de ver que, con maravilloso afecto, el editor y ensayista Juan José Martín Ramos publicó en el catálogo de Polibea editorial. 
   El blog “Puentes de papel”, activo desde el treinta de diciembre de 2010, ha reanimado mi práctica del esquema versal, a la vez que ido acumulando lecturas clásicas y de contemporáneos, estudios ensayísticos y antologías, pues de todos es conocida la copiosa colección de haikus que han producido las últimas hornadas.
  Mi inclinación afectiva hacia esta forma lírica se cimenta en su brevedad. Asegura una intensidad gozosa, con la pupila abierta para cobijar argumentos, más allá de su supuesta condición de lírica estacional, por su carencia de artificio retórico y por la condición de chispazo inmediato.
   Así que es previsible que estas líneas que elogian la estrofa no sean más que un síntoma temprano de otro libro de haikus. Esperemos.

JOSÉ LUIS MORANTE


 
 

martes, 30 de octubre de 2018

ELOGIO DEL HAIKU

Sendas urbanas
Archivo general de Internet



ELOGIO DEL HAIKU

Al despertar,
teclean la ventana
manos de lluvia

   Debo mis primeras lecturas de haikus al poeta lucentino Manuel Lara Cantizani. Con él aprendí a caminar por esta forma poética de aparente sencillez y severa pauta métrica, cuyo origen se remonta hacia el siglo XVI, aunque es previsible que existieran precedentes en el cauce oral de la literatura japonesa. Con Fernando Rodríguez Izquierdo, el estudioso más perseverante, fue sondeando la contingencia temporal de la estrofa y su evolución en las voces mayores del haiku, Matsuo Basho, Yosa Busson e Issa Kobayhashi. Otro poeta, Josep Maria Rodríguez me escribió una afectuosa misiva para pedirme algunos haikus de mi autoría para una antología de contemporáneos; no puede corresponder a su empeño por falta de material de calidad en aquel momento, pero su petición soliviantó mi taller de escritura y, un par de años después, el editor Francisco Peralto en su imprenta malagueña, me dejó en las manos Nubes, una completa compilación de haikus.
  El blog “Puentes de papel”, activo desde el treinta de diciembre de 2010, ha reanimado mi práctica del esquema versal. A la vez, fui acumulando lecturas clásicas y de contemporáneos, estudios ensayísticos y antologías, pues de todos es conocida la copiosa colección de haikus que han producido las últimas hornadas.
  Mi inclinación afectiva hacia esta forma lírica se cimenta en su brevedad que asegura una intensidad gozosa, en su pupila abierta para cobijar argumentos, mucho más allá de su supuesta condición de lírica estacional, por su carencia de artificio retórico y por la condición de chispazo inmediato.
  Así que es previsible que estas líneas que elogian la estrofa, mientras teclean la ventana manos de lluvia  no sean más que un síntoma temprano de otro haiku. Esperemos.





jueves, 3 de agosto de 2017

ELOGIO DEL HAIKU

El tercer árbol
Fotografía de
Javier Cabañero

ELOGIO DEL HAIKU

   Debo mis primeras lecturas de haikus al poeta lucentino Manuel Lara Cantizani. Con él aprendí a caminar por esta forma poética de aparente sencillez y severa pauta métrica, cuyo origen se remonta al siglo XVI, aunque es previsible que existieran precedentes en el cauce oral de la literatura japonesa. Con Fernando Rodríguez Izquierdo, el estudioso más perseverante, fui sondeando la contingencia temporal de la estrofa y su evolución en las voces mayores del haiku, Matsuo Bashoo, Yosa Busson e Issa Kobayhashi.
   Otro poeta, Josep Maria Rodríguez me escribió una afectuosa misiva para pedirme haikus de mi autoría para una antología de contemporáneos; no puede corresponder a su empeño por falta de material en aquel momento, pero su petición soliviantó mi taller de escritura y solo un par de años después el editor Francisco Peralto, en su imprenta malagueña, me dejó en las manos Nubes, una breve compilación de haikus.
  Este blog ha reanimado mi práctica del esquema versal, a la vez que se van acumulando lecturas clásicas y de contemporáneos, estudios ensayísticos y antologías, pues de todos es conocida la fertilidad que define a las últimas hornadas.
  Mi inclinación afectiva hacia esta forma lírica se cimenta en su brevedad que asegura una intensidad gozosa, en su pupila abierta para cobijar argumentos, mucho más allá de su supuesta condición de lírica estacional, en su aparente carencia de artificio retórico y en la sensación de chispazo inmediato.
Así que es previsible que estas líneas que elogian la estrofa no sean más que un síntoma temprano de otros haikus, el crecimiento inadvertido en el paisaje de un tercer árbol.  Esperemos.





domingo, 15 de enero de 2017

IZET SARAJLIC. POESÍA Y MEMORIA

Izet Sarajlic (Deboj, 1930, Sarajevo, 2002)

POESÍA Y MEMORIA

   En febrero de 2003, el poeta y editor lucentino Manuel Lara Cantizani incorporó a la exquisita colección de poesía Cuatro Estaciones el libro Una calle para mi nombre, de Izet Sarajlic (Deboj, 1930, Sarajevo, 2002), con prólogo de Juan Vicente Piqueras, también responsable de la traducción junto a Raffaella Marzano y Sinan Gudzevic. Fue mi primera conversación con la escritura más universal de Bosnia-Herzegovina, y me afectó profundamente. Aquel encuentro supuso una convulsión. E libro se reeditó casi al año siguiente, un asunto sorprendente en poesía, porque muchos lectores convirtieron en dolorosa memoria viva el aporte confesional de Una calle para mi nombre.
   De nuevo, en 2013, llega a las librerías el intimismo transparente de Izet Sarajlic, esta vez desde la editorial Valparaíso, con selección y liminar de Fernando Valverde. El joven poeta de Granada analiza al detalle la senda biográfica porque ha condicionado, con dolorosa pulsión, su sensibilidad estética. Sus primeros escritos afloran tras los derrumbes de la Segunda Guerra mundial cuando uno de sus hermanos fue fusilado por los camisas negras del fascio italiano. Aquella primera etapa de crónica y testimonio muda, poco después, y se remansa en una lírica amorosa, despojada, precisa y emotiva, que vuelve a convertirse en desolación cuando estalla el conflicto fraticida de los Balcanes. El estallido produce un cataclismo político en Europa Central y el desmembramiento de Yugoeslavia. Entonces Sarajevo, ciudad donde vivía el poeta desde 1945,  se convierte en una azarosa cita con la muerte. A esa circunstancia debe su nombre esta entrega, Sarajevo, como si aquel escenario sombrío fuera la última estación de la existencia. Cuando en 1992 se resquebraja la convivencia por las ideologías nacionalistas la avenida principal de la ciudad se convierte en predilecto enclave de francotiradores. A cada paso, hombres, mujeres y niños aguardan la fatal incertidumbre del disparo en un asedio que dura más de tres años y que tendrá dramáticas consecuencias.
  Ese es el sustrato que da pie a los poemas de Izet Sarajlic. Palabras cuya semántica certifica  el dolor y la barbarie. Poemas que se hacen crónica del horror y donde unas gotas de amor sirven como cálida excusa para guardar algunos hilos de esperanza. Quien ama no puede renunciar a seguir caminando, a forzar sendas nuevas de superviviente, a sentar en la silla de la esperanza un presente lleno de soledad vulnerable.
   Triste como una ventana al cementerio, la poesía de Izet Sarajlic es un testimonio a media voz, lleno de intensidad. Trasmite la incapacidad de comprender la mutación del entorno habitable en infierno. Cercano y táctil, cada poema denuncia la falta de firmeza de lo real cuando todo se difumina, ensuciado por interrogantes lacónicos. Izet Sarajlic nos hace mirar esa pantalla viva de la memoria, con el corazón encogido por la emoción y los ojos llenos de lágrimas.


sábado, 3 de diciembre de 2016

MARK STRAND. LOS VERSOS NECESARIOS

 Mark Strand (1934-2014)


                POESÍA NECESARIA


   Dos compilaciones de Mark Strand (Summerside, Prince Edward Island, Canadá, 1934, New York, 2014) me han acompañado estos años con la eficacia cálida de la buena poesía. La primera, Aliento es una muestra con traducción y prólogo de Julián Jiménez Effernan, editada con gusto de coleccionista en el sello Cuatro estaciones, al cuidado de Manuel Lara Cantizani y Juan Carlos Reche; la segunda, Sólo una canción  fue preparada por Eduardo Chirinos, responsable de la selección, traducción y prólogo, y se integró en el catálogo de Pre-Textos. Las dos son arcos representativos y se adentran con acierto en las complejidades del quehacer lírico de Mark Strand, poeta laureado, docente universitario, viajero continuo, lector de Alberti y Borges, traductor de Carlos Drummond de Andrade y amigo de poetas como Octavio Paz,
  La poesía de Mark Strand se reconoce de inmediato y sumerge al lector en un estado de ánimo indeciso, entre la angustia y el desconcierto, no tanto por su carga autobiográfica –al cabo, el transcurso existencial  es un incansable venero temático para cualquier creador- sino por el extravío que suscitan en el lector esas mínimas crónicas de soledad que narran sus poemas. Lo cotidiano esconde un lado fantasmal, una sombra nebulosa que incide en mostrar itinerarios nuevos en el espectador, a pesar de reiterar de modo obsesivo conocidas preocupaciones: la identidad del yo, el discurrir temporal, la fragilidad de la existencia, los retratos de seres cercanos, o la extraña correspondencia entre sujeto y entorno.
  Como en la literatura de Kafka, en los poemas de Mark Strand la realidad es siempre imprevisible; no cuestiona sus hábitos rutinarios pero en cualquier momento una estela vacía se llenará: “El tiempo me dice lo que soy. Cambio y soy el mismo. / Me vacío de mi vida y mi vida permanece”. De esa aparente contradicción manan los argumentos: quien mira desde la casa a un hombre parado en el jardín, es el mismo hombre que se siente espiado desde algún sitio; el paseante a la luz del mediodía es invisible; solo en la sombra se revela precisa la silueta del yo desdoblado.


                                         

martes, 15 de noviembre de 2016

ÁNGELES MORA. PREMIO NACIONAL DE POESÍA 2016

Ángeles Mora (Rute, Córdoba)

CARTA ABIERTA


  El tiempo aprende a hablar por nosotros, querida Ángeles, y adquiere su propia personalidad literaria, como si fuese un contertulio más con el que compartir a media tarde los posos del recuerdo. La memoria insiste en abrir páginas comunes; nos conocimos en Lucena, a finales del año 2000, gracias al afecto municipal y poético de Manuel Lara Cantizani. El joven poeta lucentino nos invitó a formar parte de la colección Cuatro Estaciones. Fue un proyecto editorial irrepetible, empeñado en editar libros con una calidad visual ejemplar Una antología poética de tus versos, que salía junto a mi libro de entrevistas Palabras adentro, me preguntó: ¿Las mujeres son mágicas?; y yo, que soy torpe por convicción y por naturaleza no supe responder. Aquel primer encuentro fue umbral hospitalario de otras citas y preservó un espacio común en los calendarios del afecto. Puntuales, los años fueron dejando entre mis manos tus nuevos libros con cálidas respuestas, versos que me aportaron intimismo y reflexión sobre el sentido del poema y esa verdad interior en la que encuentra techo nuestra identidad, siempre en construcción. Con la tinta solemne de los grandes eventos, llega la noticia de que te han concedido el Premio Nacional de Poesía por Ficciones para una autobiografía, también reconocido con el Premio de la Crítica; y es fácil aposentar la alegría en mi buhardilla.
  Sé que son días contradictorios para ti –se ha escrito con perseverante quietud, el amor y la muerte siempre entrelazan en su azaroso discurrir una única pulsión- porque el dolor acampa en tus andenes y te ha dejado el alma llena de lluvia; pero sé también que las palabras limpias del poema funcionan como fuerza de transformación para que en el amanecer sea claridad emotiva y armonía. Hoy te percibo libre de cualquier incertidumbre, mientras la mañana te dibuja “… en el salón, abierta la ventana, / respirando cierta tristeza, / como quien gana y pierde al mismo tiempo, / viendo brillar la tarde, al paso de los años, / antes de que el verano nos aplaste, / suavemente estirando las arrugas / del corazón / planchando las camisas del invierno*
  Muchas felicidades, poeta, por un premio tan grande. Ahora sé, con esperanza y convencimiento, que las mujeres son mágicas.
  
PD.- Los versos pertenecen al poema “Planchando las camisas del invierno” de Ficciones para una autobiografía (Bartleby Editores, Madrid, 2015)


sábado, 15 de octubre de 2016

ELOGIO DEL HAIKU

Azules (Florida, USA, 2015)


ELOGIO DEL HAIKU


Debo mis primeras lecturas de haikus al poeta lucentino Manuel Lara Cantizani. Con él aprendí a caminar por esta forma poética de aparente sencillez y severa pauta métrica, cuyo origen se remonta hacia el siglo XVI, aunque es previsible que existieran precedentes en el cauce oral de la literatura japonesa. Con Fernando Rodríguez Izquierdo, el estudioso más perseverante, fui sondeando la contingencia temporal de la estrofa y su evolución en las voces mayores del haiku, Matsuo Bashoo, Yosa Busson e Issa Kobayhashi. Otro poeta, Josep Maria Rodríguez me escribió una afectuosa misiva para pedirme algunos haikus de mi autoría para una antología de contemporáneos; no pude corresponder a su empeño por falta de material en aquel momento, pero su petición soliviantó mi taller de escritura y un par de años después el editor Francisco Peralto, en su imprenta malagueña, me dejó entre las manos el cuaderno Nubes, una sencilla compilación de haikus.
El blog ha reanimado mi práctica del esquema versal, mientras voy acumulando lecturas clásicas y de contemporáneos, estudios ensayísticos y antologías actuales, pues de todos es conocida la copiosa colección de haikus escrita por las últimas hornadas.
Mi inclinación afectiva hacia esta forma lírica se cimenta en la brevedad que asegura una intensidad gozosa, en la pupila abierta para cobijar argumentos más allá de su supuesta condición de lírica estacional. Me gusta también la carencia de artificio retórico y la condición de chispazo inmediato.
Así que es previsible que estas líneas que elogian la estrofa no sean más que un síntoma temprano de otra leve cosecha de haikus. Esperemos.






domingo, 20 de marzo de 2016

PALABRAS ADENTRO. LIBROS Y DÍAS.

Palabras adentro
(23 entrevistas literarias)
José Luis Morante
Cuatro Estaciones (Anexo)
Lucena, Córdoba, 2003
CONTEMPORÁNEOS

  El discurrir del tiempo me ha dejado una larga experiencia como colaborador de prensa escrita,. Durante años firmé páginas de El Correo de Andalucía, Este de Madrid, Diario de Ávila o el desaparecido Diario 16. Junto a columnas de opinión y reseñas de libros, practicaba con frecuencia un género periodístico: la entrevista. Desde finales de los años ochenta, vivo y trabajo como profesor de instituto en Rivas-Vaciamadrid donde entrevisté a un extenso listado de autores, una amplia selección de diálogos que se incluyeron en el año 2003 en Palabras adentro, anexo de la colección lucentina que dirigía Manuel Lara Cantizani.
 El sumario del libro integra encuentros que en su momento aparecieron casi siempre en el suplemento cultural La Mirada y en la revista Prima Littera. Se incorporan además dos conversaciones inéditas: charlas cálidas con Luis Mateo Díez y con Joan Margarit.
   El prólogo y el epílogo detallan las circunstancias concretas de cada uno de los trabajos, pero sobre todo explican los criterios de selección. Palabras adentro es un libro que ha madurado por sí mismo, y que no fue concebido orgánicamente, sino que cada una de las aproximaciones es autónoma. No obstante esta selección de puntos de vista adquiere un sentido unitario en cuanto nos permite conocer una panorámica muy completa del legado cultural de las últimas décadas. Los territorios creativos no son espacios insulares. Cualquier posicionamiento limita siempre con una tradición.
    Poetas, novelistas y críticos reflexionan y descifran incertidumbres sobre las cuestiones esenciales del quehacer literario y su mirada proporciona nuevas claves o sirve para reconocer la singularidad de los itinerarios. En el plantel están novelistas como José Saramago, Luis Mateo Díez, Clara Sánchez, Andrés Sorel, Almudena Grandes o Juan Manuel de Prada;  el enfoque de los poetas lo dan nombres como Ángel González, Francisco Brines, Antonio Colinas o Luis Alberto de Cuenca; las opiniones con la perspectiva del ensayista se deben a José Olivio Jiménez y Francisco Gutiérrez Carbajo. Con Andrés Trapiello se habla de diarios y de literatura autobiográfica. Se deja en la sombra la actividad política de Joaquín Leguina para centrarse en sus novelas y libros de relatos.
   El selecto conjunto de autores cuenta con la benevolencia de los suplementos literarios y con las bendiciones del mercado. Son firmas que gozan de gran popularidad y  que han aportado títulos que ya pertenecen al imaginario colectivo. Asistimos al enfoque de varias generaciones en activo que exponen consideraciones y se adentran en sus aspiraciones  creativas.   
   Para los que seguían la colección Cuatro estaciones no habrá sido una sorpresa la magnífica edición en pasta dura. Los que se acerquen por primera vez descubrirán el riguroso cuidado y la calidad tipográfica de una propuestaa enriquecida con fotografías de Arturo Ledrado y Juanjo del Pozo.
   Palabras adentro es una conversación pautada con un interlocutor inagotable de múltiples rostros: la literatura.





viernes, 18 de marzo de 2016

ELOGÍO DEL HAIKU

El mar, un haiku en compañía

 ELOGIO DEL HAIKU

  Debo mis primeras lecturas de haikus al poeta lucentino Manuel Lara Cantizani. Con él aprendí a caminar por esta forma poética, de aparente sencillez y severa pauta métrica, cuyo origen se remonta hacia el siglo XVI, aunque es previsible que existieran precedentes en el cauce oral de la literatura japonesa. Con Fernando Rodríguez Izquierdo, el estudioso más perseverante, fui sondeando la contingencia temporal de la estrofa y su evolución en las voces mayores de Matsuo Bashoo, Yosa Busson e Issa Kobayhashi. Otro poeta, Josep Maria Rodríguez escribió una afectuosa misiva para pedirme algunos haikus de mi autoría para una antología de contemporáneos; no pude corresponder a su empeño, pero su petición soliviantó mi taller de escritura y un par de años después el editor Francisco Peralto me dejó en las manos Nubes, una compilación de haikus.
  El blog ha reanimado mi práctica del esquema versal y a la vez he ido acumulando lecturas, estudios ensayísticos y antologías, porque es conocida la copiosa lluvia que han dejado las últimas hornadas. Mi inclinación afectiva hacia esta forma lírica se cimenta en su brevedad, en su pupila abierta para cobijar argumentos, mucho más allá de su supuesta condición de lírica estacional, y en la carencia de artificio retórico por el chispazo inmediato.
  Así que es previsible que este elogio no sea más que un síntoma temprano de otro libro de haikus. Esperemos.



jueves, 9 de julio de 2015

PAISAJES DEL HAIKU

Sierra de Gredos
Fotografía de Adela Sánchez Santana

PAISAJES DEL HAIKU

   Debo mis primeros estudios del haiku al poeta lucentino Manuel Lara Cantizani. Con él aprendí a mirar los paisajes de esta forma poética de aparente sencillez y severa pauta métrica, cuyo origen se remonta hacia el siglo XVI, aunque es previsible que existieran precedentes en el cauce oral de la literatura japonesa. Con Fernando Rodríguez Izquierdo, el investigador más perseverante, fui sondeando la contingencia temporal de la estrofa y su evolución en las voces mayores, Matsuo Bashoo, Yosa Busson e Issa Kobayhashi. Otro poeta, Josep Maria Rodríguez me escribió una afectuosa misiva para pedirme algunos haikus de mi autoría para una antología de contemporáneos; no puede corresponder a su empeño por falta de material de calidad en aquel momento, pero su petición soliviantó mi taller de escritura y un par de años después el editor Francisco Peralto en su imprenta malagueña, me dejó en las manos Nubes, una compilación de cincuenta haikus.
  Este blog, “Puentes de papel”, activo desde el treinta de diciembre de 2010, ha reanimado mi práctica del esquema versal, a la vez que ido acumulando lecturas clásicas y de contemporáneos, estudios ensayísticos y antologías de la fértil cosecha de haikus producida por  las últimas hornadas.
   Mi inclinación afectiva hacia esta forma lírica se debe a varias razones que resumo de inmediato: la brevedad que asegura una intensidad gozosa, una pupila abierta para cobijar argumentos, mucho más allá de la supuesta condición de lírica estacional; la discreta carencia de artificio retórico y, por último, la condición de cruce entre intuición y pensamiento.
  Así que es previsible que estas líneas que elogian el haiku no sean más que un síntoma temprano de otro libro. Esperemos.


miércoles, 4 de diciembre de 2013

IZET SARAJLIC. MEMORIA VIVA.

Sarajevo, Izet Sarajlic, Valparaíso, Granada, 2013 

MEMORIA VIVA

   En febrero de 2003, el poeta y editor lucentino Manuel Lara Cantizani incorporó a la exquisita colección de poesía Cuatro Estaciones el libro Una calle para mi nombre, de Izec Sarajlic (Deboj, 1930, Savarejo, 2002) con prólogo de Juan Vicente Piqueras, también responsable de la traducción junto a Raffaella Marzano y Sinan Gudzevic. Fue mi primera conversación con la escritura más universal de Bosnia-Herzegovina, y me afectó profundamente; aquel encuentro supuso una pequeña convulsión, como sucedió a tantos lectores – el libro se reeditó casi al año siguiente, un asunto a reseñar en poesía -  que hicieron propiedad privada el aporte confesional de Una calle para mi nombre.
   De nuevo llega a las librerías el intimismo transparente de Izet Sarajlic, esta vez en los estantes de la editorial Valparaíso, con selección y liminar de Fernando Valverde. El joven poeta de Granada analiza al detalle la senda biográfica porque ha condicionado, con dolorosa pulsión, su sensibilidad estética. Sus escritos de amanecida afloran tras los derrumbes de la Segunda Guerra mundial, cuando uno de sus hermanos fue fusilado por los camisas negras del fascio italiano. Aquella fase inicial de crónica y testimonio muda, poco después, y se remansa en una lírica amorosa, despojada, precisa y emotiva, que vuelve a convertirse en versos de desolación cuando estalla el conflicto fraticida de los Balcanes. El estallido produce un cataclismo político en Europa Central y el desmembramiento de Yugoeslavia. Entonces Sarajevo, ciudad donde vivía el poeta desde 1945,  se convierte en una azarosa cita con la muerte. A esa circunstancia debe su nombre esta entrega, Sarajevo, como si aquel escenario sombrío fuera la última estación de la existencia.   
   Cuando en 1992 se resquebraja la convivencia por las ideologías nacionalistas, la avenida principal de la ciudad se convierte en predilecto enclave de francotiradores. A cada paso, hombres, mujeres y niños aguardan la fatal incertidumbre del disparo en un asedio que dura más de tres años y que tendrá dramáticas consecuencias para los pobladores.
   Ese es el material que da pie a los poemas de Izet Sarajlic. Palabras cuya semántica certifica  el dolor y la barbarie. Poemas que se hacen caligrafía de la sangre y donde unas gotas de amor sirven como cálida excusa para guardar algunos hilos de esperanza. Quien ama no puede renunciar a seguir caminando, a forzar sendas nuevas de superviviente, a sentar en la silla de la esperanza un presente lleno de soledad vulnerable.
   Triste como una ventana al cementerio, la poesía de Izec Sarajlic es un testimonio a media voz pero lleno de intensidad. Trasmite esa incapacidad de comprender la mutación de un entorno habitable en un infierno. Cercano y táctil cada poema denuncia la falta de firmeza de lo real cuando todo se difumina o se ensucia con interrogantes lacónicos y brutales. Izec Sarajlic nos hace mirar esa pantalla viva de la memoria con el corazón encogido y los ojos llenos de lágrimas.