lunes, 9 de mayo de 2016

domingo, 8 de mayo de 2016

NUBES Y PARAGUAS

Con voz de lluvia


NUBES

La lluvia recurrente
conforma una viñeta melancólica
que cela ventanucos y portones,
y justifica ociosas voluntades.
Inquisitivas sábanas recubren
de tedio y soledad.
Empujan los desvelos hacia el alba.
Rememorar es grato
si la secuencia informa
que no somos estelas todavía,
una colmada sucesión de fraudes.
Al cuerpo que interroga
dicta el tiempo agresivo
preceptos irritables.
La vigilia se quiebra mientras miro
un rosario de nubes
donde nunca rozamos.

    ( Del libro La noche en blanco, Barcelona, 2006)


sábado, 7 de mayo de 2016

NOELIA ILLÁN CONESA. VERBOS POR DENTELLADAS

Verbos por dentelladas
Noelia Illán Conesa
RaVeNsWoOld Books Editorial
Cartagena, 2016

VERBOS POR DENTELLADAS


  En la senda intelectual de Noelia Illán Conesa (Cartagena, Murcia, 1983) conviven disciplinas complementarias, que fortalecen una versión personal del taller literario. Licenciada en Filología Clásica y docente en ejercicio, ha realizado versiones crítica sobre el legado de Ovidio y es una estudiosa reconocida del quehacer de José María Álvarez, de quien publicó en 2015 la antología El oro de los tigres, y sobre cuyo papel en la generación del setenta prepara un libro de conversaciones. Es codirectora de la revista La galla Ciencia y activa presencia en debates, revistas, antologías contemporáneas y lecturas poéticas. Su carta lírica, Calamidad y desconcierto se acaba de reeditar y ahora publica su entrega Verbos por dentelladas. Vida de poeta, sin duda, una existencia pasional que celebra a cada instante el verbo necesario y hace del tiempo consunción y entrega para afrontar la soledad en compañía del poema y desacralizar el status de autor con sitio propio en cualquier torre de marfil ; sus versos niegan esas utopías ficcionales que imaginan la autonomía verbal como un asunto áulico. Escribir es sentir, dar presión a las repletas arterias de la vida al paso. Con precisa franqueza y fidelidad al relato realista, que convierte al protagonista verbal en conciencia mimética, asume un reflejo especular que constata límites. De esa mirada intencional que busca equilibrio y cercanía se nutren composiciones como “Vida de un poeta” y “Desconcierto”. La escritura permite superar cualquier encasillamientos reductivos y crea realidades suplementarias que amplían, con naturalidad, la manera de estar: “Deseo el atardecer lento / pausado y mío, de  Buda con Pest a un costado. / El caminar de mujeres en calles y trenes, / el vino dulce de los años dorados. / Deseo la vida de poeta, / pero ando lejos de alcanzarla / desde este sillón tan negro y estéril, / con estos versos que no me tapan ni los pies”.
  Los textos transmiten una percepción cosmopolita y dan vida a entornos habitables que buscan coordenadas en cualquier geografía imaginaria. Por las rendijas del poema se filtran escenarios de la tradición –Paris, Roma, Venecia, San Petersburgo, Buda…- y en sus laberintos instalan sus aceras las calles del ahora, manchadas por el relente y la intemperie, como si cada ciudad se fusionara en un solo molde, en una abstracción en la que se desenvuelve la existencia del sujeto verbal, incluso el afán del personaje real, deshabitando incertidumbres en el plano laboral de Cartagena.
  Imaginación y realidad adquieren dimensiones referenciales para moldear en la textura aleatoria del poema un mundo propio, creativo y dinámico. En él Noelia Illán Conesa sitúa las esquinas del paisaje urbano, una acuarela decadente, donde un aire de irónico malditismo concede a los personajes una versión suburbial que rebaja expectativas vitales. Como si la existencia no fuese más que una moqueta sucia por la que camina la terca insistencia de una soledad tediosa que multiplica fotogramas de un mundo gastado, a punto de anunciar algún derrumbe, pero con sitio fijo para el paso discreto de la imagen feliz, de un regreso a Venecia. 


viernes, 6 de mayo de 2016

FORTALEZA





FORTALEZA

He perdido el anhelo difuso de ser otro.
Mi soledad encarna
la vulnerable piel de alguna fruta.
Llego al umbral de los acantilados
y en la roqueda erijo
-con temores y dudas, con heridas-
seguridad precaria.
Alzo una fortaleza
para que no me alcancen
reiterados presagios.
En la torre central guardo vigilias.
Espero tu llegada.
En mí tendrás cobijo.

    (De Mapa de ruta, Granada, 2010)

miércoles, 4 de mayo de 2016

EL BIÓGRAFO DE BORGES

Bastón

EL BIÓGRAFO DE BORGES


  Labró durante una década una biografía minuciosa de Jorge Luis Borges. Se encerró en el silencio de la buhardilla, ahuyentó afectos y compromisos, y ascendió con paciencia hasta la cumbre de una cordillera erudita, hecha de ensayos, cuentos, poemarios, reseñas, artículos de prensa y panegíricos circunstanciales que glosaban la exitosa carrera literaria. Tras la enésima corrección de pruebas, la obra cumplió trámites de edición. Con cansancio feliz, el biógrafo nunca más pensó en aquel libro.
  Todo estaba en su sitio. Solo tenía una errata, una paradoja casual. Confundió fechas y anticipó la muerte en Ginebra ochenta y siete años antes del nacimiento en Buenos Aires. Un lapsus ligero que no hubiese disgustado al paciente bastón del mismo Borges.

(De Cuentos diminutos)


martes, 3 de mayo de 2016

FRANCISCO FERRER CARBONELL. EL REMO DE CHARÓN

El remo de Charón
Francisco Ferrer carbonell
Editorial Círculo Rojo, 2016

AL OTRO LADO

  Para su amanecida como narrador, Francisco Ferrer Carbonell (San Pedro del Pinatar, Murcia, 1962)  elige un título con resonancias clásicas, El remo de Charón. Otra vez retornan desde las aguas mansas de la tradición los viajes de Caronte por las aguas en sombra del río Aqueronte para llevar en su barca, a golpe de remo, a las almas difuntas hasta la otra orilla. Solo un óbolo cobraba por su tarea a los nuevos inquilinos de la Parca. Y de esa azarosa despedida se nutren los relatos contenidos en esta entrega que, desde diferentes enfoques, testifica las voces de llegada a la estación final.
  El relato inicial opta por el tono sentimental de la elegía. nada hay más complejo que aceptar la ausencia de quienes compartieron instantes de felicidad y son las vivencias en común las que se guardan contra el abrasivo efecto de los días. Pero ya he comentado al inicio de esta reseña que el autor busca  en el proceso narrativo de estos cuentos un sostenido contraste ficcional y un muestrario de estados de ánimo en los protagonistas. De inmediato, en el segundo relato, aflora el humor y ese apunte leve que la ironía deja entre las cosas cuando no acaban de concretarse los síntomas de la despedida y hay que recurrir –con sentido paradójico- al médico sanador para que en su profesión encuentre remedio para cerrar los ojos, aunque sea este gesto el que clausure el devenir convivencial.
  Otros cuentos parecen inspirados en la tradición oral e hilvanan argumentos que viajan de boca en boca hasta que alguien asume el oficio de cronista certero para que sean conocidos por las nuevas generaciones. Así ocurre en los relatos titulados “El perro de la parca”, “la promesa” y “Cómeme”. Son piezas literarias donde la historia va resolviendo su clave argumental con el cuidado de quien además de narrar ofrece en el cierre una enseñanza didáctica que invita al lector al asentimiento reflexivo.
   Por su longitud y por su condición de relato próximo al cine negro y a la narración de detectives que tanta acción acumula en cada secuencia, el cuento “Jhericó” tiene un notable papel protagonista con un avance bien contruido y con el manejo de personajes principales y secundarios más definidos. En claro contraste. como si el autor buscara en los rincones de la ficción otros ángulos muertos, en el microrrelato “la sombra”  entrelaza líneas con la voz sosegada del misterio para que afloren las cicatrices de la noche, ese mundo en sombras que encoge el ánimo y requiere unos hilos de luz.
  Los casi treinta relatos integrados en los capítulos de El remo de Charón optan por la incertidumbre que clausura los pasos del sujeto. La vida al paso es un intervalo con fecha de cierre; un paréntesis maleable que deja entre la cronología azarosa de lo cotidiano el perfil nítido de una última pisada. Y aceptar ese hecho supone pensar que el acontecer tiene un fin, una muerte callada o estrepitosa que el escritor presenta siempre con un lenguaje coloquial, hecho con cercano gesto, el humor o la seriedad de historias que reflejan las palpitaciones del destino. Silenciosa y tenaz, la muerte está ahí y hay que contemplar su perfil sin patetismos, con el óbolo dispuesto bajo la lengua, como si se aguardara la eventual llegada de la sombra convencidos de que el destino también nutre al azar. Y tal vez en el próximo viaje cambie de voluntad y permita el aplazamiento, ese cerrar los ojos pensando que mañana será otro día.





lunes, 2 de mayo de 2016

MANUEL NEILA. ANTOLOGÍA CONSULTADA

Aforismos contantes y sonantes(Antología consultada)
Selección y prólogo de
Manuel Neila
Asociación Cultural Letras Cascabeleras
Cáceres, 2016

AFORISMOS EN LA CALLE

  Resulta paradójico que la continencia expresiva del aforismo se haya convertido en los últimos años en crecida estival que multiplica títulos y signos propios de practicantes nuevos. Creo que el impulso no proviene de una tradición literaria; aunque magisterios centrales, como Antonio Machado o Juan Ramón Jíménez, escribieran aforismos, y las greguerías de Ramón Gómez de la Serna concedieron a las breverías un carácter lúdico y vanguardista, la dinámica actual obedece, más bien, a las peculiares cualidades de un entorno cambiante, a la pugna por esencializar el mensaje para su difusión acelerada en las redes sociales y, por último, al carácter fragmentario de lo real que va mudando de forma inestable, marcado por la inmediatez y la urgencia.
 La abundancia aforística del presente ha suscitado acercamientos críticos en forma de artículos, ensayos y antologías como la que coordina Manuel Neila (Hervás, Cáceres, 1950), cuyo título Aforismos contantes y sonantes se inspira en un verso de Omar Jayyan, con versión al castellano de Javier Almuzara. El rótulo suena a cascabeleo, a ligereza y calderilla, lo que viene bien para reclamar la curiosidad por la obra.
  Neila comenta el sesgo contingente que ha propiciado esta reunión de micrologistas. Algunos autores fueron convocados de modo presencial en la Feria del Libro de Trujillo de 2016; otros aportaron un mínimo fruto de su aforística, y el conjunto ha servido para que la Asociación Cultural Letras Cascabeleras deje una selección muy concurrida en la que, de forma escueta, suena la polifonía de un coro variopinto.
  El propio Manuel Neila ha comentado alguna vez que el aforismo tiene algunas sendas definidades, que propician una activa combinatoria. En efecto, casi todo el género comparte, en mayor o menor proporción, una textura hilvanada con la reflexión, el sentimiento, la mirada crítica y el juego verbal. De ahí van emanando los itinerarios individuales que, con mínimas excepciones, casi nunca se dedican al género de forma monolítica, y suelen difundir sus textos breves en intermedios cronológicos del taller literario, acompañando a poemas, relatos breves, ficciones o enfoques ensayísticos.
  La diversidad requiere una práctica libre en los trayectos individuales: el tiempo histórico colectivo dialoga con el afán testimonial y crítico de los aforismos que insiste en la condición moral del sujeto; otras veces es el viaje introspectivo en los temas esenciales del estar en el que busca alguna claridad en los aposentos de la intimidad. El volumen Aforismos contantes y sonantes despliega un amplio repertorio argumental, renovado con matices y enfoques.
  Entre los cincuenta y dos elegidos, desde Javier Almuzara a Ricardo Virtanen, son varias las generaciones en activo, y los prestigios de huella firme comparten páginas con los emergentes, que son los que requieren un mayor trazo, aunque todavía no sea más que un pronóstico su fidelidad al género.
  La labor del antólogo, dispersa en aproximaciones conocidas, notifica la pujanza de un género que ya forma parte del pensamiento crítico actual, que es parte imperante de una filosofía en la mirada, cuyo ritual de tránsito amanece marcado por las preguntas de siempre. Existir es dudar y hay que hacer de cada escritura un manual de supervivencia.