domingo, 18 de enero de 2015

ZAPATOS CON FRÍO

Fotografía de Hilario Barrero 

ZAPATOS

                                                     A los amigos que vieron un haiku
                          en el paraguas
       

Temblor callado.
Dos zapatos con frío
reclaman dueño.

sábado, 17 de enero de 2015

LA POESÍA EN EL AULA


La generación del 50
para niños y jóvenes
Edición de  Juan Carlos Sierra
Ilustraciones de Juan Pedro Esteban Nicolás
Ediciones de la Torre, Madrid, 2013.

POETAS EN EL AULA
 
   El afianzamiento de la Generación del 50 como eje de coordenadas de la tradición poética actual ha prodigado todo tipo de aproximaciones críticas, homenajes multitudinarios, tesis doctorales y monografías. Faltaba introducir el legado de aquella promoción irrepetible, que iluminó la segunda mitad del siglo XX,  en los centros educativos de Primaria, Educación Secundaria y Bachillerato. Y este es el propósito del volumen  La Generación del 50 para niños y jóvenes, una compilación antológica realizada por el profesor Juan Carlos Sierra, con ilustraciones de Juan Pedro Esteban Nicolás.
   La nota inicial advierte que la introducción tiene un carácter  técnico y está dirigida a un público con nociones literarias básicas. En el liminar se plantean algunas cuestiones previas como el concepto de generación o grupo, los rasgos caracteriales que dan entidad colectiva a los poetas estudiados y el contexto histórico en el que se van consolidando los itinerarios personales.  
   El coordinador recurre a la aportación colectiva centrada en la Escuela de Barcelona, aquel grupo vitalista que formaron José Agustín Goytisolo, Carlos Barral, Jaime Gil de Biedma, Alfonso Costafreda y Gabriel Ferrater que fue adosando otras voces, como Ängel González, José Manuel Caballero Bonald y José Ángel Valente, para dar crédito a una hornada abierta y plural. Añade algunas apuestas personales como Gloria Fuertes, acaso la poeta más conocida por el mundo infantil por sus sonoras rimas y sus intervenciones en la televisión; y junto a Gloria Fuertes otras sendas singulares como  Francisca Aguirre, cuya entidad poética ha estado muchos años en la umbría, o el gaditano Fernando Quiñones.
   Se emplea el orden alfabético en la selección de una docena de poetas que, de este modo, se abre con los poemas de Francisca Aguirre y concluye con las composiciones de José Ángel Valente. De cada autor representado se incluye un apunte biográfico y una decena de poemas. El conjunto cuida que las composiciones tengan una dicción coloquial, estén protagonizadas por un yo verosímil que aglutine intimismo y verdad histórica y muestre un venero de preocupaciones solidarias como la reivindicación de los sentimientos, la queja ante el clima de opresión de la dictadura o el latido del tiempo.
   Ya se ha dicho que la pretensión principal del antólogo es introducir los versos de autores fundamentales en el clima diario de las aulas de los primeros niveles educativos. Una iniciativa que se suma a la labor callada de un profesorado desbordado por las brumosas programaciones educativas y por la subordinación de los estudios humanísticos al tsunami tecnológico y es precisamente ese profesorado el mejor receptor de un libro didáctico, manejable y cordial que quiere hacer de la poesía un paisaje lúdico y visitable.





jueves, 15 de enero de 2015

miércoles, 14 de enero de 2015

MARÍA JOSÉ COLLADO. AÚN LA LUMBRE

Aún la lumbre
María José Collado
Poesía en Tránsito, Ediciones en Huida, 2014
AÚN LA LUMBRE

  Los versos de Tomás Segovia, que sirven de punto de partida al poema homónimo “Aún la lumbre”, iluminan sobre la filosofía escritural de esta obra:: “Trayendo de muy lejos hasta su centro mismo / alguna lumbre en la mirada”. Se recupera una idea fuerte de nuestro legado: el devenir existencial como tránsito continuo en el que cada identidad acumula pasos y despojamientos hasta convertir la senda personal en un recorrido, hecho de contraluces. Como argumentara José Manuel Caballero Bonald, somos el tiempo que nos queda; pero hay que seguir porque, a pesar de que no hay regreso, la esperanza perdura y es un fiel compañero de viaje que nos concede su resplandor.
  Esta meditación sobre lo vivencial que alienta en la poesía de María José Collado tiene sensibilidad machadiana y voz natural. Son rasgos que no pasan desapercibidos para el prologuista, José María Laguna, quien alude también en su preámbulo al intimismo y a la riqueza metafórica. Con claridad figurativa, los argumentos llegan hasta el interlocutor con el sonido tranquilo de la confidencia, ajenos a cualquier queja melodramática. Los versos descubren un mapa iluminado por la nostalgia. Los ciclos estacionales se repiten y van esbozando trazos remozados con una paleta cromática crepuscular; la voz del hablante verbal insiste en enunciar cualidades en las que se refleja una estética de erosión y desgaste; caligrafía del tiempo hecha con los caracteres de quien percibe que lo cotidiano es transitorio y está destinado a ser un puñado de ceniza fría, aventado en el aire de la tarde por la brisa del tiempo.
  Así se van enlazando las secuencias que percibimos y que, a través de nuestros sentidos, se convierten en realidades interiores, emotivas postales que reconstruyen la mitigada respiración de lo caduco.  Los poemas, breves y, sugerentes, acogen las señales de una luz fatigada de las que se alimenta la nostalgia. Queda su estela en el poema “Enmarcada tarde”, una de las piezas más sugerentes del conjunto: “Encendida la tarde juega / en los hierros del puente, / el aire arremolina hojas / y papeles, geometría azul / el vuelo de los pájaros. / En el horizonte naranja, / travesía de barcos, / ancianos poetas anclan / Sus ojos en los rizos del azua, / esquivos como peces…”;  sutil escritura de una mirada insistente.
  Como amarillos fotogramas, los poemas de María José Collado dibujan nuestro desplazamiento por un mapa de ruta, hecho de ilusiones y sueños. Íntimas palabras de una introspección con amplia capacidad descriptiva  que guarda en su seno las señales del tiempo.

 

 

 

 

 

martes, 13 de enero de 2015

EN BUENA COMPAÑÍA

En buena compañía (Librería La Central, Reina Sofía, Madrid)
Fotografía Javier Cabañero

EN BUENA COMPANÍA

   Vuelvo mirar el hueco del pasado. El sitio más valioso que tuvo mi habitación en la residencia de estudiantes de Santo Tomás fue una balda horizontal de madera de pino. Allí dormía firme mi escueta biblioteca juvenil: los primeros libros de poesía ( con la fecha anotada de cada lectura en las hojas de cortesía) y varias novelas de segunda mano, destinadas al intercambio veloz con otros estudiantes.
   La lectura era entonces un asunto esencial y así ha seguido siendo durante cuatro décadas. Mis páginas y yo seguimos de la mano, en medio del invierno. Con ellas no existe el vacío ni crecen los muros de la soledad.  

lunes, 12 de enero de 2015

JOSÉ MANUEL BENÍTEZ ARIZA. PANORAMA Y PERFIL

Panorama y perfil
José Manuel Benítez Ariza
XXVIII Premio Unicaja de Poesía
Colección DKV, Jerez, 2014

PANORAMA Y PERFIL
 
    Editado en 2007 por Renacimiento, el volumen Casa en construcción aglutinaba un representativo perfil poético de José Manuel Benítez Ariza (Cádiz, 1963), autor plural, poco proclive al estar ocioso, que recorre ficción narrativa, traducción, relato, autobiografía y ensayo crítico. Este camino múltiple suma un paso nuevo en 2010, cuando amanece el libro de poemas Diario de Benaocaz, y encuentra continuidad en su obra Panorama y perfil, una hermosa entrega de Libros Canto y Cuento.
  La tarea poética es una caligrafía de interrogantes, un insistir de la pupila imprecisa en el lindero de un horizonte abierto; rescato aquel temprano viaje a la razón de ser de su escritura que el gaditano, todavía veinteañero, escribió en La poesía más joven, una inmersión en la década del ochenta, coordinada por Francisco Bejarano: “Mis poemas cuentan cosas. Que este carácter sea impropio o no de la poesía es algo que no me importa demasiado. Para evitar confusiones, conviene recordar que el hábito humano de contar tiene poco que ver con lo que la literatura define como narrativa”. De la apuesta por el poema como un mapa de ruta argumental que avanza, con sosiego y lucidez, hasta la línea de llegada nace una lírica narrativa y conversacional, abierta a la contingencia del presente y protagonizada por un conversador reconocible, con afinidades con el yo biográfico. Este ideal expresivo se ha mantenido con natural coherencia, de tal modo que si rescatamos versos de Las amigas o de Malos pensamientos no hallaremos disonancias graves con las composiciones de Diario de Benaocaz o de Panorama y penumbra, logros maduros que encajan como piezas centrales en una evolución pautada y unitaria.
   Inicia Panorama y perfil la serie “Cuaderno de campo”, una meditada contemplación del sitio donde la mirada vaga por las aceras del ensimismamiento. En él encuentran asiento el intimismo y el apunte biográfico;  trascienden la anécdota y dejan su reflexión sobre la lógica de lo transitorio, siempre cargada de sugerencias. El pensamiento concede a las cosas una nueva epidermis, otro plano de realidad que busca permanencia. La escritura se convierte en respuesta: “Que en la noche mi cuerpo se compacte / en una masa opaca de rumores. / Apenas sensitivo, sí,  / pero con todas y cada una /  de mis terminaciones nerviosas / dispuestas a sentir / la ilimitada variedad del mundo. / Y sin moverme de mi centro”.
    En el sitio callado del espejo, el poeta encuentra los rasgos de su autobiografía; una descripción nada complaciente, que huye del ruido de la épica. La voz suena con el punto de ironía de quien busca entenderse en su exacta medida, entre afectos que manan de un vitalismo nostálgico –qué emotivo el poema “padre”- y soportando el ruido del tiempo, desde la infancia hacia el gris de la derrota. 
   Sirve de coda una poética hecha en la biblioteca. Cada voz se afianza bajo el árbol de la tradición, aglutinando trazos divergentes que se amalgaman en un patrimonio común. Están Celaya y Juan Ramón Jiménez, MacLeish  y Huidobro, y está el secreto de quien sabe que la buena poesía siempre guarda su misterio intacto. Esta salida de José Manuel Benítez Ariza tiene una nervadura metafísica de aire clásico. En ella se reencuentra con sus incertidumbres, con la esencia de un tiempo estricto y paradójico, con olor a nostalgia.

domingo, 11 de enero de 2015

PARADOJA

Azul
 
PARADOJA
 
                                          Para María José Collado
 
 
Los ojos claros
soportan mal la luz.
Prefieren sombras.