domingo, 9 de abril de 2023

CONVIVENCIA

Faro de Trafalgar
(Caños de Meca, Cádiz, 2023)
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana

 

 CONVIVENCIA

 

   Nunca tuve conmigo una convivencia fraternal. Solo la compañía contingente de quien se desplaza con los mismos pies. Juntos aprendemos a no huir de nosotros mismos y a cubrir a diario necesidades básicas. No me doy tregua. Soy un faro que habita en el perfil de mi costado. Tallado por la lógica, el tiempo nos iguala con un argumento funcional: sin mí estaría más solo.

(De Cuentos diminutos)






sábado, 8 de abril de 2023

APUNTES DE SUPERVIVENCIA

Apuntes de supervivencia
La poesía de José Luis Morante
Edición de Luis Felipe Comendador
Selección y estudio introductorio de Antonio Gutiérrez Turrión
Los Cuadernos del Sornabique, nº 5
Béjar, Salamanca, 1997

 
ADVIENE LA TERNURA  A LAS ESTATUAS

Los domingos
advienen las estatuas
a sus probas lecciones de de ternura
vistiendo tafetanes
de líquenes y musgos.
Miran los desarmados uniformes,
recolectan pronósticos de tiempo,
posan con provincianos y parejas,
nos sonríen con gestos de gioconda
cuando el flash  se dispara,
comen pipas y chicles
y alquilan, sin reparos, las palmas de sus manos
a ua fauna diversa, pero mínima.
Adelantando el índice componen
profusos pentagramas de zureos.
En los ocres repliegues del crepúsculo
son ungidas con lluvia
y ofrendan una lágrima a los cielos
desde las fuentes secas de sus ojos.

    (De Rotonda con estatuas, 1990)


martes, 4 de abril de 2023

NOTAS DEL DIARIO

TERTULIA 
(MADRID, 2008)

 NOTAS DEL DIARIO


La tarde junto al álbum. Cuando percibo intereses oscuros en la cercanía afectiva, el ánimo baja a las profundidades del gris. Para salir a superficie conviene recordar el envés de la sombra. Un tiempo de maravillosa complicidad afectiva y literaria con gente tan inolvidable como Félix Grande o Joan Margarit. 

Me pidió una opinión crítica sobre su primer poemario y yo, que conozco el riesgo que genera siempre el ego desaforado, claudiqué a mis prevenciones, leí el poemario dos veces y elaboré un amplio informe, siempre dentro del máximo respeto. El poeta joven se hizo invisible, nunca más; ay, nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar, que es el Nobel.

Insufrible la bulimia editorial de algunos amigos; cada libro es una grieta más en la decepción.

Las jornadas literarias de Rivas han sido un éxito de público y, sin embargo, han asistido muy pocos escritores de la localidad. Una paradoja que pone bajo sospecha la generosidad hacia la literatura del otro.

(Notas del diario)


 

 

domingo, 2 de abril de 2023

ACERCA DEL SUEÑO

La puerta de los sueños
(Madrid, 2021)
Fotografía
de
Rosa María Hernández Costa

ACERCA DEL SUEÑO                         

                     a mi hija Irene
  
I
      
Qué es el sueño, preguntas,
con la abrumadora ingenuidad
de quien me presupone una respuesta.
Y yo salvo el escollo
modulando una frase convulsa
en la retórica de los desconciertos.
Te digo: el generoso don
que la fatiga obtiene de la noche,
una brizna de luz escalando la sombra,
el envés de una historia
cotidiana y absurda;
tú misma, hija mía,
cada palabra tuya, cada gesto.
No sé si el sueño
es potestad del hombre
o comparten los sueños animales y cosas.
Ignoro de igual modo qué hilo teje
su textura de seda,
qué alzada confabula
su hermética apariencia
o qué brújula guía
la estela de sus viajes.
Sé que hay sueños tristes y gozosos,
oscuros y diáfanos,
ocasionales y obsesivos;
sé también que hay sueños tan hermosos
que el tiempo los indulta y perseveran,
y no envejecen nunca.
 
 
II
 
              A mi hija Ana

Hay sueños que una noche
consumen su existencia
y otros que se prolongan con los días.
Simulan los primeros
una especie común de lepidópteros
y acaban siendo pasto
del trastero y del polvo,
como un experimento vanguardista.
Levísimos planetas alumbran los segundos,
como estrellas fugaces que convocan
múltiples y azarosas travesías.
Ante nuestra mirada sus figuras componen
un paisaje celeste,
intangible materia en sereno reposo,
donde habita la luna del deseo.
 
                                        

                      (Ahora que es tarde, La Garúa, 2020)


sábado, 1 de abril de 2023

DANIEL ZAZO. LAS MANZANAS DE IDUNA

Las manzanas de Iduna
Daniel Zazo
Editorial Páramo
Valladolid, 2023

 

CONTRA EL TIEMPO

 
   Daniel Zazo (Ávila, 1985) ubica como umbral de su cuarta entrega poética Las manzanas de Iduna  una compilación paratextual que comparte un territorio reflexivo común: el fluir del tiempo como inexorable presencia de la condición existencial y sus efectos secundarios. Ya en el tramo creativo anterior, el que conforman las salidas Que ardan los fuegos (2017), La periferia del deseo (2019) y Singladuras (2021) la temporalidad y su parco proceso de disgregación era uno de los veneros argumentales básicos, junto a la mirada introspectiva y el compromiso con el yo colectivo.
   El título Las manzanas de Iduna acoge un referente cultural que, en nota introductoria, Daniel Zazo clarifica de inmediato. El poeta recuerda que Iduna es un sujeto ficcional incardinado en la mitología nórdica. Es la esposa del dios Bragi y la personificación del ciclo temporal de la primavera como amanecida de fertilidad y renovación. Su tarea es custodiar las manzanas que conceden a los dioses eterna juventud y paralizan el declive físico, haciendo que su fruto sea alimento nutricio y garantía de inmortalidad.
   Desde esta reivindicación de permanencia de un yo poético que aspira a vencer los efectos del estar transitorio, los versos de “Álbum de fotografías” alojan un retorno al pasado. Confían en el claro propósito enunciativo de la evocación. Los poemas construyen un mapa de recuerdos que entrelaza emotivas presencias, apenas desgajadas de sus actitudes y gestos. Retornan la mano hospitalaria de la abuela y un yo diáfano y auroral, con ojos de niño, que se asoma a la existencia y comparte el latido de los días en un cálido entorno familiar. Son provisiones necesarias para nutrir una biografía de experiencias y sensaciones, de instantes que conforman el aprendizaje sentimental.
  Por tanto, Daniel Zazo recupera identidades conectadas a la biografía afectiva, como si su regreso tuviese una función terapéutica, capaz de reconciliarnos con el lenguaje del tiempo y su itinerario de pérdidas. Asomarse al pasado es convertirse en pasajero de un largo tránsito en el que conviven imaginación y realidad: lo transitorio y el deseo de subvertir anclajes del reloj.
  En ese largo recorrido por la memoria, el figurante verbal encuentra la compañía inefable del amor. Supone la firmeza de un suelo que hace del cuerpo canto, celebración y la esperanzada euforia del comienzo: “He vuelto a aquel tiempo donde todo era primicia, / acertijo en los labios de la esfinge, / pólvora y química, fasto y pirotecnia, / pero al regresar, ni rastro de aquella lumbre, / el incendio dejó paso a una nube de pavesas”. Indagar el transitar de las horas es reconocer en el espejo los cambios azarosos del derrumbe en el vaivén de los días. Queda la huida, el acto de negar que es inevitable el deterioro; la esperanza tal vez de partir al alba.
    La cercanía de la intemperie aconseja ignorar el quehacer de los relojes. En el apartado central “AS TIME GOES BY” se indaga sobre el eterno afán de la juventud, ese empeño en comer las manzanas de Iduna para que el hábitat del ahora sea un tácito acuerdo con lo permanente. Si los afectos del fruto son incansables estímulos, Daniel Zazo aloja en sus versos un prolijo inventario de asuntos culturales: el cine, los libros y el viaje son reflejos en los que se asoma el diáfano cristal del entorno.
   En el cuaderno del poema queda también la sombra de la historia y esas precisas ubicaciones que permanecen suspendidas en los hilos del discurrir: “Sé que hay gritos que esquivan la ley de la gravedad, / y amarrados en las costuras de la historia / permanecen suspendidos en el umbral del tiempo”. Queda también la semántica fuerte de acoger el  propio destino suspendido en la línea de horizonte, entre la esperanza y el desencanto. Como dice el poeta, en el repliegue: “Vivir es sostener y soltar. / Eso es todo. / Parece sencillo / pero entre estos dos verbos / oscila el sentido de la vida”.
   Como apartado final Daniel Zazo deja en “Reloj sin manecillas” la idea simbólica de un artilugio limitado, sin cuerda, incapaz de medir las convulsiones inagotables del tiempo. Parece indeclinable sepultar en las manos la sombra y el silencio, los escombros del hecho de vivir. El tiempo, fuerte león dormido, nos diluye y moldea a su antojo y las posibilidades de resistencia son un duro trabajo prometeico, pese a las convicciones personales y a la terca energía emotiva. Quien habla confiesa que ha vivido, pero pagó un precio.
 
JOSÉ LUIS MORANTE



 

  

viernes, 31 de marzo de 2023

EN EL DESGUACE

Más fuerte que el hierro...


 


herrumbre y óxido
duermen en el desguace;
grietas del tiempo.

                 (Inédito)






jueves, 30 de marzo de 2023

GUILLERMO MARCO REMÓN. PERDER EL TIEMPO

Perder el tiempo
Guillermo Marco Remón
Editorial Isla Elefante
Palma de Mallorca, 2023

  

LA VOZ DE LOS RELOJES

 

   La trayectoria poética de Guillermo Marco Remón (Madrid, 1997), Ingeniero y doctorando en Inteligencia Artificial, se dio a conocer con el consistente poemario Otras nubes, accésit del Premio Adonais de 2018.  En su avance por la literatura, ha participado en revistas y antologías que muestran su evolución pertinente y en 2023 es becario de la Residencia de Estudiantes de Madrid.
  El poeta revitaliza su nueva entrega Perder el tiempo con dos nombres de peso, Lucrecio y Fernando Pessoa. Las citas reivindican el afán observador del sujeto y su continua percepción de lo mudable, como si fuese necesario  adentrarse en recorridos indagatorios, desde la realidad inmediata, para llegar al conocimiento interior, a los sustratos que componen la identidad del yo. Un hablante verbal íntimo, cercano, confidencial, que hace de su palabra, como refrenda con hermosa textura el poema prologal “Resumen”, un espacio abierto; la existencia es reiterar pasos y erosiones, asumir que la orfandad del solitario es desbroce y poda, depuración emotiva y que conviene interiorizar la certeza de que lo cotidiano filtra una continua despedida.
  En cada ser habita la extrañeza, una multiplicidad de estados que va perdiendo contornos en el devenir. Son los pliegues del discurrir, o como refrenda el título de la sección inicial: las “Maneras de relacionarse con el tiempo”. En Guillermo Marco Remón queda patente que la contingencia es una referencia temporal definitoria. Añade al registro conversacional instantáneas cotidianas, nombres propios,  imágenes de la memoria que anulan la soledad y el desamparo de estar con el latir del tiempo. Se plasman en los poemas secuencias íntimas, alusiones tamizadas por el transitar, no con un mero afán enunciativo sino con ese punto de asombro connatural a lo cotidiano que pone ventanas a la imaginación.
  La poesía admite la participación activa del lector que completa el poema, como sucede en “Paternalismo”, un texto que admite varias versiones al rellenar los huecos que el autor deja en los versos. Hay palabras que nacen entre la sombra, que buscan habitar la ausencia con la desnudez pactada del intimismo. El paisaje se interioriza y crea su propio espacio interpretativo para servir de marco a instantes memorables del pasado; contemplar es apropiarse de colores y formas, buscar itinerarios visuales con una orientación pactada.
   La amistad y el amor confluyen como continuos vértices de reflexión, como nidos de indagaciones y paradojas que en su hondura poética acercan el caminar biográfico y las tramas argumentales. El cauce vivencial está ahí, frágil y amarillento como una hoja otoñal. Exige reflexionar sobre la propia escritura, como aseveran los versos del poema “Huyendo de la crítica”: “Y sigo caminando mientras doy vueltas… si habré hecho bien en abandonar toda formalidad, / en tender hacia la prosa, / en disfrutar de las rimas espontáneas y feas y precisas, / en haber mitificado la juventud siendo un niño viejo, / en fingir pessoanamente tanto lo que soy”.
   Desde Otras nubes hasta Perder el tiempo la voz poética de Guillermo Marco Remón ha perdido carga sentimental en la reelaboración del periplo existencial y se ha decantado más por la autoafirmación del hablante lírico, por la fuerza de una voz hecha desde la lucidez y la indagación interior. Por eso los textos necesitan un mayor desarrollo enunciativo y un espacio digresivo. Se fue un tiempo auroral y cada vez queda menos de la infancia. Quien se mira en la caligrafía confidencial del diario apenas se reconoce y se cambia el hábito de jugar por las tareas cotidianas; pasó la juventud y entre los pasos del silencio fue madurando una poblada cosecha de certezas que concede al tiempo el primer plano, una continua presencia substancial.
  El breve conjunto “Un domingo a solas” focaliza el tiempo en mínimos objetos cotidianos; la silla no cobija, es una incógnita que exige buscar la postura y responder a las preguntas de la convivencia. Cada vez se hace más fuerte la sensación de soledad e intemperie, ese cálido hueco de la ausencia que invita al estar sedentario.
  El amor, con sus matices de nostalgia, evocación y melancolía, cobra un primer plano en “Me quedaría aquí” para buscar aquellos destellos a resguardo del primer beso o de las instantáneas que cobija el recuerdo y que salen al aire como una cometa en vuelo. Pero el tiempo dispone su estrategia y convierte el suelo fértil de los sentimientos en un lugar donde habita el olvido. La realidad se llena, tras el quedo rumor de las palabras, de una historia en pasado, de un texto con erratas que solo el tiempo puede corregir.
   Queda la ausencia, un aire frío que entumece las manos y que pone en las palabras el epitelio de la despedida. Recordar es una manera de dar sentido al regreso, de pensar que todo sucedió en un ayer lejano, en el terreno yermo de un estar compartido. Perder el tiempo hace de la escritura evocación y olvido. Una ventilación del cuarto propio que puso briznas consumidas en las estanterías para que las palabras se ordenaran y aprendieran a caminar a solas.
 

JOSÉ LUIS MORANTE