miércoles, 4 de marzo de 2015

Una conversación con SUSANA RIVERA

Susana Rivera, junto al retrato de Ángel González


Una conversación con SUSANA RIVERA


Conoció a Ángel González en Albuquerque, donde fue su alumna en la Universidad de Nuevo México,  y durante décadas Susana Rivera mantuvo con el poeta una intensa relación personal. En 1993 se casaron. Esta conversación recupera el itinerario biográfico común y valora el legado literario de un escritor de amplio magisterio.

JLM.- Albuquerque sin Ángel. Otro tiempo distinto en el que usted sigue ejerciendo como profesora en el departamento de español de la Universidad de Nuevo México. Frente al espejo deformador del tiempo, ¿se ha mantenido la presencia poética de Ángel González?

SR.-Yo creo que los grandes artistas nunca mueren aunque desaparezcan físicamente, y la presencia poética de Ángel González se ha mantenido constante tanto aquí como en España, e incluso en otros países. Aquí, en Albuquerque, le hicimos un gran homenaje a los pocos meses de su fallecimiento en el Instituto Cervantes, y otro en la Universidad de Nuevo México en el 2012. De alguna manera u otra lo incluyo en todas mis clases, por supuesto en las de poesía, pero también en las de narrativa o cine, y ha suscitado tanto interés que varios alumnos me han pedido que diseñe un curso dedicado exclusivamente a él y su tiempo, en eso estoy. Albuquerque, en muchos sentidos, tiene mucho Ángel.

JLM.- Usted preparó en 1988 una antología sobre un trayecto que los críticos suelen fragmentar en tres etapas, la inicial, más proclive al realismo crítico y al uso de la ironía, una segunda etapa elegíaca y la última, marcada por el intimismo y la temporalidad. ¿Comparte este análisis crítico?

SR.- Sí, sí, esas tres etapas definen acertadamente la trayectoria de Ángel González. El componente crítico es un producto de las circunstancias históricas que lo definieron, la guerra civil y la dictadura muy especialmente, y son una evaluación moral, ética, de sus vivencias en ese clima hostil, propicio al odio, que contradice su cosmovisión. La ironía era un recurso para eludir a la censura o impedir caer en el sentimentalismo. Me divierte su explicación de este procedimiento:“La ironía me sirve para marcar la distancia que me separa de él [se refiere al “personaje poético” que lo sustituye en sus poemas]. A veces trata de engañarme también a mí, pero no lo consigue nunca; sé que su verdad es el reverso de mi mentira, y yo lo trato como a uno de esos muñecos de magia negra, a quienes los brujos clavan alfileres para producir dolor en sus enemigos. Lo que ocurre es que, en vez de clavarle alfileres, yo se las quito”. El tono elegíaco e intimista se percibe en toda su obra, los versos “Te tuve/ cuando eras/ dulce…” abren su primer libro, pero se acentúa a medida que el viajero va imaginando ya el final del camino cuando todo se convertirá en deixis en fantasma.

JLM.- En la obra abundan los poemas amorosos. ¿Qué sensaciones le depara esa celebración de la vida y lo emotivo?

SR.- Me gusta mucho la formulación de su pregunta que destaca la “celebración de la vida” unida a los poemas amorosos. Ángel tiene fama de pesimista, pero no lo era, aunque sí es cierto que pasó por momentos pesimistas; creo que haría suya una frase de Saramago, “No es que sea pesimista, es que el mundo es pésimo”. Creía, como Bécquer, que el amor es “la suprema ley del universo; ley misteriosa por la que todo se gobierna y rige…”. La palabra al que se refiere en el título de su obra completa, Palabra sobre palabra, es “amor”.  En el poema que abre la sección con ese mismo título del libro Grado elemental, dice:

Igual que un pájaro
salta desde una rama,
de ese modo
surgió en el aire limpio de aquel día
la palabra:
amor.
Era
suficiente.

Y hacia el final proclama:

La palabra fue dicha para siempre.
Para todos, también.

Ángel hubiera preferido no tener que escribir algunos de sus poemas críticos más célebres aunque decayera su fama, por ejemplo, “Inventario de lugares propicios al amor”, donde empieza afirmando que “son pocos” debido a la opresión que lo rodeaba. Hubiera preferido enfocarse en la luz que ilumina la belleza de un mundo bien hecho sin verse obligado a denunciar las sombras que lo oscurecen. La imagen de la figura amada es un símbolo de esa luz que nos salva incluso de la muerte, como dice en el poema “Inmortalidad de le nada”:

Todo lo consumado en el amor
no será nunca gesta de gusanos.


Abandona cuidados:
lo que ha ardido
ya nada tiene que temer del tiempo.

Creo que los poemas amorosos son los que mejor definen la esencia de Ángel González, son los que reflejan su idealismo, retratan el mundo en el que le hubiera gustado vivir.

JLM.- También ha editado las colaboraciones periodísticas en el libro Cincuenta años de periodismo a ratos y otras prosas. ¿Qué importancia tiene esta faceta, tan poco conocida, en la obra del escritor?

SR.- Creo que en esos textos se pueden apreciar más desarrolladamente algunos de los temas que a Ángel más le preocupaban y que sólo se insinúan en los poemas, y por lo tanto añaden algo al perfil literario y humano del poeta. Se puede columbrar también cómo su obra va evolucionando hacia una escritura más personal que se vislumbra ya definitivamente en su poesía. Especialmente interesante me parecen las notas de ironía, a veces mordaz y agresiva, que aparecen desde el principio y que persisten cuando ya se habían atenuado en su obra lírica. Sobresale además el humor y el ingenio desenfadado. Elpoeta Fernando Valverde escribió su tesis sobre esta faceta de Ángel, ojalá la amplíe y publique como libro.

JLM.- Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez y el grupo poético del 27 coparon los estudios críticos del poeta. ¿Se pueden añadir otros magisterios relevantes?

SR.- Sí, sus grandes amigos y maestros Gabriel Celaya y Blas de Otero de los que destacó su postura ideológica y el uso del lenguaje coloquial convertido en arte. También estudió a Rubén Darío, y aunque nunca haya escrito sobre él, las clases que ofrecía sobre César Vallejo eran brillantes.

 JLM.- Víctor García de la Concha, tantos años presidente de la Real Academia, resumió en tres palabras la personalidad de Ángel González: poesía, amistad y música. ¿Refrenda esos elementos o prefiere otros?

SR.-Yo cambiaría amistad por solidaridad porque abarca un territorio mucho más amplio e incluye el amor en todas sus modalidades. Bonhomía también lo definiría a la perfección. Ángel creía vehementemente que la poesía podía cambiar el mundo para bien, pero no en el sentido en que decía Celaya, sino porque pensaba que a través de ella se podía modificar nuestra percepción del mundo, y por lo tanto, en cierta manera, cambiarlo. La música trasciende el placer que produce escuchar una bella melodía para convertirse en el eco de la armonía de las esferas que suena incesantemente, y así se convierte en metáfora de la eternidad.

JLM.- Acaba de comenzar andadura la cátedra Ángel González en la Universidad de Oviedo, y lo hace con una magnífica revista dedicada a difundir el legado literario del poeta y de su generación. ¿Qué opinión le merece esta iniciativa?

SR.- La cátedra lleva ya dos años en marcha y estoy contentísima con el trabajo que ha realizado hasta ahora, y estoy segura que con el tiempo irá a más. La directora, Araceli Iravedra, gran conocedora de la obra de Ángel y de su generación, junto con Leopoldo Sánchez Torre, especialista también en la poesía de esa época, y Vicente Domínguez, vicerrector de Extensión Universitaria de la que depende la Cátedra, están desarrollando una labor con gran seriedad y profesionalidad, y muy importante, respeto a Ángel. Me encanta sobre todo que estén organizando actividades por toda Asturias, sé que a Ángel le gustaría también porque como dijo en el poema “A la poesía” él quería sacar la poesía a las calles:

Ya se dijeron las cosas más oscuras.
También las más brillantes.
…………………………………….
Ahora,
tan bella como estás,
……………………………………
Quiero tomarte
……………………………………
Y sacarte a las calles,
despeinada,
ondulando en el viento
--libre, suelto, a su aire—
tu cabello sombrío
como una larga y negra carcajada.

 Creo que Ángel y su obra están en buenas manos, en manos de personas motivadas únicamente por el amor al arte, confío en que van a hacer lo posible por mantenerlo siempre presente.

JLM.- ¿Percibe la influencia de Ángel González en la poesía más reciente?

SR.- Muchísimo, no hay ninguna duda de que ha pasado un Ángel… González por la poesía española. A mí, personalmente, me interesa sobre todo la influencia sutil y profunda que revela una asimilación de su quehacer poético y forma de aprehender el mundo. Me gusta mucho la manera en que José Luis Piquero explica cómo se hizo poeta gracias al ángel de Ángel: “El poeta que yo iba a ser recibió su impulso definitivo con aquellos textos llenos de inteligentes aristas que velaban un fondo de profunda delicadeza. En ellos comprendí la importancia del compromiso de la escritura… He escrito poesía porque en el momento preciso, en un momento sensible de un aprendizaje del que podía salir algo o no haber nada, leí unos poemas que contenían algo crucial: la intuición de unas pocas verdades perdurables, el modo de nombrarlas, la necesidad de cada palabra”. Destaca “la complejidad de su obra, la hondura emocional y riqueza estilística que escondía su aparente sencillez, la capacidad de ‘decir’ la realidad en toda su entereza”. Y aprendió de él que “Se podía usar el lenguaje de la calle, hablar de lo directamente cotidiano, poner el dedo en la llaga sin alzar la voz”.

JLM.- La edición póstuma de Nada grave recogía composiciones inéditas. ¿Hay posibilidades de que exista todavía obra  sin editar?

SR.- Casi todos los poemas de Nada grave se publicaron antes en revistas. Contrario a lo que se dice en la nota introductoria Ángel había dado por cerrado el libro y lo iba a enviar a Tusquets, pero la muerte nos lo arrebató antes de que pudiera hacerlo. Estaba escribiendo un Almanaque en un tono muy juguetón e ingenioso, los nueve poemas que tenía completos se publicaron en Cuadernos Hispanoamericanos y creo que sí deberían recogerse, podría ser un libro ilustrado precioso. Yo creo firmemente en lo que dijo W.B. Yeats, “Accursedwhobringsto light of daythewritings I havecastaway”. Si aparecen más textos habrá que meditar muy cuidadosamente y consultar con especialistas antes de darlos a la luz, yo tengo “la obligación moral de ser inteligente” (Lionel Trilling).

JLM.- Quiero acabar esta entrevista agradeciendo esta mirada a la obra poética de Ángel González desde los ojos privilegiados de Susana Rivera; un placer extraordinario este diálogo. Muchas gracias.

SR.-Y yo le quiero agradecer a José Luis Morante esta oportunidad de reflexionar sobre Ángel, es lo que más me gusta.
Susana Rivera, entrevista inédita, 4 de marzo, 2015
  

10 comentarios:

  1. Recuerdo que, siendo adolescente, cuando saqué mi primer libro de Ángel González de la biblioteca, apenas tuve tiempo de hojearlo sentado en las escaleras del instituto antes de una clase. Pero cómo sería ese momento, lo poco que pude leer, que, luego, en clase, fingiendo tomar apuntes, escribí un poema (muy malo, claro), una especie de poética en la que pasaba revista a los poetas que había leído hasta ese momento, y cuyos versos finales aún recuerdo: "Mañana leeré a Ángel González / y tal vez mi poesía será distinta". Y lo fue.

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    1. Querido José Luis, tu poesía es distinta desde siempre, no sé si gracias a Ángel González o gracias a tu talento. Yo he encontrado en cada uno de tus libros felicidad y compañía, incluso en poemas hechos de dolor y desasosiego. Y esa felicidad también se prolonga ahora, con tu comentario. Gracias, José Luis, seguimos cerquita siempre: en los afectos y en la literatura. Abrazos a Eva y otro grande para ti.

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  2. Agradezco que hayas publicado esta entrevista, creo que te comenté en una ocasión lo que me gustaba Angel González, al que tuve la suerte de conocer aquí en Córdoba.
    Ha sido una manera de acercarnos más a él, ahora que no está entre nosotros.

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    1. Querida Tracy, Ángel González siempre está palabra sobre palabra y esta conversación con Susana Rivera me permite recuperar aspectos de su biografía que dan un poco de luz a sus poemas. A mí también me encanta Ángel González, con quien comparti jornadas memorables. Un fuerte abrazo.

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  3. Esta entrada es muy ilustrativa. Ayuda a perfilar el personaje: saber más del poema gracias al conocimiento del poeta.

    Gracias José Luis.

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    1. Querido José Antonio, sabes que cada itinerario poético se cimenta en un puñado de nombres propios. Muchos de los míos pertenecen a la generación del 50. Allí estaban Jaime Gil de Biedma, Claudio Rodríguez, Goytisolo, Ángel González... Sin sus voces el siglo XX sería cine mudo. O casi. Un abrazo.

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  4. Extensa y sustanciosa conversación. Y muy ilustrativa. Siempre es una delicia volver a la palabra de Ángel González, grandísimo poeta y, no cabe duda, excelente persona.

    Un abrazo.

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    1. Yo creo, querido Antonio, que Ángel González pertenece a una generación irrepetible. Y en su voz no hay ninguna impostura sino el paso firme de un gran hombre. Susana Rivera ha respondido con el verbo emotivo de quien conoce el itinerario en cada pliegue y estoy contento con el resultado. El poeta sigue entre nosotros. Un fuerte abrazo.

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  5. Gracias por compartir José Luis esta interesante entrevista. Me ha descubierto cosas que no sabía. Un abrazo

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    1. Susana Rivera es una conocedora esencial del legado literario de Ángel González. Sus respuestas son un acicate para seguir entre los versos del poeta, uno de los nombres centrales de nuestra lírica. Abrazos cordiales.

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