jueves, 28 de mayo de 2015

APUNTES SOBRE "NINGUNA PARTE"

Días en el aula, IES Duque de Rivas (Rivas-Vaciamadrid)

 LECTURA POÉTICA EN EL INSTITUTO
 
“ Porque la memoria es distraída, hoy quiero comenzar por el final, por anotar las deudas contraídas por mi libro Ninguna parte. Debo la respiración de sus poemas a Javier Sánchez Menéndez, poeta y editor, que abrió la ruta hacia La Isla de Siltolá. El instituto Duque de Rivas me acoge en sus aulas y en su biblioteca, quietud de libros, hospitalaria y cómplice, donde duerme la voz de tantos maestros. Hoy conmigo, en las aceras del afecto, mis alumnos de Educación Secundaria, que dan forma a una vocación docente sostenida y a un largo cauce de explicaciones que ha propiciado muchas horas de aprendizaje y conocimientos. Y naturalmente, mi deuda con todos los profesores que hoy me acompañan y dejaron en cualquier parte el gastado papel de las excusas para viajar juntos hasta los  paisajes de Ninguna parte. A todos, un abrazo de gratitud.  
  Nos pasamos la vida buscando lo que no está en Ninguna parte. Perseguimos la quimera de la felicidad, esas huellas en la arena que al final de trayecto nos dicen que la meta fue cada uno de los pasos hilvanados hasta el atardecer. Lo dijo Kavafis en verso memorable que todos recuerdan -Ítaca es el camino- y concede sentido a la amarga ceniza del adiós.
 “Patologías”, primera parte de este poemario, está invadida por el desajuste existencial; la erosión del tiempo en el entorno más próximo y en la propia encarnadura incrementa la dependencia de lo fisiológico; el desgaste nos convierte en seres vulnerables que hacen de la incomunicación una resignada espera en la que se va ratificando el final. La existencia, entonces, se torna oscuramente dramática y dispara el sentimiento de culpa.
  Mucho más optimista, el segundo bloque, “Deshielo”, hace del amor y la amistad una forma de estar en compañía y compensar carencias. Los sentimientos son hálito fundamental para seguir el viaje o para recorrer trayectos que mudan paisajes y afectos. Poemas para una habitación con luz.
  La existencia, como decurso temporal, conlleva una inevitable cesación. El epitafio no es sino la voluntad de seguir hablando cuando consumimos el turno de palabra que, de este modo, se convierte en rebeldía frente al silencio.
  Nunca entendí la poesía como algo misterioso e inefable, solo al alcance de iluminados que esperan la azarosa llegada de la inspiración. Creo en el trabajo intelectual que transforma lecturas y vivencias en expresión lingüística. Esta consideración del ideario poético está presente en el último apartado, “Y todo lo demás…”. Difunde impresiones sobre asuntos internos de la literatura: el mensaje, la expresión comunicativa, la distancia entre idea y logro, la identidad del yo lírico…Literatura.
  Pretendo que Ninguna parte, por su constitución interna, sea expresión fiel de una mirada de pautas crepusculares cuyo contenido mezcla imágenes y sentimientos. Son los ojos del ocaso, aunque no olvido que el anochecer siempre tiene un inseparable enlace con la amanecida, una íntima simbiosis. Nos quedan la palabra y la esperanza.
 
 

4 comentarios:

  1. Palabra y esperanza, imágenes y sentimientos.
    Una buena forma de empezar el día.

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    1. Hola Chisme, una alegría encontrarte en este viaje por la literatura y a ver si hay suerte y mañana te acercas con tu chica a la caseta 40 de la Feria del Libro, donde firmaré por la tarde. Sería una gratísima compañía. Abrazos.

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  2. Poesía clara y abrazante. Un gran libro que nos lleva no a ninguna parte, sino a la parte más nuestra, la poética.
    Un abrazo y siento no poder conocerte en la Feria del Libro y llevar mi ejemplar para que me lo firmes. Justo este fin de semana estoy fuera de Madrid.
    Eduardo Merino

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  3. Gracias por tu disposición, querido amigo; no pasa nada, cada libro es autónomo, firma su declaración de independencia respecto autor y espera en las estanterías la mirada dispuesta. De nuevo, gracias por tu cercanía y un abrazo.

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