domingo, 25 de octubre de 2015

JOSÉ BERGAMÍN. EL DUENDE MAL PENSANTE

El duende mal pensante
José Bergamín
Edición, selección y prólogo de
Gonzalo Penalva Candela
Cuadernos del Vigía, Granada, 2015

VER, OÍR Y NO CALLAR 

   Nacido en 1895 en Madrid, José Bergamín pertenece al grupo generacional del 27, que el mismo escritor prefería denominar grupo de la República. En él se adscribe como prosista y crítico más que como poeta, ya que su lírica durante mucho tiempo solo tuvo una dimensión secundaria y un reconocimiento menor. Su biografía es compleja; acumula etapas que postulan una posible interpretación de una obra tantas veces condicionada por el entorno histórico. La escritura del madrileño arranca en 1923 con el libro de aforismos El cohete y la estrella, al que suceden dos obras teatrales y los primeros ensayos. El advenimiento de la república impulsa su compromiso político; crea la revista Cruz y raya y es uno de los intelectuales más conocidos de la izquierda. Al término de la Guerra civil se exilia en México y no regresa a España hasta 1959; de nuevo debe abandonar el país en 1964 para establecerse en París. La muerte del dictador y el cambio de régimen acentúan su desencanto. Aunque vuelve a España su espíritu crítico se extrema y solo en el país vasco y en el radicalismo nacionalista encuentra comprensión y acogida. Muere en 1983.
   La selección aforística El duende mal pensante ha sido preparada por Gonzalo Penalva Candela, a quien debemos la mejor aportación ensayística sobre el escritor de quien ha investigado el periplo biográfico y ha preparado antologías de género. Este lúcido conocimiento se percibe en el prólogo, una introducción clarificadora que muestra la querencia natural de José Bergamín por el aforismo, las claves de las distintas salidas y, sobre todo, las conexiones entre el quehacer escritural y los laberintos de la historia. Termina comentando los criterios de selección y la organización cronológica de este volumen.
   El primer grupo aforístico, “Aforústica y epigromética” es el más diáfano. En él predomina lo verbal frente a la reflexión sociológica. Los textos son fruto de la indagación en las claves de la actividad literaria; no hay conmociones ajenas, solo el afán de búsqueda de lo expresivo, la creencia en una verdad poética nacida del continuo contacto con los libros de arte, filosofía, música y literatura, y de la contemplación estética.
   La vena aforística de “El duende y la palabra”, subtitulada “peregrino español en América” aporta diversidad y pensamiento; la arquitectura verbal del aforismo grava su cimentación con el entorno político y con esa maduración de obsesiones que clarifica causas y efectos. En varios textos está presente la herencia meditativa de Miguel de Unamuno, uno de los predecesores básicos de Bergamín.
   También en el apartado “Burladera de pensamientos” predomina la indagación meditativa. Aunque el aforismo no pierde la brevedad como cualidad definitoria de su mirar fragmentario, existen argumentos más desarrollados sobre asuntos metaliterarios (el público, la crítica, la recepción de la obra de arte…), sobre cuestiones sociológicas o sobre el mero discurrir existencial, ese compás de espera que deja en el horizonte especulaciones y sueños. En algunos aforismos resalta el enfoque irónico para hacer una lectura de los rasgos identitarios del país y de sus tradiciones más representativas. Bergamín era un gran aficionado a la Fiesta nacional y escribió con frecuencia sobre los toros. (recordemos la memorable colección monográfica de aforismos de El arte de birlobirloque).
   Los últimos aforismos compilados están distados por la soledad y el resentimiento. El título los define sin veladuras: “La España tenebrosa”. Se escriben con la mirada turbia del radicalismo que excluye la idea de España como espacio habitable, como si el tiempo de la transición  que reajusta el paso de la dictadura a la monarquía democrática fuese solo un dictado especulativo, lastrado por la ley. Quien mira solo percibe el ocaso, la persistencia de una larga noche. Son los signos cansados de la despedida.
   En José Bergamín el aforismo nunca fue un género menor sino una parcela esencial de su actividad intelectual. En su textura forjó un lenguaje clásico que analiza el continuo enigma del existir. Allí asentó su ideología y el largo cauce de la vida diaria. Aforismos cansados de una voz empeñada en ver, oír y no callar. 


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