viernes, 11 de noviembre de 2016

NICOLAS MAQUIAVELO. LA MENTE DEL HOMBRE DE ESTADO

La mente del hombre de estado
y otras sentencias
Nicolás Maquiavelo
Edición de Gherardo Marone
Traducción de Itala Questa de Marelli
Renacimiento, A la Mínima
Sevilla, 2016
EL HOMBRE DE ESTADO

 La convulsión y el desasosiego creados por el resultado electoral de las elecciones norteamericanas subraya, aún más, la necesidad de conocer la mentalidad de los hombres de estado y explorar las grutas de su pensamiento político. El tiempo histórico repite motivaciones y comportamientos; estamos obligados a sondear los principios básicos que concretan la razón de estado a través de algunos pensadores esenciales.
  Uno de los personajes históricos más notables de la sociología política y del pensamiento occidental moderno es Nicolás Maquiavelo (Florencia, 1469-1527), político, escritor y filósofo, cuya obra cumbre es El Príncipe, considerado por muchos como un meritorio manual de tiranos. El florentino rechazó de plano el pensamiento teocéntrico medieval como columna del poder político para cimentar una mentalidad laica y burguesa, acorde con el humanismo renacentista y su confianza en la capacidad de la razón frente a la preceptiva autoritaria de la escolástica. Sus juicios convierten a Nicolás Maquiavelo en el primer estadista moderno que impulsa un nítido movimiento de renovación ideológica.
 La excelente edición realizada por la editorial Renacimiento de La mente del hombre de estado y otras sentencias recupera y pone al día el pensamiento de Nicolás Maquiavelo a través de una colección de fragmentos. Fue encargada a Gherardo Marone en 1943 por la editorial Inter-Americana de Buenos Aires. El editor era un conocido intelectual; polígrafo, abogado, impulsor de varias revistas literarias y seguidor del pensamiento de Benedetto Croce. El resultado no defraudó; el libro supone una recreación excelente de la teoría política de Maquiavelo y pone de manifiesto la actualidad de su pensamiento en la cohesión del estado, frente a cualquier propósito disgregador.
  El editor contextualiza el pensamiento en una época en la que se acumularon acontecimientos transcendentales para el devenir histórico de Europa. Conviene recordar el esplendor de los Médici, la monarquía absolutista de los Reyes Católicos, las predicaciones de Savonarola, el descubrimiento de América o las distintas invasiones sufridas por las repúblicas italianas por su apogeo comercial y por el control de las rutas marítimas entre  Oriente y Occidente. La misma biografía de Maquiavelo es un ejemplo de la inestabilidad de la fortuna y sus últimos años los pasó retirado, con mínima vida social, y dedicado a un intenso trabajo intelectual.
  El sistema ideal de Maquiavelo inaugura una tradición que integra el ser racional en la praxis política, como disciplina independiente de la ética. Su realismo se expande en fragmentos reflexivos, en lúcidas unidades de pensamiento en torno a las leyes, los cargos públicos, el estado, la historia o la libertad; del mismo se pueden extraer algunas sentencias notables que han dado pie a la mala imagen del pensador, resumido en “el fin justifica los medios”, frase tópica que el filósofo nunca pronunció.  
  Concreto y realista, el filósofo se dibuja en sus textos como un hombre de ciencia que estudia la política con serenidad objetiva y la distingue rigurosamente de la moral; identifica voluntad con la acción y el anhelo del bien común; entiende la utilidad como norte esencial del criterio del gobernante,a espaldas de lo ético y de lo trascendente. 




2 comentarios:

  1. Muy acertada tu entrada de hoy. Quizás sea el momento de releer a Maquiavelo con los cinco sentidos.
    Un abrazo

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    1. Los populismos y la demagogia están en alza y es preocupante percibir el apoyo multitudinario y popular que consiguen sus mensajes de humo. Qué triste comprobar que la razón de estado carece de protagonistas que busquen el bien común y que cuiden al máximo los espacios convivenciales. Hay que leer a Maquiavelo, tracy, para entender el ahora.

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