domingo, 2 de diciembre de 2018

KARMELO C. IRIBARREN. LOS CIEN MEJORES POEMAS

Los cien mejores poemas 
de
Karmelo C. Iribarren
Edición de
José Luis Morante
Ediciones de la Isla de Siltolá, Siltolá Poesía
Sevilla, 2018


CIEN POEMAS Y UNA EXPLICACIÓN

                                                 
   Hay títulos que no esconden su naturaleza hiperbólica. Este, por ejemplo: Los cien mejores poemas de Karmelo C. Iribarren. No hay que asustarse; el sentido es diáfano; bosqueja una muestra selectiva de trayecto, la que yo prefiero en este momento, cien composiciones marcadas en el espacio lector personal. El lenguaje del escritor es seco, restallante, emotivo. Define con exactitud un entrelazado de rincones reflexivos del pensamiento y la experiencia, sea cultural o biográfica. Ha adquirido en el tiempo sentido medular. Por ello, he optado por seguir la cronología creadora libro a libro. Salvo el cuaderno inaugural Bares y noches y el libro ilustrado Versos que el viento arrastra, concebido como un corpus poético para niños, están representados todos los peldaños, lo que concede al conjunto el carácter de un mapa de ruta.
   Una edición jamás se abre paso sin consultar con el protagonista principal, el escritor. La efectiva respuesta borró cualquier incertidumbre. Adelante, poeta. Así que sin especulaciones, me adentré en una geografía poética que no pocas veces deja la sensación de ser una autobiografía heterodoxa y diferente, dispuesta a poner brisa fresca en el cuarto cerrado de lo previsible.
  Los días laborables  viajan hacia el crepúsculo con una grisura pactada, pero sólo en apariencia; en su dermis subyace lo incógnito, eso que pugna por pasar inadvertido a los ojos de casi todos. De ese modo, el poema se define por su afán de búsqueda, por su quehacer indagatorio.
   En Karmelo C. Iribarren existencia y escritura conforman una sociedad limitada, que no admite masa social y que se distribuye las funciones mediante acuerdos tácitos. Por ello, la existencia es una veta natural que permite explorar las calles céntricas del yo, ese sitio monumental que cobija los sentimientos y las idas y regresos hacia los demás; se trata de pautar con el otro un acuerdo de mínimos que exige cada yo al acontecer diario y que está hecho de argumentos sencillos para que el ruido de fondo de lo cotidiano amortigüe su incoherencia y muestre un discurrir apacible; cada sujeto define las propias estrategias de autodefensa frente al temporal de la calle.
   Otra veta fuerte nace de la escritura que es, al mismo tiempo, tradición lectora y práctica de una sensibilidad que glosa en distintos formatos las habituales obsesiones del taller. Karmelo C. Iribarren escribe con palabras que inspiran confianza y que trazan en el rastro fugaz de lo vivido algunas razones para el optimismo. Hay que saber mirar: “la prosa de la vida está llena de poesía”
   En su ensayo Otra manera de decirlo (Renacimiento, 2017) Pablo Macías plantea una extensa perspectiva panorámica, capaz de subrayar interacciones, discrepancias y apoyos al abordar la trayectoria de Karmelo C. Iribarren. Agradezco aquí su entusiasmo crítico y la inmersión profunda en las aguas inquietas de una obra en movimiento. Me ha despejado dudas al abrir la necesidad de enfoques nuevos.
  Integro aquí también mi afecto a Javier Cabañero Valencia, siempre dispuesto a solventar los problemas digitales y las correcciones de texto con la eficacia solidaria de su amistad. Suelo defender que la poesía despereza la hipótesis de un encuentro dialogal reconstruido, capaz de situar cara a cara, en un espacio cercano, la mirada creadora y el afecto lector. Ojalá el presente trabajo consiga esa posibilidad vecinal abierta y comunicativa. En ello estamos; que los poemas seleccionados prosigan senda en la transitada calle del futuro.
   Poco dado a la especulación teórica, José Agustín Goytisolo, coordenada esencial de la generación del 50, argumentaba que “el papel más válido de un crítico literario es el de catador, el de quien distingue y explica al público las diferencias, las calidades y los sabores; no el de homologador, cuantificador y clasificador, que acaba de hacer perder al lector las pocas ganas que normalmente tiene de enfrentarse al texto literario”. Traspasado el umbral de las buenas intenciones, comparto plenamente el lúcido criterio del poeta. Con esa pauta invito a degustar estos cien mejores poemas.



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