miércoles, 20 de marzo de 2019

EUGENIO D'ORS. OCEANOGRAFÍA DEL TEDIO

Oceanografía del tedio
Páginas escogidas

Eugenio d'Ors
Edición y fotografías de Carlos d'Ors
Prólogo de Juan M Ribera Llopis
Editorial Polibea, Colección El Levitador
Madrid, 2018

EL DECIR POÉTICA DE EUGENIO D’ORS


   Eugenio d'Ors Rovira (Barcelona, 1881-Vilanova i la Geltrú, 1954) cobija en su personalidad una múltiple experiencia creadora. Como partes de un todo cerrado y sólido, en el periplo individual confluyen la filosofía, el ensayo, la crítica de arte, el periodismo, la plástica del dibujante, junto a la ficción narrativa, las glosas, el apunte lírico y el discurso fragmentario. Los comienzos del aprendizaje coinciden con la vigencia del modernismo, línea estética de inspiración francesa, surgida en Hispanoamérica, que alienta un cauce reflexivo proclive a la evasión, tiende a lo exótico y valora el cosmopolitismo a partir de una renovación del lenguaje poético. D’Ors se mostró cercano a esos propósitos en la etapa juvenil, cuando empieza a cursar Derecho en la Universidad de Barcelona en 1897, mientras se matricula en Filosofía y Letras para abordar la especialidad de estudios literarios. No es ajeno al posicionamiento regeneracionista de los pensadores del 98 ni al ambiente de crisis que se palpa en las calles, exigiendo una reforma integral de la vida española capaz de superar la abulia social y la debacle económica causada por la pérdida de las últimas colonias en Cuba y Filipinas. Coda brillante de los estudios en Leyes es el Premio Extraordinario de Licenciatura. Tras su concesión se matriculó en Madrid en los cursos de doctorado. Cultiva sin tregua la presencia en periódicos, con el pseudónimo de Xenius, aunque en sus incansables bifurcaciones de escritor y dibujante usó otros, como Octavio, Octavi de Romeu,  El GuaitaMiler y Xan; a ellos se suma el utilizado en sus traducciones, el de Pedro Llerena.
   En los albores del siglo arranca su trabajo como crítico de arte. No tarda en rechazar la agotada estela decimonónica para airear un vuelo clasicista que sirve de raíz al Noucentisme o Novecentismo. Es una tendencia que aporta nuevo aire intelectual. Con su entrelazado ideológico muestran afinidades algunos protagonistas esenciales del despertar culto, como José Ortega y Gasset, Rafael Cansinos Assens o Américo Castro. Engloba un ideario fuerte basado en el reformismo burgués, europeísta, con lúcido afán racional y estelas de un pensamiento urbano, confrontado al ruralismo tradicional. Esta actitud rupturista tiene su periodo de plenitud entre 1917 y 1923, cuando cobran plena vigencia rasgos distintivos ya señalados: frente a la acracia bohemia y autodidacta se propugna un itinerario cognitivo reglado y sistemático, que conecte con el legado occidental histórico; se impulsa una planificación cultural desde la autoridad y el poder jerárquico para que sean estamentos esenciales en la vida pública instituciones de carácter docente, y se valora el globalismo y el sentir de la metrópolis que trasciende el municipalismo localista para asimilar valores clásicos.
   La imagen del escritor se agiganta y se convierte en un referente intelectual, lo que propicia su proyección y su gestión  política entre 1917 y 1919 como Director de Instrucción Pública de la Mancomunidad de Cataluña. Es en esa etapa vital cuando en 1918 ve la luz la primera edición en catalán de Oceanografia del Tedi una obra en prosa poética, que conocerá en el devenir temporal sucesivas ediciones. La primera en castellano la lleva a cabo la editorial Calpe en 1921, y acompaña al vertido de otros libros como El valle de Josafat y La bien plantada que propiciarán la reubicación lingüística del autor. A partir de este momento el castellano pasa a ser única lengua expresiva. Tras la salida francesa en los años treinta, Oceanografía del tedio, como título autónomo o integrado en el tríptico de Jardín Botánico, sale de nuevo en 1948, 1988, 1994 y se recupera en 2018 por la editorial Polibea con edición y fotografías de Carlos d’Ors y liminar de Juan M. Ribera Llopis. El prólogo clarifica las peripecias editoriales y pone acento en la amanecida de la idea en un balneario de la Garriga, en 1916, desde una glosa. Se explaya en la larga fortuna del subtítulo Oceanografía del tedio para dejarnos una treintena de glosas seleccionada por Carlos d’Ors. El estilete verbal de la glosa asciende a mirada lírica. Toma fuerza en la meditación y muestra el vitalismo perceptivo de una conciencia desvelada. Ya no se trata de extraer de cualquier hecho cotidiano su esencia trascendente sino en capturar esos estratos sensitivos que guardan refugio a la belleza: una diáspora de nubes en el azul del cielo, la cadencia temporal de la tarde, el silencio de un recuerdo que irrumpe de pronto en la memoria o el olor de la lluvia en la tierra mojada asientan su poética en lo diario para convertirse en patrimonio afectivo del yo ensimismado.
   Oceanografía del tedio es un breve volumen en el que a partir de la arquitectura verbal del poema en prosa se marcan estelas impresionistas, líneas de una sensibilidad espiritual e intimista que dejan en el lector la sensación callada de la madurez expresiva, la que establece a través del poema en prosa una lección de vida.



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