lunes, 25 de marzo de 2019

JESÚS CÁRDENAS. LOS FALSOS DÍAS

Los falsos días
Jesús Cárdenas
Editorial Alhulia, Palabras Mayores
Salobreña, Granada, 2019


HACIA LA NOCHE


   El profesor sevillano Jesús Cárdenas (Sevilla, 1973) comienza su labor literaria en 2012, con el libro La luz de entre los cipreses. Desde entonces recorre una senda escritural de sorprendente fecundidad. Prodiga entregas anuales que han convertido su quehacer lírico en una presencia frecuente en medios digitales y publicaciones en papel. Además, Cárdenas no descuida la didáctica del poema; colabora en cursos y talleres de instituciones culturales y practica la crítica y la investigación sondeando a autores del canon, como Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Vicente Aleixandre o Ramón Gómez de la Serna.
  El aserto Los falsos días delimita el discurrir temporal en núcleo de reflexión. El fluir especular de lo diario cobija una invitación al estar. Su amanecida auroral abre una estela en la que se sustentan esperanza y memoria. La salida requiere una lenta progresión en la que se van entrelazando sensaciones y vivencias que toman el pulso a la realidad. Todo parece nuevo, expuesto al escaparate de los sentidos como una enramada de brotes que conmueve el ánimo y deja en la conciencia los colores intactos de la certidumbre; la voluntad del cántico.
  Pero la cronología del presente aloja en su interior otra luz, un destello tenue que contiene una encrucijada de incógnitas. El discurrir entonces se hace distorsión y sombra tintada, muestra las incisiones y pliegues que contiene la geografía nocturnal. En ellos aparece el misterio: “De pronto, la palabra / logra cruzar la noche silenciosa, / cuando crujía lo oscuro, / rompiendo cada labio de quietud / donde el amor no es luz ni es abandono “. Y con esa inquietud de seguir, la voluntad se revitaliza; muestra la fuerza de quien busca moldear sueños y hacer que las palabras construyan refugios para la esperanza. La palabra se alza como espacio germinal, abre las manos del poeta para convertir el páramo y la ceniza en campo de siembra y sementera.
   De esa voluntad de búsqueda del yo germina lo inefable; quien sale al día emprende el vuelo de Ícaro, mueve sus alas para borrar distancias hacia la luz, sin que ese empeño sea otra cosa que un afán de vuelo. Sucede también en el amor, que es más cicatriz que consumación y plenitud, pavesas volátiles que ascuas que prodigan su calor en las manos: “La luz se desmayaba pálidamente / cayendo todo el peso de la tarde / al abismo sin contención posible, / a la par que la estela de forrajes / iba agravando a cada kilómetro mis pupilas”. Queda así en la mirada de quien recorre el itinerario existencial una sensación de espejismo y carencia, como si no tuviese certezas, como si lo vivido fuese un mal sueño que requiere contención y quietud, que muestra esa levedad de una nube cruzando el azul del cielo con una senda de azar e incertidumbre. Nace así un yo despojado, que no tiene otro afán que buscar al otro, que  hacer del amor razón y vida, culminación y deseo cumplido: “Estoy seguro de que mi destino es amarte, / lejos del tedio de cada día, / tener como único propósito amarte / cada vez mejor “.
   Los falsos días da fuerza a una voz subjetiva y reflexiva que fusiona intimidad y conciencia. Que busca en las palabras esa destilación que enlaza realidades y sueños. Poesía que hace de los sentimientos una inflexión, un enlace entre pretérito y ahora para superar la noche, para dejar en las rendijas del sueño la condición posible de habitar la aurora.



  
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