sábado, 16 de mayo de 2020

KARMELO C. IRIBARREN. SAN SEBASTIÁN BLUES

San Sebastián Blues
Karmelo C. Iribarren
Prólogo de José Luis Cancho
Papeles mínimos / Poesía
Madrid, 2020



GRADACIONES Y PASOS


   La estimulante presencia de Karmelo C. Iribarren (San Sebastián, 1959) en el laberinto poético actual es un hecho, pese a la indigencia mental de algunos críticos, ya sea a través de la significativa producción reunida en Poesía completa (1993-2018), impulsada por Visor en 2019, o en compilaciones parciales como La ciudad (2014), Pequeños incidentes (2016), Amor, ese viejo neón (2017) o Los cien mejores poemas de Karmelo C. Iribarren (2018), selecciones que despliegan claves interpretativas de distinto alcance teórico. A estas valoraciones de trayecto se suma ahora San Sebastián Blues, editado con su sobria elegancia en Papeles mínimos. El título de la antología suena a jazz y concede a la ciudad natal del poeta un singular espacio trascendido que acumula gradaciones y pasos. Con ese fondo azul en la pupila se escribe la condensada indagación intimista de José Luis Cancho, autor del apunte “Alzar un plano”. La mirada omnisciente recupera el contexto existencial del poeta y las mudanzas de su sensibilidad. Cancho nos deja en sobrios trazos la identidad de un paseante que recorre su entorno cívico convencional con itinerarios imprevisibles, como si ese avanzar a la deriva quisiera calibrar a cada paso la dimensión del tiempo.
  En la organización de la obra percibimos el deseo de que estén representados en la antología todos los poemarios, incluido Un lugar difícil (2019) y tres poemas inéditos. Desde esta voluntad camina la veracidad del protagonista implicado, moldeando casi un nuevo libro que muestra la soledad como estación final. La etapa de madurez traslada la conciencia del sujeto a las afueras; la voz se hace más introspectiva, menos dispuesta a prestar atención a las naderías de la calle. El hablante verbal reivindica su derecho a vivir en tierra de nadie, practicando el patriotismo de la indiferencia. Sabe que su tiempo es otro. Deja en reposo el atlas de geografía humana de la vida social, como si el polvo superficial de las apariencias hubiera sido borrado y solo quedase al descubierto la claridad de la indagación, el autorretrato del sujeto ante sí mismo con la voz sabia del amanecer.
  Desde la distancia del recuerdo, las señas de identidad del entorno adquieren una atinada definición. El enclave norteño se define por la galerna, la presencia de la bahía, la mirada estival de los cuerpos al sol de los bañistas, los puentes, el río, los bares del casco viejo, o el teclear intenso de la lluvia. La implicación del espectador es fuerte. Así se despliegan las anotaciones que acogen el clima de relación entre sujeto y entorno. Las composiciones recuerdan mínimas acuarelas que hacen de cada poema, lejos del apunte de taller, un cálido bosquejo del discurrir.
   Los versos revelan la lenta elaboración de una vivencia y el pulido final. El sesgo narrativo de mínimas secuencias existenciales. Son poemas de cielo claro y expresividad directa, ajustando los pasos de un personaje reconocible. En él perduran los peculiares caracteres del ego, aunque los párrafos se hacen más esquemáticos. Se alternan los estados de ánimo, las leves descripciones, las lecturas reflexivas del silencio. Son avances que van adquiriendo todos los elementos en la versión final de la identidad del yo y en los claroscuros que transmite su geografía afectiva.
   Karmelo C. Iribarren es un magnífico creador de ambientes. Sus poemas configuran atmósferas tangibles con pinceladas incisivas, capaces de convertir la gastada realidad cotidiana en un símbolo resistente al devenir temporal. En las composiciones de San Sebastián Blues la ciudad cristaliza como una presencia viva, estimulante, contradictoria, que ofrece a los desplazamientos un espacio de libertad, la soledad en compañía que cada día despunta a plena luz. Me gusta mucho la poesía de Karmelo C. Iribarren, su verdad conjetural sin artificios, su forma de decirnos sin lenguajes cifrados que vivimos una fuga en solitario, donde la derrota aguarda siempre como estación final. 


                                                                                            JOSÉ LUIS MORANTE


4 comentarios:

  1. Cierta es la derrota que nos espera, amigo, pero como dijo el poeta "ahora que estamos en derrota, nunca en doma" poetas como Karmelo nos salvan, al menos en el tiempo de la lectura y la reflexión, con sus palabras. Buen día y abrazos,amigo!!

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    1. Ser perdedores no es un mal papel, querido Luis Ramos, porque la derrota crea un espacio con coordenadas como el estar transitorio, la sensatez y la humildad, que miden exactamente nuestra altura de gente común. Un enorme abrazo.

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  2. Así es amigo, qué necesario es ser gente común. Salud!

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    1. Sin duda poeta, ya sabes que las contingencias actuales nos asustan pero que nuestra forma de estar hace que la palabra siga fuerte y plena, como la poesía de karmelo C. Iribarren; como tu amistad.

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