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sábado, 21 de octubre de 2023

JESÚS CÁRDENAS. DESVESTIR EL CUERPO.

Desvestir el cuerpo
Jesús Cárdenas
Prólogo de José Antonio Olmedo López-Amor
Epílogo de Luis Ramos
Editorial Lastura
Colección Alcalima de Poesía
Madrid, 2023

 

DESNUDEZ

 

   Sin líneas divisorias, con evidente fortaleza creadora, Jesús Cárdenas (Alcalá de Guadaira, 1973), Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y profesor de Lengua Castellana y Literatura, impulsa un recinto de luz que aglutina poesía, investigación literaria y reseñas críticas, siendo además en la actualidad redactor jefe de la revista Culturamas. Destila en el tiempo un cumplido itinerario poético que ve su amanecida con la entrega La luz de entre los cipreses (2012). Tras el paso inicial, su dinamismo ha ido forjando una estética figurativa que profundiza en el mensaje comunicativo, la propuesta dialogal del lenguaje y la concentración de significados. Jesús Cárdenas, además, se siente próximo al acontecer de la tradición y descubre su brújula en la conformación de moldes expresivos. La didáctica del poema temporaliza desarrollos y explora afinidades con voces fuertes, sondeando autores del canon como Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Vicente Aleixandre o Ramón Gómez de la Serna.
  El verso “Brazos intangibles como abismos”, de excelente textura metafórica, sirve a José Antonio Olmedo López-Amor como pórtico de interpretación y núcleo reflexivo de Desvestir el cuerpo. El fluir de la escritura resalta la estela emotiva, la amanecida auroral de sinceridad que abre un tiempo donde se sustentan esperanza y memoria: “Así, desvisto muy despacio el cuerpo / hasta dejarlo en el acorde / donde acaba la tarde y el abismo comienza”. La progresión del fluir lírico, que entrelaza sensaciones, vivencias e inestables certezas, se vuelve hacia sí mismo para reflexionar sobre la razón del poema. Lo metaliterario aparece atestiguando la voluntad de las palabras, esos “hilos de incertidumbre entre los sueños y la verdad”. Pero la piedra angular de esta exploración crítica es el amor “como razón de ser y de escribir”, como introspección profunda en el camino de la contingencia.
   El amanecer del poemario aporta destellos de Raymond Carver, César Vallejo y Alfonsina Storni, cuyas citas contienen una tenue encrucijada de incógnitas sobre la que sedimenta el discurrir ficcional. Jesús Cárdenas distribuye el conjunto en tres secciones: “Todos los espejos”, “Cristal ahumado” y “Callada ceniza”. En el poema inicial la voz apelativa pone distancia, se hace distorsión y sombra, muestra las huellas de un viaje interior, un recorrido ya transitado en el que la memoria asienta su conciencia. Y, con esa inquietud de seguir, la fuerza de quien busca moldear nuevos sueños y hacer que las palabras construyan un refugio a la esperanza. La dicción pensativa se expande como espacio germinal, abre las manos del poeta para convertir el páramo del espejo en campo de siembra y sementera. Pero apenas es posible reencontrar lo perdido, “la liviana escritura de la carne” cuyo tránsito jamás podrá librarse del vacío.
   En los poemas centrales de “Cristal ahumado” persiste una atmósfera de desolación y formas imprecisas.  El yo verbal busca una voz que parece sólo un oscuro soplo de sombras. El amor es cicatriz; pavesas volátiles que conforman un sedimento de olvido. Queda así en la mirada de quien recorre el itinerario existencial una sensación de penumbra y carencia, una aletargada sucesión de interrogantes dormidos en el mapa del tiempo. Nacen así un conjunto de poemas crepusculares que no tiene otro afán que buscar al otro, que intentar unir de nuevo las dos mitades que se disgregan entre la ceniza.
   Todo parece la estela erosionada de un mal sueño. En el estar de paso persiste la “Callada ceniza”, como subraya el título de la sección final. Lo vivido ha dejado en la mirada interior un largo aprendizaje de soledad e invierno. Una imagen congelada en el espejo, una sucesión sin voz de historias apagadas y versos mudos, sobre los que se agosta la esperanza. En el sombrío espacio de la casa, la soledad toma cuerpo, mientras los recuerdos envejecen y sus bordes amarillean asumiendo el estar transitorio de los sentimientos, su carácter efímero y mudable que contagia también a la tinta emotiva del poema: “A pesar de todo, nos reafirmamos / en la luz de nuestro refugio, / el  silencio de la casa. Encendimos / el fuego con las manos; amor erguido en llamas. / Con esta firmeza combatiremos / esta y todas las noches invernales”.
   El poeta y cantautor Luis Ramos de la Torre incorpora el texto epilogal “Huesos que quieren ser poemas” donde reflexiona sobre la naturaleza ontológica del espejo y su paciencia contemplativa. Cuerpo y tiempo aspiran a crear un itinerario de belleza y conocimiento, una indagación en los muros firmes del lenguaje para que habiten juntos el olvido y la luz, el paso emocional de la belleza.
   Desvestir el cuerpo ilumina la conciencia de una voz a solas. Fusiona intimidad y desamparo en las expectativas de la costumbre. Los poemas taponan las grietas de un paisaje afectivo que percibe la aurora del amor como consoladora evidencia. La realidad emerge y nos desnuda, mientras la mirada se posa en los espejos para ratificar que en su lisura acecha siempre el fondo sin contornos del vacío. Lejos del abandono y la carencia, sólo el amor nos salva.
 
JOSÉ LUIS MORANTE






 
 

domingo, 21 de mayo de 2023

LUIS RAMOS DE LA TORRE. MIENTRAS PUEDA DECIR

Mientras pueda decir
Luis Ramos de la Torre
Prólogo de Félix Maraña
Editorial Baile del Sol / Colección Poesía
Tegeste, Tenerife, 2022

 

CATORCE VERSOS DICEN…

 

 
   El trabajo creativo de Luis Ramos de la Torre (Zamora, 1956), Doctor en Filosofía, cantautor, profesor con amplio recorrido y persistente investigador de la obra de Claudio Rodríguez, se somete en los últimos años a un insólito ritmo de producción. Perfila con inusual contundencia un espacio interior que conexiona lenguaje y experiencia inmediata explorando distintas estrategias expresivas como la poesía, el relato y el ensayo.
   Todavía recientes las entregas El dilema del aire y Urgencia de lo minucioso retorna al discurrir poético con Mientras pueda decir, trabajo lírico con un meditado liminar de Félix Maraña titulado “De luz y claridad enciende el fuego”. El prólogo enmarca en el tiempo la cosecha lírica de ilustres zamoranos. Son voces que han hecho de la geografía del Duero un espacio conceptual habitable para emoción y pensamiento (Claudio Rodríguez, Agustín García Calvo, Jesús Hilario Tundidor, Pilar Antón, Tomás Sánchez Santiago…) y muestra, al mismo tiempo, las claves estéticas de Luis Ramos de la Torre, autor, señala el prologuista, de “una obra de madurez hecha de la reflexión, mirada del tiempo y recogimiento en la función, valor y determinación de la palabra en el discurso de la existencia “.
   Advierte también Félix Maraña que Mientras pueda decir supone en el taller poético del zamorano una disciplinada búsqueda expresiva, una inmersión profunda en el pretérito cultural que recupera el soneto para apropiarse de su rigor formal; de este modo, el celebrado esquema métrico de los catorce versos abre una nueva perspectiva al universo semántico y argumental del poeta. Luis Ramos de la Torre apuesta todo “por un juego inteligente y preciso en la parte conceptual de las palabras que me interesa mucho por ser certeramente serio, ajustado y necesario”. Súmese a ello el quehacer musical de tantos años que ha propiciado la cercanía familiar del ritmo, la cadencia, la armonía y el aliento, cualidades que acercan los poemas a las estructuras melódicas de la canción. Toda poesía es canto, celebración de la luz, vuelo alto en el tiempo.
   El hermoso recorrido reflexivo de Félix Maraña, que abre tantos itinerarios para comentar la buena salud de esta métrica clásica, deja a su término en primer plano citas de Chantal Maillard, Ángela Figuera Aymerich y Miguel Hernández, cuyas voces recuerdan la extrañeza de vivir, siempre ajeno al discurso lógico. Queda la inconsciencia del azar y la necesidad de adentrarse en el sentido de la realidad mediante la transparencia reflexiva y metafísica del pensamiento.
   La estructura cerrada de la estrofa concede a cada texto plena autonomía; así que es muy complejo engarzar los poemas en una trama argumental única. Los sonetos se definen desde la diversidad, proponen un tránsito por temas centrales: la identidad del yo, el sesgo del destino que justifica nuestros actos, la erosión del tiempo en la memoria de las cosas, el deambular entre pulso y razón de los sentimientos, los claroscuros sociales que definen nuestro tiempo, el entorno natural o la razón metaliteraria de la escritura. Son temas reiterados, variaciones y reincidencias que conforman los músculos y huesos del quehacer poético y que nunca se confinan en una sola identidad pues responden a los interrogantes más comunes del existir. El soneto se hace, por decirlo con la voz del poeta, “templo de la palabra”, “sed del decir que empapa y colma el alma”. El volumen acoge cien poemas; por tanto el hecho de escribir ratifica una madurez poética muy fértil, que emplea la estrofa en su sentido más clásico con fuerte diversidad de intereses argumentales. No hay vanguardismos experimentales en el molde formal, solo sonetos que se construyen con un nítido plano de alzada. Son frutos de un proceso poético  exigente, que conoce el legado de la tradición y las posibilidades del tejido poemático capaz de mostrar una preocupación moral y existencial. Con Mientras pueda decir Luis Ramos de la Torre clarifica de inmediato que el esquema métrico sigue pujante y cálido, al alcance de todos los que refrendan su carácter nuclear en nuestra literatura. Los catorce versos resguardan en su molde un espacio habitable, pleno de ritmo. Es acorde vivo que presta su dinamismo a la incertidumbre del tiempo. Una estrofa autónoma donde conviven legado y vanguardia, con las ventanas necesarias para airear ortodoxia y disciplina, melancolía y sueños, claridad e ironía, esos parámetros a los que Luis Ramos de la Torre pone un pentagrama fondo de música y de vuelo.
 
   
JOSÉ LUIS MORANTE


        

jueves, 17 de febrero de 2022

LUIS RAMOS DE LA TORRE. URGENCIA DE LO MINUCIOSO

Urgencia de lo minucioso
Luis Ramos de la Torre
Prólogo de José Luis Puerto
Lastura Editorial
 Colección Alcalima de poesía
Madrid, 2021


MATERIA EN TRÁNSITO 


   Casi desde la amanecida de su poesía, la música ha sido compañera de viaje del quehacer creativo de Luis Ramos de la Torre (Zamora, 1956), Doctor en Filosofía, cantautor, profesor jubilado e investigador de la obra de Claudio Rodríguez, sobre quien ha preparado ediciones críticas. Ese marco expandido adquiere en junio de 2021 un nuevo trazado al publicar Con los ojos del frío, una compilación de relatos donde se manifiestan los ecos de lo cotidiano, esas mínimas historias protagonizadas por identidades secundarias que muestran una lectura paradójica de lo existencial, cuajada de rincones imaginarios.
   Con la nueva entrega Urgencia de lo minucioso retorna al cauce poético, con un eje de luz de José Luis Puerto, quien muestra las cartas estéticas del poeta en el texto “De la poesía como ofrecimiento”. Puerto percibe en la mirada del poeta zamorano un murmullo de búsqueda, una inmersión en los linderos de las cosas al paso para apropiarse de su calidez confidencial; de este modo, se abre una nueva perspectiva de iluminación y transcendencia, que da sentido al decurso contenido de la existencia.
   Las cartas paratextuales dejan en primer plano citas de Olvido García Valdés, Hölderlin y José Ángel Valente, voces con una apuesta clara por la poesía reflexiva y metafísica, que alude a los rincones en sombra del yo espiritual. La palabra define, trasciende la materia, se hace luz y reflejo para aventar la penumbra cavernosa del tránsito.
  El volumen Urgencia de lo minucioso reúne más de sesenta poemas, escritos en poco más de un año, ya que El dilema del aire, entrega con la que el poeta obtuvo el Premio Ciudad de Salamanca, se editó en 2020. Tal cantidad nos habla de una madurez poética muy fértil, que expande una fuerte diversidad de intereses argumentales. Quien reconstruye el proceso poético  del escritor vislumbra una lírica meditativa, que opta por el poema breve y esencial. Con él clarifica la relación directa del ser con el entorno, donde la naturaleza nunca pierde su carácter nuclear. La compañía del entorno es ritmo y raíz, acorde vivo que acumula en silencio mínimas notas de verdad y belleza, de las que el yo se hace testigo para evocar, más allá de lo aparente, el dinamismo de la materia: “Miro el árbol atento /     su serenidad, su cima, / y en la rama solo queda un único espía / un único testigo / de su hechura en el aire contemplándonos, / el último fruto vigilante y sincero, / que enhebra con el tiempo y con nosotros su cosecha”.
   La mirada indagadora se mantiene alerta frente al vasto paisaje y los meandros de lo contingente. Se hace vigilia y vértigo. El despliegue de elementos en el entorno invita a la reflexión, postula la necesidad de recobrar la mano tendida de lo cercano. El perfil del día insiste en el abrazo de luces y sombras. Siempre andan cerca la incertidumbre y el destiempo del dolor, la inercia de la niebla en la razón y esa intemperie gris que asola la esperanza. Desde un ejercicio de resistencia llega la fuerza del poema: “Avivemos el horno de lo minucioso, / la calera del alma, / lo claro y lo distinto ajeno / donde se blanquea y purifica la herida. / Avivemos juntos, sin miramientos, / de una vez, y sin más, la vida”.  Los poemas de La urgencia de lo minucioso perciben bifurcaciones complementarias. Las composiciones tienen un carácter único en su forma de conectar sujeto y marco de representación de la existencia. En ellos se retrata con trazos limpios una sensibilidad en grata convivencia con la luminosa hechura de lo humilde, con esa discreta normalidad de lo telúrico que invita a salir de uno mismo y asir la claridad y el burbujeo de lo perecedero, ese abrazo del viento que sostiene las alas.
 
JOSÉ LUIS MORANTE


        

jueves, 20 de enero de 2022

LUIS RAMOS DE LA TORRE. URGENCIA DE LO MINUCIOSO

Urgencia de lo minucioso
Luis Ramos de la Torre
prólogo de José Luis Puerto
Lastura Editorial
Colección Alcalima
Madrid, 2021

 

MATERIA EN TRÁNSITO
 
 
   Casi desde la amanecida de su poesía, la música ha sido compañera de viaje del quehacer creativo de Luis Ramos de la Torre (Zamora, 1956), Doctor en Filosofía, cantautor, profesor jubilado e investigador de la obra de Claudio Rodríguez, sobre quien ha preparado ediciones críticas. Ese marco expandido adquiere en junio de 2021 un nuevo trazado al publicar Con los ojos del frío, una compilación de relatos donde se manifiestan los ecos de lo cotidiano, mínimas historias protagonizadas por identidades secundarias que muestran una lectura paradójica de lo existencial, cuajada de rincones imaginarios.
   Con la entrega Urgencia de lo minucioso retorna al cauce poético, con un eje de luz de José Luis Puerto, quien muestra las cartas estéticas del poeta en el texto “De la poesía como ofrecimiento”. Puerto percibe en la propuesta del poeta zamorano un murmullo de búsqueda, una inmersión en los linderos de las cosas al paso para apropiarse de su calidez confidencial; de este modo, se abre una perspectiva de iluminación y transcendencia, que da sentido al decurso contenido de la existencia.
   Las cartas paratextuales dejan en primer plano citas de Olvido García Valdés, Hölderlin y José Ángel Valente, voces con una apuesta clara por la poesía reflexiva y metafísica, que alude a los rincones en sombra del yo espiritual. La palabra define, trasciende la materia, se hace claridad y reflejo para aventar la penumbra cavernosa del tránsito.
  El volumen Urgencia de lo minucioso reúne más de sesenta poemas, escritos en poco más de un año, ya que El dilema del aire, entrega con la que el poeta obtuvo el Premio Ciudad de Salamanca, se editó en 2020. Tal cantidad nos habla de una madurez poética muy fértil, que expande una fuerte diversidad de intereses argumentales. Quien reconstruye el proceso poético del escritor vislumbra una lírica meditativa, que opta por el poema breve y esencial. Con él clarifica la relación directa del ser con el entorno, donde la naturaleza nunca pierde su carácter nuclear. La compañía del mapa contextual es ritmo y raíz, acorde vivo que acumula en silencio mínimas notas de verdad y belleza, de las que el yo se hace testigo para evocar, más allá de lo aparente, el dinamismo de la materia: “Miro el árbol atento /     su serenidad, su cima, / y en la rama solo queda un único espía / un único testigo / de su hechura en el aire contemplándonos, / el último fruto vigilante y sincero, / que enhebra con el tiempo y con nosotros su cosecha”.
   La mirada indagadora se mantiene alerta frente al vasto paisaje y los meandros de lo contingente. Se hace vigilia y vértigo. El despliegue de elementos en el entorno invita a la reflexión, postula la necesidad de recobrar la mano tendida de lo cercano. El perfil del día insiste en el abrazo de luces y sombras. Siempre andan cerca la incertidumbre y el destiempo del dolor, la inercia de la niebla en la razón y esa intemperie gris que asola la esperanza. Desde un ejercicio de resistencia llega la fuerza del poema: “Avivemos el horno de lo minucioso, / la calera del alma, / lo claro y lo distinto ajeno / donde se blanquea y purifica la herida. / Avivemos juntos, sin miramientos, / de una vez, y sin más, la vida”.     Los poemas de La urgencia de lo minucioso perciben bifurcaciones complementarias. Las composiciones tienen un carácter único en su forma de conectar sujeto y marco de representación de la existencia. En ellos se retrata con trazos limpios una sensibilidad en grata convivencia con la luminosa hechura de lo humilde, con esa discreta normalidad de lo telúrico que invita a salir de uno mismo y asir la claridad y el burbujeo de lo perecedero, ese abrazo del viento que sostiene las alas.
 
JOSÉ LUIS MORANTE


        

jueves, 10 de diciembre de 2020

LUIS RAMOS DE LA TORRE. EL DILEMA DEL AIRE

El dilema del aire
Luis Ramos de la Torre
XXIII Premio de Poesía Ciudad de Salamanca
Reino de Cordelia
Salamanca, 2020
 

AL TEMPLE DEL SOL

  

   El deletreo de los días ha cimentado, con solidez, una tarea creadora plural y bifurcada entre el ensayo crítico, la música y la poesía. Luis Ramos de la Torre (Zamora, 1956) es cantautor, analista y estudioso del universo poético de Claudio Rodríguez, y poeta con casi dos décadas de recorrido, cuya última entrega, Lo lento (Lastura, 2019), integrada en la colección Alcalima que dirige Isabel Miguel, tuve el placer de prologar. Con la editora de Lastura, Lidia López Miguel, asistí a la presentación del poemario, constatando el enorme apoyo del paisanaje y la complicidad con su trayecto biográfico. Aforo lleno y libros agotados.
  La consecución del XXIII Premio de Poesía Ciudad de Salamanca a su libro El dilema del aire añade al recorrido una justa repercusión mediática y la posibilidad de fijar en su ideario círculos concéntricos de nuevos lectores, nuevas miradas sobre una sensibilidad cercana y abierta a la interpretación. Por tanto, si en el discurso lírico del zamorano el magisterio de Claudio Rodríguez ha sido cimentación profunda, tanto en la incisión teórica de signos y símbolos como en la selección divulgativa en ámbitos educativos, no extrañará que el umbral de El dilema del aire ratifique la certera y cálida voz del homenaje con los mínimos versos del comienzo. Aseveran ese deambular contradictorio que aventura la calma inquieta de la singladura existencial: “Cuánta renuncia que es renacimiento, / y es renuncia, y es ancla / del piadoso naufragio / de mi ilusión de libertad, mi vuelo…”.
  Desde el gesto sencillo de borrar la pereza de las sombras, se alza la claridad de la materia, el fruto germinal de la cosecha; el don nos llama para aventar sus límites, pero también para hacerse símbolo del manso laborar del pensamiento. Las palabras sondean su dimensión intacta, ese vuelo de flecha entre la forma y los significados como un viaje incansable hacia la transparencia. Comparten el canto silencioso de las cosas cercanas que conforma un paisaje de recepción y conocimiento.
   En esta persistente indagación hecha memoria y canto, el tejido afectivo es piel y abrigo. Salva de la soledad y sus cenizas y recupera el latido de lo vivencial que sigue en la memoria, como aquellos recuerdos del pretérito que iluminan con sus filamentos, junto a la insistente rememoración de las pérdidas: “Lo perdido o velado, ardiente de silencio, / los truébanos del alma, /     lo sencillo, / sugieren cautos que los recordemos hoy, / entregados, dispuestos, / eficientes siempre / al amor de la lumbre”. Son ascuas que propagan, con insistencia, su calor en el tiempo y constituyen los hilos y asideros de nuestra condición temporal.
  De cuando en cuando el andar en la sombra, recuerda los límites de cada identidad y su nomadismo por la vertiente oscura; ese patrimonio de incertidumbres y desajustes que mustia la esperanza o desvanece en los dedos del olvido la fuerza del deseo, desde ese aprendizaje del dolor nace la fuerza y se hace senda el largo oficio del vivir: “Y pese a todo, / verter la rabia, los abalorios ingratos / del aire. / después, en silencio / respirar profundo y limar lo oculto.
  Se asume que el nervio de lo próximo se contrae o distiende en un continuo ejercicio tensional que transforma el decurso temporal en un dilema. Sin interrupción, las impresiones aportan la serena quietud de lo cercano, pero también el fondo en sombras del vacío; desde ese contraluz aventan los poemas su mensaje: “Todas las pérdidas / requieren un alivio. / Todas las sombras / reclaman una luz. / Ama la claridad. / Busca en ti mismo / lo que sosiega y alza: / tu tres implícito”.  
   Con poemas muy breves, cuajados de intensidad expresiva y selecta dicción, Luis Ramos de la Torre hace fermentar en El dilema del aire la fuerza sosegada del canto, un concierto de afinidad entre hablante y entorno. Desde el poema llega expectante, el silencio y la voz de lo encendido para poblar retina y pensamiento con sus alas de luz, pero también para mostrar lo umbrío y la zozobra, las sensaciones que trazan laberintos. La aurora renacida de lo que está detrás y permanece en los pliegues del aire.
 
 José Luis Morante



jueves, 19 de septiembre de 2019

LUIS RAMOS DE LA TORRE. LO LENTO

Lo lento
Luis Ramos de la Torre
Prólogo de José Luis Morante
Imagen de cubierta: Juan Carlos Benéitez Ibañez
Lastura Ediciones, Colección Alcalima
Ocaña (Castilla La Mancha), 2019



HERIR EL AIRE


Penetrar en la música del tiempo,
disolver su cadencia,
                        acompasarnos
dejarnos llevar por su canto abierto,

sin agobios, sin prisas

Luis Ramos de la Torre.

   Una agudeza del aforista Antonio Porchia me ha acompañado, frente al incansable afán del calendario. La rescato ahora para medir la hondura poética de Luis Ramos: “Nadie entiende que lo has dado todo. Debes dar más”. El verbo lapidario de Porchia es una paráfrasis de la actitud de este castellano-leonés nacido en 1956 y de su transversalidad creadora.
  Son conocidos los hilos del tragaluz biográfico. Doctor en filosofía, profesor con muchos trienios de encerados y tizas, cantautor con guitarra, que denuncia el sinsentido de la existencia y su convicción de que las palabras no dicen si no pronuncian un compromiso ético, poeta, y ensayista especializado en el hondo caudal de Claudio Rodríguez, a quien dedicó su obra El sacramento de la materia (Poesía y salvación en Claudio Rodríguez). Luis Ramos prescinde de lindes reductoras para ampliar indagaciones y reversos. De este modo, también es miembro fundador del Seminario permanente Claudio Rodríguez y ha prologado entregas aurorales de nuevas voces que estiman en su personalidad literaria una coordenada referencial. (...)

  El decurso de Lo lento proyecta una contaminación emocional creada por “el deletreo de los días”; respirar es incidir en ese avance metódico en el que la ceniza es meta y lección primordial de la condición biográfica. A cada paso se fortalece esa relación continua entre el estar y lo transitorio. De esa certeza nace una palabra convertida en amarre, en humilde trinchera contra los gestos ásperos del tiempo; así lo constatan estos versos del poema “Ráfagas”: “Un verso es una ráfaga, una apuesta, / un disparo de luz contra la muerte, / contra esta sangre ahora calmada de deseos, / contra el coto de la mirada o los frutos nuevos / de un sol impulso que nos lleva”.    


José Luis Morante
Madrid, septiembre, 2018
Fragmento del prólogo de Lo lento




martes, 12 de junio de 2018

LUIS RAMOS DE LA TORRE. EL SACRAMENTO DE LA MATERIA

El sacramento de la materia
Poesía y Salvación en Claudio Rodríguez
Luis Ramos de la Torre
Prólogo de Miguel Casaseca
Piediciones, La Huella de la Palabra, 2017




CLAUDIO RODRÍGUEZ: EL CANTO A CUESTAS


  Carme Riera, en un ensayo clásico sobre el Grupo catalán de los Cincuenta, denominó a los integrantes de aquella promoción poética “Partidarios de la felicidad”: El aserto hacía justicia a un vitalismo existencial colectivo que nunca se durmió en la grisura fría del franquismo. Aquella nómina, diversa y comprometida, galvanizó la estela lírica de la posguerra en el discurrir del medio siglo, y contribuyó a crear un magisterio incansable, cuyos efectos secundarios se escuchan en la cronología del ahora. Sin los nombres cimeros de esa promoción, la poesía de la experiencia o la línea clara hubiesen dibujado una caligrafía mucho más superficial y esteticista.
  Algunos poetas, como José Ángel Valente o Claudio Rodríguez, nunca se sintieron cómodos en la originaria foto de grupo y optaron por singularizar su aportación literaria; pero a pesar de esa voluntad de individualización, cumplen los rasgos generaciones básicos: participación en acontecimientos generacionales comunes como el Vigésimo aniversario de Antonio Machado en Colliure en 1959, la influencia del entorno en la intrahistoria biográfica, similar ideología, o la publicación en proyectos editoriales comunes. Además de los lazos afectivos mantenidos durante mucho tiempo con sus integrantes, como la amistad con Ángel González.
  El ensayo El sacramento de la materia. Poesía y salvación en Claudio Rodríguez de Luis Ramos de la Torre subraya la vigencia del legado y analiza conceptos estéticos esenciales de su antropología poética. Basado en la tesis doctoral, Luis Ramos de la Torre (Zamora, 1956), poeta, cantautor y Doctor en filosofía es un especialista en la obra de Claudio Rodríguez, sobre la que ha publicado aproximaciones en distintas revistas culturales. Esta prospección en la geografía del zamorano discurre por itinerarios convergentes entre filología, literatura y pensamiento filosófico. Busca una poesía centrada en la existencia a través de algunos ejes como el canto, la celebración, la salvación y el amor que constituyen las notas conceptuales más características. Son conceptos que también justifican el título, tomado del poema “la mañana del búho” de Casi una leyenda (1991). Vaya por delante, que en el aserto no hay ningún sentido religioso sino matérico; la poesía se postula como salvación de la realidad, como elevación de lo transitorio hacia un plano de permanencia natural.
  El decurso lírico de Claudio Rodríguez nunca es extravital; da fe de vida de las preocupaciones de una sensibilidad individual que entiende la poesía como participación de un organismo activo ante un mundo en construcción. El caminar reflexivo del ensayista advierte en esta poesía un indicio esencial: el amor. No es un sentimiento inalterable; las relaciones con la alteridad no están exentas de ensimismamiento y soledad. La afirmación sensitiva adquiere en ocasiones un epitelio de orfandad. En él se impone el lapidario magma informe de la incertidumbre.
  En las preocupaciones vitales y poéticas se percibe un discurrir lineal, un trazo ordenado  y coherente que hilvana las entregas en el tiempo. Así lo manifiesta el mismo poeta: “El pensamiento poético realmente ha variado muy poco. Los temas siguen siendo prácticamente los mismos; lo importante es la aventura del lenguaje y del pensamiento a través de la palabra. No se trata de hacer una ecuación, ni de decir: esto es así por las siguientes razones. Se trata de ver cómo las palabras van creando no solo el pensamiento sino la emoción y la contemplación sensorial”.
   Conviene recordar que el paréntesis histórico de los años cincuenta, germina un debate estimulante basado en una dualidad: el concepto de poesía como comunicación o como conocimiento; la cuestión sembró abundantes páginas de divagaciones, comentarios y juicios. Claudio Rodríguez –y así lo recalca el poeta Rafael Morales- añade un recodo nuevo: la poesía como salvación, refugio o encuentro con la verdad de su propio ser y de la existencia. Nace así un nuevo enfoque, cargado de significación, que convierte el poema en casa habitable. La palabra resulta experiencia clarificadora, que busca coherencia entre trayecto existencial y escritura.
   Luis Ramos de la Torre explora el proceso poético de Claudio Rodríguez como un caminar abierto hacia la luz. Su estudio completa un retrato fuerte del personaje verbal a partir de una cronología creadora siempre plena de imaginación y belleza. Su primer paso, Don de la ebriedad comienza cuando el poeta contaba diecinueve años. Desde aquel libro, que ganó el Premio Adonais en 1953, labra un itinerario que completan Conjuros (1958), Alianza y condena (1965), El vuelo de la celebración (1976), Casi una leyenda (1991) y concluye con Aventura, libro póstumo. En su búsqueda de significado y sentido, El sacramento de la materia documenta una minuciosa indagación en la experiencia creadora que busca la pervivencia del canto, el afán de salir a la serenidad de la contemplación. A esa claridad que sabe que “la vida no es poesía, pero la poesía es vida; y si no, no es nada”.


   

lunes, 22 de enero de 2018

LUIS RAMOS DE LA TORRE. DEL POLEN AL HIELO

Del polen al hielo
Luis Ramos de la Torre
Ediciones Baile del Sol, Poesía
Tegeste, Tenerife, 2017

HILOS DE LA MEMORIA


   A lo largo de su itinerario creador, Luis Ramos de la Torre recobra continuos enlaces entre música y poesía. Doctor en Filosofía, profesor y cantautor, sus pasos congregan una abundante reflexión ensayística sobre Claudio Rodríguez, poeta de la generación del 50 sobre quien realizó la tesis doctoral y fundó el Seminario permanente Claudio Rodríguez. Entre sus grabaciones destacan los trabajos musicados sobre Agustín García Calvo y colaboraciones con cantautores como María Salgado y Eliseo Parra.
   Desde su poemario inicial, Por el aire del árbol, un libro de composiciones para niños, hasta Entre cunetas, acaso su libro más comprometido con la memoria histórica, la voz lírica de Luis Ramos de la Torre lleva consigo una sensibilidad que entrelaza evocación, mirada introspectiva y reflexión crítica sobre el estar temporal. Son temas germinales que se ratifican de nuevo en las composiciones de Del polen al hielo.
  El sugerente título resume el ciclo del tránsito vital, ese caminar esperanzado hasta la grisura crepuscular del frío. El conjunto verbal busca la amanecida con una composición metaliteraria, casi una razón de escritura: Las palabras se formulan para abrir sentidos, para habitar la intemperie de lo desconocido y quedarse allí, suspendidas y activas, como esas mansas pelusillas de polen que se mueven al trasluz, como tercas volutas ascendentes.
 La cita de Maurice Maeterlinck, extraída de La vida de las abejas, anticipa que la naturaleza constituye un propicio escenario temático, impulsor de metáforas y símiles. En él adquiere recorrido una senda cognitiva que requiere el despertar testimonial de la percepción. En ese espacio vitalista la conciencia abre una identidad nueva, su vigilia descubre aurora y plenitud.
  Un verso hermético, “Insecto es amar” sirve de amanecida a un tema básico de esta primera parte del libro. La expresión connota tanteos lógicos. Si la entomología nos recuerda el carácter invertebrado de los insectos, su multiplicidad de especies, la resistencia de adaptación a casi todos los hábitats y la corta trayectoria vital, tenemos cualidades semánticas que aportan una lectura simbólica sobre el amor, el deseo y sus efectos secundarios.  La expresión también alerta del irracionalismo como fuente esencial del impulso poético –una de las premisas heredadas del autor de Don de la ebriedad- y de la necesidad de moldear en la expresión lírica un lenguaje propio y no contaminado por la dicción previsible. De esta actitud estética deviene un ideario expresivo: “No nombrar. / No otorgar a las cosas / el pulso de lo subjetivo. / Tomarlas del aire ordenando / el fulgor de su oferta. / Participar de la magia que queda /  latente en las palabras, apurar / lo entrañable. / Poner / el tiempo entre paréntesis”  El poema entonces se hace indagación y sugerencia, un quehacer imaginario capaz de “mentar el polen y amasar el hielo”.
  En el segundo apartado, Luis Ramos de la Torre recupera una palabra rural ligada al páramo castellano: escanda; el sustantivo define una especie de trigo propio de climas fríos y suelos arenosos, con paja dura y corta. La sección “Las escandas del hielo” aglutina un conjunto de poemas más despojado y directo, más evocativo. En ellos cobra un enfoque central la figura materna. La madre es sensibilidad ajustada a un tiempo marcado por la intemperie. Su afán laboral permitía, en su humilde condición, ejercer la dureza de un oficio lastrado por el frío. Ahora los poemas adquieren un mayor peso anecdótico, tienen los trazos de fotogramas “donde aprendimos a observar/ la cartografía esencial del tiempo”. 
  La visión poética del libro Del polen al hielo deslumbra por su arquitectura imaginativa y por la relación directa que establece entre subjetivismo y naturaleza. Lleva consigo esa compleja relación que las palabras dibujan entre poeta y realidad, un diálogo fértil tocado por la transparencia y la fugacidad, que hace de cada verso una ventana.